Libia: Un triunfo de la milicia popular

Libia: Un triunfo de la milicia popular

Por:

Miguel Lamas (El Socialista-Izquierda Socialista- Argentina)

Adios Kadafi

Libia: Adiós Kadafi
Un triunfo de la milicia popular
Miguel Lamas (mlamas@izquierdasocialista.org.ar)

Las milicias rebeldes conquistaron Trípoli y el dictador Kadafi ha huido. Es un extraordinario triunfo de la rebelión popular que en 6 meses de guerra civil, armándose con lo que pudieron arrebatar al ejército de la dictadura, demolieron al régimen. Aunque la interpretación del imperialismo, los medios y hasta sectores de izquierda es que fue un “triunfo de la OTAN”, fue en realidad la milicia rebelde la que conquistó Trípoli.

La milicia rebelde se formó al principio del levantamiento y se armó con las armas que pudo capturar asaltando comisarías y cuarteles y las que entregaron militares que se dieron vuelta. Todas las informaciones indican que no tiene un mando unificado real, al que todas las unidades obedezcan. Sus jóvenes combatientes, comenzaron a reunirse en cada pueblo o barrio y a veces en grupos de amigos que partían al frente con las armas que conseguían. Un reporte reciente de una periodista española dice: “el poder civil no acaba de controlar, pese a sus esfuerzos, al casi medio centenar de milicias o katibas, nacidas al calor de la revuelta popular de febrero” (Maite Rico, El País 27/8). Sectores campesinos tribales como el de los oprimidos bereberes “obtuvieron poder por la guerra misma… reunieron la milicia más efectiva en combate” (Patrick Cockburn, Página 12 23/8).
La OTAN, que supuestamente intervino en Libia para “defender los derechos humanos y al pueblo”, se negó a armar a los rebeldes libios, sólo Francia y el emirato árabe de Qatar entregaron algunas armas con cuentagotas a un sector de la milicia que intentaron controlar. El argumento oficial fue que los rebeldes no constituían un ejército organizado (lo cual era cierto, dado que eran milicias populares) y que las armas podían caer en poder de “extremistas”.
De esta forma, durante la guerra civil de 6 meses, las milicias combatieron con una enorme inferioridad de armamento y formación militar en relación al ejército de Kadafi. A favor de los milicianos contó el apoyo popular mayoritario. Los milicianos fueron avanzando pueblo a pueblo, a veces debieron retroceder, para retomar días después en avance.
Tanto los voceros oficiales y mediáticos del imperialismo, como también los que defendieron hasta el último día a la dictadura de Kadafi, como Chávez, coinciden en atribuir la conquista de Trípoli y la caída de la dictadura, a la obra de la OTAN. Aunque es difícil fiarse de la mayoría de las informaciones, un análisis de los hechos muestra que la OTAN jugó un rol bastante marginal y que la batalla fue efectivamente un gran triunfo de las milicias populares a las que la OTAN se negó a armar.
La intervención de la OTAN, se limitó al ataque aéreo a unidades de Kadafi. Pero estos ataques no pueden explicar la caída de Trípoli, una ciudad de dos millones de habitantes que concentraba las unidades de elite de Kadafi. Solamente la intervención de la milicia popular fortalecida y endurecida en los 6 meses de combate y una deserción masiva de desmoralizadas tropas kadafistas puede explicar la caída de Trípoli.
Militarmente la campaña de bombardeos en sí misma no puede quebrar la defensa terrestre de una gran ciudad, a menos que demuela la ciudad completa. Así ocurrió, por ejemplo, en el 2004, en Irak, cuando los yanquis atacaron Faluya, ciudad que primero fue demolida por bombardeos, ocasionando miles de muertos y heridos, y adonde debieron huir para salvar su vida más de 400.000 personas, casi toda la población de la ciudad. Aún así, fue necesaria una intervención de fuerzas terrestres y el combate entre las casas en escombros para derrotar a la defensa de la resistencia.

