Carta entregada a la embajada francesa por la extradición del represor Sandoval

Carta entregada a la embajada francesa por la extradición del represor Sandoval

Hernan Abriata

Hernan Abriata

Hernán Abriata
Señor Embajador de Francia en Argentina

De nuestra consideración :

En nombre de la familia de Hernán Abriata, víctima del genocidio perpetrado en Argentina, y junto a personalidades y organismos de Derechos Humanos venimos a manifestar ante la Embajada de la República de Francia algunas inquietudes sobre la extradición del represor Mario Alfredo Sandoval, solicitada por el Juez Jorge Torres, titular del Juzgado de Instrucción Nº 12 de la Capital Federal de la República Argentina y que se desarrollará en París el día 9 de Octubre del presente año.

Luego de casi 37 años de reclamar por el paradero de Hernán Abriata hemos constatado que entre sus secuestradores se encontraba al Oficial de la Policía Federal Mario Alfredo Sandoval, quien en la madrugada del 30 de Octubre de 1976 fue parte del grupo de represores que secuestró a Hernán, y que allanó tanto la casa de sus padres como el domicilio en que vivía con su esposa. Posteriormente sobrevivientes de la Escuela de Mecánica de la Armada reconocieron y testimoniaron haber compartido cautiverio con Hernán Abriata; existiendo sobradas constancias judiciales al respecto.

Queremos destacar el acuerdo entre Argentina y Francia en el marco de la Convención sobre Desaparición Forzada de Personas, que permite una amplia colaboración con la finalidad de extraditar a los prófugos acusados de delitos de lesa humanidad.

Es suficientemente conocida la experiencia de Francia en el sostenimiento de los juicios en su propio territorio por ciudadanos franceses contra represores de la ESMA. La relevancia y repercusión de estos juicios se acentuó ante la imposibilidad de su desarrollo en la Argentina que lo impedían las leyes de punto final y obediencia debida y, posteriormente con los indultos concedidos a los jefes militares condenados en 1985.

Con el reinicio de los juicios luego de anuladas las leyes de la impunidad, la República francesa se convirtió en querellante activo, especialmente en los casos de Alice Domon y Leonie Duquet, monjas francesas secuestradas y desaparecidas, junto a madres y familiares de desaparecidos.

Es por ello que sería totalmente contradictorio y antagónico la no cooperación en la extradición del represor Sandoval por parte de la República de Francia, ya que sería una demostración anacrónica respecto a la búsqueda de la verdad, el esclarecimiento de los hechos y la condena a sus autores y por la que venimos bregando hace tanto tiempo.

Una activa política de defensa y custodia de los derechos humanos, determina la movilización de amplios sectores de la sociedad civil, y de diferentes gobiernos que no son ni quieren sentirse ajenos en este camino de justicia

La generosidad de Francia con determinados valores y el abuso de Sandoval aprovechándose de esa circunstancia para buscar impunidad de crímenes atroces en ese país, de ninguna manera debiera entenderse o sospecharse como política de ese Estado. La jurisprudencia francesa con facilidad podrá encontrar los mecanismos que reconocen el carácter continuo del delito. Por lo tanto apelamos a los valores reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 para reclamar la inmediata extradición de Mario Alfredo Sandoval, quien fuera miembro del Consejo de Defensa del ex presidente Nicolás Sarkozy.

Por todo lo anterior, le solicitamos en nombre del derecho a la justicia de Hernán Abriata, la implementación de todo tipo de medidas para efectivizar la extradición del represor Sandoval, y que dicha petición sea traslada en tiempo y forma correspondiente al Señor Presidente de la República Francesa, François Hollande.

Atentamente,

Carlos Loza
Carlos Lordkipanidse
AEDD Presidente Asociación Ex detenidos desaparecidos
AEDD

ADHESIONES FAMILIARES:


Beatriz Cantarini de Abriata- Mónica Dittmar- Juliana Abriata- Laura Abriata-Liliana Abriata- Claudia Dittmar-

ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS Y PERSONALIDADES:
Adolfo Perez Esquivel (SERPAJ)-Pepa Noia- Nora Cortiñas- Elia Espen- Mirta Acuña de Baravalle
Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora (Marta Vázquez Presidente) – Asociación de Ex detenidos desaparecidos (AEDD)- Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH)-HERMAN@S- Liga Argentina por los Derechos del Hombre- Unión por los Derechos Humanos La Plata- Luis ZAMORA- HIJOS LA PLATA- HIJOS ZONA OESTE-APEL-Cómite de Acción Jurídica (CAJ)- Hugo Blasco Secretario de Derechos Humanos CTA NACIONAL- EATIP- Liberpueblo- Secretaría de Derechos Humanos CTA Capital- WILPALA REBELDE- Area de Derechos Humanos ATE Capital- Consejo Directivo ATE Capital-Juan Carlos Capurro- Liliana Alaniz-Pablo Piatigorsky- María Adela Antokoletz- Oscar Repossi- Sonia Zukerfeld- Oscar Kuperman (PRML)- Ruben Yoquet (P.C)- Eduardo de Bianchetti (ATE)- Valeria Canoni- Mónica Gómez Picardo- Ernesto Rosemberg- José Carlos Méndez- Alina Palamarc Zuk- María José Zochi- Enrique León Villeda- Fernando Antonio Trices- Rolando Juárez- Efraín Jesús Espinoza- María Laura Ramognino- Casapueblos (Madrid)- Solidaridad Obrera (Estado español)-Jaime Pastor (Prof. Universitario)- Carlos Taibo (Prof.Universitario)- Campaña apoyo a juicios a los genocidas en Argentina- Adrián Cardozo (psicoterapeuta)- Silvia Basteiro(psicoterapeuta)- Arnold Etchebhere (médico)- Martine Silver (periodista)-

http://informaciones-noticias-titulares.blogspot.com.es/2013/09/carta-entregada-la-embajada-francesa.html

 

29/09/13

Un comentario para “Carta entregada a la embajada francesa por la extradición del represor Sandoval”

  • INFORMACION A TENER EN CUENTA

    Declaraciones de testigos presenciales de la detención-desaparición de Hernán Abriata señalan coincidentemente la participación de una persona que se identificó como Oficial Inspector de Coordinación Federal Mario Alfredo Sandoval.

    En la madrugada del sábado 30 de octubre de 1976 irrumpen en la calle Superí 2260 de la Capital Federal aproximadamente 15 personas en varios vehículos. Todos ellos sin identificación hicieron estallar un explosivo antes de anunciar por megáfono que las personas que allí vivían salieran con las manos en alto. Las personas que habitaban el lugar salen a la calle, mientras el grupo se introducía en el domicilio y revisaban las habitaciones.

    Preguntaban por Hernán, que recientemente había contraído matrimonio y mudó de domicilio a pocas cuadras de allí, en la Calle Elcano 3235. Obligaron a su padre Carlos Abriata a llevarlos al lugar. Ante el llamado de su padre por el portero eléctrico Hernán facilitó el ingreso. En ese domicilio se encontraba Hernán con su esposa Mónica Dittmar. Los intrusos cubren la cabeza de ella y su suegro y luego de interrogar a Hernán en su habitación lo llevan detenido. Ante Mónica una persona se identifica con credencial como Oficial Inspector Sandoval de Coordinación Federal. Este comunica al padre que el operativo se originó a partir de una denuncia efectuada por la Facultad de Arquitectura y que al mediodía llamaría por teléfono. Carlos Abriata luego de la detención de su hijo es trasladado a su domicilio en la calle Superí.

    Luego de un par de horas de esa madrugada las personas que quedaron en la casa eran, Beatriz de Abriata, madre de Hernán, su hermana Juliana Abriata, su cuñada Claudia Dittmar y sus cuñados Jorge y Ricardo Dittmar. Señala su madre que también una persona se identifica como Oficial Inspector Sandoval de Coordinación Federal. Claudia Dittmar también menciona ese nombre al igual que Juliana Abriata.

    También escuchan que entre ellos se identifican como “Halcón” y “Sérpico”. Luego de robar dinero y pertenencias de ambos domicilios se retiran a las 05.30 hs.

    Todo el operativo de la calle Superí fue desarrollado durante el corte de esa cuadra. En las esquinas de Superí y Mendoza y Superí y Olazábal por dos patrulleros de la Policía Federal. La seccional correspondiente a ese domicilio es la N° 37 ubicada en la calle Juramento, siendo su titular el Comisario Rafael Fensgre, el cual junto al Oficial Inspector Ricardo Francisco De Víctor firman la denuncia efectuada el 1° de Noviembre de 1976.

    Este breve relato de los hechos nos permite avanzar en la averiguación de los responsables de la detención-desaparición de Hernán Abriata. Efectivamente uno de ellos, el Oficial Inspector es el mismo que el 17 de Noviembre de 1976 al ser citado por el Juez Juan Carlos Fontenla, Secretaría Juan Torres, se identifica como Mario Alfredo Sandoval, argentino, soltero, de 23 años, Oficial Sub Inspector de la Policía Federal, con destino en Super Intendencia de Seguridad Federal, domiciliado en Moreno 1417, piso 7° de Capital Federal, quien acredita su identidad con credencial N° 345. Declara que se desempeña hace 2 años y que realiza comisiones policiales.

