Reproducimos el comunicado de Adalah, grupo de abogadas y abogados de la Global Sumud Flotilla
2/5/2026. Los abogados de Adalah acaban de concluir una visita a la prisión de Shikma, donde se reunieron por primera vez con los activistas de la Flotilla Global Sumud, Thiago de Ávila y Saif Abukeshek, desde su secuestro por la marina israelí en la madrugada del jueves 30 de abril en aguas internacionales cerca de Creta. Los desgarradores testimonios de ambos activistas revelan violencia física y haber sido retenidos durante largos periodos en posiciones de estrés por las fuerzas militares israelíes durante los dos últimos días que pasaron en el mar. Ambos activistas llegaron esta mañana al centro de detención de Shikma en Ashkelon tras más de dos días bajo custodia naval.
Thiago de Avila denunció haber sido sometido a una brutalidad extrema por parte de los militares israelíes durante la incautación de las embarcaciones. Fue arrastrado boca abajo por el suelo y golpeado con tal severidad que perdió el conocimiento en dos ocasiones. Actualmente presenta hematomas visibles en el rostro, incluso alrededor del ojo izquierdo, y refiere movilidad reducida y dolor intenso en la mano. Desde su detención por el ejército israelí hasta su traslado al Servicio Penitenciario de Israel, más de dos días después, permaneció aislado y con los ojos vendados. Ahora se encuentra recluido en una celda sin ventanas. Thiago declaró haber sido interrogado por la agencia de inteligencia Shabak (ISA) y afirmó que le dijeron que posteriormente sería interrogado por el Mossad bajo sospecha de «pertenencia a una organización terrorista». Aunque los abogados de Adalah exigieron información sobre las acusaciones, las autoridades israelíes se han negado a proporcionarla.
Saif Abukeshek declaró haber permanecido atado de manos y con los ojos vendados, y obligado a permanecer boca abajo en el suelo desde su detención hasta esta mañana, lo que le provocó hematomas en el rostro y las manos. Tras llegar al centro de detención de Shikma, declaró que le informaron que estaba siendo interrogado por el Shabak bajo sospecha de «pertenencia a una organización terrorista».
Tanto Thiago como Saif han declarado una huelga de hambre, aunque continúan bebiendo agua
Los dos activistas comparecerán mañana, domingo 3 de mayo de 2026, a las 9:30 a. m. ante el Tribunal de Magistrados de Ashkelon para una audiencia en la que se solicitará la prórroga de su detención. Adalah sostiene que el trato recibido por los dos activistas, incluyendo el aislamiento, el vendaje prolongado de los ojos y las palizas, constituye una grave violación del derecho internacional. Adalah argumenta además que cualquier interrogatorio a los activistas es ilegal y que deben ser liberados de inmediato.
20/4/2026. Difundimos el comunicado de prensa de la Global Sumud Flotilla ante la acción de bloqueo que implementa en mar para interrumpir la cadena de suministro militar israelí que lleva el megabuque MSC Maya.
Los civiles toman el mar: la Global «Sumud» Flotilla bloquea al megabuque MSC Maya para interrumpir la cadena de suministro militar israelí
Siguiendo los pasos de los estibadores, la flotilla detiene el flujo de material de uso militar y exige que se ponga fin a la complicidad de las empresas en las atrocidades masivas.
MAR MEDITERRÁNEO – En una intervención civil sin precedentes en el mar, la Global Sumud Flotilla ha logrado interceptar el MSC Maya, un buque de carga operado por Mediterranean Shipping Company, que se dirigía a los puertos de Ashdod y Haifa.
Se sabe que el buque transporta materias primas destinadas a abastecer a la máquina de guerra de Israel. El desvío del MSC Maya se produce tras las crecientes pruebas del papel que desempeña la Mediterranean Shipping Company como arteria logística fundamental para el aparato militar de la ocupación israelí. Aunque la empresa mantiene una apariencia de neutralidad comercial, varios informes de investigación y observadores laborales han identificado un patrón sistemático de transporte de acero aleado de alta calidad, utilizado en la fabricación de artillería pesada, a través de complejos centros de transbordo.
Al recurrir a rutas poco conocidas a través de puertos como Singapur y Abu Qir, MSC facilita el flujo de materias primas que sustentan la industria bélica israelí, al tiempo que se beneficia de acuerdos de uso compartido de buques con la naviera nacional del régimen israelí, ZIM. Esta acción pone fin a ese anonimato y hace que la mayor naviera del mundo rinda cuentas por la carga que transporta en la sombra.
Esto supone la primera vez en la historia que una flotilla civil ha intervenido directamente para interrumpir el flujo marítimo de materiales relacionados con las operaciones militares de un Estado. Durante décadas, los trabajadores portuarios han estado en primera línea de la resistencia contra las cadenas de suministro injustas, utilizando su poder colectivo para detener el movimiento de mercancías vinculadas a la opresión y la guerra. Su negativa ha alterado el curso habitual de los negocios y ha obligado al mundo a asumir el peso moral del comercio global.
La Global Sumud Flotilla se inscribe en esa tradición, llevando esa resistencia al agua y haciendo un llamamiento a los trabajadores y a la gente de todas partes, en los muelles, en las fábricas, en las calles, para detener estas armas dondequiera que vayan.