El régimen de Kadafi

Kadafi se inició como un régimen de nacionalismo burgués árabe hace 40 años. Nacionalizó el petróleo y tuvo enfrentamientos con el imperialismo. Fue parte del nacionalismo árabe que encabezara en egipcio Gamal Abdel Nasser.
Sin embargo el carácter burgués y dictatorial del régimen lo fue acercando a buscar un acuerdo con el imperialismo. Lo que logró hace más de 20 años. Privatizó las grandes empresas estatales (varias en manos de su propia familia) y entregó el petróleo a las grandes multinacionales imperialistas. La desenfrenada corrupción del régimen, comenzando por la familia de Kadafi, lo hizo muy parecido a otros dictadores árabes. Aunque su población tiene mejor nivel de vida que otros países africanos, producto de los altos ingresos petroleros, este nivel de vida se comenzó a deteriorar en los últimos años. A esto hay que unirle el odio a la dictadura y su corrupción. Por eso su derrocamiento es una obra del pueblo libio y no, como dice el chavismo, una operación imperialista para “adueñarse del petróleo libio”. Porque con Kadafi ya tenían el petróleo.
Es absolutamente insostenible la postura de los que, como Chávez, pretenden apoyar “desde la izquierda” o desde una supuesta postura “antiimperialista” al régimen de Kadafi que además de entregar el petróleo a las transnacionales, firmó un acuerdo de lucha “antiterrorista” con Bush, era amigo personal del ultraderechista gobernante de Italia Silvio Berlusconi y colaboró con Israel y el Egipto del derrocado Mubarak para bloquear a Gaza.
Repudiamos los bombardeos de la OTAN contra Libia. Pero estos no convirtieron a Kadafi en antiimperialista ni mucho menos. Hasta último momento Kadafi estuvo buscando, incluso públicamente, un acuerdo que le permitiera salvar su régimen y seguir los buenos negocios con el imperialismo.
El propio hijo de Kadafi, Saif al Islam, explicó, en plena guerra, al diario argelino Al Jabar (11 de julio) que el gobierno francés estaba negociando con el régimen de Kadafi: “Ahora estamos negociando con París, tenemos contactos con Francia. Los franceses nos han dicho que el CNT les obedece; incluso nos han dicho que si llegaban a un acuerdo con nosotros en Trípoli, impondrían un alto el fuego al Consejo”. Por otra parte, el régimen libio siguió entregando petróleo al imperialismo hasta hace dos meses (y el imperialismo pagándoselo a Kadafi).

“Conspiración de la OTAN contra la revolución popular libia”

El interés de la OTAN y del imperialismo en atribuirse el triunfo es claramente político. Quiere incidir en el futuro gobierno que controle Libia y asegurarse el petróleo. La OTAN intervino en plena rebelión del pueblo libio, cuando consideró que su antiguo aliado Kadafi sería inevitablemente derrocado, con ese objetivo.
Munir Shafiq, antiguo dirigente de una corriente maoísta de Al Fatah en la época de Yasser Arafat y coordinador general del Congreso Islámico-Nacionalista (agrupación de varios partidos y personalidades, incluidas la Hermandad Musulmana, Hamás e Hisbolá), en una columna publicada en Aljazeera.net (4 de julio, en árabe):
“Nadie puede entender por qué los aviones de la OTAN se centran en bombardear posiciones en Trípoli que prácticamente son señuelos, mientras permiten que Misrata y otras ciudades sean bombardeadas desde baterías de misiles, piezas de artillería y vehículos militares. Incluso permiten que columnas de las fuerzas de Gadafi se desplacen a la vista de todos sin atacarlas. ¿Dónde queda la protección de civiles y dónde la ayuda al pueblo a derribar a Gadafi?”.
“La postura de EE UU y la OTAN es una conspiración flagrante contra la revolución popular en Libia y un intento de mantener a las fuerzas de Gadafi en actividad hasta que consigan controlar al CNT y tal vez también a algunos líderes sobre el terreno. Solo entonces derribarán a Kadafi, mientras conspiran contra el pueblo, la revolución y el futuro de Libia.” (entrevista a Shafiq, reproducida por Gilbert Achcar, en laclase.info)
Desde las propias filas rebeldes también se hizo esta denuncia. Abu Bakr al Faryani, portavoz del consejo revolucionario local de Sirte, afirmó al diario de Beirut Al-Ajbar (2 de junio): “La propia OTAN avanza lentamente en sus operaciones militares contra las brigadas de Gadafi a fin de mantenerle durante más tiempo en el poder e incrementar de este modo el precio que podrán obligar a la oposición a pagar a las potencias mundiales y las grandes empresas que están detrás.”
Las potencias de la OTAN dieron sobrados indicios de no querer que los rebeldes liberaran Trípoli por sus propios medios. Esto lo dijo abiertamente uno de los principales diarios imperialistas como The Economist de Londres: “Los gobiernos occidentales tienen la esperanza de que los rebeldes no conquisten Trípoli al cabo de un lento avance desde el este, con el riesgo que ello implicaría de que dieran su merecido a los leales a Kadafi que se encontraran por el camino. Prefieren que el régimen implosione desde dentro”.
El periodista Tom Dale ha comentado esta preferencia de la OTAN por una “implosión desde dentro”: “¿Por qué iban a preferir las potencias occidentales un golpe por parte del círculo íntimo de Gadafi a la victoria del ejército rebelde? El golpe palaciego comportaría un acuerdo negociado entre los elementos del antiguo régimen que todavía sostienen a Gadafi y la dirección rebelde, que a su vez también abarca a muchas antiguas personalidades del régimen. Los gobiernos occidentales quieren estabilidad e influencia, y para ellos las figuras del antiguo régimen, sin contar a la familia Gadafi, son la mejor garantía en este sentido.”
Como lo dicen este líder árabe, el dirigente de los rebeldes y el periodista inglés, la política de la OTAN fue más bien intervenir para que se estancara la guerra, para desangrar a los combatientes y convertirse en árbitros de un acuerdo, con jerarcas militares y políticos del régimen, para instaurar un nuevo gobierno más o menos estable sometido a sus designios.