    A partir de allí podemos inferir que tipo de comisiones policiales se efectuaban desde la Super Intendencia de Seguridad Federal (SSF), especialmente durante los meses previos al hecho que nos ocupa. También podremos obtener información sobre las actividades realizadas en el 7° Piso de dicha dependencia policial.
    ESTUDIOS REALIZADOS

    En el Legajo personal n° 14.504 de la Policía Federal correspondiente al inspector Mario Alfredo Sandoval se menciona la realización de cursos de instrucción policial de lucha antisubversiva.

    Precisamente existe abundante documentación acerca de dichos cursos, que también se realizaron simultáneamente en otros países de la región como Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile y Argentina entre otros.

    Se estructuran exteriormente impulsados por la Central de Inteligencia los Estados Unidos (CIA), siendo la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) la fachada utilizada para la formación de los agentes.

    El jefe de la sección política de la embajada norteamericana en Argentina es el 2° secretario de la misma y superior inmediato de la Estación CIA en Buenos Aires. Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar del 25 de Marzo de 1977 menciona a los Comisarios Antonio Gettor y Juan Gattei como subordinados a Gardener Hataway, Jefe de la Estación CIA en Buenos Aires. Su lugar de funcionamiento era el Departamento de Asuntos Extranjeros de la Superintendencia de Seguridad Federal en el 9° Piso de la calle Moreno 1417. Domicilio denunciado por Sandoval en su declaración del 17 de Noviembre de 1976 ante el Juez Fontenla referida al secuestro de Hernán Abriata.

    Sandoval desarrolló sus tareas en el lugar desde Enero de 1975 hasta el año 1979, precisamente el período de mayor represión en la República Argentina. La Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y a partir del 24 de Marzo de 1976 la Superintendencia de Seguridad Federal concentra gran parte de los secuestros y asesinatos.

    La CIA penetró los aparatos de inteligencia de la Policía Federal desde la década de 1960 y a partir de allí acumula suficiente información para proceder en operativos de aniquilamiento de opositores al gobierno de María Estela de Perón al comienzo y la dictadura luego.

    La Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) contiene una fachada que permite reclutar agentes para su “Misión”. Generalmente se divide en divisiones con áreas específicas : Educación, Agricultura, Programación, Seguridad Pública y otras.

    En principio cada país firma convenios de asistencia y se crea un fondo reservado para sus tareas y cursos que veremos más adelante.

    Una parte de esa estructura se encarga de reclutar jueces y abogados.

    Los cursos se realizan en las mismas instalaciones de las Fuerzas Armadas o de Seguridad, especialmente en estas últimas. Su contenido apunta a una preparación integral (teórica y práctica) sobre los métodos a aplicar a los detenidos que caen prisioneros.

    La formación incluía la tortura, el secuestro, el atentado, la bomba, la infiltración, etc. Otro de los aspectos formativos apuntan a la “Planificación de operaciones psicológicas, sociológicas y políticas, planificar las investigaciones sobre todos los sectores, grupos o individuos que fueren objeto de operaciones psicológicas y políticas para transformarlas en acciones de utilidad militar concreta, proceder a una evaluación constante de los grupos, sectores o individuos de interés y en caso de guerra destruir la voluntad de resistencia del enemigo”. (Perdomo, Ricardo en “ Soy Rufo y no me entrego”)

    Otra de las materias impartidas consistía en técnicas de interrogatorio a detenidos políticos.

    Las “clases” comenzaban con anatomía y descripción del funcionamiento del sistema nervioso, psicología del prófugo y psicología del detenido. Los interrogatorios formaban parte de la preparación. Se estudiaba cada movimiento, cada golpe, cada pasaje de electricidad con la finalidad de obtener información.

    La práctica comenzaba en el “período de ablandamiento con golpes y vejámenes. El objetivo perseguido era humillar al cautivo, hacerle comprender su estado de indefensión, desconectarlo de la realidad”.

    El alambre mordiendo pies y manos, palizas que duraban semanas y meses, la capucha, el hambre, la sed, patadas, culatazos, mordedura de perros, mujeres llorando de dolor y horror, hombres llorando, pidiendo por su madre, demandando la muerte antes que tanta infamia.

    “Luego el interrogatorio acompañado de música a todo volumen, produciendo el dolor preciso, en la proporción precisa elegida al efecto”.

    Durante la sesión debía evitarse que el detenido perdiera toda esperanza de vida para evitar el empecinamiento.

    Siempre el interrogatorio era seguido por un control médico que evaluaba el grado de resistencia para evitar su muerte prematura sin haber obtenido alguna información.

    Obtener los objetivos en base a la destrucción moral y física de las víctimas.

    Indudablemente para desarrollar sus tareas Sandoval recibió esta formación en la SSF, lugar donde ubica su domicilio en el 7° Piso y donde funcionaba la Sección de Asuntos Políticos.

