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Ultimátum de Trump, ¿para quién?

Fuentes: La Jornada – Humor gráfico: Hernández

Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso.

Vence el ultimátum que el presidente Donald Trump dio a Irán para que permita la libre circulación de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz o sea enviado “a la Edad de Piedra, a donde pertenece”. El magnate reiteró su amenaza ayer con un mensaje tan propio de él como impropio de las autodenominadas democracias liberales: “se agota el tiempo y quedan 48 horas para que se desate el infierno sobre ellos. ¡Gloria a Dios!”, expresó en la red social de su propiedad.

Pese al ruido y la furia de la Casa Blanca, nada indica que Teherán se plantee ceder: hasta ahora, la república islámica ha mostrado una voluntad inquebrantable de resistir las embestidas, y es muy difícil que cambie de parecer cuando acaba de propinarle a su adversario el golpe simbólico de derribar dos aviones de guerra apenas dos días después de que Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmaran haber obtenido “el control total de los cielos” en Medio Oriente. El presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, no dejó pasar la oportunidad para mofarse de Trump al ironizar que “tras vencer a Irán 37 veces seguidas, esta brillante guerra sin estrategia que ellos mismos iniciaron ha pasado de ser un simple ‘cambio de régimen’ a un ‘¡Oye! ¿Alguien puede encontrar a nuestros pilotos? ¿Por favor?’ ¡Vaya!”

Conforme pasan los días y el mundo constata que Estados Unidos carece de ideas y recursos para forzar la reapertura del estratégico paso marítimo, las partes interesadas parecen aceptar la nueva normalidad en que Teherán establece las condiciones de circulación para los buques que movilizan una quinta parte de las exportaciones globales de petróleo y gas natural, además de un volumen fundamental de fertilizantes. En efecto, más allá de los sentimientos que gobiernos y empresas tengan hacia la revolución islámica, en estos momentos arreglarse con los iraníes parece la opción pragmática a fin de destrabar los flujos comerciales, e incluso se está asentando cierta resignación acerca de que las revisiones y “peajes” instaurados por Irán permanecerán tras el fin del conflicto armado, puesto que le otorgan a Irán la doble ventaja de prevenir nuevas agresiones y captar capitales muy bienvenidos en una economía herida por las sanciones ilegales de Washington y sus aliados.

Junto al prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, Trump es el primer responsable de la postura iraní. Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso. También suena hueco el llamado a negociar cuando continúan sin pausa los atentados contra sus líderes. Y no se puede llamar a Teherán a rendirse por el bien de los civiles si antes de que se desate “el infierno” ya fueron destruidos o dañados más de 100 mil edificios civiles, entre los que se encuentran 300 centros de salud, 30 universidades y 600 escuelas, incluida la primaria en la que fueron masacradas 169 niñas. Ayer mismo, la dupla Trump-Netanyahu cometió la irresponsabilidad máxima de atacar la planta nuclear de Bushehr, sobre la cual, debe remarcarse, no existe ningún indicio de actividad que rebase los fines legales y pacíficos.

El hecho es que la prisa no corre para las autoridades iraníes, sino para Trump, y que éste se metió a sí mismo en una situación en la que debe elegir entre alternativas indeseables. Si decide recortar sus pérdidas retirándose y aceptando el control iraní sobre Ormuz, habrá perdido toda credibilidad ante sus aliados de la región y deberá digerir una humillación política que no podrá borrar con ninguna bravuconada retórica. Si destruye la industria petrolera iraní para doblegar a Teherán, pasarán años antes de que se normalice el suministro del hidrocarburo y los precios vuelvan a niveles manejables, con lo que provocaría una crisis económica global. Si redobla su apuesta por la violencia e intenta apoderarse del petróleo persa, no sólo corre el riesgo de no conseguirlo, sino además, el de sufrir considerables bajas humanas en el proceso. Si bien es imposible esperar de Trump decisiones sensatas basadas en el bien común, cabe desear que sus cálculos egoístas de cara a las elecciones legislativas de medio término lo lleven a tomar el camino menos dañino.

Fuente: www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/05/editorial/trump-ultimatum-para-quien

rebelion.org/ultimatum-de-trump-para-quien/

06/04/26

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¿Cuánto cuesta y quién paga la guerra de Irán?

Fuentes: El tábano economista

Por Alejandro Marcó del Pont

¿Quién paga el precio de la imprudencia en el Golfo? (El Tábano Economista)

Cuando el presidente Donald Trump ordenó los primeros ataques aéreos contra Irán el 28 de febrero de 2026, pocos imaginaron que la «Operación Furia Épica» se convertiría, en apenas un mes, en un espejo implacable de las guerras modernas: costosas, desiguales y políticamente tóxicas. Lo que comenzó como una operación quirúrgica contra instalaciones nucleares y militares iraníes se ha transformado en un conflicto que ya ha costado a Estados Unidos más de 16.500 millones de dólares en solo doce días de combates intensos. Una media de 1.500 millones diarios que, según estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS) actualizadas al 13 de marzo, no tiene precedentes desde la invasión de Irak en 2003.

