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El Estado y el inestable equilibrio entre trabajo y capital

El Estado y el inestable equilibrio entre trabajo y capital

Capital y trabajo, caricatura de Punch artehistoria.jcyl.es
Eduardo Lucita (LA ARENA)

Los resultados electorales del 14 de agosto dejó como clara ganadora a la presidente. En este contexto, las distintas fracciones del capital han tomado nota y reacomodaron el peso relativo de las fracciones al interior del bloque de poder, que ahora aparece comandado por el sector industrial.

Impactados por el resultado electoral de la primarias y preocupados por el horizonte turbulento de la economía mundial, los empresarios han replanteado sus relaciones con el gobierno. Se han decidido por lo que llaman «diálogo responsable». ¿Qué es lo que ha determinado esa suerte de giro copernicano? ¿Qué los empujó a ese viraje? Primero que nada los resultados electorales del 14 de agosto pasado.
Impacto de las primarias
No se trata sólo de que el Frente para la Victoria haya ganando por el 50 por ciento de los votos emitidos o que el triunfo se haya extendido a todas las provincias menos una. Sino que ese test electoral arrojó un claro ganador y varios «terceros», quedando desierto el segundo puesto. Ya nadie duda de quién será el triunfo definitivo en octubre y hay un convencimiento generalizado que quienes llegaron cuarto y quinto podrían ser segundo y tercero, claro que aunque alguno de ellos duplicara sus votos, en términos políticos el segundo lugar continuaría vacante. Fue la titular del GEN, Margarita Stolbizer, quién expuso más descarnadamente la situación en que quedó colocada la oposición derechista: «Está claro que la estrategia de confrontación que planteaba el Grupo A fracasó: el Congreso quedó paralizado y los resultados electorales están a la vista».
Por lo demás, las primarias dejaron al descubierto la fractura del frente rural. No me refiero a sus representaciones corporativas nucleadas en la Mesa de Enlace, que ya arrastraban sus propias contradicciones, sino al frente social que los productores lograron armar como defensa ante la apropiación de renta extraordinaria por el Estado. Los productores se mantuvieron firmes, pero sus aliados de las clases medias rural y urbana no los siguieron esta vez.
Reacomodamientos
Las distintas fracciones del capital han tomado nota de este nuevo escenario y reacomodaron el peso relativo de las fracciones al interior del bloque de poder, que ahora aparece comandado por el sector industrial. A la velocidad de la globalización tres eventos consecutivos, del 30 de agosto al 1º de septiembre, dan cuenta de ese reacomodamiento.
El almuerzo en la Bolsa de Comercio que congregó a las seis principales cámaras patronales y el Seminario «Argentina: perspectivas económicas y políticas» organizado por el Consejo de las Américas, fueron los primeros. En estos dos encuentros se analizaron las primarias y sus implicancias políticas, y se concluyó en que «o recuperamos el diálogo o esperemos que todo empeore»; para luego coincidir tanto en «hacer los mayores esfuerzos para no socavar los buenos indicadores logrados» como en que «La Argentina continuará creciendo… pero es necesario aumentar la inversión privada». Finalmente, en la celebración del Día de la Industria el discurso del titular de la UIA, Ignacio De Mendiguren, no dejó dudas del «respaldo al gobierno y al modelo». A tal punto fue ese apoyo, que la presidenta Cristina Fernández en su discurso de cierre no pudo menos que señalar: «Es la primera vez que no tengo que responder a lo que se dijo». Pocos días después el titular de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, se rindió ante las evidencias viendo la necesidad de «la búsqueda de soluciones más allá de la confrontación … hay que cambiar el tono y aprovechar la oportunidad del cambio para sentarse a conversar de manera madura».
En segundo lugar la amenaza de la crisis mundial. Los empresarios son concientes que en la recesión 2008-2009 los países avanzados evitaron una profundización mayor por la fuerte demanda de los llamados países emergentes, pero no es seguro que este recurso resulte ahora posible. Esto también los lleva a cerrar filas con el gobierno a quién le reconocen haber enfrentado con éxito aquella recesión. Pero también reconocen que esta puede ser más duradera y profunda. Para enfrentarla, dicen, será necesario hacer «ajustes al modelo, sin afectar el crecimiento».
Crisis cerrada
La conclusión de esta combinación de reacomodamiento empresarial y desorientación de la oposición derechista cae de madura: la crisis política iniciada a principios del 2008 por la resolución 125 se ha cerrado. Esa etapa ha concluido y una nueva se abrirá el próximo 10 de diciembre. Una etapa con una figura presidencial relegitimada y fortalecida en su autoridad, que ha cubierto con creces lo que se aseguraba sería un vacío dejado por el prematuro fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner. Esa autoridad ya se hizo sentir cuando arbitró en la reciente discusión por el salario mínimo, o antes aún cuando impuso su criterio en los armados electorales. O cuando mando a archivar el proyecto de participación en las ganancias.
Retorno a las fuentes
En este escenario el discurso oficial pareciera querer volver al peronismo auroral, a la alianza estratégica entre el capital y el trabajo mediada por el Estado. La presidenta fue muy clara en la celebración del Día de la Industria en Tecnópolis: «No hay intereses más coincidentes que el de los empresarios y los trabajadores», y llamó a unos y otros a resignar aspiraciones.
No es la primera vez en la historia del país que se busca concretar esta alianza, nunca culminaron bien esos intentos. Dada nuestra formación social el Estado, en determinadas situaciones socio-políticas, busca armonizar los contradictorios intereses entre el capital y el trabajo, siempre resulta un equilibrio inestable.
Acuerdo social
En la actual coyuntura, como en 1952 o en 1973, el primer paso es intentar poner en caja la inflación por medio de acordar precios y salarios, lo que lleva implícito discutir qué nivel de retenciones y subsidios, qué incrementos tarifarios, qué tipo de cambio. La experiencia nos enseña que todo acuerdo o pacto social tiende inevitablemente a preservar altos niveles de productividad y ganancias empresariales, buscando así potenciar la acumulación de capitales. Su contrapartida siempre ha sido que los trabajadores y sectores populares recorten sus reivindicaciones en aras de un futuro mejor…
Por otra parte no está demás recordar que la disputa por la apropiación de la riqueza social está inscripta en el metabolismo del sistema capitalista. Se expresa tanto en la confrontación capital/trabajo como en la disputa intercapitalista, cuando diferentes fracciones buscan mantener o mejorar su posicionamiento con miras al futuro inmediato.
No es otra cosa que la lucha de clases, que no se disciplina a compromiso alguno y suele manifestarse por diversos vericuetos. No hay muchas razones para pensar que esta vez resulte diferente, aun cuando en lo inmediato pudiera ser contenida.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

Argenpress 09/09/11