Por el Prof. Julián Rebón
La pueblada de Cutral Co y Plaza Huincul, en Neuquén, de junio de 1996 representó un acontecimiento de acción colectiva que mostró con nitidez las consecuencias sociales del orden excluyente construido a partir de las reformas neoliberales de los años noventa, pero también la posibilidad de luchar contra ellas.
Este enclave petrolero, históricamente vinculado a YPF, sufrió como consecuencia de su privatización y reestructuración socioproductiva un fuerte desempleo estructural que alcanzaba por entonces a cerca de un cuarto de su población económicamente activa. La noticia de la no instalación de una fábrica de fertilizantes desencadenó la protesta, articulada en torno al reclamo de trabajo. El método de lucha fue el piquete y el corte de la estratégica Ruta Nacional 22, que atraviesa ambas ciudades impidiendo así el transporte de combustible hacia los grandes centros urbanos. La quema de neumáticos y el uso de pañuelos y pasamontañas protegían del frío y servían para obstaculizar la ruta y resguardar la identidad de los manifestantes. La asamblea constituyó el método organizativo que estructuró cotidianamente el reclamo.
En los piquetes se combinaba una heterogénea composición social que evidenciaba resistencia de la comunidad en su conjunto frente al proceso de exclusión y dislocación social: una verdadera pueblada. La respuesta represiva y el intento de desalojo acrecentaron la indignación popular produciendo una multitudinaria concentración, que según las crónicas, reunió alrededor de la mitad de la población de ambas ciudades sobre la Ruta Nacional 22. Esta multitudinaria respuesta popular tuvo impacto directo, la jueza a cargo del desalojo se declaró incompetente y ordenó el retiro de la Gendarmería. Finalmente, el gobernador viajó a la zona, se reunió con una delegación de manifestantes y acordó una serie de medidas productivas y sociales, reconociendo así la legitimidad de las demandas y haciéndose eco de sus reclamos.
Aquel aparente triunfo inicial constituyó un destello de luz sobre la acción colectiva del período. En tiempos en que la huelga había perdido eficacia debido al disciplinamiento impuesto por las condiciones adversas del mercado de trabajo y a su exclusión como repertorio de acción posible para sectores significativos de la población, particularmente los desocupados, el corte de ruta se mostraba como una forma de alterar el orden establecido y, de ese modo, hacerse escuchar para quienes carecían de voz en la arena pública.
La pueblada mostró también que la legitimidad moral fundada en agravios socialmente significativos habilitaba la posibilidad de desbordar legalidades y convenciones y, mediante la masividad y la firmeza, limitar las posibilidades de la represión. El corte de ruta, como forma de acción directa disruptiva, quedó así envuelto en una aureola de eficacia que favoreció su emulación por otros, tanto en lugares con características semejantes, por ejemplo, el enclave petrolero de Mosconi, como en su posterior traslado al mundo de las grandes urbes, especialmente al conurbano bonaerense.
En este proceso de difusión, el corte modificó su composición social, se entrelazó con diferentes culturas organizativas y dio lugar a demandas diversas. Asimismo, su carácter disruptivo produjo efectos dispares según el territorio en el que se ejercía. Pronto quedó fijado, tanto en la representación como en la práctica, como la forma emblemática de los nacientes procesos organizativos de trabajadores desocupados e informales, que comenzaron a ser denominados precisamente por ello «piqueteros». Estos replicaron e innovaron el repertorio inicial de quema de neumáticos, acampes y asambleas como núcleo organizativo, en diversos contextos sociales.
El movimiento piquetero alcanzó rápidamente un desarrollo original, nutriendo un intenso ciclo de acción colectiva que horadó la hegemonía neoliberal y que, crisis mediante, derivó en la revuelta de 2001. Fueron tiempos en los que la autonomía, la acción directa y las asambleas en el espacio público se generalizaron y diversificaron socialmente.
El movimiento piquetero y sus derivas posteriores, entre ellas, el movimiento de la economía popular, conformaron una importante configuración de actores sociales y políticos que gravitó sobre la sociedad argentina y constituyó, por su magnitud y alcances, una de las experiencias más relevantes a nivel mundial de organización de trabajadores expulsados de las relaciones salariales.
Pero detengamos aquí la reflexión. Lo relatado forma parte de una construcción retrospectiva, imposible de percibir con nitidez en aquel momento. Sin embargo, permite comprender cómo una lucha puntual puede irradiar elementos que son reapropiados y recreados en otras condiciones, favoreciendo el ascenso de la movilización y la acción colectiva, y poniendo de manifiesto que uno de los límites centrales a los procesos de ajuste es la capacidad de resistencia de quienes los padecen.
A treinta años de la pueblada, el recuerdo y la reflexión de Cutral Co puede ayudarnos a interrogarnos, sin ilusiones pero también sin pesimismos preventivos, acerca de las resistencias del presente. Contribuir a que seamos sociológicamente sensibles para reconocer cuáles son los espacios en los que hoy se están alumbrando nuevos horizontes de lucha posible, capaces de habilitar otros trazos de historia y de futuro.
Fuente: sociologia.sociales.uba.ar/2026/06/22/30-anos-de-la-pueblada-que-pario-al-movimiento-piquetero/