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Trump y la otra historia de un país atravesado por la lucha de clases

CARMEN PAREJO

La frase «Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», resume la obsesión del poder en EEUU: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país.

«Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», sentenció Trump en los festejos por los 250 años de independencia de EEUU. La frase resume una vieja obsesión del poder estadounidense: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país. Pero, ante esa afirmación, conviene hacerse una pregunta casi cinematográfica: ¿qué nació exactamente un 4 de julio?

Aquel 4 de julio nació una república de propietarios que proclamaba la libertad mientras mantenía la esclavitud; hablaba de derechos naturales mientras empujaba a los pueblos originarios hacia el exterminio y el despojo; invocaba la igualdad mientras levantaba nuevas fronteras raciales, sociales y migratorias.

La conquista del oeste, el genocidio indígena, la esclavitud, la segregación, el racismo estructural y el nativismo forman parte fundamental de la arquitectura de construcción del Estado estadounidense. Pero precisamente por eso, también desde el principio surgió una impugnación a ese estado de cosas profundamente desigual: la de quienes, desde abajo, disputaron el significado mismo del país que estaba en construcción.

Esa impugnación tuvo muchas formas, y una de las más profundas fue la organización de la clase trabajadora. La industrialización vertiginosa del siglo XIX levantó fábricas, ferrocarriles, minas, puertos y grandes ciudades sobre masas obreras formadas por trabajadores nativos, población negra liberada e inmigrantes llegados de Europa, Asia y América Latina. Desde finales de aquel siglo, esa clase empezó a organizarse en sindicatos, periódicos, sociedades de ayuda mutua y partidos.

A finales del siglo XIX la afiliación sindical superaba los dos millones de miembros. El Primero de Mayo tiene su raíz en esa historia: la lucha por la jornada de ocho horas, la represión y la ejecución de las mártires de Chicago convirtieron una batalla estadounidense en una fecha universal del movimiento obrero. De esa matriz surgieron figuras esenciales como Eugene V. Debs, que llevó el socialismo a las campañas presidenciales y a las huelgas, o la anarquista Emma Goldman, encarcelada y deportada tras denunciar la conscripción obligatoria y la guerra.

Otro factor que determinó aquella historia fue el triunfo de la Revolución rusa y la creación del primer Estado de obreros y campesinos. John Reed, comunista nacido en Portland, relató la Revolución de Octubre en ‘Diez días que estremecieron al mundo’.

Tras su muerte en Moscú, Reed fue enterrado en la muralla del Kremlin, un honor reservado a muy pocos extranjeros. Su vida llegó incluso a Hollywood con ‘Reds’, de Warren Beatty, película que obtuvo doce nominaciones a los Oscar en 1982 y llevó hasta la gala, según se ha contado muchas veces, los ecos de ‘La Internacional’.

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El encanto de las «nuevas» derechas latinoamericanas

Fuentes: Rebelión

Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda 

El surgimiento de las «nuevas» derechas en América Latina es un fenómeno de actualidad y ha motivado múltiples estudios por parte de diversos académicos de la región. El reciente libro The Far Right in Latin America (2026), editado por Cristóbal Rovira Kaltwasser, Carlos Meléndez, Talita Tanscheit y Lisa Zanotti, (//t.ly/EOiwQ), actualiza el tema y lo amplía tratando Argentina, Brasil, El Salvador, Chile, Perú, Uruguay, Colombia y México.

Históricamente se asocia “izquierda” y “derecha” a la Revolución Francesa (1789) y específicamente al lugar que ocupaban sus miembros en la Asamblea Constituyente. Pero durante el siglo XIX en América Latina esos términos no se usaron, ya que la vida política confrontó a liberales y conservadores, centralistas y federalistas, Iglesia y Estado, y “civilización” o “barbarie” (idea que popularizó Domingo Faustino Sarmiento). Fue con el avance del siglo XX cuando los primeros partidos socialistas y comunistas se asumieron como “izquierda”, ubicando a liberales y conservadores en la “derecha”. Sin embargo, los gobiernos de Juan Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Getúlio Vargas en Brasil provocaron un terremoto conceptual al no encajar en los términos izquierda y derecha, por lo cual se les caracterizó como “populistas”, un concepto que ha ocasionado grandes polémicas. Estos líderes no asumieron el criterio marxista de lucha de clases y plantearon la oposición pueblo-oligarquía, impulsando una fuerte intervención estatal en la economía y la ampliación de los derechos sociales y laborales.

