Categorías
Derechos Humanos General Internacional

A 80 años del dictado de las sentencias / Los juicios de Núremberg

Federico Novo Foti

El 1º de octubre de 1946 el tribunal internacional que sesionó en Núremberg (Alemania) dio su veredicto final. Culminaba así un proceso judicial iniciado en noviembre de 1945 en el que terminarían condenados algunos de los principales líderes nazis por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El 16 de octubre diez de ellos fueron ahorcados. La derrota nazi-fascista fue un enorme triunfo democrático.

El 20 de noviembre de 1945 comenzó a sesionar en el Palacio de Justicia de la ciudad de Núremberg el Tribunal Militar Internacional que tendría la tarea de juzgar a 22 líderes nazis en el juicio principal y a otros 160 altos funcionarios del régimen nazi en juicios paralelos que duraron hasta 1949. El tribunal de los “juicios de Núremberg” estaba integrado por ocho jueces, representantes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética, las potencias aliadas, recientes vencedoras en la Segunda Guerra Mundial.[1]  

La elección de Núremberg, en la región bávara de Alemania, no era caprichosa. La ciudad tenía un enorme simbolismo, ya que el nazismo había celebrado allí anualmente sus congresos y, en su apogeo, había realizado sus más grandes actos y movilizaciones. En 1935, Adolf Hitler había anunciado las “leyes de Núremberg”, que habían legalizado la discriminación y persecución contra la población judía alemana.    

En el proceso judicial los jefes nazis fueron juzgados por crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y, en algunos casos, por conspiración para cometer esos crímenes. 

A lo largo de poco más de los 10 meses que duró el juicio principal testificaron 240 sobrevivientes de los campos de concentración y exterminio. Se leyeron 300 mil declaraciones juradas de otros testigos. Se presentaron cerca de 3 mil toneladas de documentos del ejército nazi, como el “Protocolo de la Conferencia de Wannsee”, sobre ejecuciones masivas y la “solución final de la cuestión judía”.[2]  Se exhibieron 7.300 metros de películas, como “Campos de concentración nazis”, filmada por los aliados tras la liberación de los campos alemanes de Buchenwald y Bergen-Belsen. Así por primera vez se hicieron visibles las topadoras arrojando miles de cadáveres desnudos en zanjones o los prisioneros que apenas conservaban aspecto humano, las cámaras de gas y las chimeneas humeantes. La maquinaria de persecución y exterminio nazi quedó retratada en toda su espantosa dimensión.

De los principales acusados, doce fueron condenados a pena de muerte, entre ellos, Joachim von Ribbentrop, ministro de Relaciones Exteriores, y Martin Bormann, secretario privado de Hitler (sentenciado en ausencia). El día previo a su ejecución logró suicidarse con veneno Hermann Goering, ministro de Aviación. Tres líderes nazis fueron condenados a cadena perpetua, entre ellos Rudolph Hess, principal dirigente del Partido Nazi. Cuatro funcionarios fueron condenados a 10 y 20 años de prisión y tres fueron absueltos.

Adolf Hitler no llegó a ser castigado porque se había suicidado en su búnker a comienzos de mayo de 1945, cuando era inminente la caída de Berlín y de su régimen atroz. Lo mismo había hecho su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, quien se suicidó junto a su esposa, luego de envenenar sus seis pequeños hijos.[3] 

Un enorme triunfo democrático

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *