¡Aguas con los falsos amigos!

 

Ocupa Wall Street
 

¡Aguas con los falsos amigos!

 
Maciek Wisniewski
La Jornada
 

Ocupas wall street

El plantón en Nueva York se convirtió en un epicentro de la rabia acumulada y de la energía política orientada a buscar los cambios sistémicos. Se apoderó del espacio físico en las entrañas del orden hegemónico y acaparó el imaginario social, atrayendo el apoyo desde los sindicatos, hasta los intelectuales y artistas como Naomi Klein, Slavoj Zizek o Michael Moore. Todos activistas y verdaderos amigos de las causas progresistas que vinieron a dialogar con los ocupantes.También Lech Walesa, ex líder sindical, premio Nobel de la Paz, reveló que quiere venir y solidarizarse con los manifestantes (lo informó aquí David Brooks el viernes pasado).

A la invitación de uno de los plantonistas, que subrayó que él y Solidaridad son para el movimiento neoyorquino una gran inspiración, el ex presidente polaco contestó (citado por la prensa polaca hace dos semanas): El capitalismo no aguantará este centenario. Estas protestas son en contra de este sistema. Los sindicatos y los capitalistas tenemos que hacer algo, porque habrá una rebelión global en contra del capitalismo. En una entrevista añadió: Este sistema tiene que caer. Los capitalistas se quedaron con el dinero, lo mandaron al extranjero y no quieren crear empleos. Les permitimos esto, pero el dinero es de nosotros. Si no hacemos algo, las masas trabajadoras no aguantarán y habrá anarquía.

Aunque estas declaraciones podrían parecer bien a primera vista, en realidad resultan bastante problemáticas.

Primero, el afán de Walesa de hacerse amigo de Ocupa Wall Street (OWS) y su indignación con el sistema suenan falsos. Contrastan con sus creencias y prácticas como el abrazo a la revolución conservadora de Reagan-Thatcher, la introducción de las reformas neoliberales en Polonia (descritas entre otros por Naomi Klein en La doctrina del shock) o con su papel de neutralizar Solidaridad para que no estorbara a éstos. El resultado fueron menos democracia, desigualdades, alto desempleo y el sufrimiento de los trabajadores abandonados por su líder y forzados a aguantar porque no había alternativas. Segundo, su nueva retórica se inserta en un cambio de lenguaje de los políticos y banqueros que ayer promovían el capitalismo globalizado y hoy claman por la justicia social, tratando de succionar la energía y frenar las movilizaciones.

Un peligro que ya se lo advirtió al movimiento Slavoj Zizek hablando en el parque Zuccotti: “Cuidado con los enemigos, pero también con los falsos amigos, que ya trabajan para diluir su protesta de la misma manera que se obtiene el café sin cafeína […]. Ellos tratarán de convertirla en una protesta por los valores”.

Walesa, hoy ni obrero ni sindicalista, sino empresario-conferencista, miembro del uno por ciento de la élite mundial, es justamente ese tipo de falso amigo que busca diluir las protestas (ése es el mensaje de sus declaraciones). De eso sabe.

David Ost, politólogo estadunidense, en su magistral estudio The defeat of Solidarity. Anger and politics in postcommunist Europe, analizó cómo Walesa y otros líderes destruyeron el potencial democrático de Solidaridad y la energía política de los comités fabriles y ciudadanos para poder llevar a cabo la transformación pos-89 sin la participación política (el primer golpe lo dio el gobierno comunista, luego remataron los oposicionistas). Y cómo neutralizaron su filo anticapitalista al abandonar los temas económicos y la articulación de los conflictos según los intereses de clase organizando la rabia generada por el avance del mercado en torno a los temas simbólicos. En vez de contra el capital, la dirigieron contra el aborto, los enemigos de la religión o los poscomunistas, con lo que Solidaridad, de defender los derechos laborales, pasó a defender los valores. Esto mató a la izquierda y fortaleció la ultraderecha.

El mismo proceso vivió Estados Unidos, donde la clase obrera sindicalizada, ante la falta de voluntad de los políticos de abordar sus problemas en términos económicos, fue acaparada por la ultraderecha evangélica, que dirigió su rabia, como en Polonia, contra el aborto o el comunismo. Mecanismo político –analizado por Thomas Frank en ¿Qué pasa con Kansas?– que conquistó el país y acabó en la locura del Tea Party.

Se podría decir que Walesa, con su anticomunismo y fanatismo religioso, siempre estuvo más cerca de este grupo que de Ocupa Wall Street. De hecho hoy su decepción con el capitalismo o los reproches a los ricos se parecen más a la lucha de clases invertida de los tepartidistas, que a las ideas de los ocupas.

Ocupa Wall Street finalmente logró trasladar el debate en Estados Unidos más al centro, revivir un poco el movimiento laboral y dirigir la energía hacia las causas progresistas. Si en la búsqueda de maneras de hacer las cosas (tanto los movimientos sociales como las élites saben que este sistema no durará, y la cuestión es en favor de quién será formateado el nuevo) sus integrantes quieren inspirarse en Solidaridad y/o revivir sus ideales (la lucha pacífica, democracia directa, etcétera), para eso no hace falta la presencia de Walesa, el enterrador de ese movimiento.

Maciek Wisniewski es periodista polaco.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/10/25/opinion/021a2pol

25/10/11

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