Entre 1945 y 1980 se consolidó más claramente el sistema ideológico latinoamericano. La Guerra Fría y, sobre todo, la Revolución Cubana (1959), reconfiguraron las identidades políticas: la izquierda quedó asociada a proyectos revolucionarios, guerrillas y partidos marxistas, mientras que la derecha fue vinculada a la defensa del orden, la propiedad privada y el capitalismo. El marxismo definió los ejes culturales de las ciencias sociales y se extendió la izquierda social. Las derechas apoyaron a los regímenes militares anticomunistas como ocurrió en el Cono Sur. De modo que, al volver la democracia institucional, las derechas políticas no se identificaban todavía como tales, ante el desprestigio de su pasado. Y se amplió el espectro de los partidos de “centro”, una categoría inexacta, que no permite clarificar las definiciones políticas o clasistas de la multiplicidad de partidos y fuerzas sociales que suelen identificarse como tales.

A partir de los años ochenta y noventa se produjo un nuevo giro histórico. El colapso del modelo desarrollista y la crisis de la deuda impulsaron el ascenso del neoliberalismo, que posibilitó que las derechas (ante todo empresarios) se asumieran como tales, promoviendo privatizaciones, apertura económica, reducción del Estado y flexibilidad/precarización del trabajo. Las consecuencias sociales del neoliberalismo fueron desastrosas. Por eso, desde comienzos del siglo XXI, se produjo la “marea rosa” de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que cuestionaron la vía neoliberal, emprendieron economías sociales para el bienestar o buen vivir y se identificaron como nuevas izquierdas.

En esos contextos emergen las nuevas derechas latinoamericanas, estudiadas por una serie de investigadores, entre los que cabe nombrar a Pablo Stefanoni, Ariel Goldstein, Waldo Ansaldi, Enzo Traverso, Daniel Feierstein, Torcuato Di Tella, Norberto Bobbio y tantos otros estudiosos. Siguiendo sus propuestas, en términos generales, las nuevas derechas defienden la economía de mercado y libre empresa; pero mientras la derecha tradicional o convencional admite los principios de la democracia liberal, las extremas derechas (far right) la cuestionan, sin sujetarse a su institucionalidad, por lo cual exacerban la polarización social y agudizan el autoritarismo.

Las nuevas derechas no constituyen un bloque homogéneo, sino que presentan modelos de organización económica y política diferenciados. El caso de Javier Milei (Argentina) expresa un libertarismo radical de inspiración anarcocapitalista, que postula la reducción total del Estado y el fomento único de la empresa privada. Nayib Bukele (El Salvador) representa un modelo de capitalismo centralizado y autoritario, donde la seguridad pública legitima una concentración significativa del poder. En esa derecha radical también estarían Jair Bolsonaro (Brasil), José Antonio Kast (Chile), Keiko Fujimori (Perú) y Abelardo de la Espriella (Colombia). En República Dominicana Luis Abinader encarna la derecha convencional (en la que igualmente entrarían Santiago Peña en Paraguay y Rodrigo Paz en Bolivia), que sostiene un capitalismo tecnocrático e institucional, orientado a la estabilidad macroeconómica y la gestión eficiente.

Las bases sociales de estas nuevas derechas son igualmente heterogéneas. Sin duda incluyen al gran empresariado, pero también a sectores medios y segmentos populares movilizados por redes sociales, medios de comunicación tradicionales y hasta discursos religiosos neopentecostales como en Centroamérica y Brasil. La ideología del “emprendimiento” también acerca la idea de “libertad económica” a sectores populares, informales y subocupados, que creen lograr, con sus micronegocios, los pasos iniciales para alcanzar el soñado ascenso social. En forma paralela, el éxito del modelo de seguridad de Bukele ha convertido la gestión dura del orden público en una referencia regional en contextos de fuerte inseguridad. Se alimenta así la imagen de que la “mano dura” salvará a todos, sin importar la situación en la que quedan los derechos humanos y la democracia.

Aplicando los criterios a Ecuador, es difícil encajar a León Febres Cordero (1984-1988) en la derecha tradicional, porque se inclina más a la extrema derecha, sin llegar al nivel de Milei. De hecho, Osvaldo Hurtado retrató a ese gobierno en su libro La dictadura civil. Además, son académicos ecuatorianos los que han demostrado que es posible hablar de un cuarto “modelo” de nueva derecha latinoamericana: como reacción al “correísmo”, desde 2017 se edificó la segunda época plutocrática del país que ha derivado en un capitalismo oligárquico con hegemonía dinástica bajo el gobierno de Daniel Noboa, en el cual una élite económica y política consolida su poder, subordina instituciones estatales y articula la gobernabilidad con una relación íntima entre poder civil y militar, bajo el comando de las estrategias de seguridad de los Estados Unidos a través de los convenios militares de cooperación suscritos.

En todo caso, es generalizado que las nuevas derechas latinoamericanas se ofrecen como alternativas modernas, cuestionan a los líderes y partidos anteriores (la “casta” para Milei), asumen posturas críticas al manejo económico del pasado, libran una “lucha cultural” abierta contra las izquierdas (los “zurdos”), atacan al feminismo y los movimientos identitarios (la izquierda “woke”) e incluso la inmigración (Chile, Perú), reivindican al Occidente “judeocristiano”, la familia tradicional y la historia de las clases dominantes, al punto de reconocer a regímenes como el de Pinochet en Chile o el de Videla en Argentina. Desde el poder persiguen a los opositores, niegan la pluralidad política, criminalizan la protesta social y en la actualidad se subordinan a la Doctrina Donroe del Corolario Trump.

Las nuevas derechas desafían el futuro de América Latina al amenazar las democracias y polarizar la sociedad con el privilegio del poder en manos de élites que ya no están dispuestas a permitir el desarrollo de sistemas fundamentados en la equidad, la sujeción a los derechos sociales y laborales, la redistribución de la riqueza y la soberanía nacional. Libran una abierta lucha de clases contra sectores medios, trabajadores y organizaciones sociales y populares.

Historia y Presente – blog
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Bolivia: Abajo el estado de excepción

¡Abajo el estado de excepción!

¡Continuar y masificar la movilización campesina, obrera y popular!

¡Fuera Rodrigo Paz!

¡Por un gobierno encabezado por las organizaciones en lucha!

Declaración del Partido de los Trabajadores

El 19 de junio se cumplieron 50 días de una valerosa y masiva movilización nacional, campesina, obrera y popular, que mediante el bloqueo de caminos logró paralizar gran parte del aparato productivo del país y arrinconar al gobierno derechista de Rodrigo Paz. Y la lucha continúa.

La traición de la dirigencia de la COB

En esa fecha, la dirección de la Central Obrera Boliviana (COB) traicionó la lucha al llegar a un acuerdo con el gobierno, sin consultar con las bases movilizadas, y en el cual solo se estipulan compromisos que Paz demostró que no cumple y la instalación de las mesas de trabajo, donde ni siquiera se dio garantías para la libertad y desprocesamiento de todos los compañeros y compañeras detenidos ilegalmente por el gobierno. Argollo, máximo dirigente de la COB, afirmó que llegaban a este acuerdo para evitar un estado de excepción y el derramamiento de sangre. Este acuerdo fue rápidamente rechazado y denunciado por la mayoría de puntos de bloqueos y las organizaciones campesinas y populares que los mantienen.