El poder de interrumpir estas cadenas de suministro no se limita al mar; está presente en cada puerto, cada grúa, cada contrato y cada acto de trabajo.
Seamos claros: esta medida no se ha tomado a la ligera. Se ha tomado porque los gobiernos de todo el mundo han optado por la inacción ante las abrumadoras pruebas de atrocidades masivas. Allí donde los Estados no han cumplido con el derecho internacional, la gente común ha intervenido para hacerlo cumplir.
Durante demasiado tiempo, el mar Mediterráneo ha sido considerado un escenario de profunda injusticia, a la vez que una fosa común para los solicitantes de asilo y un corredor por el que circulan armas sin obstáculos, mientras que la ayuda humanitaria que salva vidas es bloqueada de forma violenta e ilegal. Esta acción va más allá de un simple barco; se trata de recuperar el mar como un espacio para la justicia y la vida, en lugar de un escenario para la violencia patrocinada por el Estado. Así es como se materializa la rendición de cuentas cuando las instituciones fallan.
El desvío del MSC Maya no es un hecho aislado; forma parte de un movimiento mundial cada vez más amplio destinado a hacer frente a la complicidad allá donde se dé: en las salas de juntas, en las fábricas, en los puertos y, ahora, en el mar. Rechazamos la idea de que el comercio exista en un vacío moral. No existe neutralidad en el transporte de materiales que sustentan sistemas de violencia. Las empresas que facilitan estos flujos no son actores pasivos, sino participantes.
Y hay que cuestionar e interrumpir esa participación.
Esta iniciativa se inscribe en la tradición mundial del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), que lleva mucho tiempo reclamando una presión económica y laboral coordinada para poner fin a la complicidad en las violaciones de los derechos de los palestinos.
La Global Sumud Flotilla actúa con disciplina, claridad y un compromiso con la acción directa no violenta. La seguridad de todos los tripulantes implicados fue una prioridad en todo momento durante la operación.
Esta misión envía un mensaje inequívoco: si los gobiernos no detienen la maquinaria de la violencia, lo hará la gente. Si las empresas siguen lucrándose con ella, serán señaladas, enfrentadas y desarticuladas. Y si el mundo insiste en mirar hacia otro lado, nos pondremos directamente en el camino de lo que se niega a ver.
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Hoy, en medio de una ofensiva a fondo –intelectual, mediática, militar- de la derecha más reaccionaria y dependiente, el progresismo (una parte de la izquierda) intenta salir su laberinto, rediseñando su discurso y sus formas de acción, cuando el espacio político fue ocupado por las fuerzas conservadoras, la economía consumista.
El progresismo se fue opacando en Latinoamérica, mérito de gobernantes que no lograron (o ni siquiera lo intentaron) realizar cambios en beneficio de las grandes mayorías. A uno y otro lado del Atlántico, ultraderechistas libertarios -émulos de Donald Trump- ocupan cada vez más posiciones de poder desde las cuales empujan una agenda de barbarie, odio y prevalencia de la fuerza imperial sobre la razón popular.
En América Latina, el auge de la ultraderecha calca los patrones de las dictaduras impuestas o patrocinadas por Washington durante la guerra fría: sumisión indisimulada a la Casa Blanca, entrega de los recursos naturales a los dueños de capitales extranjeros, establecimiento de estados policíacos con el pretexto de la seguridad, persecución de la disidencia, desmantelamiento sistemático de derechos sociales y remplazo efectivo de las democracias (por muy imperfectas que fueran) con oligarquías excluyentes y aporofóbicas, señala el diario mexicano La Jornada.
Sea por convicción ideológica o por oportunismo electoral, las derechas tradicionales han depuesto las máscaras y renunciado al liberalismo formal para mimetizarse con las fuerzas neofascistas del trumpismo.
Hoy, tras medio siglo de neoliberalismo –con los algunos interregnos progresistas- los medios hegemónicos han instalado un sentido común que estigmatiza como “populista” o “radical” cualquier intento de hacer valer la provisión del acceso a la atención médica, a la educación, a la vivienda o al trabajo digno, cercenando las libertades para dedicar sus esfuerzos y poderío a la libre circulación de los capitales y reprimir la protesta contra las injusticias sociales generadas por el modelo económico.
El progresismo hoy se manifiesta en la lucha contra la ultraderecha. Encuentros como la Global Progressive Mobilisation en Barcelona reúnen a líderes progresistas de 40 países para abogar por la paz, la igualdad y la protección de los derechos humanos, en un espacio para discutir y debatir –entre ellos- los desafíos comunes y para unir fuerzas en defensa de la democracia y la justicia social.
En Barcelona, los oradores coincidieron en la necesidad de regularizar la tecnología, establecer un impuesto a los superricos, materializar la transición hacia energías limpias y renovar el funcionamiento de Naciones Unidas. Sin estar siquiera presente, Trump fue el protagonista de la cumbre progresista. Pocos se atrevieron a mencionarlo por su nombre, las críticas a la guerra en Irán y el respaldo al multilateralismo surgieron como una antítesis de sus políticas.