El Pentágono reportó al Congreso que los primeros seis días devoraron 11.300 millones de dólares en gastos operativos no presupuestados. Esa cifra incluye más de 5.600 millones solo en municiones de alto costo: misiles Tomahawk (3,5 millones de dólares cada uno), JASSM y sistemas de defensa Patriot y THAAD. Los primeros días vieron un uso masivo que obligó a una «transición de municiones» hacia armas más baratas para evitar agotar inventarios críticos. Pero el verdadero precio no está solo en esas facturas. La pregunta de quién paga realmente esta guerra revela la crudeza de su economía moral.

Los contribuyentes estadounidenses financian el grueso a través de deuda adicional. El Congreso ya anticipa un suplemento de más de 50.000 millones de dólares para reponer existencias y cubrir pérdidas: tres cazas F-15 derribados en incidentes amistosos, once drones MQ-9 Reapers y un radar THAAD, cuyo costo conjunto asciende a 1.700 millones de dólares. En este contexto se enmarca la petición formal al Congreso de unos 200.000 millones de dólares adicionales. Esta solicitud representa aproximadamente el 24% del presupuesto total de defensa de 2026, que asciende a 839.000 millones, y equivale a casi el 50% del Producto Interior Bruto anual de Irán, que en 2025 fue de 356.510 millones. A estos costos no se suma la reparación de las bases estadounidenses en el Golfo, cuyo valor asegurado ronda los 395.000 millones.

Esta montaña de deuda se añade a los 39 billones de dólares que ya acumula Estados Unidos. Se espera que la cifra alcance los 40 billones antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Los intereses anuales de esa deuda rondan ya el billón de dólares. Las generaciones futuras pagarán con recortes implícitos en Medicaid, en los cupones de comida del programa SNAP o en infraestructura. Mientras tanto, los consumidores —especialmente los del quintil inferior de ingresos, aquellos que ganan menos de 35.000 dólares al año— absorben el golpe diario a través de la inflación energética.

El cierre del Estrecho de Ormuz, declarado por Irán el 4 de marzo y aún parcialmente bloqueado, ha disparado el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril, con picos temporales de 120 dólares. La gasolina en Estados Unidos ha subido a un promedio nacional de entre 3,90 y 4,50 dólares por galón, un incremento de hasta 65 centavos que actúa como un impuesto regresivo brutal. Porque el costo económico de esta guerra no se distribuye de manera equitativa. Las cargas recaen de forma desproporcionada sobre los hombros de los hogares de menores ingresos, mientras que los más ricos se benefician de un efecto riqueza.

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Proclamar la victoria, aunque se admita la derrota: no hay una forma fácil de abrir Ormuz

ALASTAIR CROOKE

El contraataque estratégico iraní no fue concebido para propiciar una negociación, sino para crear las circunstancias que le permitan escapar de la «jaula» impuesta por Occidente

Las derrotas que Occidente sigue sufriendo son, sobre todo, intelectuales. Y «no ser capaces de comprender lo que ven implica que es imposible responder eficazmente». Así lo argumentó Aurelien. Pero «el problema va más allá de la lucha en el campo de batalla, y radica en comprender la naturaleza de las guerras asimétricas y sus dimensiones económicas y políticas».

«Esto se ve especialmente en el caso de Irán, donde… Washington parece incapaz de comprender que la ‘otra parte’ sí tiene una estrategia con componentes económicos y políticos, y la está implementando»

«[En consonancia con la obsesión occidental por las trivialidades], toda la atención mediática se ha centrado últimamente en el despliegue de tropas estadounidenses en la región y sus posibles usos, como si eso, por sí solo, fuera a decidir algo. Sin embargo, en realidad, el verdadero problema reside en el desarrollo y despliegue por parte de Irán de un nuevo concepto de guerra, basado en misiles, drones y preparativos defensivos, y en la incapacidad de Occidente, con su mentalidad centrada en las plataformas, para comprender y procesar estos acontecimientos [es decir, asimilar plenamente la estrategia que subyace a la guerra asimétrica]»

El concepto y modelo de seguridad de Irán se planificó hace más de 20 años. El detonante para el paso a un paradigma asimétrico fue la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas sobre Bagdad.

El problema que surgió para Irán a raíz de este suceso fue cómo construir una estructura militar disuasoria cuando no poseía (ni podía poseer) una capacidad aérea comparable a la de un adversario de su nivel. Y, además, cuando EEUU podía observar la magnitud de la infraestructura militar iraní desde sus cámaras satelitales de alta resolución.

La primera respuesta consistió simplemente en mantener la menor parte de su estructura militar expuesta a la vista desde el aire. Sus componentes debían estar enterrados, y a gran profundidad (fuera del alcance de la mayoría de las bombas). La segunda respuesta fue que los misiles enterrados a gran profundidad podrían, de hecho, convertirse en la «fuerza aérea» de Irán, es decir, un sustituto de una fuerza aérea convencional. Por lo tanto, Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles. La tercera respuesta fue dividir la infraestructura militar de Irán en comandos provinciales autónomos, descentralizando los centros de mando, cada uno con sus propios depósitos de municiones, silos de misiles y, cuando procediera, sus propias fuerzas navales y milicias.

En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, fue diseñada para operar como una máquina de represalia automatizada y descentralizada que no puede ser detenida ni controlada fácilmente.

Cuando no podemos comprender lo que tenemos delante de nuestros ojos, lo más fácil es recurrir a lo que uno conoce –un despliegue de tropas– y seguir haciendo lo que no ha funcionado en el pasado.