    Una vez consolidado el acceso a la información que maneja el aparato de inteligencia policial, la CIA a través de sus asesores se encarga de ubicar en los puestos de dirección policial a los hombres formados en sus “cursos especiales”.

    Asimismo se recluta en la Escuela policial a aquellos miembros proclives a desarrollar las prácticas adecuadas al control y represión de opositores. Mario Alfredo Sandoval es uno de ellos. La SSF es el ámbito que contribuye con mayor información a las fuerzas represoras y quién libera las zonas para la realización de los operativos. En la noche del 30 de Octubre de 1976 en las esquinas de la calle Superí y Mendoza y la misma calle con Olazábal se encontraban ambos patrulleros de la Seccional 37 de la Policía Federal. Los vehículos particulares, alrededor de 15 transportan hombres armados con armas largas y de puño que ingresaron al domicilio de la calle Superí 2260 y luego al domicilio de la calle Elcano 3235 donde habitaba Hernán Abriata con su esposa. En ambos domicilio Sandoval se identifica como Oficial Inspector de Coordinación Federal, antiguo nombre de la SSF.

    La prueba más contundente acerca de las tareas que desarrolló la SSF quedaron expuestas en la causa N° 16441/02 tramitada en el Tribunal Oral Federal N° 5 y que sirviera para condenar a los Jefe de la Dirección de Inteligencia Comisario Juan Carlos Lapuyole y de la Dirección General de Operaciones Comisario Carlos Marcote y un tercero Carlos Gallone.

    Sandoval menciona en ambos domicilios de la familia Abriata que actuaron por una denuncia realizada por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires donde Hernán era alumno. Aún continúan detenidos-desaparecidos cientos de sus alumnos y docentes.

    Abriata formaba parte de esos alumnos y al igual que él fueron vistos por sobrevivientes en la ESMA.

    El 7 de Noviembre de 1976 en Ciudad de la Paz y Olazábal son detenidos seis estudiantes de esa misma facultad ( Caramés, Colombo, Blanco García, Cárrega, Lois y Agosti). Sólo Blanco García sobrevivió.

    Mientras tanto el 17 de noviembre de 1976 Sandoval recibe una recomendación elogiosa de parte del Departamento de Asuntos Políticos por procedimiento antisubversivo.

    ¿A cuál de ellos se referirá?

    CAUSA 16441/02 C.F

    La estructura de la Superintendencia de Seguridad Federal y su rol en la represión ilegal.

    En el año 1976 en el edificio sito en calle Moreno Nº 1417 de esta ciudad, funcionaba una dependencia de Policía Federal denominada “Superintendencia de Seguridad Federal”, la cual era comúnmente llamada “Coordinación Federal”, por haber sido ésta su anterior denominación.

    Esta repartición ocupaba la totalidad del inmueble de nueve pisos ubicado en el mencionado domicilio, y al momento de producirse el golpe militar del 24 de marzo de 1976, se encontraba a cargo del Comisario General Evaristo Besteiro.

    El día 2 de julio de 1976 se produjo en el comedor de dicho edificio la explosión de una bomba que causó la muerte de 27 efectivos policiales, luego de lo cual el citado Comisario fue reemplazado por el Coronel Manuel Alejandro Morelli.

    En cuanto a la organización de la mencionada dependencia, vale destacar que los antes nombrados ocuparon los cargos de Superintendentes, autoridad máxima del lugar, y por debajo de éste, se encontraban tres Direcciones Generales: la Dirección General de Delegaciones, la cual se encontraba a cargo del Comisario Roberto Ribero; la Dirección General de Inteligencia, entonces a cargo del Comisario Mayor Juan Carlos Lapuyole, y la Dirección General de Operaciones, a cargo del Comisario General Carlos Marcote.

    De cada una de estas Direcciones Generales, a su vez, dependían varios Departamentos, tales como Delitos Federales, Asuntos Gremiales, Asuntos Políticos, Asuntos Extranjeros, Informaciones Policiales Antidemocráticas, entre otras.

    De acuerdo a las distintas declaraciones recibidas en autos, es posible reconstruir la conformación interna del edificio de la siguiente manera: en la planta baja estaba la Mesa de Entradas General de la Superintendencia, la guardia de Prevención, una pequeña oficina de Delitos Federales destinada a la gestión de licencias de potación y tenencia de armas, y el comedor. En el primer piso estaba Despacho General; en el segundo, el Departamento de Informaciones Policiales Antidemocráticas, el Departamento de Sumarios; en el tercero se encontraba el Departamento de Delitos Federales; en el cuarto piso se hallaban las oficinas del Superintendente; en el quinto la Dirección General de Inteligencia; en el sexto, el Departamento de Asuntos Gremiales; en el séptimo, el Departamento de Asuntos Políticos; en el octavo, el Departamento de Asuntos Extranjeros, mientras que en el noveno se encontraba la Dirección de Delegaciones del Interior.