Lo que los yanquis no deberían olvidar en estos momentos de bravuconadas y amenazas, es la esencia del pueblo cubano, dispuesto como estos leñadores de la ciénaga a defender con todo a su patria, en la primera línea de fuego
En estos días de recuperación muchos recuerdos me alcanzan. En abril de 1976, el periódico Juventud Rebelde de Cuba, para celebrar la contundente victoria sobre la invasión a Playa Girón, decidió preparar varios números especiales. Cada uno con la amplia temática que el hecho histórico arroja. La retadora proclamación del socialismo con el pueblo en armas; el artero bombardeo estadunidense, la intervención sonora en la ONU de Raúl Roa, el «Canciller de la dignidad»; la movilización general hacia la ciénaga; la estrategia de contención total antes de 72 horas, el empeño de Fidel arriba de un tanque por hundir al barco estadounidense; la aplastante derrota de la famosa brigada 2506, su entrenamiento en Guatemala, su juicio e intercambio por medicinas y compotas.
A mi compañera Estrella Fresnillo y a mí nos tocó recabar los testimonios de los primeros cubanos en la línea de fuego frente al desembarco en aquella madrugada: los habitantes del extenso manglar llamado la Ciénaga de Zapata. Una experiencia inolvidable en todos sentidos. El inmenso manglar tiene una extensión de más de 130 mil hectáreas y está lleno de vida de todo tipo. Los libros de historia dicen que antes de la llegada de Colón, en alguno de sus rincones se desarrolló la cultura siboney; después, en la Colonia fue refugio tanto para piratas como para esclavos cimarrones que buscaban su libertad y allí resistieron.
La historia cambió en la neocolonia, sobre todo en los últimos gobiernos que utilizaron el pantanal para proclamar grandes planes de abrir una carretera, que en realidad nunca se construyó, pero cuyo financiamiento se embolsaron. El gran dirigente Chibás, en su última alocución en la radio, justamente denunció esta corrupción. Conjeturo que los aparatos de la CIA se quedaron con este último dato y por ello organizaron el desembarco en ese lugar donde suponían no encontrarían resistencia.
Tan es así que algunos de los miembros de las familias que debían proclamar el nuevo gobierno venían vestidos con un elegante frac. Llegar hasta el corazón de la ciénaga, cerca de Playa Girón, nos adentró en un mundo mágico lleno de recovecos con árboles, aves, humedad, una densa vegetación, manatíes y cocodrilos. Nos esperaba un grupo de compañeros que enseguida nos dijeron: “con esas blusitas que traen se las van a comer los mosquitos”.
Efectivamente tuvieron que prestarnos unas camisas de trabajo gruesas y aún recibimos un montón de piquetes. Los cenagueros organizados ya en cooperativas continuaban algunos siendo leñadores, carboneros, pescadores. Pero su vida había cambiado radicalmente. Nos relataban que “algunos cuantos de nosotros que habíamos participado en los intentos de hacer un sindicato, teníamos otros contactos y por aquí llegaron algunos combatientes del 26 de julio.
Estábamos muy pendientes, hasta que llegó el triunfo ese 1º de enero. Por increíble que parezca, ese mismo enero nos llevamos la gran sorpresa: llegó Fidel hasta aquí, venía con Celia Sánchez y con el capitán Núñez Jiménez; estábamos muy esperanzados, pero no creímos que tan pronto nuestras vidas cambiarían. Vinieron del INRA, vino la reforma agraria, aquí casi nadie sabía firmar, pero le entregaron su tierra”. Un verdadero torbellino de cambios se precipitó: el 17 de junio del 59 se inició la construcción de la carretera hasta Playa Girón y luego hasta Playa Larga, llegó la electrificación, las escuelas, el policlínico, talleres artesanales que llevó Celia, llegó todo y Fidel fue muchas veces a la ciénaga.
“Nosotros aquí rápido nos integramos en las Milicias Revolucionarias, los CDR, la Federación de Mujeres, las cooperativas, los nuevos proyectos. El día 15 del bombardeo, y sobre todo el 16, estuvimos pegados a la radio, hicimos reuniones por toda la ciénaga, agrupamos a los milicianos y a todos en voz de alerta. Esperábamos instrucciones, las palabras de Fidel retumbaban en nuestras cabezas. Finalmente llegó la información: entrarían por la playa y teníamos que intentar detenerlos lo más posible, en lo que llegaban las tropas.”
Con los nervios de punta, emprendieron la ruta, emboscados por la densa vegetación se fueron desplegando poco a poco detrás del claro de la playa. Algunos muy nerviosos, pero todos determinados. Aún no despuntaba la luz cuando sintieron los movimientos de las lanchas que se aproximaban, esperaron todos en silencio la orden de romper fuego. Cuando ésta llegó, algunos recordaron la reacción de los invasores, sorprendidos empezaron a recular y en desorden a disparar algunos.
No esperaban ese recibimiento. “El combate duró muchas horas, por suerte teníamos suficientes armas y parque. El desconcierto de los mercenarios nos ayudó, en realidad prácticamente los mantuvimos sobre la playa. Tuvimos bajas, sí. Pero todos allí estábamos dispuestos a cumplir con la voz de “patria o muerte”. Cuando llegaron las tropas y aquellos tanques nos integramos, empezamos a recorrer la carretera. Allí vimos a Fidel y a todos los demás dirigentes.
Lo que los yanquis no deberían olvidar en estos momentos de bravuconadas y amenazas, es la esencia del pueblo cubano, dispuesto como estos leñadores de la ciénaga a defender con todo a su patria, en la primera línea de fuego.