En una etapa anterior de su carrera, un joven Trump, desesperado por ser admirado como una estrella en el mundo inmobiliario de Manhattan, eligió al abogado neoyorquino Roy Cohen como su mentor personal. «Este último era también el abogado de las cinco grandes familias criminales de la ciudad, quien, con conexiones como estas, se había ganado la reputación de ser alguien con quien no convenía meterse», relata el comentarista militar israelí Alon Ben David.

En la mayoría de los casos, a Trump le bastaba con presentar a Cohen a la otra parte del acuerdo para que esta aceptara sus condiciones. A veces, Trump también se veía obligado a llevar a la otra parte a los tribunales, donde Cohen se defendía con uñas y dientes ante los jueces y ganaba. Pero ese siempre fue el objetivo principal de Trump: ganar. No para aumentar el pastel, no para que ambas partes ganaran, sino para obtener una victoria solo para él, y preferiblemente con la rendición de la otra parte.

El tiempo avanza y, como escribe Ben David, el coloso militar estadounidense sirve hoy como el «Roy Cohen» de Trump. Este exhibe el poderío militar estadounidense ante los iraníes con la esperanza de que capitulen fácilmente; de lo contrario, Trump les dará rienda suelta. Tras la concentración de la armada estadounidense frente a la costa persa, Trump se quejó ante Witkoff de que estaba «perplejo y confundido» por el hecho de que los iraníes no hubieran capitulado al avistar semejante poder naval.

«[La razón del desconcierto de Trump es que] esta vez se enfrenta a un oponente diferente a cualquiera que haya conocido. No se trata de magnates inmobiliarios de Manhattan ni de mafiosos de Atlantic City, sino de persas, miembros de una cultura milenaria, con conceptos distintos del tiempo y de lo que significa la victoria».

Trump ahora no sabe qué hacer: está confundido y no sabe cómo salir de este aprieto. Ha amenazado a Irán, pero no ceden. Y como era de esperar, el régimen de Netanyahu, temiendo que Washington pueda entablar negociaciones con Irán antes de que sus capacidades militares hayan sido completamente desmanteladas, «está presionando a Trump para que lleve a cabo una operación breve y de alta intensidad que podría incluir fuerzas terrestres» , escribe el comentarista israelí Ben Caspit en Ma’ariv.

Si bien Trump está enviando mensajes contradictorios sobre las perspectivas de conversaciones con la República Islámica, los funcionarios israelíes creen que está considerando tres opciones: primero, intensificar la guerra atacando la infraestructura energética de Irán en la isla de Kharg y en su yacimiento de gas de South Pars; y como segunda opción, una operación terrestre para eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán.

Una tercera opción que se baraja sería negociar un acuerdo con Irán, pero tal posibilidad sería vista por los círculos dirigentes israelíes como una «clara victoria iraní que allanaría el camino para la supervivencia de la República de Irán», escribe Caspit. «Israel se centra (ilusoriamente) en debilitar al régimen hasta el punto de que no pueda recuperarse, con la esperanza de, tal vez, fomentar futuras protestas masivas. Este argumento también se utiliza para convencer a Washington de que continúe la guerra», subraya Caspit.

Una cuarta opción podría ser que Trump simplemente declare la victoria y se retire.

¿Qué podría esperar lograr Trump, siendo realistas, si amplía la guerra?

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La oportunidad del estrecho de Ormuz

Fuentes: CTXT [Imagen: Personas yendo a trabajar en bicicleta en Copenhague (Dinamarca). / Kristoffer Trolle]

Por Carlos Moreno Azqueta, Pedro Díaz Alejo | 04/04/2026 | 

El 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida

En las últimas semanas, la invasión de Irán ha puesto patas arriba el orden internacional. Los iraníes lo han sentido en carne propia a través de ataques y bombardeos que suponen diversos crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos e Israel y que infligen dolor, muerte y desesperación a la población. Estos ataques incluyen uno a una refinería que provocó una lluvia de gasolina sobre los 10 millones de habitantes de Teherán. Mientras, el resto del mundo lo siente a través de una subida de precios generalizada provocada por la respuesta militar iraní: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasan el 20 % del gas y el petróleo mundial, y más del 30 % de los fertilizantes. Sumado a los ataques a infraestructuras de producción de combustibles fósiles, sabemos que la inflación provocada se alargará como mínimo meses, y que el shock podría ser comparable a las crisis del petróleo de los 70.

El modo en el que la economía mundial se resiente dice mucho de nuestra dependencia respecto a la industria fósil. A pesar de que en los últimos años las energías renovables se han abierto paso y sus costes se han reducido, hoy no llega al 20 % de la energía primaria total que se consume en España; en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón.

La maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba

Esta crisis no será la última. Por todo el mundo, los combustibles fósiles están asociados a la guerra, las dictaduras y la violación de derechos humanos, y en nuestra dependencia financiamos, día tras día, los mismos misiles que hoy impactan en Teherán. Por eso abandonar los combustibles fósiles es hoy una lucha internacionalista: no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática generada en el torno, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz.

Tras las sucesivas crisis del petróleo de los años 70, ciudades como Copenhague optaron por transformar su modelo de movilidad, apostando por la bicicleta, el transporte público y las ciudades cercanas. Pero fueron pocas quienes siguieron su ejemplo: en España, nuestra idea de modernización y progreso se centró en torno al coche como el epítome de la libertad, y las administraciones no dejaron de privilegiar ese modelo. Hoy, las carreteras, aparcamientos y gasolineras llenan nuestro espacio público; la contaminación atmosférica acaba con la vida de 400.000personas al año solo en Europa, y nos hemos enredado en una dependencia evitable con Irán, Rusia, Argelia o Estados Unidos.