El CNT y la OTAN

La intervención de la OTAN fue políticamente posible, porque fue solicitada y aprobada por el CNT (Consejo Nacional de Transición), el gobierno rebelde instaurado en Bengasí. El argumento fue impedir el avance de las fuerzas kadafistas sobre Bengasí. Según esa lógica, el CNT no requirió ayuda de los demás países árabes, no reclamó armas para armar a las milicias populares, despreciando así la enorme simpatía popular y de los sectores de izquierda por la revolución libia, especialmente en las vecinas Túnez y Egipto, y se basó en una “ayuda” de la OTAN. Así la intervención de la OTAN confundió a los pueblos árabes, con gran conciencia antiimperialista, y también a los pueblos europeos que la vieron como “humanitaria”.
Esto se explica porque el pueblo rebelde y particularmente las milicias carecen de una dirección revolucionaria que haya luchado en el sentido de apoyarse en la solidaridad árabe para armarse. Aprovechando ese vacío surgió el gobierno del CNT encabezado por su presidente Mustafá Abdel Yalil, de 59 años, que fue ministro de Justicia de Kadafi hasta que comenzó la rebelión, momento en que rompió con el dictador. El primer ministro es Mahmud Yibril. 59 años, economista formado en EE UU, fue responsable del Consejo de Desarrollo de la dictadura entre 2007 y 2011, promovió la apertura económica en Libia, es decir el giro neoliberal del régimen.
Así la cabeza visible del CNT está constituida por agentes del imperialismo.

El triunfo de la milicia popular

La conquista militar de Trípoli, como dijimos al comienzo, es un extraordinario triunfo de la milicia popular, no de la OTAN y de hecho, como vimos, el plan imperialista era un acuerdo con el régimen y no el triunfo militar de la milicia.
Sin embargo, los vínculos señalados entre el imperialismo y el gobierno del CNT posibilitan que la OTAN y el imperialismo intenten adueñarse de este triunfo. El gobierno del CNT ya se comprometió a respetar los contratos de Kadafi con las petroleras imperialistas y, en un reciente comunicado, advirtió que “no debe haber represalias”. En una entrevista, uno de sus integrantes señaló que “aspiran a tomar el control político total en Libia” y que, para ello “convocarán a las fuerzas de seguridad para garantizar la reconstrucción del país una vez que haya caído el régimen de Muammar Khadafi. Hay una gran tarea de reconstrucción de la seguridad en Trípoli. La policía, la gente de seguridad y los militares, serán una gran parte de la reconstrucción. Ellos no ayudarán a los revolucionarios, los revolucionarios los ayudarán a ellos”. ¡Es decir, la policía y ejército de la dictadura, deben ser ahora los que garanticen la seguridad según el CNT! Así el CNT piensa edificar un nuevo régimen con la ayuda del imperialismo y de los militares y policías de Kadafi.
Pero, claro, hay que ver lo que piensan y hacen los milicianos triunfantes en Trípoli. En cualquier caso, se abrió una disputa más o menos abierta por el poder. Los comités populares surgidos en barrios y en las ciudades y pueblos liberados, y la milicia, son un poder popular, aunque sin dirección propia y de hecho el CNT es su dirección, aunque como vimos, con debilidades y contradicciones. Evidentemente el gobierno del CNT no confía en la fidelidad de las 50 milicias y ya anunció que intentará el desarme de los milicianos.
Esta no es sólo una disputa por ver quien manda, sino sobre como se reconstruye Libia después de la dictadura de Kadafi. Si se castiga a los esbirros del régimen o se los pone a cargo de la “seguridad” como quiere el CNT. Si se permite que continúe el saqueo imperialista que garantizó Kadafi y ahora promete el CNT, o se inicia un nuevo proceso de nacionalización petrolera con control popular, única forma de comenzar a solucionar los problemas de desocupación. Si se expropia o no a los nuevos burgueses que se enriquecieron robando al Estado junto a Kadafi. Si se permite o no la presencia militar imperialista de la OTAN o se los expulsa de Libia. Esta lucha está abierta y es similar a lo que ocurre en Egipto y Túnez después de derrocar a sus dictaduras, adonde surgieron gobiernos burgueses proimperialistas. Con dos diferencias muy importantes. La primera, negativa para el desarrollo revolucionario, es la extrema debilidad del movimiento obrero libio (gran parte eran extranjeros que salieron del país al comenzar la guerra civil). La segunda, favorable a la continuidad de la revolución, es que hubo un claro triunfo militar revolucionario popular que destruyó a la mayor parte de las Fuerzas Armadas del régimen (mientras en Egipto o Túnez estas siguen intactas).
La caída de la dictadura abre un nuevo momento de la revolución, adonde sólo un gobierno de las milicias populares, de los comités revolucionarios, de la juventud y los trabajadores podrá garantizar un cambio de fondo en Libia.
Llamamos a mantener la solidaridad internacional con el pueblo libio, para alentarlo a hacer valer su triunfo democrático, de sus milicias armadas y comités revolucionarios, continuar su revolución, liquidando de raíz al régimen opresivo, por el juicio y castigo a los asesinos de Kadafi, exigiendo el retiro total de la OTAN de Libia, por la expulsión del imperialismo y sus empresas petroleras, por conservar el armamento popular y las milicias como garantía para imponer una salida favorable a las mayorías populares explotadas de Libia.

29/08/11

Un comentario para “Libia: Un triunfo de la milicia popular”

  • Todo el poder a las milicias populares en Libia, fuera la intervención imperialista

    Por: Miguel Ángel Hernández*
    Atalaya revolucionaria

    Desde que el pueblo tunecino se alzó contra la dictadura proimperialista de Ben Alí, un poderoso proceso revolucionario se puso en marcha en todo el Mahgreb y el Oriente Medio, colocando en jaque a las dictaduras y monarquías de la región. Con la caída del dictador Mubarak en Egipto, la revolución da un salto importante, y se tambalea aún más el maltrecho poder del imperialismo, en pleno proceso de repliegue en Irak y Afganistán. Protestas masivas e insurrecciones populares estallan en Bahrein, Yemen, Jordania, Siria y Libia. La mayoría de las organizaciones obreras y de izquierda árabes se colocan del lado de los pueblos en lucha y defienden sus demandas. En todo este proceso, sólo el chavismo y una parte del estalinismo se atreven a colocarse del lado de las dictaduras. Por esa razón, el debate sobre las revoluciones árabes, y particularmente sobre la revolución libia, adquiere mucha importancia en Venezuela.

    Kadafi, un lacayo del imperialismo

    Recordemos que la primera reacción de Chávez ante el estallido revolucionario fue consultar a los dictadores de Libia y Siria sobre la situación regional. En el caso de Egipto incluso hizo un llamado a canalizar los reclamos populares por la vía de la institucionalidad de la dictadura. Una posición reaccionaria en toda la línea. Al igual que Chávez, el dictador libio Muammar El Kadafi, condenó los levantamientos populares en Túnez y Egipto, diciendo que el pueblo debió esperar por la realización de elecciones en esos países, para resolver sus exigencias. Evidentemente, los jefes de Estado burgueses son alérgicos a la revolución. No tardó en estallar la revolución en Libia, y las manifestaciones populares fueron reprimidas con salvajismo por la dictadura. Hubo un resquebrajamiento del aparato represivo y administrativo del Estado libio, lo cual dio paso a una guerra civil. Este es el origen del conflicto que esta semana alcanza su punto culminante en las calles de Trípoli y Sirte.

