La economía crece, los salarios caen: el Estado Español no ha salido de la crisis

La economía crece, los salarios caen: el Estado Español no ha salido de la crisis

Las Kellys son uno de los colectivos precarios más visibilizados. TOMEU FERRER

Las Kellys son uno de los colectivos precarios más visibilizados. TOMEU FERRER

 
Belén Carreño 

La “composición” del mercado de trabajo, con alta temporalidad y con empleos relacionados con sectores poco productivos, es una de las claves que lleva a que los nuevos empleos que se crean estén aparejados a salarios a la baja.

Los datos del PIB del segundo trimestre muestran un mejora económica apabullante en todas las partidas, excepto en la remuneración de los trabajadores

El ministro de Economía reconoce que hasta que no se recupere todo el empleo perdido en la crisis no se puede decir que España se haya recuperado

El tipo de empleo que sea crea, temporal y precario, hace que los salarios de los trabajadores no reciban su parte en la recuperación económica

La economía va como una moto. La actividad crece en España a tasas superiores al 3%, muy por encima de los países homólogos, y ya se ha alcanzado el nivel de renta previo a la crisis. Estas proclamas son ciertas y conviven con otras realidades mucho menos satisfactorias. La economía española tiene una tasa de paro del 18%, muy superior a la de los países europeos, y los salarios siguen sin recuperarse. Es más. En el segundo trimestre de este año 2017 de boom económico, los datos dicen que el sueldo medio ha vuelto a caer.

Este es el mix de crecimiento con el que España está saliendo de la crisis, una inmersión a pulmón, con el oxígeno de los sueldos de los trabajadores y la política expansiva del BCE. Estos dos pilares sustentan unas rutilantes tasas de crecimiento que también son sus talones de Aquiles.

En la primavera de 2017, el consumo privado fue el auténtico motor de la economía. En opinión del director del servicio de estudios de Funcas, Raymond Torres, el fenómeno puede tener fecha de caducidad. Torres recuerda que el consumo de los hogares está creciendo por encima de la mejora de los ingresos, lo que hace que estén tirando del ahorro. “La tasa de ahorro va a marcar su segundo mínimo histórico”, recuerda este economista.

Como los ahorros no son un pozo sin fondo, la capacidad de los hogares de seguir impulsando la actividad económica tiene un límite que se podría mejorar elevando los salarios. Un respuesta que por ahora ni se la ve ni se la espera.

En el segundo trimestre del año la remuneración media por asalariado cayó una décima. No es una caída espectacular pero estaba precedida, por fin, de una subida significativa en el trimestre anterior del 0,4%. La mejora en el arranque del año parece así quedarse en un espejismo y continuar la tendencia de congelación o reducción de la remuneración media en los años precedentes.

También cae el coste laboral unitario (un 0,4%), y todo esto en medio de subidas del empleo por encima del 3%, en línea con la actividad económica pero a años luz del bolsillo de los trabajadores.

Según los datos de la EPA, en España aún hay casi cuatro millones de parados, rozando el 18% del desempleo. Esta cantidad de desocupados es una de las explicaciones, la tradicional, que ofrece la teoría económica a la razón de por qué crece la economía y no lo hacen los sueldos. Aún hay un exceso de oferta y hasta que no se equilibre se complicará ver subidas de sueldos.

Pero la cuestión no es que los sueldos no suban, ¡es que incluso caen! Y para explicar esta cuestión Torres cree que entra otro valor en juego: el del tipo de empleo que se crea. La “composición” del mercado de trabajo, con alta temporalidad y con empleos relacionados con sectores poco productivos, es una de las claves que lleva a que los nuevos empleos que se crean estén aparejados a salarios a la baja.

Para el economista José Domingo Roselló, la parcialidad y el tipo de jornadas laborales también explican este descenso en la remuneración. Aunque los datos que se conocieron el jueves solo hablan de empleos a tiempo completo (o su equivalente) sí dejan ver una aminoración en las horas trabajadas en pleno subidón de casi 480.000 puestos de trabajo a tiempo completo más. Trabaja más gente, pero no se reparte a jornada completa.

Roselló también recuerda que en el mismo trimestre de 2016 se devolvió parte de la paga extra de los funcionarios. La aportación ha influido en la comparación frente al año anterior, aunque no justifica la tendencia.

Los economistas claman por subidas salariales ligadas a la productividad, que por hora trabajada está en el 1,3%, y los sindicatos piden que en algunos sectores se gane poder adquisitivo y se llegue hasta el 2,5%. Pero la moderación salarial sigue su curso, envuelta en una tendencia global de desproporción de la riqueza a favor del capital frente a los trabajadores.

Para el economista José Carlos Díez, “a corto plazo la recuperación no llega a los salarios y a largo plazo la productividad está estancada, lo que lleva a cronificar la precariedad salarial provocada por la crisis”. Como receta, propone “aumentar la productividad y repartir mejor ese crecimiento. Con más inversión, especialmente en capital humano y educación y más innovación en nuestras empresas”.

