Grecia, cuando los movimientos sociales son todo lo que queda

Graffiti debajo: “Yo sólo estaba esperando el autobús”
Por Theodoros Karyotis
Una abstención disparada, una desmovilización social y una inminente ola de severas medidas de austeridad llaman a una reflexión crítica tras la victoria de Syriza.
En realidad, no hay nada que celebrar. Quizá los izquierdistas europeos llegados a Atenas para apoyar a Syriza puedan justificar sus celebraciones, dado que su visión de Syriza es externa y las más de las veces romántica. En lo que atañe a los griegos, no hay duda de que hay gente de izquierdas honrada y de buena voluntad que ha votado a Syriza o es incluso (todavía) miembro de Syriza. Pero tras los acontecimientos de los últimos meses lo último que quieren es celebrar nada.
¿Qué tienen que celebrar, cuando mañana el nuevo gobierno liderado por Syriza tiene que poner en práctica y supervisar la implantación de un duro ataque a la naturaleza y a las clases populares, habiendo renunciado a su capacidad de legislar sin la tutela de Bruselas y Berlín, y estando bajo el chantaje continuo de los acreedores?