    Hay que aclarar una vez más que Kadafi no es el “Simón Bolívar del África”, como lo bautizara Chávez al condecorarlo con una réplica de la espada de El Libertador, en Caracas. Más bien es “el Calígula de Libia”, un dictador enloquecido que abandonó sus posiciones independientes de los años 70 y 80 para dar un giro en la última década y entregar su país a las transnacionales imperialistas. Además de desnacionalizar el petróleo y el gas, dio la espalda a la lucha palestina, cooperó con la “lucha contra el terrorismo” de los yanquis, y convirtió a su país en un campo de concentración de inmigrantes africanos detenidos en su ruta hacia Europa. Tantos méritos contrarrevolucionarios acumuló, que en pocos años se convirtió en socio de connotados derechistas europeos como Berlusconi, Blair, Zapatero y Sarkozy. Hasta Condolezza Rice, la asesina de los pueblos afgano e irakí, lo visitó en Trípoli.

    ¿Revolución popular o “invasión”?

    La continuidad que guarda la revolución libia con el conjunto del proceso revolucionario árabe es inocultable. La movilización popular en ese país africano estalla al mismo tiempo que en casi todo el mundo árabe, estimulado por el triunfo popular en Túnez, y además con las mismas consignas sociales y políticas que en el resto de los países de la región que son sacudidos por la llamada “primavera árabe”. Desde reivindicaciones políticas de carácter democrático como la liberación de los presos políticos, la libertad para organizar sindicatos, gremios independientes y partidos políticos, hasta reivindicaciones sociales como mayor igualdad en la distribución del ingreso, contra el desempleo, contra el alto costo de los alimentos. Ciertamente un cuadro que no corresponde en nada a la caricatura dibujada por el gobierno venezolano, el cual sostiene que la revuelta libia no sería una genuina insurrección popular sino la obra de “mercenarios al servicio del imperialismo”, cuyo propósito sería “entregar el petróleo libio a las transnacionales”.

    La actual ministra venezolana de la Juventud, Mary Pili Hernández, entrevistó el primero de marzo de este año, a través de Unión Radio, al corresponsal de Reed Lindsay, de Telesur, quien dejó un contundente testimonio acerca del carácter popular y antiimperialista del levantamiento popular en Libia. Dijo Lindsay: “Hay evidencia abrumadora de que el gobierno de Kadafi ordenó a sus fuerzas de seguridad disparar a los manifestantes desarmados, y disparar a matar… Lo que nos preguntó alguien es por qué el presidente de Venezuela apoya a este gobierno de Muamar Kadafi. Es algo que nos han preguntado en varios lados, por qué el presidente venezolano y otros mandatarios de América Latina que están a favor de los procesos sociales estarían apoyando a un dictador que dispara contra su propio pueblo. (Los rebeldes) no quieren la intervención de EEUU, dicen que morirán luchando contra la dictadura de Gadafi o contra los EEUU… Los mismos protagonistas de la rebelión dicen que no tienen nada que ver con EEUU, no quieren nada con Europa. Es algo muy importante destacarlo, porque aquí se ve en la calle a gente de todas las clases sociales, trabajadores, profesionales, médicos, ingenieros, mujeres, niños, es sin lugar a dudas una rebelión popular”.

    Este testimonio retrata de manera impecable el sentimiento del pueblo insurrecto, que esperaba contar con el apoyo de los gobiernos latinoamericanos que dicen ser “antiimperialistas”, pero que por el contrario se encontraron a un Chávez que apoyó y sigue apoyando de manera incondicional al dictador proimperialista Kadafi. No puede perderse de vista que las mismas masas que se levantaron en febrero y tomaron las armas, son las que siguen combatiendo hoy. Esta aclaratoria se hace necesaria en vista de que algunas organiozaciones de izquierda sostienen que el carácter de la rebelión libia cambió y desapareció todo elemento progresivo en ella, a partir de la intevención imperialista. ¿Acaso la intervención imperialista desapareció a los combatientes libios, o esfumó sus motivaciones originales? Por supuesto que no, pero tal es la versión sostenida por algunas organizaciones que incluso se reclaman marxistas, todo un lamentable ejemplo de sectarismo y esquematismo.

