Chaco: Causa Caballero. “Soy una sobreviviente”, dijo la viuda de Néstor Sala

Chaco: Causa Caballero. “Soy una sobreviviente”, dijo la viuda de Néstor Sala

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Mirta Clara y su esposo Néstor Sala fueron detenidos en 9 de octubre de 1975 y en su vivienda fueron torturados. A ella, Ramón Gandola le pegaba la cabeza contra la pared. A él –según el testimonio- le pegaban en los testículos, en otra habitación.

“Soy una sobreviviente”, declaró la mujer.
En ese allanamiento, también estuvieron José Rodríguez Valiente, Ricardo Yedro, Lucio Caballero. Ya en la Brigada de Investigaciones, estos mismos represores, más Gabino Manader –“que hacía de policía bueno”- la torturaban, sobre todo con picana eléctrica, golpe en la panza –siendo que estaba embarazada- y haciendo escuchar a Mirta cómo torturaban a Néstor.
“Uno me pregunta qué hacía mi esposo. A lo que respondí si sabía qué estaba haciendo su mujer en ese momento”, recordó. La respuesta fue una trompada y siguieron los golpes y la picana, que “la manejaba Lucio Caballero”.
La sala en total silencio, los imputados inmutables. El relato de Mirta dejó alguna sonrisa, pero mucho más lágrimas y congoja, hasta en los familiares de los represores, incluso con alguna lágrima.
Cuando fue detenida Mirta, su hija Mariana quedó en una guardería. Entonces, la apretaban y amenazaban con que ya la habían encontrado y “la traerían para torturarla delante de mí”.
Era tal la situación de indefensión que, estando en el calabozo, la mujer tuvo que hacerse “pis en el vestido y tomarlo” para calmar la sed porque no le daban agua. Tampoco la dejaban dormir: de día era Manader, de noche, la atormentaba Carlos Thomas.
Intentaban ligar a Mirta y Néstor con el copamiento al Regimiento de Monte 29. Incluso, llegaron a fraguar una declaración del hombre admitiendo que fue el jefe de la banda que atacó el cuartel militar. Primero, se hizo una conferencia de prensa para anunciar esta noticia, luego, varios militares, incluido Ricardo Brinzoni (ex jefe del Ejército) negó este hecho.
Para lograr una declaración, la pareja fue llevada a Barranqueras, donde los torturaron desnudos. Luego, junto al río, hicieron simulacros de fusilamiento de ambos. Hasta la “verduguearon” por una fotografía con una dedicatoria del General Perón a Mirta Clara.
Pasada la tortura en la Brigada, llegó el tormento en la Alcaidía policial: “No podía comer, vomitaba todo”. A pesar de su deplorable estado de salud, volvieron a interrogarla, ésta vez militares de Corrientes.
De la Alcaidía la llevan en medio de un megaoperativo a Formosa. En esta provincia, tuvo a su hijo Juan Andrés. “Yo creí que me llevaban a una maternidad”, relató. El ex gobernador Vicente Joga es testigo de su paso por tierras formoseñas. Mientras tanto, Néstor es exhibido en el Regimiento de Monte 29, con el juramento de vengar el intento de copamiento.
Nuevamente, regreso a la alcaidía de Resistencia, donde se repite la experiencia formoseña: no tenía comida para alimentar a Juan Andrés, ya que la picana le había obstruido los conductos mamarios y no podía amamantar a su hijo.
En noviembre de 1976 la trasladan a Villa Devoto. En esa reubicación, los militares se apropian de Juan Andrés, pero sin saber qué hacer con el bebé lo llevan a una guardería del Ministerio de Bienestar Social, de donde es rescatado por la familia de Mirta a instancias de INTERPOL, antes que lo den en adopción “porque era blanquito”, declaró, indignada.
En Devoto se entera de la Masacre. Cuando quiere relatar algunos detalles, es frenada por el presidente del Tribunal, Víctor Alonso (para evitar cruces con el juicio por los fusilamientos de Margarita Belén, teniendo en cuenta que Luis Alberto Patetta, imputado en ambas causas, estaba presente). El fiscal Germán Wiens Pinto pidió que se la deje declarar, pero el juez no lo permitió.
Tras dos horas de declaración y preguntas de fiscales y querella, se realizó un cuarto intermedio. De regreso, le tocó el turno a la defensa. El abogado José Oscar Gómez, insistía en una pregunta con tono cada vez más alto. Hasta que Alonso lo llamó la atención:
-Es que me incendio demasiado, se justificó Gómez.
-No se incendie, lo vamos a apagar acá, le contestó Alonso.

Ni cinco minutos después, finalizó la declaración de Mirta Clara. Contundente, sin fisuras.

Argenpress 30/06/10

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