La traición. El saludo de Rodrigo Paz y Argollo, máximo dirigente de la COB, en la firma del acuerdo contra el pueblo boliviano

Estado de excepción

Sin embargo, una vez obtenida la capitulación de la dirigencia de la COB y a pocas horas de firmado el acuerdo, Rodrigo Paz y su gabinete, de la forma más vil y traicionera, decreta el estado de excepción, burlándose del acuerdo con la COB y apuntando a una brutal represión contra el pueblo trabajador que sigue movilizado. Esto demuestra una vez más que en un gobierno patronal no se puede confiar.

Seis meses de ajuste antipopular

Este constante actuar embustero y farsante de Rodrigo Paz, es una de las razones que llevó a que el pueblo trabajador boliviano se levante a exigir su renuncia a solo 6 meses de iniciado su mandato. Pues mientras prometía bonos, créditos y mejorar la situación económica popular, en los hechos aplica una política de ajuste antipopular que se destaca por el gasolinazo luego del cual vendió gasolina basura (de pésima calidad); subida indiscriminada de precios; endeudamiento récord; congelamiento salarial; decretos y leyes represivas; ley de usurpación de tierras a las comunidades campesinas e indígenas; proyecto de ley para generalizar la precarización laboral; y una política orientada a la privatización y la entrega de los recursos naturales, entre otras medidas. Mientras que, por el otro lado, aumentó los salarios para los funcionarios del Estado, eliminó el impuesto a las grandes fortunas y en general dio una serie de beneficios a los grandes empresarios y las transnacionales en el país.

¿Qué hacer?

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Trump perdió la guerra, se firmó el acuerdo con Irán

Por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina, y de la UIT-CI

18 de junio de 2026. Trump ha anunciado al mundo que finalmente se firmó el “memorándum de acuerdo” con Irán para terminar la guerra iniciada el 28 de febrero. Luego de haberlo anunciado 39 veces sin que se cumpliera, el miércoles 17 se concretó.

En un acto simbólico realizado en el palacio de Versalles, Francia, y que contó con la presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, el encargado de firmar el pacto por el lado de Estados Unidos fue Trump. Por su parte, el primer Ministro de Irán, Masud Pezeshkián lo suscribió en nombre de Irán mediante una firma electrónica.

El acuerdo de 14 puntos establece un “cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. También contempla la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en un plazo de 60 días, al mismo tiempo empezará la siguiente fase de negociación. La mitad de ese monto debería liberarse antes del inicio de las conversaciones.

El memorándum incluye la suspensión de las sanciones sobre la venta de petróleo iraní, de productos petroquímicos y sus derivados y el levantamiento del bloqueo naval impuesto por EE.UU. De parte de Irán debe abrir el estrecho de Ormuz, aunque trascendió que estará bajo su control. La cuestión nuclear se seguirá discutiendo.

El acuerdo es una derrota política y militar para EE.UU.

Aunque Trump ha querido presentar este acuerdo “de paz” como un triunfo personal y de los EE.UU. se trata de lo opuesto.

Trump inició esta guerra de agresión, junto con el estado genocida de Israel, el 28/2 anunciando que en pocas semanas estaba terminada, con el fin del régimen iraní, con la destrucción de sus fuerzas armadas, sus misiles y su energía nuclear. Trump llegó a amenazar a Irán con el “fin de su civilización” y que volverían a la «Edad de Piedra» si no se rendían y abrían el ya famoso estrecho de Ormuz. Puso como fecha límite el 7 de abril. Irán se mantuvo firme y ninguna de las amenazas del presidente estadounidense se cumplieron. El estrecho de Ormuz nunca se abrió y, desde entonces, el mandatario yanqui no se atrevió a un tirar un solo cañonazo sobre territorio iraní. Y, más de dos meses después, el mismo Trump tiene que firmar un acuerdo con Irán que, todo indica, no le es favorable.