El sector del transporte es el principal generador de emisiones de gases de efecto invernadero en España (un tercio del total en 2024), y más del 90 % de las emisiones que produce este sector en nuestro territorio corresponden al transporte por carretera. No existe transición energética ni solidaridad internacionalista sin reducir significativamente los trayectos de nuestro ejército de coches de tonelada y media, que quedan estacionados el 97 % del tiempo y en la mayor parte de los viajes apenas mueven un individuo de 70 kilos. 

Privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario

Pero esta reducción no debe entenderse como un sacrificio, una renuncia en favor de un bien mayor, ya sea la autonomía, la paz, la economía, el medio ambiente o la salud. Tenemos que entenderlo como una oportunidad para vivir mejor, para construir un sistema de movilidad más resiliente, eficiente y humano. Frente al atasco y la contaminación atmosférica, proponemos el lujo colectivo de un transporte público gratuito y de calidad, de carriles bici seguros, zonas peatonales y una vertebración efectiva de las zonas rurales. Porque además de monstruoso, el capitalismo fósil es también ineficiente. Al privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario que, en el caso del transporte, es capaz de mover a muchísima más gente usando menos recursos.

Aunque la transformación que proponemos es profunda, sus políticas son muy simples de aplicar. Bélgica paga por kilómetro recorrido a cada ciudadano que abandona el coche para ir al trabajo en bicicleta, una política que debe combinarse con una reestructuración urbana para que los carriles bicis sean seguros y lleguen a los sitios. Las líneas y frecuencias del transporte público pueden ampliarse mientras se reducen los precios. Podemos fomentar la compartición de los vehículos y obligar a las empresas a desarrollar planes de movilidad que reduzcan emisiones. O, como la propia Agencia Internacional de la Energía proponía al tiempo que nuestro Consejo de Ministros deliberaba sus medidas anticrisis, podemos reducir la velocidad a la que nos movemos o tomar menos aviones por motivos profesionales. Este artículo se haría interminable si mencionamos cada propuesta, pero el repertorio es amplio.

Nuestras soluciones hoy son muchas más que las que Dinamarca tuvo en los años 70. Por un lado, podemos desterrar de forma definitiva los combustibles fósiles y la nuclear sustituyéndolos por energías renovables, hoy mucho más eficientes y limpias: podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos.

Al mismo tiempo, si bien nuestra demanda energética ha crecido enormemente a nivel mundial, no siempre lo ha hecho nuestro bienestar. Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes.

Frente a la crisis del estrecho de Ormuz, hay quien querrá capear el temporal y mantener el modelo. No es momento para grandes cambios, dirán, todo esto es muy caro. Pero sabemos que mienten. Defienden un sistema moribundo pero letal, una economía de la muerte y la guerra, en la que el 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida.

Tenemos todas las herramientas para abandonar los combustibles fósiles y vivir mejor. Para construir un mundo que satisfaga las necesidades energéticas de toda la población sin alimentar el extractivismo, un mundo construido sobre la igualdad y la solidaridad, entre los seres humanos y entre el conjunto de seres vivos que poblamos este planeta. No desaprovechemos la oportunidad.

Carlos Moreno Azqueta y Pedro Díaz Alejo son activistas de Ecologistas en Acción.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260301/Firmas/52674/carlos-moreno-azqueta-pedro-diaz-alejo-ormuz-estrecho-guerra-iran-eeuu-combustibles-fosiles-energia-renovable-dependencia.htm

Rebelion 04/04/26

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¿Qué está en juego en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán?

Fuentes: Jacobin América Latina – Imagen: El presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, el general Dan Caine, ofrece una conferencia de prensa sobre la Operación Epic Fury en el Pentágono, 19 de marzo de 2026. (Vía Wikimedia Commons)

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán entrelaza numerosos elementos geopolíticos clave, que van desde la apuesta inmediata para controlar vías estratégicas de circulación comercial hasta el inicio de una reorganización regional a gran escala.

Las escaladas bélicas en años recientes y, particularmente, las planteadas desde 2022 en Ucrania-Rusia, Palestina (y la región circundante. incluyendo a Israel, Líbano, Yemen, Iraq e incluso Afganistán y Pakistán), Venezuela e Irán, además de los países sancionados unilateralmente, conforman distintas batallas que están relacionadas. Ese uso de la fuerza busca impedir el declive hegemónico estadounidense y occidental en el mundo, que se siente desafiado por la irrupción de China, Rusia y sus alianzas.

En esta transición hegemónica global y conflictiva (una verdadera crisis sistémica), se intenta frenar el declive estadounidense (con una deuda de 38 billones de dólares) mediante un incremento del uso de su complejo militar-industrial. Eso no significa que vayamos a ver un final abrupto, sino que el rol estadounidense está puesto en cuestión por el ascenso o la recuperación de otras potencias en los planos militar, económico, científico-tecnológico y de distribución del poder mundial.