*Investigadora de la UPN y autora de El INEE y su dilema: evaluar para cuantificar y clasificar o para valorar y formar.
Ayer jueves [16 de abril de 2026] el presidente estadounidense Donald Trump fue quien anunció un alto el fuego en el Líbano, pero la realidad cuenta una historia muy diferente. El alto el fuego no fue fruto de la diplomacia estadounidense ni de un cálculo estratégico israelí. Se impuso, en gran medida como resultado de la presión sostenida de Irán.
Washington, Tel Aviv y sus aliados —incluidos algunos dentro del propio Líbano— seguirán negando esta realidad. Reconocer el papel de Irán significaría admitir que se ha sentado un precedente histórico: por primera vez, las fuerzas que se oponen a Estados Unidos e Israel han logrado imponer condiciones a ambos.
No se trata de un acontecimiento menor. Es una ruptura estratégica. Pero no es el único cambio fundamental que se está produciendo: el propio enfoque de Israel respecto a la guerra y la diplomacia está cambiando.
Tras fracasar en su intento de asegurar la victoria mediante una violencia abrumadora, Israel recurre cada vez más a la diplomacia coercitiva para imponer resultados políticos.
En las últimas dos o tres décadas, esta estrategia israelí se ha vuelto inequívocamente clara: lograr mediante la diplomacia lo que no ha conseguido imponer en el campo de batalla.
La «diplomacia» como guerra
La «diplomacia» israelí no se ajusta al significado convencional del término. No implica una negociación entre iguales, ni una búsqueda genuina de la paz. Más bien, es una diplomacia fusionada con la violencia: asesinatos, asedios, bloqueos, coacción política y la manipulación sistemática de las divisiones internas dentro de las sociedades opuestas. Es la diplomacia como una prolongación de la guerra por otros medios.
Del mismo modo, la concepción que tiene Israel del «campo de batalla» es radicalmente diferente. Los ataques deliberados contra civiles e infraestructuras civiles no son accidentales, ni se trata simplemente de «daños colaterales»; son un elemento central de la propia estrategia.
En ningún lugar queda esto más claro que en Gaza. A raíz del genocidio que se está llevando a cabo, amplias zonas de Gaza han quedado reducidas a escombros, y las estimaciones indican que se ha destruido alrededor del 90% de todo el territorio de Gaza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, las mujeres y los niños representan sistemáticamente alrededor del 70% de todas las víctimas de Gaza.
Esto no es daño colateral. Es la destrucción deliberada de una población civil, un acto de genocidio diseñado para forzar el desplazamiento masivo y remodelar la realidad política y demográfica a favor de Israel.
La misma lógica se extiende más allá de Gaza. Da forma a las guerras de Israel en el Líbano contra Hizbolá y a su enfrentamiento más amplio con Irán.
Estados Unidos, el principal aliado de Israel, ha actuado históricamente dentro de un paradigma similar. Desde Vietnam hasta Iraq, las poblaciones civiles, las infraestructuras e incluso el propio medio ambiente han soportado el peso de la guerra estadounidense.
Un modelo que se tambalea
A menudo se argumenta que Israel recurrió a la «diplomacia» tras su retirada forzosa del sur del Líbano en 2000 bajo la presión de la resistencia. Si bien ese momento fue crucial, no fue el comienzo.
Existen precedentes anteriores. La Primera Intifada (1987-1993) demostró que un levantamiento popular sostenido no podía ser aplastado únicamente mediante la fuerza bruta. A pesar de la intensa represión israelí, la revuelta perduró.
Fue en este contexto donde surgieron los Acuerdos de Oslo, no como un auténtico proceso de paz, sino como un salvavidas estratégico. A través de Oslo, Israel logró políticamente lo que no pudo imponer militarmente: la pacificación del levantamiento, la institucionalización de la fragmentación política palestina y la transformación de la Autoridad Palestina en un mecanismo de control interno.
Mientras tanto, la expansión de los asentamientos se aceleró e Israel cosechó la legitimidad global de presentarse como un Estado «buscador de la paz».
Sin embargo, las dos últimas décadas han puesto de manifiesto los límites de este modelo.
Desde el Líbano en 2006 hasta las repetidas guerras sobre Gaza (2008-09, 2012, 2014, 2021 y el genocidio en curso desde 2023), Israel no ha logrado obtener victorias estratégicas decisivas. Sus continuos enfrentamientos con Hizbolá e Irán subrayan aún más este fracaso.
Israel no sólo ha sido incapaz de alcanzar sus objetivos militares declarados, sino que tampoco ha logrado traducir su abrumadora potencia de fuego —incluso el genocidio— en beneficios políticos duraderos.
Algunos interpretan esto como un giro hacia la guerra perpetua bajo el mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu. Pero esta interpretación es incompleta.
El contraataque estratégico iraní no fue concebido para propiciar una negociación, sino para crear las circunstancias que le permitan escapar de la «jaula» impuesta por Occidente
Las derrotas que Occidente sigue sufriendo son, sobre todo, intelectuales. Y «no ser capaces de comprender lo que ven implica que es imposible responder eficazmente». Así lo argumentó Aurelien. Pero «el problema va más allá de la lucha en el campo de batalla, y radica en comprender la naturaleza de las guerras asimétricas y sus dimensiones económicas y políticas».