    Conforme se ha acreditado en la presente causa y en las actuaciones conexas, en la dependencia citada se llevaban a cabo dos tipos de actividades, por un lado, aquella propia al funcionamiento de una dependencia policial, y por otro, aquella vinculada a la denominada “lucha contra la subversión” implementada sistemáticamente desde el Estado, con el auxilio de diversas fuerzas de seguridad, entre ellas la Policía Federal.

    En el marco de tal “lucha” se efectuaban actividades ilegales, tales como la privación ilegal de la libertad de personas, y su posterior traslado y alojamiento en la citada dependencia. Si tenemos en cuenta las probanzas colectadas, podemos concluir que tales personas eran alojadas en el tercer piso de dicha Superintendencia, en donde existían calabozos individuales y “leoneras” en las cuales los detenidos eran mantenidas en cautiverio ilegal, llegando incluso a verse por momentos desbordada la capacidad de aquellos por el importante número de sujetos detenidos en el lugar, por lo que muchas personas permanecían tiradas en el piso de los pasillos de ese tercer piso.

    Además, era práctica común en este sitio, la aplicación de torturas de todo tipo a quienes se hallaban detenidos clandestinamente, y el sometimiento a vejámenes, golpes e insultos constantes.

    Cabe mencionar que tal lugar fue reconocido por prácticamente la totalidad de las personas que fueron alojadas allí clandestinamente y posteriormente recuperaron su libertad. Así, obran los testimonios del matrimonio compuesto por Alberto Poggi y Graciela Nora María Lara de Poggi, como también el brindado por Nora Cristina Depaoli. De sus versiones se desprende que los tres nombrados el 6 de abril de 1984 se hicieron presentes en el edificio de Moreno 1417 en el marco de una inspección ocular llevada a cabo por al Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, reconociendo en esa oportunidad en forma inmediata el lugar como aquel en el que estuvieron privados ilegalmente de su libertad.

    Tales probanzas, como la multiplicidad de testimonios prestados ante la CONADEP por personas que fueron secuestradas y alojadas en el tercer piso de la Superintendencia; a lo que hay que sumar, las referencias brindadas por ex integrantes de la Policía Federal Argentina; permiten arribar a la conclusión de que en la citada dependencia funcionaba un centro clandestino de detención, en el cual se mantenían detenidas ilegalmente a personas que luego eran trasladadas a otros lugares tales como los Penales de Villa Devoto o La Plata, tras ser puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional; o bien que corrían peor suerte, como el caso de las treinta personas que fueron sacadas de ese lugar la noche del 19 de agosto de 1976 y aparecieron muertas en las cercanías de Fátima, Provincia de Buenos Aires, al día siguiente.

    Carlos Rodríguez en Página/12, recuerda:

    “En los años ’60, pero sobre todo a partir del golpe que en junio de 1966 encabezó el general Juan Carlos Onganía, la Superintendencia de Coordinación Federal pasó a ser el eje de la represión política en el área metropolitana. Si en un acto político o gremial –realizados siempre en la clandestinidad– se escuchaba el grito de advertencia “vienen los de Coordina”, el desbande era inmediato. Coordinación Federal fue contemporánea y luego sucesora, dentro de la Policía Federal, de lo que durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón fue la “Sección Especial”, que funcionaba en la comisaría 8ª, frente al Hospital Ramos Mejía, en General Urquiza al 500, bajo las órdenes del coronel Jorge Osinde. Desde 1974 y sobre todo luego del golpe del 24 de marzo de 1976, Coordinación Federal, en el lúgubre edificio de Moreno 1417, a una cuadra del Departamento Central de Policía, fue uno de los más activos centros clandestinos de detención de la Capital Federal.

    (…) Los métodos de Coordinación Federal fueron acuñados por el comisario Alberto Villar, creador dentro de la policía del cuerpo de Guardia de Infantería. Un grupo encabezado por el propio Villar había estado, en 1969, durante la represión de obreros y dirigentes gremiales que participaron del Cordobazo, en mayo de ese año.

    En materia de persecución política, Coordinación Federal ya comenzó a destacarse, junto con la Sección Especial, durante los primeros gobiernos del general Perón. Uno de sus jefes, en ese tiempo, fue el capitán Abel Rodríguez. En la dictadura militar que comenzó en 1976, su jefe más reconocido fue el coronel del Ejército, Alejandro Arias Duval. Desde fines de 1975, en el edificio de Moreno 1417, se asentó el Grupo de Tareas 2, que dependía del Comando del Primer Cuerpo de Ejército, a cargo del general Carlos Guillermo Suárez Mason. La “patota” del GT-2 estaba asentada en el tercero y en el cuarto piso del edificio, que hasta hoy mantiene casi sin variantes su antigua estructura.