La situación interna de Estados Unidos está marcada por tensiones internas y crisis económicas. Una válvula de escape de su política hacia el exterior es la guerra e intervención en la política de otros países. Mientras su actualidad económica se ha debilitado, su poder militar se sigue expandiendo y se utiliza para doblegar rivales y subordinar a los países alineados. Por eso, traslada las disputas a ese terreno, al uso de medios militares «directos» e «indirectos» para intentar neutralizar el desarrollo de China y sus aliados.

Pese a argumentar que lo más importante era «America first» (Estados Unidos está primero), la estrategia de la política exterior estadounidense, si bien ha ido cambiando en la retórica, no refleja grandes cambios en los hechos. Por ejemplo, los defensores de esta política y del movimiento «Make America Great Again» (MAGA) proponían frenar en poco tiempo las guerras, pero los acontecimientos marcaron otro desenvolvimiento. El  objetivo de complicar los lazos económicos de otros países con China y de distanciarla de Alemania y la Unión Europea aumentaron, a su vez, la carrera armamentística y la belicosidad.

La otra gran tendencia coyuntural y estructural es el ascenso del poderío chino. Esto envuelve una disputa y una competencia con Estados Unidos en el terreno comercial, de los mercados, en lo tecnológico y en la influencia planetaria. Aunque siguen manteniendo intercambios en varias ramas, se registró una caída del 20 % en esos movimientos y. durante la última década, el gigante asiático alcanzó el 30 % de la producción industrial mundial, sobrepasando ya desde 2008 el 15 % de la de Estados Unidos (en 1995, Estados Unidos tenía más del 20 %, cuadruplicando el 5 % del país asiático).

Hoy China es el mayor importador mundial de petróleo y alrededor de tres cuartas partes de su consumo dependen del exterior. Es, además, el principal comprador de crudo de Irán y uno de los mayores importadores del de Arabia Saudita, al tiempo que lidera inversiones para  una transición energética orientadas a reducir el uso de combustibles fósiles. Esta doble condición explica su interés estratégico en asegurar rutas de suministro a través de puertos del Cuerno de África y de los principales estrechos marítimos, en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR). En ese esquema, China adquiere cerca del 19 % del petróleo que exporta Rusia, el 15 % del de Arabia Saudita y alrededor del 15 % del de Irán. En este último caso, esas compras representan más del 90 % de las exportaciones iraníes de crudo, que se comercializa con descuentos para sortear las sanciones internacionales.

En este contexto, se observa un realineamiento de las alianzas regionales en torno a la gravitación económica y política de China. Resulta clave considerar no solo las vastas reservas de hidrocarburos de países como Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos—ubicadas en el estratégico Estrecho de Ormuz—, sino también la incorporación de los dos últimos al BRICS+ a partir de 2024 (con la invitación simultánea para Arabia, en proceso de integración). La ampliación de este bloque refuerza la articulación entre potencias energéticas y los nodos logísticos clave, como sucede con Egipto (el país más poblado de la región, que también ingresó al BRICS+ en 2024), que controla el Canal de Suez, y con Etiopía, situada en el Cuerno de África, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de hidrocarburos.

¿Qué se dirime en esta guerra?

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Irán, ¿un nuevo Vietnam para Estados Unidos?

Fuentes: La Jornada

Al cumplirse un mes del artero e ilegal ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, resulta difícil entender qué está ocurriendo sobre el terreno y qué decisiones toman las partes en la realidad.

El conflicto se dirime en dos planos, el de las narrativas y el de los hechos. La guerra está ligada a los discursos de uno y otro bando: los ultimátums maximalistas de Donald Trump con énfasis en la “rendición incondicional” son respondidos por la dirección iraní con una nutrida matriz de represalias y exigencias que, de aplicarse, transformaría el círculo estratégico de la guerra, consciente de que enfrenta una amenaza existencial y está dispuesta a luchar hasta el final frente a dos potencias nucleares. Por eso, los ataques aéreos de saturación del bando agresor son respondidos con acciones simétricas de retaliación de la parte iraní. 

Esto no es simplemente la “niebla de la guerra” ni la propaganda gris o negra clásicas. Se trata de un estilo completamente nuevo de llevar a cabo operaciones militares, que en un alto porcentaje se libran y se ganan en el ámbito de las simulaciones virtuales. Por eso resulta muy difícil evaluar y considerar con seriedad el ultimátum postrero de Trump que vence el 6 de abril o las acciones reales de la república islámica. Por supuesto, hay que verificarlo todo y buscar las fuentes originales, pero, en última instancia, sólo la realidad da la respuesta. 

En ese intercambio de golpes virtuales se entremezclan imágenes de acontecimientos reales y separar unas de otras se vuelve casi imposible. Si bien parece claro que está en curso una nueva fase de un plan de Washington y Tel Aviv por destruir, desmembrar y dividir a Irán en pequeños estados étnicos sectarios y anárquicos (siguiendo el modelo sirio) y reconfigurar de raíz la economía mundial y la geopolítica, no se alcanza a comprender del todo las contradictorias tácticas de guerra híbrida de Trump; su diatriba en Truth Social se presenta y suena como una completa farsa. A su vez, aunque parece incontrovertible que Irán cuenta con una estrategia cuidadosamente elaborada que se está desarrollando en fases diferenciadas, tampoco resulta nítida la lógica de la Guardia Revolucionaria Islámica. Menos aún, las acciones de las monarquías petroleras vasallas del golfo Pérsico y del mundo islámico. 