«Esto se ve especialmente en el caso de Irán, donde… Washington parece incapaz de comprender que la ‘otra parte’ sí tiene una estrategia con componentes económicos y políticos, y la está implementando»
«[En consonancia con la obsesión occidental por las trivialidades], toda la atención mediática se ha centrado últimamente en el despliegue de tropas estadounidenses en la región y sus posibles usos, como si eso, por sí solo, fuera a decidir algo. Sin embargo, en realidad, el verdadero problema reside en el desarrollo y despliegue por parte de Irán de un nuevo concepto de guerra, basado en misiles, drones y preparativos defensivos, y en la incapacidad de Occidente, con su mentalidad centrada en las plataformas, para comprender y procesar estos acontecimientos [es decir, asimilar plenamente la estrategia que subyace a la guerra asimétrica]»
El concepto y modelo de seguridad de Irán se planificó hace más de 20 años. El detonante para el paso a un paradigma asimétrico fue la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas sobre Bagdad.
El problema que surgió para Irán a raíz de este suceso fue cómo construir una estructura militar disuasoria cuando no poseía (ni podía poseer) una capacidad aérea comparable a la de un adversario de su nivel. Y, además, cuando EEUU podía observar la magnitud de la infraestructura militar iraní desde sus cámaras satelitales de alta resolución.
La primera respuesta consistió simplemente en mantener la menor parte de su estructura militar expuesta a la vista desde el aire. Sus componentes debían estar enterrados, y a gran profundidad (fuera del alcance de la mayoría de las bombas). La segunda respuesta fue que los misiles enterrados a gran profundidad podrían, de hecho, convertirse en la «fuerza aérea» de Irán, es decir, un sustituto de una fuerza aérea convencional. Por lo tanto, Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles. La tercera respuesta fue dividir la infraestructura militar de Irán en comandos provinciales autónomos, descentralizando los centros de mando, cada uno con sus propios depósitos de municiones, silos de misiles y, cuando procediera, sus propias fuerzas navales y milicias.
En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, fue diseñada para operar como una máquina de represalia automatizada y descentralizada que no puede ser detenida ni controlada fácilmente.
Cuando no podemos comprender lo que tenemos delante de nuestros ojos, lo más fácil es recurrir a lo que uno conoce –un despliegue de tropas– y seguir haciendo lo que no ha funcionado en el pasado.
En una etapa anterior de su carrera, un joven Trump, desesperado por ser admirado como una estrella en el mundo inmobiliario de Manhattan, eligió al abogado neoyorquino Roy Cohen como su mentor personal. «Este último era también el abogado de las cinco grandes familias criminales de la ciudad, quien, con conexiones como estas, se había ganado la reputación de ser alguien con quien no convenía meterse», relata el comentarista militar israelí Alon Ben David.
En la mayoría de los casos, a Trump le bastaba con presentar a Cohen a la otra parte del acuerdo para que esta aceptara sus condiciones. A veces, Trump también se veía obligado a llevar a la otra parte a los tribunales, donde Cohen se defendía con uñas y dientes ante los jueces y ganaba. Pero ese siempre fue el objetivo principal de Trump: ganar. No para aumentar el pastel, no para que ambas partes ganaran, sino para obtener una victoria solo para él, y preferiblemente con la rendición de la otra parte.
El tiempo avanza y, como escribe Ben David, el coloso militar estadounidense sirve hoy como el «Roy Cohen» de Trump. Este exhibe el poderío militar estadounidense ante los iraníes con la esperanza de que capitulen fácilmente; de lo contrario, Trump les dará rienda suelta. Tras la concentración de la armada estadounidense frente a la costa persa, Trump se quejó ante Witkoff de que estaba «perplejo y confundido» por el hecho de que los iraníes no hubieran capitulado al avistar semejante poder naval.
«[La razón del desconcierto de Trump es que] esta vez se enfrenta a un oponente diferente a cualquiera que haya conocido. No se trata de magnates inmobiliarios de Manhattan ni de mafiosos de Atlantic City, sino de persas, miembros de una cultura milenaria, con conceptos distintos del tiempo y de lo que significa la victoria».
Trump ahora no sabe qué hacer: está confundido y no sabe cómo salir de este aprieto. Ha amenazado a Irán, pero no ceden. Y como era de esperar, el régimen de Netanyahu, temiendo que Washington pueda entablar negociaciones con Irán antes de que sus capacidades militares hayan sido completamente desmanteladas, «está presionando a Trump para que lleve a cabo una operación breve y de alta intensidad que podría incluir fuerzas terrestres» , escribe el comentarista israelí Ben Caspit en Ma’ariv.
Si bien Trump está enviando mensajes contradictorios sobre las perspectivas de conversaciones con la República Islámica, los funcionarios israelíes creen que está considerando tres opciones: primero, intensificar la guerra atacando la infraestructura energética de Irán en la isla de Kharg y en su yacimiento de gas de South Pars; y como segunda opción, una operación terrestre para eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán.
Una tercera opción que se baraja sería negociar un acuerdo con Irán, pero tal posibilidad sería vista por los círculos dirigentes israelíes como una «clara victoria iraní que allanaría el camino para la supervivencia de la República de Irán», escribe Caspit. «Israel se centra (ilusoriamente) en debilitar al régimen hasta el punto de que no pueda recuperarse, con la esperanza de, tal vez, fomentar futuras protestas masivas. Este argumento también se utiliza para convencer a Washington de que continúe la guerra», subraya Caspit.
