
Por Cándido Gálvez
¿Está Rusia conquistando su independencia económica? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín?
Las sanciones occidentales aceleraron un cambio histórico: Rusia redujo drásticamente su dependencia del dólar y encontró en China, el yuan y los mercados asiáticos una vía para mantener abierta su economía. Pero detrás de ese giro aparece una contradicción mucho más profunda. ¿Está Rusia conquistando su independencia económica o simplemente trasladando su dependencia desde Occidente hacia China? ¿Por qué las sanciones que pretendían aislar a Moscú han terminado acelerando el uso del yuan y el acercamiento ruso a Pekín? ¿Puede una gran potencia alcanzar verdadera soberanía mientras dependa de exportar petróleo, gas y materias primas?
Durante décadas, Rusia protagonizó una contradicción difícil de sostener a largo plazo. Mientras mantenía un creciente enfrentamiento político con Estados Unidos y sus aliados, una parte considerable de su riqueza continuaba dependiendo del sistema financiero organizado alrededor del dólar y el euro.
Rusia exportaba petróleo, gas, carbón, metales y otras materias primas, pero buena parte del dinero obtenido acababa circulando por monedas, bancos y mercados financieros situados bajo la influencia de las mismas potencias con las que estaba chocando políticamente.
La guerra de Ucrania hizo saltar esa contradicción por los aires. Las sanciones adoptadas desde 2022 alcanzaron bancos, tecnología, transportes, seguros, exportaciones energéticas y activos financieros. Pero probablemente la medida que tuvo mayor significado político fue la inmovilización de alrededor de 300.000 millones de euros en activos del Banco Central ruso mantenidos fuera del país.
El mensaje resultaba difícil de ignorar: guardar una parte importante de la riqueza nacional dentro del sistema financiero controlado por tus adversarios supone ni mas ni menos que entregarles una poderosa herramienta de presión.
Desde ese momento, para Moscú el dólar dejó de ser simplemente una moneda internacional. También pasó a representar un riesgo.
El yuan entra por la puerta que cerraron las sanciones
Rusia necesita vender petróleo y gas. Necesita importar maquinaria, vehículos, componentes electrónicos y numerosos productos industriales. Necesita bancos capaces de procesar esos intercambios y monedas en las que pagar y cobrar. Cuando una carretera queda cortada, el tráfico busca otra salida. Y la gran carretera disponible conducía inevitablemente hacia China.
Las sanciones aceleraron extraordinariamente un proceso que ya había comenzado anteriormente. El comercio ruso se desplazó hacia Asia, aumentaron las operaciones realizadas en monedas diferentes al dólar y el yuan adquirió una presencia creciente dentro del propio mercado ruso. La desdolarización rusa, por tanto, no cayó del cielo. Fue impulsada precisamente por quienes pretendían utilizar el dólar y el sistema financiero occidental como instrumentos para aislar económicamente a Moscú.
Pero aquí empieza la parte realmente interesante de la historia. Porque reducir la dependencia del dólar no significa necesariamente reducir la dependencia económica.
El problema está debajo del petróleo