Esta definición de derrota política y militar no las decimos solo nosotros, desde la UIT-CI y como izquierda trotskista. La dijo nada más y nada menos que el The New York Times, uno de los principales, sino el más importante, diario capitalista de los EE.UU. En su edición del 16 de junio de 2026 titulo, en una nota firmada por su Comité Editorial, “El presidente Trump perdió esta guerra”. Vale la pena reproducir su descripción del significado de esa derrota de Trump:

“Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico en los próximos años (…) Es una humillante degradación para él y para el país que dirige. Desde que empezó la guerra, dijo que Estados Unidos lograría una ‘victoria total y completa’ y que Irán debía aceptar una ‘rendición incondicional’. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría ‘ningún enriquecimiento’ de uranio y que ‘Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar’ que ya posee y que está bajo tierra. Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de Irán sigue en el poder”.

Tres son las razones que explican esta nueva derrota del imperialismo yanqui: 1) la inesperada dura resistencia que ofreció Irán, 2) la guerra de agresión provocó un salto en la crisis de la economía capitalista mundial ante el cierre del estrecho de Ormuz y 3) hubo un masivo rechazo popular a la guerra en los EE.UU. incluso en la base republicana. El rechazo llegó a  más del 60 por ciento en las encuestas de opinión. Solo el 27 por ciento la apoyaba. En marzo hubo marchas en más de 3 mil ciudades de los EE.UU, que llegaron a 8 millones de personas en las calles con las consignas “No kings (No reyes) y No a la guerra. Decimos nueva derrota política y militar porque la última fue la retirada militar de Afganistán, en 2022, luego de 20 años de fallida ocupación del país.

El rechazo de Israel y la crisis del sionismo pone todo en duda

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Bolivia. Organizaciones continúan protestas y exigen renuncia del presidente Rodrigo Paz

La Central Obrera Boliviana rechaza la instalación de un diálogo con el Gobierno y mantiene más de 80 bloqueos de carreteras en Bolivia para exigir la dimisión inmediata del mandatario Rodrigo Paz.

Las organizaciones nucleadas en la Central Obrera Boliviana (COB), junto a movimientos sociales y campesinos, continúan este lunes 1 de junio las protestas y bloqueos en diferentes regiones de Bolivia contra las medidas neoliberales del Gobierno de Rodrigo Paz, tras decidir en la víspera el rechazo unánime a la convocatoria de diálogo del Ejecutivo, durante un encuentro ampliado nacional.

Como respaldo a la medida, una multitudinaria marcha de trabajadores recorrió 25 kilómetros desde la ciudad de El Alto hasta las inmediaciones de la plaza Murillo, sede de los poderes públicos en La Paz, para exigir la renuncia de Paz y manifestar su rechazo al intento de restaurar el Estado neocolonial.

Las organizaciones obreras denuncian una campaña de persecución judicial, evidenciada en la orden de aprehensión vigente contra su principal dirigente, Mario Argollo, la cual el Poder Judicial evitó suspender.

Por este motivo, las organizaciones populares sostienen 80 puntos de bloqueos en seis de los nueve departamentos del país, con mayor concentración en Cochabamba, donde existen 32 cortes de ruta, y 19 en La Paz, según datos de la Administradora Boliviana de Carreteras.

La paralización del transporte terrestre genera un severo desabastecimiento de alimentos y el incremento de precios en La Paz y El Alto. Asimismo, la falta de gasolina por seis días consecutivos provocó protestas de cientos de conductores que realizaban filas de hasta cuatro días, quienes obstaculizaron el tránsito de forma independiente para demandar el suministro inmediato de combustibles.

La tensión social, que supera los 30 días, se agudiza tras la anulación, por parte de la Asamblea Legislativa controlada en un 93% por la derecha, de la ley que limita la declaratoria del estado de excepción. Esta paso dejó al Ejecutivo con la vía libre para incorporar a las FF.AA. a la represión de la protesta social ante la resistencia de la Central Obrera Boliviana y demás gremios, organizaciones y movimientos sociales movilizados.

Diálogo roto y la defensa del Gobierno

​Los esfuerzos de mediación llevados a cabo de forma conjunta por la Iglesia católica, la Vicepresidencia del Estado y el Defensor del Pueblo se encuentran estancados.