Una cuarta opción podría ser que Trump simplemente declare la victoria y se retire.
¿Qué podría esperar lograr Trump, siendo realistas, si amplía la guerra?
Fuentes: CTXT [Imagen: Personas yendo a trabajar en bicicleta en Copenhague (Dinamarca). / Kristoffer Trolle]
Por Carlos Moreno Azqueta, Pedro Díaz Alejo | 04/04/2026 |
El 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida
En las últimas semanas, la invasión de Irán ha puesto patas arriba el orden internacional. Los iraníes lo han sentido en carne propia a través de ataques y bombardeos que suponen diversos crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos e Israel y que infligen dolor, muerte y desesperación a la población. Estos ataques incluyen uno a una refinería que provocó una lluvia de gasolina sobre los 10 millones de habitantes de Teherán. Mientras, el resto del mundo lo siente a través de una subida de precios generalizada provocada por la respuesta militar iraní: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasan el 20 % del gas y el petróleo mundial, y más del 30 % de los fertilizantes. Sumado a los ataques a infraestructuras de producción de combustibles fósiles, sabemos que la inflación provocada se alargará como mínimo meses, y que el shock podría ser comparable a las crisis del petróleo de los 70.
El modo en el que la economía mundial se resiente dice mucho de nuestra dependencia respecto a la industria fósil. A pesar de que en los últimos años las energías renovables se han abierto paso y sus costes se han reducido, hoy no llega al 20 % de la energía primaria total que se consume en España; en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón.
La maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba
Esta crisis no será la última. Por todo el mundo, los combustibles fósiles están asociados a la guerra, las dictaduras y la violación de derechos humanos, y en nuestra dependencia financiamos, día tras día, los mismos misiles que hoy impactan en Teherán. Por eso abandonar los combustibles fósiles es hoy una lucha internacionalista: no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática generada en el torno, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz.
Tras las sucesivas crisis del petróleo de los años 70, ciudades como Copenhague optaron por transformar su modelo de movilidad, apostando por la bicicleta, el transporte público y las ciudades cercanas. Pero fueron pocas quienes siguieron su ejemplo: en España, nuestra idea de modernización y progreso se centró en torno al coche como el epítome de la libertad, y las administraciones no dejaron de privilegiar ese modelo. Hoy, las carreteras, aparcamientos y gasolineras llenan nuestro espacio público; la contaminación atmosférica acaba con la vida de 400.000personas al año solo en Europa, y nos hemos enredado en una dependencia evitable con Irán, Rusia, Argelia o Estados Unidos.
El sector del transporte es el principal generador de emisiones de gases de efecto invernadero en España (un tercio del total en 2024), y más del 90 % de las emisiones que produce este sector en nuestro territorio corresponden al transporte por carretera. No existe transición energética ni solidaridad internacionalista sin reducir significativamente los trayectos de nuestro ejército de coches de tonelada y media, que quedan estacionados el 97 % del tiempo y en la mayor parte de los viajes apenas mueven un individuo de 70 kilos.
Privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario
Pero esta reducción no debe entenderse como un sacrificio, una renuncia en favor de un bien mayor, ya sea la autonomía, la paz, la economía, el medio ambiente o la salud. Tenemos que entenderlo como una oportunidad para vivir mejor, para construir un sistema de movilidad más resiliente, eficiente y humano. Frente al atasco y la contaminación atmosférica, proponemos el lujo colectivo de un transporte público gratuito y de calidad, de carriles bici seguros, zonas peatonales y una vertebración efectiva de las zonas rurales. Porque además de monstruoso, el capitalismo fósil es también ineficiente. Al privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario que, en el caso del transporte, es capaz de mover a muchísima más gente usando menos recursos.
Aunque la transformación que proponemos es profunda, sus políticas son muy simples de aplicar. Bélgica paga por kilómetro recorrido a cada ciudadano que abandona el coche para ir al trabajo en bicicleta, una política que debe combinarse con una reestructuración urbana para que los carriles bicis sean seguros y lleguen a los sitios. Las líneas y frecuencias del transporte público pueden ampliarse mientras se reducen los precios. Podemos fomentar la compartición de los vehículos y obligar a las empresas a desarrollar planes de movilidad que reduzcan emisiones. O, como la propia Agencia Internacional de la Energíaproponía al tiempo que nuestro Consejo de Ministros deliberaba sus medidas anticrisis, podemos reducir la velocidad a la que nos movemos o tomar menos aviones por motivos profesionales. Este artículo se haría interminable si mencionamos cada propuesta, pero el repertorio es amplio.
Nuestras soluciones hoy son muchas más que las que Dinamarca tuvo en los años 70. Por un lado, podemos desterrar de forma definitiva los combustibles fósiles y la nuclear sustituyéndolos por energías renovables, hoy mucho más eficientes y limpias: podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos.
Al mismo tiempo, si bien nuestra demanda energética ha crecido enormemente a nivel mundial, no siempre lo ha hecho nuestro bienestar. Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes.