Precisamente captar este tipo de inversión es el objetivo del BCE con su política ultraexpansiva. Y Torres teme que no se esté cumpliendo, ya que la inversión en el ladrillo es una de las partidas que más mejora en el trimestre.

Menos porción de la tarta

En cuanto a la preocupación por los salarios, el propio Luis de Guindos en rueda de prensa explicó que el peso de los salarios en la economía apenas se sitúa en el 49%, cuando antes de la crisis se fijaba en el 51%. Pero auguró que cuando se recuperen los casi dos millones de puestos de trabajo que faltan para tener el mismo tamaño de mercado laboral que en 2007, los trabajadores volverían a recuperar su porción de la tarta de la riqueza.

Díez cree que el peso de los salarios sobre PIB tocó suelo en el 47% del tercer trimestre de 2016 y que, efectivamente, todo el aumento de remuneración de asalariados se produce por pura creación de empleo ya que los salarios en media están estancados. Pero revertir al tendencia será complicado en un contexto internacional en el que los trabajadores son los perdedores en el reparto de la riqueza.

La caída de las rentas del trabajo en la economía empezó a darse a finales de los noventa en los países desarrollados y ya en 2007, antes de la crisis, era un fenómeno preocupante. El G-20 tiene su propio grupo de trabajo para analizar lo que considera un problema, ya que el aumento del peso del capital genera desigualdad. Entre 1990 y 2007, los trabajadores de Canadá perdieron casi ocho puntos de su peso en la riqueza y los estadounidenses cerca de cuatro.

Ampliando la mirada, y siempre según datos de la OCDE recabados por este grupo del G-20, los asalariados españoles han perdido entre 1970 y 2014 casi 15 puntos de su participación en la tarta de la riqueza. Italia, Corea del Sur y Estados Unidos son los otros tres países estudiados donde la participación de los salarios en la economía ha caído más de un 10% en este mismo periodo.

El fenómeno tiene mucho que ver con la nueva economía, los nuevos modelos de empleo, la deslocalización de mano de obra a otros países más baratos… y muchos factores que se están aún estudiando. El problema es que esta tendencia cogió a España con el pie cambiado acelerando y agravando el fenómeno. Así, cuando la economía empieza a emerger, lo hace en un proceso global de estancamiento de los sueldos.

El debate de la renta básica y de los salarios mínimos ha surgido precisamente tras extenderse este fenómeno que será complicado que España revierta en solitario.

Por el momento, el propio De Guindos ha reconocido que no se puede hablar de salida de la crisis hasta que se creen estos casi dos millones de empleos que faltan para retomar el nivel del mercado de trabajo de 2007. Y que será en ese momento cuando la “normalización” de los salarios se vaya produciendo.

Belén Carreño

http://www.eldiario.es/economia/Guindos-PIB_0_679282274.html

24/08/17

Un comentario para “La economía crece, los salarios caen: el Estado Español no ha salido de la crisis”

  • Recuperación sin empleo: España crece a dos velocidades dejando atrás a millones de parados

    Belén Carreño
    Una W. Esta es la letra que representa la crisis económica de la economía española. El país pinchó su burbuja en 2008, con una caída precipitada de la economía y la destrucción de millones de empleos. Hubo un amago de recuperación, pero la crisis de deuda de 2010 y las restricciones fiscales volvieron a tumbar la economía que crece a buen ritmo desde 2014. El segundo vértice de la W ha alcanzado ya el mismo nivel que en 2008, con una economía que produce por el mismo valor que hace diez años.

    Pero hablar de que el país se ha recuperado, sería obviar que la tasa de paro de casi el 19% y al menos 4,2 millones de parados, según la EPA.

    Elegir una letra del abecedario que represente la evolución del paro es complicado. Una U, en la que el desempleo repta largo tiempo estancado. Una L, donde no se ve su fin. Para muchos empleados, será una intrincada Z, donde se sale y se entra el desempleo, con contratos cada vez más cortos y más precarios, donde la falta de reciclaje condena a millones de desempleados a ser un caso perdido.

    Para explicar este desacoplamiento entre la mejora de la economía y la del empleo, el Gobierno se limita a recordar que la destrucción de empleo en la crisis fue brutal, la mayor de los países afectados, y que una recuperación así lleva su tiempo. Un horizonte temporal que cifra en 2020 o más bien principios de 2021, cuando volverán a trabajar en España más de 20 millones de personas, el techo que se tocó en 2007.

    Pero también fue duramente golpeado el tejido productivo que ya se ha recompuesto. La pregunta es casi inevitable: ¿produce España lo mismo con menos?

    “Muchas empresas eliminaron los puestos menos productivos”, recuerda Daniel Fuentes Castro, economista de Afi. No fueron solo empresas determinadas, si no un sector completo, la construcción, el que adelgazó hasta la mínima expresión, causando el fuerte impacto en el empleo.