    Los pisos cinco, seis y siete fueron utilizados como centro clandestino de detención. Los detenidos permanecían en condición de “RAF” (en el aire), es decir que sus nombres no figuraban en ninguna nómina legal de personas privadas de su libertad. También existieron muchos casos de prisioneros a los que luego se les dio el “traslado final”, como se llamaba la orden de ejecución sin juicio. Uno de los casos más conocidos fue el ocurrido la noche del 2 de julio de 1976 y en los días sucesivos. Decenas de personas fueron asesinadas a mansalva como represalia por un atentado cometido por la guerrilla contra el edificio de Coordinación Federal.

    De ese asesinato en masa fue prueba el libro de entradas de la Morgue Judicial de la Capital Federal, donde en ese mes y año se elevó en forma notoria el número de cadáveres N.N. ingresados. Durante años, el total de entradas era de uno o dos cuerpos N.N. por día. Entre el 3 y el 7 de julio de ese año, el total de cuerpos llegó a 46, casi todos con la misma causa de muerte: “Heridas de bala en cráneo, tórax, abdomen y pelvis, hemorragia interna”. En todos los casos, acompañaba un informe similar: “Hallado junto con otros siete cadáveres en el interior de una playa de estacionamiento en Chacabuco 639, Capital”.

    Otros 30 cuerpos aparecieron en otra ocasión en el partido de Pilar. “Uno (de los detenidos) me comentó que la noche anterior al hallazgo de 30 cadáveres en Pilar habían sacado treinta presos de Coordinación Federal” (Legajo 6976 de la ex Conadep). (…)”

    Situación procesal de Juan Carlos Lapuyole, Carlos Vicente Marcote y Carlos Gallone

    Tal como se extrae de la prueba colectada en autos y detallada a lo largo de esta resolución, el Sr. Juan Carlos Lapuyole se desempeñaba, en el mes de agosto de 1976, como Director General de Inteligencia de la Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía Federal Argentina.

    El Sr. Carlos Vicente Marcote, por su parte, era en esa fecha Director General de Operaciones de la Superintendencia. Las dos Direcciones Generales mencionadas, junto con la de Interior a cargo del Comisario Rivera, eran las tres reparticiones que, dentro de la estructura organizativa de la Superintendencia, dependían directamente del Coronel Morelli, por entonces Superintendente.

    Es decir que detrás de Morelli, Juan Carlos Lapuyole y Carlos Vicente Marcote -además del Comisario Rivera- eran las máximas autoridades dentro de la repartición de la Policía Federal que aquí se ésta analizando. Asimismo, y de acuerdo a cuanto surge de los distintos elementos probatorios, el Sr. Lapuyole era en la práctica quien secundaba a Morelli en la conducción de la Superintendencia, tal es así que posteriormente, en el año 1978, fue Segundo Jefe del lugar.

    A su vez, de estas Direcciones Generales dependían distintos Departamentos. Tal es el caso de la Dirección General de Operaciones, bajo cuya órbita se encontraban los Departamentos de Delitos Federales, de Sumarios (antes denominado DIPA -Departamento de Informaciones Policiales Antidemocráticas-), de Asuntos Gremiales, de Asuntos Extranjeros, entre otros.

    Y dentro de la órbita de de éstos Departamentos se encontraban las “Brigadas”, integradas por cuatro hombres aproximadamente, las cuales se encargaban de llevar a la práctica los operativos, tanto legales como clandestinos. Justamente como Jefe de una de esas brigadas -una de las pertenecientes al Departamento de Sumarios- se desempeñó durante el año 1976 el Sr. Carlos Gallone.

    De esta manera, los Sres. Marcote y Lapuyole ocuparon cargos jerárquicos dentro de la organización de la Superintendencia donde se encontraban alojados y desde donde fueron sacados la noche del 19 de agosto de 1976 las treinta personas que al día siguiente fueron halladas asesinadas y dinamitadas en las cercanías de la localidad de Fátima.

    Así, por detrás de la autoridad máxima del lugar -el Coronel Morelli, hoy fallecido- se encontraban los aquí imputados, con una evidente capacidad de mando, no solo por la posición que ocupaban en la estructura de la Superintendencia, sino también por las reparticiones y el personal que se encontraba a su cargo, el cual desempeñaba funciones operativas y, en el caso concreto de Marcote, tenía a los detenidos bajo su custodia, toda vez que los pisos usualmente utilizados para el alojamiento clandestino de personas eran el segundo y el tercero, donde estaban las oficinas de los Departamentos de Sumarios y de Delitos Federales respectivamente.

