El nacimiento de nuestra fuerza

El nacimiento de nuestra fuerza

Desde el 15M, nada es ya como antes desde el punto de vista militante, incluso el estudio de la historia social ofrece otro ángulo: el de un nuevo comienzo. Nada es como antes, pero el hilo…
Pepe Gutiérrez-Álvarez   Para Kaos en la Red

 Desde el 15M, nada es ya como antes desde el punto de vista militante, incluso el estudio de la historia social ofrece otro ángulo: el de un nuevo comienzo. Nada es como antes, pero el hilo de la continuidad de fines y propòsitos se muestra firme…

De buen seguro que en el acto  sobre Victor Serge del próximo día 2-06 organizado por la FAN en la Biblioteca andreu Nin, se hablará del ayer pero también de las acampadas en las plazas…De entrada hay un buen pretexto: la primera novela de Serge,  El nacimiento de nuestra fuerza, evoca las luchas proletarias por Barcelona.

Y es que Victor Serge, escritor ruso de idioma francés, novelista, poeta y ensayista, Victor-Napoleón Lvovich Kibalchich –alias Victor Serge, Le Rétif, Le Masque, Ralph, Victor Stern, Victor Klein, Alexis Berlovski, Sergo, Siegfried, Gottlieb, V. Poderewski, y algunos pseudónimos más,   nacido en el exilio en Bruselas el 31 de diciembre de 1890 de padres rusos y murió, igualmente en el exilio, en la Ciudad de México el 17 de noviembre de 1947, llegó a una Barcelona agitada, y se estrenó con el seudónimo que le haría célebre para ofrecer un retrato fehaciente del nacimiento de un nuevo movimiento, la huelga general que en agosto de 1917 unificó a la CNT del “Noi de Sucre”, y a la UGT, y demostró que en la hora del combate por las libertades, los obreros estaban en primera línea en tanto que la burguesía democrática estaba…como ausente.

Aquella Barcelona fue la universidad política de numerosas generaciones insumisas identificadas con la resistencia a esa enfermedad llamada burguesía. Barcelona –ha dicho otro amigo actual de Serge,- fue grande porque siempre se rebeló contra las injusticias. En   crónica novelada de la Barcelona obrera de 1916-17, en El nacimiento de nuestra fuerza, tenemos el relato dominado por la presencia de Darío, que así llama al líder sindicalista trasunto del Noi del Sucre. Darío, contemplando la ciudad desde la montaña le dice al aquel joven de profesión exiliado: esta ciudad la hicimos los trabajadores, la burguesía nos la ha arrebatado pero un día la conquistaremos, y será nuestra.

A llovido mucho desde entonces, pero se pueden encontrar ecos muy vivos de aquel comentario sobre la ciudad en este momento de nuevo nacimiento, cuando la crisis generada por la locura enriquecedora del capitalismo financiero y la complicidad de los gobernantes, está abriendo el camino a una respuesta que era ya un clamor en la vida cotidiana, y que hasta ahora no había logrado manifestarse. Mientras que entonces, la revolución parecía una cuestión de mera paciencia, y el Estado mostraba únicamente su cara más odiosa –la de la policía y el ejército, o sea de las únicas instituciones “públicas” que el neoliberalismo no se cuestiona, más bien al contrario, las privilegia, verdad Sr. Puig–, todo en un paisaje diferente.

El paisaje actual estaba apagado por la suma de derrotas, derrotas infligidas por supuesto por el orden establecido, pero también por una izquierda que se dice heredera de aquella que estaba en las barricadas del pueblo.  La izquierda institucional de este país de países comenzó a morir el día en que el PSOE vendió lo que le quedaba de alma para ocupar los pasillos del poder, y el día en que los sindicatos se convirtieron en la oficina de los sindicalistas que negociaban con más miedo a sus bases que a la patronal que…los mimaba en tanto que profesionales. Sobre este paisaje desconcertante, ya no se podía soñar con un nuevo comienzo en base a un movimiento real en marcha. Los últimos que lo hicimos fue los de la generación del 68, fue mediante la línea de los” desbordamientos”: había un movimiento real, aquí en ciernes contra el franquismo, y el objetivo era que fuese más allá del horizonte de pactos que Carrillo dibujaba en el horizonte. Actualmente, dicho movimiento real no va más allá de los recursos puntuales a la presión…

Aquel movimiento social amplio tenía un enorme potencial. Los que no han visto a la clase obreras alzada con asambleas y objetivos radicales, no pueden saber que era como un gigante dormido por las promesas reformistas. Ahora, el “reformismo” ya no es una estrategia “socialdemócrata”, es una política al servicio de los cuatro amos del mundo que se benefició del desastre del llamado ”socialismo real”, y que aprendió a convertir la política en  lo que ahora van a convertir las universidades: en un medio donde hacer negocios, en un espacio donde todo se vende, hasta las grandes palabras….