    Los revolucionarios estamos obligados a ir más allá de una superficial y falsa identificación entre los movimientos de masas y sus direcciones. De esta manera, por ejemplo, respaldamos la lucha del pueblo hondureño contra el golpe de Estado y exigimos la restitución de las libertades democráticas en ese país, y acompañamos el reclamo de que fuera restituido en la presidencia Manuel Zelaya, a pesar de que sabemos que Zelaya es un terrateniente liberal a quien no apoyamos políticamente en lo absoluto. También luchamos en las calles el 13 de abril de 2002 para derrotar al golpe fascista, sin que nos lo impidiera hacerlo el programa nacionalista burgués de Chávez, que no compartimos. Análogamente, en Libia llamamos a apoyar la lucha del pueblo que se alzó contra la dictadura, sin confiar en la dirección del Consejo Nacional de Transición (CNT) y rechazando rotundamente la intervención imperialista de la Otan.

    La intervención imperialista y el petróleo libio

    Los socialistas revolucionarios rechazamos clara y contundentemente, desde el primero momento, la intervención imperialista en Libia, pues ésta tiene un propósito contrarrevolucionario. No podía ser de otra manera. Sin embargo, es importante desmontar las mentiras de aquellos que apoyan a Kadafi con el argumento de que el imperialismo quiere apoderarse del petróleo libio. En su columna de opinión, “Reflexiones”, del 4 de marzo de este año, el propio Fidel Castro retrata a Kadafi como un aliado del imperialismo que se encargó de privatizar el petróleo y las más importantes empresas públicas:

    “Es un hecho irrebatible que las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados de la OTAN con Libia en los últimos años eran excelentes, antes de que surgiera la rebelión en Egipto y en Túnez. En los encuentros de alto nivel entre Libia y los dirigentes de la OTAN ninguno de estos tenía problemas con Gaddafi. El país era una fuente segura de abastecimiento de petróleo de alta calidad, gas e incluso potasio. Los problemas surgidos entre ellos durante las primeras décadas habían sido superados. Se abrieron a la inversión extranjera sectores estratégicos como la producción y distribución del petróleo. La privatización alcanzó a muchas empresas públicas. El Fondo Monetario Internacional ejerció su beatífico papel en la instrumentación de dichas operaciones. Como es lógico, Aznar se deshizo en elogios a Gaddafi y tras él Blair, Berlusconi, Sarkozy, Zapatero, y hasta mi amigo el Rey de España, desfilaron ante la burlona mirada del líder libio. Estaban felices”.

    Lejos de permitir al imperialismo apoderarse de unos recursos que ya Kadafi había entregado, la rebelión libia supone grandes pérdidas para las transnacionales: la producción petrolera de las empresas imperialistas en Libia no volverá al nivel de 1,6 millones de barriles diarios, índice de producción previo a la rebelión, sino hasta dentro de dos o tres años, según los estimados más optimistas. Y eso en el caso de que el gobierno que suceda a Kadafi mantenga en pie los convenios suscritos por el dictador.

    Va contra toda lógica el planteamiento de que la rebelión fue “fabricada” por el imperialismo para “apoderarse del petróleo”. A este argumento falaz se suman otros, como la falacia de que Kadafi se convierte en antiimperialista debido a los bombardeos de la Otan, o que los mismos bombardeos convierten a las milicias rebeldes en “la infantería de la Otan”.

    Hemos visto que estamos ante una rebelión popular genuina, que objetivamente afecta los negocios imperialistas, que tiene un contenido subjetivo antiimperialista. A esto debemos añadir que en la agenda del pueblo rebelde se encuentra la nacionalización del petróleo.

    Tal y como explicaba en febrero el periodista Robert Dreyfuss, del diario inglés The Nation: “Con Bahrein, la base de la presencia militar de los EEUU en el Golfo Pérsico, siendo sacudido, y las semillas de la rebelión sembradas en Kuwait, la rebelión en Libia podría provocar un resurgimiento del nacionalismo árabe que apunte al control de los recursos petroleros en el Oriente Medio. Con Trípoli, la capital libia, en llamas y Bengasi y la mayor parte del este libio ya en manos rebeldes, hay reportes de que las propiedades de ENI y otras empresas petroleras que operan en Libia podrían ser nacionalizadas por un nuevo gobierno”.