    Acerca de la responsabilidad de los Comisarios Inspectores Juan Carlos Lapuyole y Carlos Marcote, es dable destacar entonces que en relación a la jerarquía que los mismos detentaban en la Superintendencia de Seguridad Federal conforme fuera reseñado precedentemente no hubiera sido factible que en dicho lugar funcione un centro clandestino de detención, con la exigencia logística que ello supone, sin una decisión y aprobación expresa de sus autoridades.

    Idéntico razonamiento acredita la asignación del personal, armas, lugar físico, todo ello a efectos que el sistema represivo fuera puesto en marcha aprovechando la estructura funcional preexistente en la sede policial, lo cual se verificó además con la pasividad y colaboración del personal policial ajeno a los procedimientos, lo que únicamente pudo obedecer a una instrucción en dicho sentido de las autoridades de la estructura policial.

    En el caso de Carlos Gallone, como se dijo, era el jefe de una de las brigadas que desarrollaban los operativos en los cuales se secuestraba ilegalmente a las personas que luego eran conducidas y alojadas en el edificio de Moreno 1417, personal que, además y según las pruebas recolectadas, se encargaba de los interrogatorios a los que eran sometidas esas personas dentro de la Superintendencia.

    Ahora bien, estas tres personas, además, están señaladas como partícipes del traslado de las treinta personas luego halladas muertas en Fátima ocurrido en la Superintendencia de Seguridad Federal la noche del 19 de agosto de 1976.

    En este sentido, cabe señalar en primer lugar el testimonio de Armando Víctor Lucchina, quien prestó declaración ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, ante el Juzgado Federal de Mercedes en el marco de la causa Nº 19.581, ante el Juzgado de Instrucción Nº 3 en el marco de la causa “Hojman Alberto -víctima de privación ilegal de la libertad-”, y ante la Excma. Cámara del fuero en el marco de la causa Nº 13/84 (ver fs. 1491/1493, 1514/1521, 1733/1750, y 2094/2104, todas ellas de la causa Nº 19.581 del Juzgado Federal de Mercedes).

    Armando Lucchina, quien desde el año 1971 hasta el año 1980 fue efectivo de la Policía Federal Argentina, prestando servicios en la Superintendencia de Seguridad Federal, refiere que a partir del momento en que pusieron la bomba en el edificio de Moreno 1417, en julio de 1976, se formó una brigada para atentar contra la vida del entonces Jefe de la Policía, Gral. Corbetta. Estas brigadas manejaban delante de la vista del personal policial cargas de trotyl, armas de grueso calibre, y ostentaban ciertos privilegios.

    Así, por ejemplo, refiere que el personal que estaba de guardia la noche en que explotó la bomba es el que forma la brigada que va a proceder al traslado de casi todos los detenidos que estaban en el tercer piso, fusilando a seis de ellos en el playón de estacionamiento de SUIXTIL. También se enteró por comentarios que dos enfermeras del Churruca, sospechosas de querer atentar contra los heridos de la Superintendencia, son inmediatamente ejecutadas en la parte posterior del Hospital por personal de la Brigada.

    Explica asimismo que las Brigadas de la Superintendencia de Seguridad Federal estaban integradas exclusivamente por personal de la P.F.A., sin perjuicio de operar con grupos de tareas de las Fuerzas Armadas y/o de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y otros grupos de inteligencia. Estas Brigadas se componían con personal de la Superintendencia de Seguridad Federal, de distintas jerarquías, y se dedicaban a detener subversivos, llevarlos a Seguridad Federal para su interrogatorio, y dejarlos allí detenidos o llevarlos a otro lugar de detención, y, eventualmente, ejecutarlos. Agrega expresamente que los interrogatorios y las torturas las hacía el personal de Brigadas.

    Aclara que como cumplía funciones de guardia de prevención, tanto en la sala de detenidos como en el exterior del edificio, tomó conocimiento de los ingresos y egresos de las Brigadas y de los movimientos de los detenidos. Refiere que las Brigadas se movilizaban en vehículos Ford Falcon color gris o verdes, también en una Ford Rural ranchera color gris perla con cúpula blanca, un Citroen AMI 8 rojo, y un Citroen Mehari rojo.

    Respecto de los detenidos que existían en la Superintendencia, había listados de detenidos legales y de “RAF” (detenidos ilegales). Los legales estaban a disposición del PEN, mientras que en relación a los ilegales había listas que confeccionaban las guardias a medida que ingresaban, datos que después se pasaban a un fichero (Fichero Rojo) que estaba en el Departamento de Inteligencia.

    En lo atinente al hecho concreto aquí investigado, manifiesta que una noche, mientas estaba de guardia en la Superintendencia, se dio el aviso de que nadie podía entrar al edificio, porque se iba a hacer un traslado. En ese momento se apagaron todas las luces, quedando todo el recinto de la guardia y del pasillo de los ascensores a oscuras. Solo quedaron encendidas las luces del ascensor y de la playa de estacionamiento.

