El argumento ubica a la película 100 años más adelante, en el 2026 de este siglo XXI. Se desenvuelve en una gran y opulenta ciudad (Metrópoli) caracterizada por sus enormes rascacielos, extensos paisajes urbanos y las tensiones propias de la sociedad industrial. En la superficie de esa ciudad del futuro vive y reproduce su riqueza la clase dominante y su elite intelectual, que ven el mundo desde la altura los grandes edificios, mientras que en el subsuelo, donde se encuentra la gran maquinaria industrial, vive y busca sobrevivir la clase dominada. Son los obreros que hacen funcionar las máquinas que sostienen el movimiento de la ciudad, que viven cual prisioneros, ya que no están autorizados a salir a la superficie.
La figura femenina del film encarna una joven idealista que busca atemperar las contradicciones y arbitrar entre esos dos mundos opuestos. El hijo del capitalista dueño de la ciudad se enamora de la joven lo que le permite acercarse al mundo subterráneo y descubrir las condiciones de explotación y el destrato hacia los subordinados por parte de quienes viven en la superficie. Se suma a ella y es el protagonista que destraba la situación.
Cuando el descontento y la rebeldía crecen entre los de abajo, los de arriba crean un robot humanoide con el que reemplazan a la joven. Este robot empujará a los trabajadores a la rebelión contra los de arriba, lo que será la excusa buscada para la represión (cualquier similitud con nuestra realidad no es simple coincidencia). Finalmente el agua se desborda, los incendios se expanden y la ciudad, presa del caos, queda destruida. Los obreros incendian el robot. Finalmente los dos bandos se ven perjudicados. Los enamorados instan a los trabajadores a buscar una salida que conforme a los dos sectores en puga, mientras esperan la llegada del mediador. El mensaje es “El mediador entre el cerebro (los de arriba) y las manos (los de abajo) es el corazón”.
Varios autores relatan que Hitler quedó muy conforme con la película, especialmente con el mensaje final, ya que veía ahí una alianza corporativa mediada por el Estado. Lang negó que su película fuera una crítica directa y anticipada al nazismo pero es innegable que toma muchos de los problemas y temas en discusión en aquel tiempo. Especialmente el relativo al mito del líder totalitario (el capitalismo de este siglo ha generado numerosos líderes autoritarios que llegan al poder, como Hitler, por medio del régimen de la democracia liberal).
Ya en el exilio en EEUU, Lang (director), que escribiera el guión en colaboración con Thea von Harbou (redactora del texto original y su esposa) confesó estar en desacuerdo con el final del film. Se justificó aclarando que él se había dedicado casi con exclusividad a retratar la magnificencia y opulencia de la gran ciudad (recurriendo incluso a cuestiones técnicas muy especiales para crear maquetas muy realistas y utilizando una cámara giroscópica que permitía filmar en forma estable en 360°) y que dejó la parte argumental a von Harbou. No es un dato menor que una vez divorciados la mujer se quedó en Alemania y se integró al régimen nazi.
Así la película puede ser vista como un anticipo del futuro. Como una crítica a las condiciones de explotación y las desigualdades sociales de la sociedad industrializada de aquel tiempo, pero también como una advertencia sobre el totalitarismo y la manipulación de las masas por medio de la propaganda y la desinformación, donde la tecnología y la eficiencia son tomados como valores supremos (algo demasiado presente en la actualidad)
La historia no se repite, salvo una vez como comedia y otra como tragedia. Pero la película merece ser vista por las nuevas generaciones, y analizada y debatida en clave actual. Hoy ya no son los robots sino los algoritmos, las redes, los likes y vaya a saber qué novedades nos traerá el futuro inmediato, que optimizan el rendimiento a la par vacían todo de sentido.
Verla en clave de este tiempo difícil que atravesamos, que tiene demasiados puntos de contacto con el pasado, puede ser un buen ejercicio para pensar el futuro.
*integrante del colectivo EDI –Economistas
de Izquierda