Aunque sí es plausible señalar, que de ser simplemente una potencia proxy, un portaviones terrestre del Occidente colectivo en Medio Oriente que vivía de las subvenciones de Estados Unidos y Europa, Israel (al influjo de los megamillonarios del lobby judío israelí-estadunidense) se ha convertido en un centro de toma de decisiones que incide directamente sobre el jefe de la Casa Blanca y el Estado profundo (deep state). Según se infiere de los dichos del periodista Tucker Carlson y del dimitente ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, ambos no hace mucho cercanos a Trump, Israel ya no es “la cola que mueve al perro”, sino el cerebro; con Benjamin Netanyahu y los sionistas a la vanguardia ideológica del conflicto y haciendo el “trabajo sucio” (Drecksarbeit), Friedrich “Blackrock” Merz dixit. 

Otra novedad del conflicto es que a diferencia de las guerras tradicionales, en las que los ejércitos dirigían su potencia de fuego hacia infraestructuras estratégicas del enemigo –bases militares, aeródromos, fábricas de armas– y en las que se podían rastrear las líneas de suministro y trazar planes de batalla con relativa certeza, en las dos últimas décadas, la lógica ha ido más allá de la zona de guerra física. La revolución digital ha construido una segunda capa de infraestructura estratégica tras las líneas del frente, transformando silenciosamente la proyección de fuerza y la manera en que se libran las guerras. La infraestructura digital ha pasado de la periferia de la guerra a su núcleo operativo. 

La recopilación de inteligencia, la logística del campo de batalla y la coordinación de mando y control en múltiples teatros dependen cada vez más de los sistemas en la nube de inteligencia artificial. Según la perspectiva estratégica de Irán, la columna vertebral tecnológica que sustenta las operaciones militares de Estados Unidos e Israel (Amazon, Microsoft, Google, Oracle, Nvidia, IBM, Palantir) no puede considerarse políticamente neutral; constituye una extensión del propio espacio de batalla, un dominio donde se cruzan los activos económicos, las plataformas empresariales y los objetivos de seguridad nacional. 

Pero más allá de la propia lógica del conflicto, cuanto más se prolonga, más frecuentes son las comparaciones con Vietnam: a pesar de su superioridad militar, Washington corre el riesgo de verse envuelto en una agotadora guerra de desgaste sin un desenlace claro. Vietnam demostró que, incluso al perder en el campo de batalla, se puede ganar estratégicamente. A los generales vietnamitas se les atribuye una fórmula que se ha convertido casi en un axioma de los conflictos asimétricos: perder las batallas, pero ganar la guerra. Dado el carácter existencial del conflicto, todo indica que Irán está actuando así. Le va en ello su supervivencia. 

Por eso, a pesar de los graves daños sufridos, Irán aumenta de manera constante el costo del enfrentamiento para Estados Unidos (e Israel), mediante la presión sobre los mercados globales y el bloqueo del estrecho de Ormuz (lo que con la entrada de los hutíes de Yemen al conflicto, podría replicarse en el estrecho de Bab el Mandeb, que une el mar Rojo con el golfo de Adén). La guerra trasciende el enfrentamiento con sus agresores y afecta los intereses de todo el mundo. Ante Trump se perfila un dilema al que ya se enfrentaron sus predecesores, desde Vietnam hasta Irak: llevar la escalada militar a un nuevo nivel o retroceder y asumir una derrota estratégica. Esa es la cuestión.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Rebelion 01/04/26

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Las armas nucleares y su proliferación

Prohibir las armas de destrucción masiva

Fuentes: Rebelión – Foto: ICAN/Tim Wright

Por Pablo Ruiz | 01/04/2026 | Otro mundo es posible

El tema de fondo no se debate: ¿Se deben tener armas nucleares? Hay nueve potencias nucleares. En el actual panorama, Francia aumentará su arsenal nuclear; el gobierno de Finlandia va a introducir una enmienda para poder tenerlas; y Alemania ya tiene las capacidades para fabricarlas cuando así lo quiera.

Mientras el mundo sigue por los medios de prensa la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán y, una y otra vez, se esgrime que se quiere frenar el programa nuclear que podría estar desarrollando Irán se sigue dejando fuera del debate por estos gobiernos, la prensa, y la comunidad internacional, el tema de fondo y, la paradoja, que tanto EEUU e Israel sí tienen armas nucleares las que también se denominan armas de destrucción masiva. También China, Rusia, Pakistán, Francia, Reino Unido, India y Corea del Norte son parte del selecto grupo de potencias nucleares.

Así mismo, en noviembre pasado, en el Portal de Noticias de las Naciones Unidas, el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, señaló algo preocupante, sin dar más detalles, “advirtió… que el mundo podría pasar de 9 a “25 o 30″ países con armamento nuclear si se debilita el régimen internacional de no proliferación, al que calificó como un pilar esencial de «confianza y previsibilidad» en un escenario global fragmentado”. Sin embargo, Grossi no dijo a qué países se refería, «25 o 30», que podrían disponer de armamento nuclear en un futuro. 

El  diario español El País señaló, en enero pasado, que el gobierno ruso acusó a Francia y Reino Unido de querer enviar armas nucleares a Ucrania; el presidente Zelensky lo negó. Sin embargo, en 2022 el tema de tener armas nucleares estuvo en la conversación como lo consignó el mismo diario español en el artículo “Ucrania presiona a sus aliados occidentales al abrir el debate sobre recuperar la bomba atómica”.