    Dichos reportes desde los territorios liberados por los rebeldes crearon un enorme nerviosismo en los gobiernos europeos y el yanqui. Además de descartar que la intervención fuera para “apoderarse del petróleo libio”, también podemos desechar las excusas cínicas esgrimidas en la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, acerca de la “protección a la población civil”. El sentido de la intervención imperialista fue evitar dos escenarios catastróficos para los intereses de las transnacionales: el primero, una guerra prolongada que impidiera la normalización en el mediano plazo de los negocios que anteriormente garantizaba la dictadura de Kadafi; el segundo escenario, mucho peor, el de una revolución triunfante que bajo el avasallante impulso de las milicias populares nacionalizara el petróleo y terminara con la era de entreguismo abierta por Kadafi. En cuanto a la forma de la intervención, valiéndose de bombardeos y no de una invasión terrestre, esto tiene que ver con dos elementos muy importantes: el rechazo abierto en las filas rebeldes a la presencia invasora; y el debilitamiento político, económico y militar del imperialismo, que atraviesa una aguda crisis económica, inestabilidad social en sus propios países, y viene de derrotas importantes en Irak y Afganistán.

    Alto a la injerencia imperialista, todo el poder a las milicias populares

    La evolución de la guerra civil libia en la última semana indica que es inminente la destrucción de las fuerzas de la dictadura y el derrumbamiento del kadafismo. Sin embargo, la revolución no termina con la salida del dictador. Se profundizará la pugna a lo interno de las filas rebeldes por el destino que tendrá la revolución. La dirección del Consejo Nacional de Transición (CNT) está conformada por la oposición burguesa y por ex funcionarios del régimen de Kadafi, quienes buscan mantener las relaciones con el imperialismo en los mismos términos de entreguismo que caracterizaron a la dictadura. Esto lo tienen claro muchos combatientes, tal y como lo demuestra el siguiente testimonio de un corresponsal militante en las filas rebeldes, en el mes de junio: “En nuestro grupo tenemos claro que si la derecha llegase a tomar el control, junto a las tropas de la OTAN, cuando termine esta batalla, sería el comienzo de otra. Este sentimiento ésta muy arraigado en los compañeros, es que acá sabemos que en la línea de fuego no hay ni uno solo de esos ex funcionarios que salen en los medios. Ninguno de ellos está con su cuerpo, enfrentándose con las tropas kadafistas…”

    (http://laclase.info/internacionales/libia-no-luchamos-para-defender-el-terreno-que-el-imperialismo-nos-ha-delimitado-ni-)

    Ante el derrocamiento de la dictadura proimperialista por parte del pueblo, es necesario que los revolucionarios nos solidaricemos con el pueblo rebelde, denunciando sin ninguna ambigüedad que las intenciones del CNT serán la de secuestrar y congelar la revolución la revolución, pactar con el imperialismo, e impedir que se materialicen las reivindicaciones democráticas, sociales, económicas y antiimperialistas del pueblo combatiente que heroicamente terminó con la pesadilla kadafista. Planteamos con claridad que quienes deben gobernar son las milicias populares, que son necesarias las más amplias libertades de organización sindical y partidista para los trabajadores y el pueblo, disolución de la guardia pretoriana de la dictadura y desarrollar un juicio popular a sus jefes; control absoluto por parte del Estado los recursos petroleros y gasíferos entregados a las transnacionales imperialistas por la dictadura y colocar esa industria en manos de los trabajadores y técnicos; repatriar las reservas internacionales que Kadafi entregó a los países europeos y desconocer las deudas adquiridas por éste con la banca internacional.

    Como dicen muchos combatientes libios, el fin de la batalla contra Kadafi es el comienzo de otra batalla, esta vez contra la injerencia imperialista y la política conciliadora y negociadora del CNT. El rol de los revolucionarios es seguir apoyando la justa lucha del pueblo libio, para que su ejemplo se extienda a Bahrein, Yemen, Marruecos, Siria, y el resto del mundo árabe.

    * Secretario General del partido Unidad Socialista de Izquierda

    LaClase 28/08/11

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