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Una revolución obrera traicionada

 A 40 años del golpe en Uruguay

Una revolución obrera traicionada

En 1969 entró con fuerza el movimiento obrero, uno de los más avanzados de su época
En 1969 entró con fuerza el movimiento obrero, uno de los más avanzados de su época

El 27 de junio de 1973, el presidente uruguayo Bordaberry decretó la disolución del parlamento y el comienzo de la dictadura cívico-militar. El movimiento obrero respondió con una verdadera revolución. Fue derrotado por la traición de sus direcciones. los crímenes de la dictadura aún siguen impunes.
En 1969 entró con fuerza el movimiento obrero, uno de los más avanzados de su época

Escribe:  Francisco Moreira

La crisis comenzó a golpear a comienzos de la década de 1960. Se caracterizó por una fuerte caída de las exportaciones (lana y carnes) y una inflación anual superior al 100%. Desde 1967, el presidente Jorge Pacheco Areco, del Partido Colorado, aplicó un duro ajuste con congelamiento de salarios y una devaluación.

La reacción popular no se hizo esperar. En 1968 el movimiento estudiantil salió a las calles. En agosto, en un acto en defensa de la autonomía universitaria, la policía asesinó al estudiante y militante comunista, Líber Arce. Su sepelio, al que concurrieron 250 mil personas, fue un acto de denuncia contra el gobierno. Por esos años hizo su primera aparición pública el Movimiento Nacional de Liberación-Tupamaros. La organización guerrillera había nacido en 1963, como expresión de la clase media en crisis, bajo la influencia de la revolución cubana y la lucha de los cañeros azucareros del norte del país. Tupamaros fue la más grande guerrilla urbana. Hizo acciones de sabotaje y secuestros cada vez más espectaculares. En su apogeo llegó a contar con 6 mil militantes.

Los trabajadores en escena

En 1969 entró con fuerza el movimiento obrero. Era uno de los más avanzados de su época, masivamente laico y adherente a partidos de izquierda, con fuerte tradición comunista y anarquista. En julio estalló la histórica huelga bancaria de 73 días contra despidos y la militarización de los bancos. Fueron a la huelga los frigoríficos y la empresa de electricidad (UTE). Ese año se realizó el primer congreso de la convención nacional de trabajadores (CNT).

Pacheco, utilizando como excusa las acciones armadas del MLN, aplicó las “Medidas Prontas de Seguridad”. Prohibió el derecho de huelga, habilitó al gobierno a detener a dirigentes sindicales y estudiantiles, ilegalizó partidos de izquierda y militarizó todas las empresas estatales.

Ante la ruptura con los partidos tradicionales, Colorado y Nacional (Blanco), en 1971 nació el Frente Amplio, conformado por sectores burgueses como la Democracia Cristiana (DC) y fracciones coloradas y blancas, junto al Partido Comunista (PCU) y el Partido Socialista (PS). El PCU, uno de los partidos comunistas más fuertes de América Latina, era la principal fuerza dentro del Frente Amplio, que impuso un programa de capitulación a la burguesía. En su “Declaración de Principios”, lejos de luchar por la independencia de clase, afirmaba la necesidad de “aglutinar las fuerzas populares auténticamente nacionales” para superar la crisis. El MNL lo apoyó en las elecciones de 1971. Sin embargo, en ellas triunfó el dirigente ganadero colorado Juan María Bordaberry. Su política continuó los lineamientos de Pacheco. En 1972 fue desarticulado el MLN. Sus máximos dirigentes fueron apresados o marcharon al exilio, y su base quedó desbandada.

Para 1973, la “suiza de América”, era una semicolonia sometida al imperialismo yanqui. Un país con poco más de 2 millones de habitantes, dominado por una oligarquía de 3 mil terratenientes y una burguesía financiera pro imperialista, cuyos partidos tradicionales seguían los lineamientos del FMI. Había más de 80 mil desocupados y la deuda externa superaba los 700 millones de dólares. El 27 de junio, ante la imposibilidad de contener el ascenso obrero y popular, Bordaberry y los militares decidieron dar el golpe.

La huelga general, una revolución obrera

El movimiento obrero uruguayo fue la única fuerza que se lanzó a resistir el golpe. El mismo 27 inició la resistencia con una heroica huelga general que duró 15 días. Los 500 mil trabajadores de todas las ramas se plegaron al paro y desarrollaron asambleas para la toma de los establecimientos. Fue un hecho inédito en el país y con pocos antecedentes en el mundo. Una verdadera revolución obrera que cuestionó a los militares al grito de “¡Abajo la dictadura fascista!” y, por la vía de los hechos, puso en debate quién debía gobernar.

Durante los tres primeros días de la huelga, la burguesía y los militares estuvieron paralizados y divididos. Luego se rearmaron. Las patronales, desesperadas, instaron a volver al trabajo. Pero los desalojos violentos eran seguidos por enormes concentraciones en los barrios que permitían volver a ocupar. Por su parte, dos mil estudiantes ocuparon las facultades de la Universidad de la República.

La revolución traicionada

La huelga puso frente a frente a los dos campos principales de la lucha de clases: el movimiento obrero y la burguesía, ésta representada por los militares. Los burgueses opositores, como el banquero colorado Jorge Batlle y el ganadero blanco Wilson Ferreyra, se llamaron a silencio o sólo vociferaron desde el exilio.

El MLN no jugó ningún papel en los días en que fue posible una revolución, evidenciando la incapacidad de la guerrilla de encabezar a las masas. En sus declaraciones contra “el dictador”, la mesa ejecutiva del Frente Amplio se cuidó de mencionar el rol de los militares, como parte de su política de negociación con algún sector “progresista” que diera un contragolpe. Esta misma política llevó la conducción de la CNT, el PCU. Por ello, no aprovechó la parálisis militar de los primeros días para desarrollar la revolución que derribara a la dictadura y diera una salida obrera y popular a la cuestión de poder. Aisló la tomas y se negó a coordinar con el movimiento estudiantil y popular de los barrios. Llamó a “esperar y resistir en las ocupaciones”. Pero los militares “progres” no aparecieron. El PCU fue el gran organizador de la derrota.

Ante la traición de las direcciones se fue desgastando la huelga. El 30 de junio la dictadura decretó la disolución de la CNT y la detención de la dirigencia sindical. La cantidad de detenidos convirtió al Cilindro Municipal (estadio) en una cárcel improvisada. Como un último acto de desesperación, la CNT ilegalizada convocó a una movilización “pacífica” para el 9 de julio. Las Fuerzas Armadas reprimieron. El 11 de julio, la CNT levantó la huelga sin organizar el repliegue.

La dictadura uruguaya fue una de las más largas y, en términos relativos, una de las más sangrientas de América Latina. Sus cárceles se llenarían con más de 6 mil presos políticos. Se estima que en total fueron desaparecidos 230 uruguayos. Entre 1963 y 1985 se exiliaron por motivos económicos o políticos unas 380 mil personas.

Pese al retorno democrático en 1985 y el triunfo electoral del Frente Amplio en 2004, la impunidad de la dictadura y los militares continúa gracias a la vigencia de la Ley de Caducidad (1886). Lamentablemente, en estos días, el presidente José Mujica (MNL-FA) volvió a repetir la idea que había planteado en 2009, “no soy verdugo de ancianos […] detesto tener ancianos presos”, en alusión a los pocos militares que fueron apresados por el robo de bebés. En febrero de 2013 había sido apartada de su cargo la Jueza Mariana Mota, que investigaba los delitos de lesa humanidad. La lucha por memoria, verdad y justicia, continúa.

El Socialista 13/06/13