Por otro lado, el presidente francés, Emmanuel Macron, en este escenario complejo, y frente a las prioridades manifiestas que tienen los EEUU, sostuvo que Europa debe tomar el control “cada vez más directo de su propia seguridad”; señalando que “el orden basado en reglas está en ruinas” y que «para ser libre hay que ser temido y para ser temido hay que ser poderoso». En ese contexto, ordenó el aumento del arsenal nuclear francés.

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Derechos Humanos General Internacional

Irán, el pantano de Trump

Escribe Miguel Sorans, dirigente de la UIT-CI y de Izquierda Socialista/FIT Unidad

La guerra de agresión imperialista sobre Irán que, según Trump, ya estaba ganada desde el comienzo, ya lleva un mes. Trump dice un día una cosa y al otro día otra. Hace una semana dio a Irán un “ultimátum” de 48 horas, a partir del cual empezaba un “ataque total”. Al otro día, anunció que suspendía los ataques por cinco días porque estaba en “productivas” negociaciones con autoridades iraníes. Lo que fue desmentido por Irán. El final de la guerra está en veremos.

Nada es creíble en manos de Trump. Cualquier cosa puede pasar. Que se agrave aún más la guerra, que desembarquen marines o que realmente se abra una negociación. El asesino de Netanyahu e Israel, por otro lado, ya avisaron que, más allá de cualquier negociación, no piensan detener sus acciones militares contra Irán y el Líbano (ver recuadro abajo).

Pero hay un hecho claro, es Trump el que retrocede. En medio de sus bravuconadas en las que anunció, una y otra vez, que “las fuerzas armadas iraníes dejaron de existir”, que “ya no tienen capacidad misilística” o “los arrasamos”, tuvo que aparecer enviando una propuesta de quince puntos, que fueron rechazados por Irán.

Siempre se ha dicho que el que pide negociar en una guerra es el que está perdiendo. Y esto es lo que está sucediendo con Trump y su agresión criminal y genocida. Pese a la evidente superioridad militar de los Estados Unidos y su aliado Israel, Trump está empantanado política y militarmente en Irán.

Las razones por las cuales Trump quiere salir de esta guerra

La primera razón es que la resistencia de Irán ha sido muy superior a lo que creían Trump y Netanyahu.

Irán es un gran país de 93 millones de habitantes que ha tirado por tierra todo pronóstico militar. En los primeros días mataron al máximo Ayatolá y parte de la jefatura militar iraní y creían que con eso empezaba el principio del fin agitando que la gente salga a la calle.

Pero sucedió al revés, la televisión iraní estuvo mostrando manifestaciones masivas en Irán, en medio de las bombas, de apoyo al gobierno y de repudio a la agresión. Por qué, aunque gran parte del pueblo trabajador, la juventud y las mujeres odian al régimen teocrático, más odian las agresiones imperialistas y de Israel. Por otro lado, Irán confirma, aunque esté debilitado, que tiene un potencial de misiles, que penetran en Israel y que llegaron a lanzar dos misiles a la base militar de la isla Diego García, en el Océano Indicio, que está a 4.000 kilómetros de distancia de Irán.
La Cúpula de Hierro, de Israel, no colapsó, pero en parte está desbordada. Como nunca ocurrió, las ciudades de Israel reciben misiles y las alarmas son permanentes. Creían que iba a ser una “guerra relámpago”, muy corta y no ha sido así. Todo indica que fue Netanyahu el que convenció a Trump de hacer el ataque. Mientras Trump no logra explicar por qué es la agresión. Primero dijo que era hasta terminar el régimen después dijo que no era necesario.

El punto más débil de Trump no es militar sino político

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General Internacional

¡No a la Junta de Paz de Trump! ¡Fuera Israel de Gaza! ¡Palestina libre del Río al Mar!

Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

20/02/2026 El jueves 19 de febrero, Donald Trump inauguró la Junta de Paz (Board of Peace). Junto a 27 jefes de estado de distintos países del mundo, el jefe ultraderechista del imperialismo norteamericano, realizó una conferencia de prensa para anunciar los primeros pasos en su objetivo de colonizar Gaza.

Trump anunció que los Estados Unidos aportarán 10.000 millones de dólares iniciales para poner en marcha las faraónicas obras con las que buscan transformar a Gaza en zona turística de lujo, al servicio de las grandes trasnacionales del negocio inmobiliario con la construcción de 200 torres de lujo y abrir zonas para la inversión agropecuaria e industrial.

Trump no actúa solo. Su plan imperialista y colonizador cuenta con el apoyo de otros países y gobiernos ultraderechistas como Javier Milei quien ofreció el envío de los Cascos Blancos de Argentina para colaborar con la Fuerza Militar que busca controlar la franja. También estuvo presente primer ministro húngaro Viktor Orban y el presidente de Paraguay Santiago Peña.

Otros países como Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bahrein, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait ofrecieron 7.000 millones de dólares extras para sostener los caprichos de Donald Trump y sus mentirosas afirmaciones pacificadoras, con el objetivo de repartirse el territorio de Gaza entre los grandes inversionistas. Llamativa fue la presencia del Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien también se suma a la iniciativa inversionista para anunciar un aporte de 75 millones de dólares para respaldar a Trump bajo el falso argumento de construir un estadio con 20.000 ubicaciones y una escuela de futbol en Gaza.