    Aunque el ladrillo ha revivido con fuerza ya desde 2016, no lo ha hecho de forma homogénea ni con el mismo brío aún que antes de la crisis. Las grúas vuelven a peinar el cielo de las grandes capitales, pero aún están muy lejos de las cifras récord.

    El espacio que dejó la construcción lo fueron ocupando otros sectores hasta volver a tener el mismo tamaño que el globo de la burbuja. Pero en lugar de aire, o ladrillo, ahora está relleno de turismo, exportaciones y actividades con mayor productividad y valor añadido.

    “No es la misma economía”, asegura Raymond Torres, director del servicio de estudios de Funcas. Torres cree que los servicios profesionales, la exportación y subsectores como la industria de bienes de equipo están tirando con fuerza pero son menos intensivos en mano de obra y más en tecnología. “Explica en parte esta fase aunque no justifica la falta de recuperación del empleo”, concreta Torres.

    Florentino Felgueroso, investigador de Fedea, concuerda que ha subido la productividad de la hora trabajada y del trabajador durante la crisis y que ahora el empleo que crece es el más cualificado.

    Salarios bajos

    No todas las mejoras pueden atribuirse a la tecnología. El turismo, que está en cifras récord, aportó en 2015 ya un 11,1% de la riqueza de la economía y sigue con unos sueldos muy bajos (los más bajos por sectores, según la estructura salarial para hostelería): 13.977 euros de media por trabajador en 2015, lo mismo que en 2008, cuando la media en toda la economía ha subido un 5,5%.

    “El incremento de la riqueza se está repartiendo de forma asimétrica a favor de la remuneración del capital”, concluye Fuentes Castro. “La tasa de paro convierte a los trabajadores en precio aceptantes, y no tienen capacidad de negociar”, recuerda el economista.

    El problema es endémico en la estructura salarial, cuyo sueldo común más habitual es de 16.500 euros, algo que Torres cree que conviene cambiar ya para que el incremento de los salarios se alinee con la productividad.

    No solo lo opina Torres. El presidente de la patronal, Joan Rosell, ha reconocido que con 800 euros no se puede vivir, y la ministra de Empleo, Fátima Báñez, ha instado a subir los sueldos más bajos. Estas llamadas se están haciendo por parte de los organismos internacionales desde hace varios años.

    En una época de bajos tipos de interés y bajos salarios, los empresarios han logrado utilizar estos dos elementos como palanca para disparar la actividad productiva y aumentar sus beneficios. La patronal del turismo, Exceltur, aseguraba ayer que espera crecer su actividad este año un 4,1% (por encima del 3,3% para la economía). Mientras, a las puertas de los hoteles se agolpan ‘las kellys’ (camareras de piso) que siguen sin ver en sus nóminas los efectos de este boom.

    ¿Cómo convencer a los empresarios de que suban sueldos si hay millones de personas aún en paro? “Hay que buscar incentivos como el interés mutuo”, apunta Torres al estilo fordiano en el que el empresario entiende que mejorar los salarios termina repercutiendo en que se consuma más.

    Felgueroso advierte además de que los datos de empleo son preocupantes porque estamos asistiendo a un “deterioro de la calidad del empleo” que no recogen las estadísticas. “Se genera empleo pero es de tan corta duración que la Encuesta de Población Activa no llega ni a recogerlo. Con los indicadores tradicionales es difícil en realidad que podamos captar este empleo que se crea”, asegura Felgueroso.

    Para este investigador, el empleo está cambiando a gran velocidad y la economía digital está produciendo a mayor ritmo contratos “bajo demanda”, lo que los sindicalistas llaman “de usar y tirar”.

    Un colectivo excluido de la sociedad

    La fórmula para lanzar el empleo pasa por buscar cómo lograr que los empleados de larga duración y los otros colectivos vulnerables (mayores de 55 años o jóvenes sin formación) puedan reciclarse y acceder a un empleo. En un país que crece a ritmos del 3,3% según los principales economistas, hay más de un millón de personas registradas en el paro que no reciben ya ninguna prestación, una cifra que se dispara aún más si tomamos como base los datos de la EPA.

    Más de 1,9 millones de personas tuvieron hace más de un año su último empleo, un colectivo que no sabe de la mejora económica y que cada vez se está quedando más excluido del resto de la sociedad.

    Para Fuentes Castro, “hemos tocado hueso” con la estrategia de low cost y hay que invertir en las fuentes de verdadera productividad, como la educación, la innovación y el posicionamiento en gamas altas. El economista recuerda que son de naturaleza estructural y por lo tanto caras, y en las que el papel del sector público es fundamental. Torres está muy de acuerdo y apuesta por las políticas activas de empleo para sacar a estas bolsas de exclusión laboral de su letargo y por renovar capital productivo.

    http://www.eldiario.es/economia/Recuperacion-Espana-velocidades-dejando-millones_0_664584373.html

    13/07/2017

    Los salarios siguen perdiendo peso en la economía a favor de los beneficios de las empresas

    http://www.eldiario.es/economia/salarios-perdiendo-economia-beneficios-empresas_0_265274269.html

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