Pero este gigante dormido, así como sus retoños más radicales, también tenía sus problemas. Estaba el espejismo de las reformas graduales, por supuesto. Pero en el caso del 68 hubo otros problemas más, y uno de los más importantes fue el de las guerras por las hegemonías políticas e ideológicas. Cuando se hablaba de “ellos” y de “nosotros”, se hablaba de los de arriba y de los de abajo, pero también, y a veces con más empeño incluso, de los de mi grupo y los otros. El sectarismo fue un precio que pagaron todas las corrientes del llamado “gauchismo”, ofreciendo un espectáculo ciertamente desigual, no todos fuimos iguales, pero lo cierto es que en su conjunto fue como una epidemia. Así, el paisaje tampoco era muy abierto en el campo alternativo. Al lado de la gente más constructiva y razonable persistían las guerras de las identidades: nosotros somos más “verdaderos” que vosotros. Expulsar este aspecto irracional de la izquierda militante era una exigencia elemental que tenía que ser vadeado, y lo han sido en las plazas que se hacen, y lo serán dios mediante en los “Estados Generales” que podrán agrupar barrios, localidades, centros de estudios, colectivos de trabajadores y trabajadoras como parte de un todo que antes eran los sindicatos, y lo fueron algunos partidos.

El hilo de la continuidad no se manifiesta solamente por los símbolos como las banderas y las escuelas socialistas, se manifiesta ante todo por la radicalidad del rechazo y por la capacidad de (re)crear nuevas formas de organización que barran los obstáculos tribales, las banderías sectarias…no es por casualidad que buena parte de la gente más combativa que actualmente ocupa las plazas, hayan sido militantes por la memoria asesinada, que decía Victor Serge que fue anarquista partidario de la acción directa, sindicalista en Barcelona con salvador seguí, bolchevique desde 1918, cuadro de la III Internacional, uno de los portavoces de la oposición comunista al partido del estado de la URSS, escritor y poeta, militante del POUM, y socialista democrático desconcertado por todo lo que le había tocado ver y vivir. Su legado es muy amplio, pero si tuviéramos que resumirlo lo podríamos hacer citando estas palabras extraídas de Memorias de un revolucionario:

  I.- Defensa del hombre. Respeto del hombre. Es preciso devolverle sus derechos, la seguridad, un valor. Sin todo eso, no hay socialismo. Y, a este propósito, sin borrar una sola línea de lo que he escrito sobre la necesidad del terror en las revoluciones en peligro de muerte, quiero afirmar que considero como una abominación incalificable, reaccionaria, vergonzosa y desmoralizante, el empleo continuo de la pena de muerte por la justicia administrativa y secreta. Para mí, es igualmente abominable e injustificable, la represión por el exilio, la deportación, la prisión casi perpetua de cualquier disidente en el movimiento obrero.

II.- Defensa de la verdad. El hombre y las masas tienen derecho a la verdad. No acepto ni la falsificación sistemática de la historia y de la literatura, ni la supresión de toda información seria en la prensa, reducida a un mero instrumento de agitación. Considero que la verdad es una condición  de la salud intelectual y moral. El que habla de verdad, habla de sinceridad. Derecho del hombre a una y a otra.

III.- Defensa del pensamiento. Estimo que el socialismo sólo puede engrandecerse en el orden intelectual gracias a la emulación, la búsqueda, la lucha de Ideas. Considero que el socialismo no tiene que temer al error, siempre corregido con el tiempo por la propia vida, sino al estancamiento y a la reacción; que el respeto del hombre presupone para éste el derecho a conocerlo todo y la libertad de pensar. El socialismo no puede triunfar contra la libertad de pensamiento, contra el hombre, sino, al contrario, gracias a la libertad de pensar y mejorando la condición del hombre.”

No hay que decir que esto también resulta discutible, pero nadie podrá negar que haya en estas palabras una modernidad, algo que palpita en las nuevas generaciones que, para crecer, deben de continuar pero también romper con un pasado que había acabado en manos de los mercaderes de la política y del sindicalismo.

De esto y de muchas cosas más trataremos en el acto del jueves que cuenta con la presencia en la mesa de Ferran Aïsa y de un servidor como miembro de la FAN cuyo combate por la historia siempre ha estado al servicio del nacimiento de nuevos luchas y de nuevos movimientos que aten el pasado y el presente.

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