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¿A dónde va Venezuela?

Es evidente que existen negociaciones con el gobierno de Delcy Rodríguez, del chavismo sin Maduro, pero aún no está asegurado que se termine cerrando un pacto de entrega del petróleo y de cogobierno con EE.UU. Por eso Trump en sus bravuconadas dijo que si Delcy Rodríquez no cumple “puede terminar peor que Maduro”. Es una amenaza muy grave. ¿Qué sería peor que el secuestro de Maduro y su esposa? ¿Es una amenaza de muerte? Y también ha dicho que no descartaba que podría hacer una segunda acción militar. Están negociando en base a estas amenazas, por eso desde la UIT-CI llamamos a seguir con la unidad de acción internacional contra la intervención militar y el secuestro de Maduro, así como contra una nueva acción militar criminal o una invasión a Venezuela, pero alertando del peligro que el gobierno chavista termine pactando con Trump.

Por todo esto creemos que la acción de Trump no es una victoria definitiva.
Indudablemente el éxito de la acción militar por el secuestro de Maduro es una demostración de fuerza del poderío militar de los EE.UU. y un golpe al pueblo venezolano y a los pueblos del mundo, pero no es definitivo. El hecho de que por ahora no se haya atrevido a invadir Venezuela e instalar un gobierno títere, y que tenga que negociar con el régimen chavista, muestra sus costados débiles.

Indudablemente el secuestro de Maduro es un hecho espectacular que provocó una equivocada euforia en millones de venezolanos en el exilio, que apoyan a la derechista y pro yanky María Corina Machado, así como en el conjunto de la derecha mundial. Entre ellos el facho Javier Milei, presidente de Argentina. Pero duró poco al ver que Trump dejó de lado la posibilidad de instalar en el gobierno al supuesto presidente electo Edmundo González y a María Corina Machado. Y que la eventual “transición”, anunciada por Trump, sería con el chavismo sin Maduro. Ese baldazo de agua fría se completó con la declaración de Trump de que no habría elecciones y que solo se podría incluir una convocatoria en una supuesta “tercera fase” que puede durar años. Tal fue la confusión que, por ahora, hasta el propio Milei se llamó a silencio.

Las contradicciones y la debilidad política de Trump se han puesto en evidencia al interior de los EE.UU. A días de la intervención militar, el Senado, con mayoría republicana, votó contra toda nueva intervención militar de los EE.UU. en el exterior. Trump se enfureció con sus senadores. Por otro lado, las encuestas señalan que el 70% de la población del país rechaza que Trump invada países y el 60% rechaza que se haga cargo del gobierno de Venezuela. Este 60% tiene mucha fuerza en la base de su famoso movimiento MAGA, porque esta base conservadora y de derecha asumió como cierta la promesa electoral de Trump de no intervenir en más guerras y conflictos en el exterior, y que el gasto no podía ser en defensa, sino que “primero estaba EE.UU.” Simultáneo con esto van creciendo las protestas y marchas en todo el país contra la intervención en Venezuela, entrelazándose con las movilizaciones por el repudio al asesinato policial de Renee Nicole Good, una norteamericana de 37 años que protestaba en Minneapolis (estado de Minnesota) contra la presencia de los agentes policiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), desplegados por Donald Trump en varias ciudades bajo gobierno demócrata.

Trump respaldó públicamente al agente federal involucrado en el tiroteo y responsabilizó a la mujer fallecida por el episodio. Grupos de activistas por las libertades civiles y los derechos de los migrantes han convocado a un millar de actos en todo el país para condenar el crimen y reclamar la retirada de los agentes del ICE de las calles de las ciudades donde se encuentran presentes. Las movilizaciones, bajo el lema “ICE Out For Good”, un juego de palabras con el apellido de la activista muerta, y que puede traducirse tanto como “ICE fuera para siempre” o “ICE fuera en nombre de Good”. En síntesis, Trump no las tiene todas a favor.

Las negociaciones en curso

La otra duda a responder es si ya el gobierno chavista de Venezuela es teledirigido por Trump. Este no se cansa de decir que es él quien gobierna, quien está “a cargo”, al colmo que en una red se puso como “presidente provisorio” de Venezuela. Trump no se cansa de elogiar a la presidenta interina Delcy Rodríguez, aunque tampoco deja de amenazarla. El gobierno chavista, sin Maduro, tampoco responde categóricamente y no niega que estén negociando y dispuestos a “cooperar” con Trump, como este ha afirmado.