Frente a la crisis del estrecho de Ormuz, hay quien querrá capear el temporal y mantener el modelo. No es momento para grandes cambios, dirán, todo esto es muy caro. Pero sabemos que mienten. Defienden un sistema moribundo pero letal, una economía de la muerte y la guerra, en la que el 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida.
Tenemos todas las herramientas para abandonar los combustibles fósiles y vivir mejor. Para construir un mundo que satisfaga las necesidades energéticas de toda la población sin alimentar el extractivismo, un mundo construido sobre la igualdad y la solidaridad, entre los seres humanos y entre el conjunto de seres vivos que poblamos este planeta. No desaprovechemos la oportunidad.
Carlos Moreno Azqueta y Pedro Díaz Alejo son activistas de Ecologistas en Acción.
Fuentes: Jacobin América Latina – Imagen: El presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Dan Caine, ofrece una conferencia de prensa sobre la Operación Epic Fury en el Pentágono, 19 de marzo de 2026. (Vía Wikimedia Commons)
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.
Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.
En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 38 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.
La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.
Pese a argumentar que lo más importante era «America first» (Estados Unidos está primero), la estrategia de la política exterior estadounidense, si bien ha ido cambiando en la retórica, no refleja grandes cambios en los hechos. Por ejemplo, los defensores de esta política y del movimiento «Make America Great Again» (MAGA) proponían frenar en poco tiempo las guerras, pero los acontecimientos marcaron otro desenvolvimiento. El objetivo de complicar los lazos económicos de otros países con China y de distanciarla de Alemania y la Unión Europea aumentaron, a su vez, la carrera armamentística y la belicosidad.
La otra gran tendencia coyuntural y estructural es el ascenso del poderío chino. Esto envuelve una disputa y una competencia con Estados Unidos en el terreno comercial, de los mercados, en lo tecnológico y en la influencia planetaria. Aunque siguen manteniendo intercambios en varias ramas, se registró una caída del 20 % en esos movimientos y. durante la última década, el gigante asiático alcanzó el 30 % de la producción industrial mundial, sobrepasando ya desde 2008 el 15 % de la de Estados Unidos (en 1995, Estados Unidos tenía más del 20 %, cuadruplicando el 5 % del país asiático).
Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán y uno de los mayores importadores del de Arabia Saudita, al tiempo que lidera inversiones para una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro a través de puertos del Cuerno de África y de los principales estrechos marítimos, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En ese esquema, China adquiere cerca del 19 % del petróleo que exporta Rusia, el 15 % del de Arabia Saudita y alrededor del 15 % del de Irán. En este último caso, esas compras representan más del 90 % de las exportaciones iraníes de crudo, que se comercializa con descuentos para sortear las sanciones internacionales.
En este contexto, se observa un realineamiento de las alianzas regionales en torno a la gravitación económica y política de China. Resulta clave considerar no solo las vastas reservas de hidrocarburos de países como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos—ubicadas en el estratégico Estrecho de Ormuz—, sino también la incorporación de los dos últimos al BRICS+ a partir de 2024 (con la invitación simultánea para Arabia, en proceso de integración). La ampliación de este bloque refuerza la articulación entre potencias energéticas y los nodos logísticos clave, como sucede con Egipto (el país más poblado de la región, que también ingresó al BRICS+ en 2024), que controla el Canal de Suez, y con Etiopía, situada en el Cuerno de África, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos.
El parlamento israelí, la Knesset, aprobó una ley que habilita la pena de muerte express por ahorcamiento contra prisioneros palestinos condenados por el asesinato de israelíes en causas clasificadas como “terrorismo”. La medida, de carácter excepcional incluso dentro del propio sistema legal israelí, se inscribe en un contexto de creciente endurecimiento represivo contra la población palestina. Mientras continua el genocidio en Gaza. Más de 9 mil presos palestinos en el cual 360 son niños. Temen por ejecusiones masivas. En varias ciudades de Israel se registraron protestas que fueron reprimidas contra la «guerra eterna» y contra el «sionismo»Por ANRed.
La normativa establece condiciones altamente cuestionadas desde el punto de vista jurídico: no requiere un veredicto unánime para dictar la sentencia, no contempla posibilidad de indulto y fija un plazo de ejecución de apenas 90 días desde la condena. Esto abre la puerta a ejecuciones aceleradas en un sistema denunciado reiteradamente por organismos internacionales por su sesgo estructural contra los palestinos.
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, celebró públicamente la aprobación de la ley, intentando incluso descorchar una botella de champán dentro del recinto legislativo, en una escena que fue parcialmente contenida por personal de seguridad.
Más de 9.300 prisioneros palestinos en cárceles israelíes
Según datos difundidos por organizaciones de derechos humanos, actualmente hay más de 9.300 palestinos detenidos en cárceles israelíes, entre ellos al menos 350 niños y 66 mujeres. Diversas denuncias los caracterizan como detenidos en condiciones que vulneran derechos básicos, incluyendo detenciones administrativas sin juicio.
La aprobación de esta ley genera alarma sobre la posibilidad de que cientos de estos prisioneros puedan enfrentar ejecuciones en el corto plazo.
La Organización de las Naciones Unidas advirtió que las penas de muerte obligatorias constituyen una violación directa del derecho a la vida, además de contradecir normas fundamentales del derecho internacional. También hubo críticas por parte de cancillerías europeas, aunque sin anuncios concretos de sanciones o medidas de presión.