Anuncio faraónico con pies de barro

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General Internacional Sociedad

Irlanda: aplastante victoria de la izquierda en las elecciones presidenciales

Aunque se presentó como «independiente», Connolly contó con el apoyo de la amplia izquierda: 100 % Redress, el Partido Comunista de Irlanda, el Partido Verde, el Partido Laborista, People Before Profit, Sinn Féin, el Partido Socialdemócrata y el Partido de los Trabajadores, así como una serie de organizaciones y movimientos. El respaldo del Sinn Féin, el segundo partido más grande del Parlamento, fue crucial; el partido aporta el peso de la tradición republicana, centrada en la unificación de Irlanda, y el peso de las raíces obreras del partido en las ciudades, donde la cuestión de la vivienda es primordial. Aunque Connolly ha dicho que representará a todo el país, será en gran medida la voz de la clase trabajadora y los oprimidos, no la de los terratenientes y banqueros irlandeses. Tampoco será benévola con el imperialismo estadounidense y sus aliados.

Por Vijay Prashad. | Counter Concurrts.

Michael D. Higgins, el presidente saliente de Irlanda (2011-2025), animó a Connolly a unirse al Partido Laborista y presentarse a las elecciones. Tanto Connolly como Higgins (conocido en Irlanda como Michael D) son originarios de Galway, una ciudad de la costa oeste de Irlanda. Connolly nació allí, la novena de catorce hermanos —siete chicas y siete chicos— en una familia de clase trabajadora. Su madre murió cuando Catherine solo tenía nueve años, y su padre, constructor de viviendas, confió en sus hijos mayores para que cuidaran de los más pequeños. En este hogar, Catherine Connolly desarrolló un agudo sentido del servicio y la disciplina, que incluía la participación en organizaciones benéficas católicas locales como la Legión de María y la Orden de Malta. Este fue, según ella misma describe, el camino de Connolly hacia «su socialismo».

Como abogada en Galway y con una familia joven (dos niños), Connolly se presentó y ganó un escaño en el Ayuntamiento de Galway en 1999, y más tarde fue alcaldesa de Galway de 2004 a 2005. Michael D había sido alcalde de 1990 a 1991. Al igual que ella le siguió al Ayuntamiento, Connolly ha seguido ahora a Michael D a la presidencia de Irlanda.

Irlanda es un país dividido por el colonialismo británico: la mayor parte de la población vive en la República de Irlanda (5,2 millones de habitantes), mientras que otra parte de la población de la isla vive en los condados del norte, que siguen bajo el control del Reino Unido (1,5 millones de habitantes). Hay entre 50 y 80 millones de personas en todo el mundo, principalmente en América, que afirman tener ascendencia irlandesa (la persona más famosa, que ahora aparece en un sello irlandés, fue Che Guevara). La mitad de la población de los seis condados del norte tiene la ciudadanía irlandesa (mientras que hay casi tres millones de irlandeses de la diáspora con ciudadanía), lo que les da derecho a votar al presidente.

Aunque, en sentido estricto, el presidente representa a la República —e incluso entonces, en una función mayoritariamente ceremonial—, el cargo ha sido moldeado por sus nueve titulares anteriores como un púlpito desde el que hablar en nombre de toda Irlanda. Micheal D, poeta y político, ha transformado el cargo, convirtiéndolo en un atril moral desde el que defender el papel de Irlanda en el mundo basándose en valores más amplios. Sin duda, este es un cargo que Catherine Connolly disfrutará.

Tanto Catherine Connolly como Michael D son abiertamente de izquierdas, absortos en la lucha para que las personas vivan con dignidad en la propia Irlanda y preocupados por los graves retos globales, en particular los que plantea el imperialismo estadounidense. Connolly afirmó que se inició en la política hace veintiséis años debido a la crisis de la vivienda, la «crisis social que define nuestra época». Este sigue siendo el problema más importante para los jóvenes de Irlanda, muchos de los cuales encuentran imposible alquilar un alojamiento decente cerca de sus lugares de trabajo.

En la década de 1990, la economía irlandesa experimentó un auge gracias a la liberalización de las finanzas, lo que le valió al país el sobrenombre de «Tigre Celta» (una expresión utilizada por primera vez por un analista de Morgan Stanley). Un bajo tipo impositivo para las empresas y la pertenencia a la Unión Europea permitieron al país atraer inversiones tecnológicas e inmobiliarias. Esto provocó una subida de los precios de la vivienda, que no se han desplomado a pesar del colapso del Tigre Celta tras la crisis crediticia de 2008 (Irlanda sufrió un destino similar al de Islandia, pero con menos penas de prisión para su propia élite bancaria). Se estima que el país sufre una escasez de viviendas de un cuarto de millón de unidades, que un nuevo profesor en Dublín tendría que utilizar todo su salario para pagar el alquiler de un modesto apartamento y que, mientras que los salarios aumentaron un 27 % entre 2012 y 2022, los precios de los inmuebles aumentaron un 75 %. Connolly dedicó la mayor parte de su campaña a centrarse en los problemas directos a los que se enfrenta el pueblo irlandés, aunque la presidencia solo puede plantear cuestiones en el debate público y asesorar al gobierno elegido.