Desde el principio se sembró la duda sobre la relación con Trump también por cómo se concretó el secuestro de Maduro y su esposa. Algunos analistas burgueses abrieron la hipótesis de que el propio régimen chavista los habría entregado como moneda de cambio. Por cómo se dio el secuestro, es lógico que se hayan abierto dudas. Pero creemos que centralmente fue una eficiente masacre del imperialismo que asesinó a 32 militares cubanos de la guardia personal de Maduro y a más de 25 militares venezolanos, usando su superioridad tecnológica y su abrumador poderío militar, que no lo podemos desconocer. Por otro lado, no es la primera vez que hacen una intervención quirúrgica de este tipo. Similar a cuando bajo el gobierno del demócrata Barak Obama capturaron y luego asesinaron a Osama Bin Laden en Pakistán (2011). Israel también hace ese tipo de intervenciones, que siempre tienen un apoyo interno en los países donde las ejecutan. En este caso es factible que se combinara, presumiblemente, con colaboradores internos chavistas comprados por la CIA y también con la debilidad de la propia defensa del ejército de Venezuela que está más dedicado a los negocios y a la represión interna que a preparase para defender el país. De hecho, EE.UU. reconoció que tenían un topo infiltrado por la CIA en el círculo cercano a Maduro, que informaba periódicamente sobre sus movimientos. El tiempo dirá que pasó realmente.

No existe hasta hoy ninguna constancia política ni un hecho que demuestre que se haya producido una división importante en la cúpula del gobierno chavista, ni en el PSUV ni en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), más allá de los lógicos elementos de crisis después de una acción como la que se produjo. Por supuesto que una división del régimen no se puede descartar a futuro. Sin embargo, hasta ahora se mantendría la unidad política de los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge, presidente de la Asamblea Nacional), la cúpula de las FANB, encabezada por Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, quien controla la represión interna.
Lo que sí está ocurriendo es que por la debilidad y las propias contradicciones políticas que tiene Trump en su intento de aplicar sus políticas contrarrevolucionarias, está obligado a combinar el “garrote”, de la famosa doctrina Monroe, con elementos de negociación con el régimen chavista. Trump, muy suelto de cuerpo, anunció que está trabajando, y que su objetivo es seguir trabajando con el régimen chavista. Para ello también cuenta con la disponibilidad del chavismo, que así pone en evidencia lo que siempre denunciamos: que no es ni fue un gobierno de izquierda ni verdaderamente antiimperialista que estaba construyendo el socialismo. Siempre fue un gobierno capitalista, de conciliación de clases con doble discurso “socialista”.

Llama poderosamente la atención el giro político del ultraderechista Trump de buscar cerrar un pacto con el gobierno chavista, a quien acusaba de “dictadura narcotraficante” y “comunista”. Esto se explica por su cinismo y también porque las multinacionales petroleras, siempre presentes en el país, han estado en contra de una intervención directa militar en Venezuela, ya que prefieren la estabilidad de un régimen dictatorial, cualquiera sea su signo, a la posibilidad de una desestabilización política que ponga en riesgo sus negocios. Así lo confirmó Ali Moshiri, actualmente inversor en Vaca Muerta de Argentina, que fue durante 40 años un alto ejecutivo de Chevron, la única petrolera de EE.UU. que permaneció en Venezuela:
“Es importante que sea alguien del sistema actual, guste o no, porque esa persona tiene que equilibrar todo y tener capacidad de diálogo. Si se trae a alguien completamente nuevo, se genera un vacío de poder, y ese vacío genera inseguridad, y nadie va a invertir”. (Clarín, Argentina, 8/1/2026). Moshiri tenía buenas relaciones con Hugo Chávez. El 11 de febrero de 2010, durante el acto de entrega de una concesión (a Chevron) por 40 años en la Faja Petrolífera del Orinoco, el presidente venezolano Chávez le pidió a Alí Moshiri, representante de la transnacional, que mediara con Obama: “[Ojalá] ustedes nos ayuden a mejorar la situación y las relaciones con el gobierno de Estados Unidos […] ojalá Obama venga a la Faja del Orinoco, tráiganlo ustedes” (página 133, del libro “Por qué fracasó el chavismo?”. Autores Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans. Disponible en nahuelmoreno.org).

La mentira del “Socialismo del Siglo XXI”