    Así, bajaron por el ascensor y condujeron a la playa de estacionamiento a treinta detenidos, de los cuales 4 parecían muertos, y los restantes estaban como drogados. Estas personas eran recibidas por personal de Brigada, y apiladas en la parte trasera de un camión que los estaba esperando. El camión utilizado era de color oscuro azul o verde, presumiendo que pertenecía al Ejército. Aclara que había tanto varones como mujeres, las que serían unas 8 o 10, y que todos estaban “RAF” (es decir, en el aire, sin registro alguno de sus detenciones, eran detenidos clandestinos).

    El Sr. Lucchina refiere que asocia este evento a la masacre de Fátima, porque a las 24 o 48 hs. de ese traslado apareció en los medios periodísticos la noticia del hallazgo de los treinta cuerpos, y, además, por los comentarios que hacían los integrantes de la Brigada que operaba esa noche, quienes en ese momento le comentaron que esas personas “no volvían”, que “estos se van para arriba”, y se vanagloriaban de haber “vengado” a la Policía Federal. Agregó que sabe por comentarios de los mismos integrantes de la Brigada que utilizaron Trotyl para la explosión.

    Nombra como partícipes de ese traslado, y quienes habrían hecho los comentarios referidos, a Gallone, al Principal De la Llave, al Comisario Inspector Lapuyole -alias el francés-, al Principal Trimarchi, a un Sargento de apodo “El Japonés Martínez”.

    Manifiesta también que después de la explosión de la bomba en julio de 1976 se habilitó el 5º piso para detenidos, donde estaban todos hacinados, se los torturaba, se violaba a las mujeres, se los quemaba con alcohol.

    Agregó que vio detenidas a la Sra. Silvia Urdampilleta, a Silvia Hodger, a un hombre de apellido Escudero, a otro hombre tucumano de apellido Falu, a otra mujer de apellido Robledo.

    Respecto del personal que integraba las Brigadas, nombra al Principal De La Llave, a Demarchi o Trimarchi, al Sargento Martínez, alias “El Japonés”, al Sargento Block, al Turco Simón, y al Comisario Inspector Marcote (alias el lobo).

    Afirma asimismo que las Brigadas actuaban bajo las órdenes del Departamento donde pertenecían, o sea Delitos Federales o la ex DIPA (División Investigaciones Policiales Antidemocráticas). Refiere que la ex DIPA estaba a cargo del Crio. Insp. Marcote, y entre los jefes de Delitos Federales dice que estuvieron Patarca y Ojeda.

    Por otro lado, explica como eran las cárceles del tercer piso de la Superintendencia, y el sitio donde funcionaban las Brigadas. Confecciona un croquis del lugar, donde detalla las distintas cuestiones que relata, dibujando también un plano del lugar donde estaban detenidas las personas, los ascensores, donde se hallaba el personal de guardia, y por donde fueron sacadas las treinta personas la noche anterior al hallazgo de Fátima.

    También describe como se encontraba organizado el edificio: en la planta baja estaba la Guardia de Prevención, en el primer piso estaba Despachos Generales, en el segundo piso funcionaba la ex DIPA y luego Oficina Técnica, en el tercero Delitos Federales y los calabozos, en el cuarto la Dirección de la Superintendencia, en el quinto estaba Inteligencia, en el sexto Gremiales, en el séptimo Políticos, en el octavo Interior y en el noveno Extranjeros.

    Ver nota en http://www.pagina12.com.ar

    El país | Domingo, 24 de marzo de 2002
    LA INFLACION HARA EL AJUSTE EN LAS PROVINCIAS
    Malentendidos (Extracto del artículo)

    Por Horacio Verbitsky

    Como presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, Toma tiene modo de saber que también han visitado el país delegados de otras organizaciones colombianas. Es una historia instructiva. Dos “periodistas independientes” llegaron al país con cartas de recomendación de Mario Sandoval, un profesor de Ciencia Política de la Sorbona, nacido en Buenos Aires hace 48 años. Sandoval es uno de los expertos de la Unión Europea sobre Colombia y ha dictado conferencias sobre el tema en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa de París y en el de Estudios Estratégicos de Londres. El recorrido por la agenda de Sandoval llevó a los visitantes a una unidad del Ejército, donde dieron su visión del conflicto colombiano. El encuentro terminó en forma abrupta cuando uno de ellos se identificó como “comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia”, las bandas paramilitares que, igual que la guerrilla marxista, integran la lista de réprobos compilada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Los oficiales argentinos dieron por terminada la reunión, pero no difundieron lo sucedido.

    29/09/13

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