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Irán: ¡Estamos con la rebelión del pueblo iraní contra la dictadura!

Es bastante evidente que lo que desean es un gobierno títere bajo el control absoluto del imperialismo y del sionismo, y que para ello intentan utilizar a sectores reaccionarios y corruptos de una supuesta oposición. También es un hecho que entre los manifestantes hay sectores monárquicos, racistas y fascistas, y que lamentablemente son hoy más visibles que en movilizaciones anteriores. Sin embargo, presentar a las masas populares que una vez más salen a las calles arriesgando sus vidas como partidarias del imperialismo, del sionismo o de la monarquía solo sirve para crear una falsa dicotomía, exactamente la que desea el régimen de los mulás.

El régimen de los mulás, amparándose en esta excusa, intenta perpetuar su existencia corrupta reprimiendo con sangre las demandas legítimas del pueblo. El régimen carga el costo de las sanciones económicas y del embargo imperialista sobre el pueblo trabajador mediante una mayor austeridad y recortes sociales, elevando la miseria a un nivel insoportable. Al mismo tiempo, estas políticas económicas profundizan aún más la dependencia de Irán del imperialismo chino. Por otro lado, los representantes del régimen, hundidos en la corrupción y la decadencia, junto con los círculos oligárquicos que los rodean, multiplican sus riquezas mediante el doble tipo de cambio, el mercado negro y las devaluaciones. En consecuencia, quienes pagan el precio de las sanciones no son las clases dominantes del país, que no dejan de proclamar un discurso antiimperialista y antisionista, sino los trabajadores y el pueblo pobre.

Mientras los mulás continúan acusando a los manifestantes de ser “agentes de potencias extranjeras”, la “Guerra de los Doce Días” ya había expuesto con total claridad dónde estaban los verdaderos agentes y hasta qué punto había llegado la corrupción del régimen. El sionismo, a través de funcionarios del régimen que había convertido en agentes, asesinó de manera humillante a los más altos dirigentes del régimen en las operaciones militares que llevó a cabo en junio de 2025. La incapacidad del régimen de los mulás para proteger a su propio pueblo y incluso a sus propios dirigentes de los ataques del sionismo y del imperialismo fue una muestra ejemplar del grado de descomposición al que ha llegado.

Precisamente por estas razones, el régimen de los mulás atraviesa el período de mayor pérdida de legitimidad de su historia y su fase más débil. El inicio de las protestas en el bazar cubierto de Teherán, considerado el corazón del régimen, y la realización de movilizaciones masivas en ciudades como Mashhad y Qom, consideradas bastiones del régimen, muestran la pérdida de prestigio que también sufre en su propia base social.

Mientras tanto, una parte de la izquierda mundial sigue alineándose con este régimen corrupto y sangriento, alegando que el régimen de los mulás es antiimperialista y forma parte del llamado “Eje de la Resistencia”, y continúa guardando silencio frente a las acciones legítimas del pueblo iraní. El régimen de los mulás no solo oprime a los pueblos de Irán, sino que, con sus políticas contrarrevolucionarias sectarias, racistas e instrumentalizadoras, también oprime a los pueblos de la región, y ya hace mucho tiempo que merece ser arrojado al basurero de la historia.

La solución no está en el pasado, sino en la construcción del futuro

Los pueblos de Irán vuelven a estar en las calles para tomar su destino en sus propias manos y poner fin al régimen dictatorial. A pesar de que miles de personas han sido asesinadas por las fuerzas de seguridad en las movilizaciones que se suceden desde 2017, los pueblos de Irán regresan a la escena política para conquistar sus derechos económicos, sociales y democráticos. El problema fundamental de este proceso sigue siendo la ausencia de una alternativa política que represente las demandas de los trabajadores y de los pueblos oprimidos. En la actualidad, se intenta encorsetar a los pueblos de Irán entre el régimen dictatorial existente y la restauración de la dictadura del Sha, que fue derrocada en 1979 mediante un levantamiento grandioso.

Los partidarios del Sha, el imperialismo y el sionismo no prometen nada más que volver a someter a los pueblos de Irán. Las demandas legítimas de los pueblos de Irán solo pueden realizarse mediante el desarrollo de sus propias formas de autoorganización, tal como ocurrió con el ejemplo de los consejos de 1979, y la construcción de una dirección revolucionaria que represente estas demandas en la arena política. En este sentido, la tarea de la izquierda mundial debe ser desarrollar la solidaridad con la lucha del pueblo iraní sobre una base independiente de todas las fuerzas dominantes.

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