Escalada militar: ataques en Líbano y tensiones con Irán
En paralelo a esta avanzada legislativa, Israel intensificó en los últimos días sus ataques sobre el sur del Líbano, en una dinámica que profundiza el conflicto regional. Bombardeos recientes impactaron zonas donde operan fuerzas vinculadas a Hezbolá, aumentando el riesgo de una guerra abierta en la frontera norte israelí. La resistencia libanesa ya registro más de un centener de ataques a las fuerzas israelíes que incluyen la destrucción de blindados.
A su vez, se registraron nuevos lanzamientos de misiles desde Irán hacia territorio israelí, en lo que distintos analistas interpretan como una respuesta indirecta en el marco de un conflicto que ya desborda Gaza y amenaza con regionalizarse aún más.
Protestas contra la guerra dentro de Israel
En este contexto de creciente militarización, también emergen disidentes dentro de Israel. Alrededor de un millar de personas se manifestaron el pasado sábado en distintas ciudades del país contra lo que definieron como una nueva “guerra eterna”.
Las protestas se desarrollaron en más de 30 localidades, incluyendo Tel Aviv, Haifa, Jerusalén y Beerseba, bajo el lema “Por todas nuestras vidas”. La convocatoria fue impulsada por exdiputados en conjunto con organizaciones pacifistas como Standing Together, Peace Now y Women Wage Peace. También se vieron pancartas contra el sionismo.
Según denunciaron sus organizadores, las movilizaciones fueron reprimidas de forma violenta por la policía. “Activistas de derecha y la policía recibieron instrucciones de realizar arrestos y silenciar la disidencia”, señalaron desde Standing Together. De acuerdo con reportes periodísticos, al menos ocho personas fueron detenidas, aunque las autoridades no confirmaron oficialmente la cifra.
En la Plaza Habima de Tel Aviv, uno de los principales puntos de concentración, manifestantes exhibieron imágenes de niños muertos en ataques israelíes en distintos territorios, incluyendo Irán, Líbano y Cisjordania ocupada. En Haifa, ciudad especialmente golpeada por los intercambios de fuego, se desplegaron pancartas con consignas como “Netanyahu es un peligro para Israel”, «el sionismo es muerte».
Escribe Miguel Sorans, dirigente de la UIT-CI y de Izquierda Socialista/FIT Unidad
La guerra de agresión imperialista sobre Irán que, según Trump, ya estaba ganada desde el comienzo, ya lleva un mes. Trump dice un día una cosa y al otro día otra. Hace una semana dio a Irán un “ultimátum” de 48 horas, a partir del cual empezaba un “ataque total”. Al otro día, anunció que suspendía los ataques por cinco días porque estaba en “productivas” negociaciones con autoridades iraníes. Lo que fue desmentido por Irán. El final de la guerra está en veremos.
Nada es creíble en manos de Trump. Cualquier cosa puede pasar. Que se agrave aún más la guerra, que desembarquen marines o que realmente se abra una negociación. El asesino de Netanyahu e Israel, por otro lado, ya avisaron que, más allá de cualquier negociación, no piensan detener sus acciones militares contra Irán y el Líbano (ver recuadro abajo).
Pero hay un hecho claro, es Trump el que retrocede. En medio de sus bravuconadas en las que anunció, una y otra vez, que “las fuerzas armadas iraníes dejaron de existir”, que “ya no tienen capacidad misilística” o “los arrasamos”, tuvo que aparecer enviando una propuesta de quince puntos, que fueron rechazados por Irán.
Siempre se ha dicho que el que pide negociar en una guerra es el que está perdiendo. Y esto es lo que está sucediendo con Trump y su agresión criminal y genocida. Pese a la evidente superioridad militar de los Estados Unidos y su aliado Israel, Trump está empantanado política y militarmente en Irán.
Las razones por las cuales Trump quiere salir de esta guerra
La primera razón es que la resistencia de Irán ha sido muy superior a lo que creían Trump y Netanyahu.
Irán es un gran país de 93 millones de habitantes que ha tirado por tierra todo pronóstico militar. En los primeros días mataron al máximo Ayatolá y parte de la jefatura militar iraní y creían que con eso empezaba el principio del fin agitando que la gente salga a la calle.
Pero sucedió al revés, la televisión iraní estuvo mostrando manifestaciones masivas en Irán, en medio de las bombas, de apoyo al gobierno y de repudio a la agresión. Por qué, aunque gran parte del pueblo trabajador, la juventud y las mujeres odian al régimen teocrático, más odian las agresiones imperialistas y de Israel. Por otro lado, Irán confirma, aunque esté debilitado, que tiene un potencial de misiles, que penetran en Israel y que llegaron a lanzar dos misiles a la base militar de la isla Diego García, en el Océano Indicio, que está a 4.000 kilómetros de distancia de Irán. La Cúpula de Hierro, de Israel, no colapsó, pero en parte está desbordada. Como nunca ocurrió, las ciudades de Israel reciben misiles y las alarmas son permanentes. Creían que iba a ser una “guerra relámpago”, muy corta y no ha sido así. Todo indica que fue Netanyahu el que convenció a Trump de hacer el ataque. Mientras Trump no logra explicar por qué es la agresión. Primero dijo que era hasta terminar el régimen después dijo que no era necesario.
El punto más débil de Trump no es militar sino político