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Hamás no debe ceder en las negociaciones lo que Israel no logró en el campo de batalla

Estas cuestiones se han vuelto urgentes porque Hamás ha pasado de debatir sobre la gobernanza a barajar fórmulas relativas a sus armas.

Las propuestas recientes prevén que se almacenen o se transfieran como parte de un acuerdo de desmilitarización vinculado a la retirada israelí, un enfoque que Israel ha rechazado al insistir en que primero se produzca un desarme completo. ¿De verdad se espera que los palestinos entreguen sus armas mientras los tanques siguen en la frontera?

El patrón resulta familiar al de los años de Oslo: una concesión palestina pasa a formar parte del historial diplomático, Israel rechaza el acuerdo por considerarlo insuficiente y la siguiente negociación parte de esa concesión en lugar de partir de la posición que la precedió. La recompensa por una concesión no correspondida suele ser otra exigencia.

El desarme afecta, por tanto, a la identidad y al propósito estratégico del propio movimiento. La moderación puede ser en sí misma una forma de resistencia, y Hamás no tiene por qué volver a gobernar Gaza: renunciar a la administración directa podría incluso liberar al movimiento de la contradicción entre gobernar a una población sitiada y funcionar como organización de resistencia. Dejar el gobierno y abandonar la resistencia son propuestas totalmente diferentes.

El mayor peligro es que un movimiento agotado por la guerra y sometido a una presión extraordinaria por parte de los mediadores y las potencias internacionales pueda transformarse, de forma gradual, en una mera facción palestina más que busca un lugar en un orden electoral cuyos parámetros han diseñado otros.

La transformación de Fatah se produjo exactamente de esa manera. Una concesión se justificó por razones tácticas, otra fue necesaria para preservar el proceso político y otra se exigió para demostrar seriedad, hasta que una organización creada para liberar Palestina se convirtió en el componente gobernante de una autoridad que opera bajo la ocupación.

El acercamiento del movimiento a sus antiguos rivales en la esfera de influencia de Fatah forma parte del mismo conjunto de preocupaciones. En agosto, Hamás se reunió con responsables del Bloque de Reforma Democrática del antiguo jefe de seguridad de Gaza, Mohammed Dahlan, en unos contactos que un responsable de Hamás confirmó a Al Jazeera, antes de las elecciones legislativas palestinas previstas para noviembre.

Semanas antes, un alto asesor había afirmado que Dahlan intervino en las negociaciones sobre el desarme a través de contactos directos con el yerno del presidente de EE. UU., Jared Kushner.

Las circunstancias políticas cambian y antiguos adversarios se reúnen. Sin embargo, Hamás debería preguntarse qué propósito persiguen estos regresos y por qué las mismas potencias que ahora presionan para su desarme parecen sentirse tan cómodas con ellos.

Paciencia estratégica

Los defensores del rumbo actual preguntarán cuál es la alternativa, y la respuesta es la paciencia estratégica: un movimiento sometido a una presión inmensa no tiene por qué resolver todas las cuestiones de inmediato. Hamás puede cumplir los acuerdos limitados que ha suscrito, al tiempo que se niega a negociar cuestiones que pertenecen al pueblo palestino en su conjunto, aprovechando el tiempo que transcurra para reorganizarse mientras se aclara el panorama.

La región ha cambiado desde 2023 de formas cuyas consecuencias aún se están desarrollando. Un número cada vez mayor de analistas sostiene que el enfrentamiento entre Irán, Israel y EE. UU. podría dejar a Teherán en una posición estratégicamente más fuerte de lo que muchos esperaban. Washington y Tel Aviv, por su parte, han gastado un enorme capital militar, político y diplomático.

La propia Gaza sigue bajo un frágil alto el fuego, sin que se haya resuelto la secuencia de la retirada y el desarme israelíes. ¿Por qué debería Hamás negociar como si el equilibrio de poder actual fuera permanente?

Las elecciones son un instrumento legítimo de representación popular, y las instituciones palestinas necesitan urgentemente una renovación tras años de estancamiento y de erosión de la legitimidad democrática. Participar en ellas es una cosa; permitir que redefinan la relación del movimiento con la resistencia es otra muy distinta. Hamás debe dejar claro cuáles considera ahora sus constantes estratégicas y cómo encajan en ellas las formas de resistencia armadas, populares, políticas, legales y diplomáticas. Estas cuestiones no pueden resolverse mediante acuerdos fragmentarios negociados bajo presión.

Hay un momento para luchar, un momento para negociar y un momento simplemente para mantener la propia posición, lo que a veces no es más que la negativa a hacer concesiones irreversibles bajo una presión temporal.

La «Inundación de Al-Aqsa» supuso un coste humano casi inimaginable para Gaza, y ese coste nunca debe utilizarse para deslegitimar la resistencia palestina ni para desviar la responsabilidad de quienes devastaron la Franja. La magnitud del sacrificio palestino tampoco exime a los líderes palestinos de su responsabilidad estratégica: un movimiento de resistencia debe proteger el valor político de los sacrificios realizados en nombre de su causa.

Hamás puede abandonar el Gobierno de Gaza, presentarse a las elecciones en las condiciones adecuadas y negociar cuando las circunstancias lo requieran, sin permitir que las concesiones tácticas realizadas bajo una presión extraordinaria redefinan sus principios. Cuando su propia capacidad de negociación sea insuficiente, debería tener la confianza necesaria para confiar la negociación a profesionales, conservando al mismo tiempo la autoridad para establecer las líneas rojas.

El peligro más grave al que se enfrenta Hamás ahora se encuentra más allá del campo de batalla. Tras haber sobrevivido a una de las guerras más destructivas de la historia moderna, podría ir cediendo poco a poco en la mesa de negociaciones lo que sus adversarios no lograron por la fuerza.

Lo que Israel no pudo acabar mediante el poderío militar y el genocidio no debería cederse a través de la letra pequeña de un acuerdo urdido en Washington.

Sami Al-Arian es el director del Centro para el Islam y Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul. Originario de Palestina, vivió en Estados Unidos durante cuatro décadas (1975-2015), donde fue académico titular, destacado orador y activista de derechos humanos antes de trasladarse a Turquía. Es autor de varios estudios y libros. Pueden ponerse en contacto con él en: nolandsman1948@gmail.com.

Texto en inglés:Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: vocesdelmundoes.com/2026/08/29/hamas-no-debe-ceder-en-las-negociaciones-lo-que-israel-no-logro-en-el-campo-de-batalla/