Desde la Defensoría del Pueblo se emitió una alerta manifestando que el lenguaje de confrontación, amenazas e insultos empleado por diversos voceros gubernamentales está dinamitando cualquier opción de acercamiento con la dirigencia obrera y del transporte.

​Mientras las principales urbes del país sufren la carencia severa de alimentos, combustibles e insumos médicos esenciales en los centros de salud públicos, la Administración de Rodrigo Paz defendió la validez de sus medidas antipopulares.

Desde el Ejecutivo señalaron que los mecanismos de excepción constitucional constituyen el último recurso democrático para preservar el orden interno, argumentando que las mesas de negociación con los sectores en conflicto se encuentran totalmente agotadas ante la intransigencia de las demandas políticas de los manifestantes.

Fuente: teleSUR

kaosenlared.net/bolivia-organizaciones-continuan-protestas-y-exigen-renuncia-del-presidente-rodrigo-paz/

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Grandes empresas tecnológicas, objetivo militar legítimo

Fuentes: Rebelión

Por Renán Vega Cantor

La “era de la información” viene acompañada de sofismas que de tanto repetirse constituyen un nuevo sentido común, que gran parte de los seres humanos han interiorizado y consideran axiomas irrefutables. Algunos de esos sofismas han quedado hecho añicos por la guerra asimétrica de Irán contra los agresores del imperialismo [Estados Unidos] y del sionismo [Israel]. El mundo virtual y digital había llegado acompañado de una aura de neutralidad y de servicio desinteresado a la humanidad, como clara expresión del fetichismo de la tecnología. Hoy, de la manera menos impensada, la guerra contra Irán ha trastocado algunas de las falacias del mundo digital.

Lo virtual existe al margen, y no depende, de lo material

Un punto de partida que justifica la “sociedad digital” sostiene que para el funcionamiento del capitalismo lo prioritario es la información (algo inmaterial) y cada vez tiene menos importancia lo material. Habríamos entrado en una nueva fase de la historia en donde los bienes naturales (minerales, agua, biodiversidad, bosques…) estarían siendo irreversiblemente sustituidos por la información, llegando a sostener que esta es más importante que el petróleo.

En marzo, Irán atacó la sede de datos de Amazon en Israel y en Bahréin y, en forma inmediata, se detuvo el funcionamiento de la nube en parte del territorio de esos países. Esto hecho demostró que lo virtual funciona con materia energía y agua, sin cuyo elevado suministro la nube no puede operar. Ahí quedó en evidencia que la nube no es algo etéreo, sino que se aloja en grandes edificios y servidores, que son infraestructura física, construida con elementos vulgarmente materiales. Eso significa que cualquier artefacto digital, un celular, por ejemplo, no puede funcionar sin grandes dosis de materia y energía, así eso no sea evidente de ninguna manera, porque cunde el sofisma que la electricidad es inmaterial como si además no procediera de infraestructura hecha de materiales que la generan. 

Los conglomerados digitales hacen parte de la “sociedad civil”

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La guerra contra Irán NO es por las armas nucleares

Fuentes: Rebelión

Por Algernon Austin 

«Lo único que importa cuando hablo acerca de Irán es que no pueden tener armas nucleares», (Donald Trump)

Al parecer, el Gobierno de Trump ha decidido que la justificación de que Irán tiene armas nucleares para emprender la guerra es la más atractiva para el público, especialmente para su base republicana. Pero es importante recordar que este Gobierno ha esgrimido al menos una docena de razones diferentes para iniciar una guerra con Irán.

La revista Atlantic ha documentado diez de estas afirmaciones: (1) detener una amenaza inminente sobre las tropas estadounidenses, (2) impedir que Irán tenga armas nucleares, (3) impedir que Irán use terroristas por intermediación para desestabilizar Asia Occidental, (4) liberar al pueblo iraní, (5) impedir que Irán interfiera en las elecciones estadounidenses, (6) lograr la paz mundial, (7) hacer que el mundo sea seguro para los niños y nietos estadounidenses, (8) evitar que el régimen iraní asesine a Donald Trump, (9) lograr la segunda venida de Jesucristo, y (10) porque Israel estaba a punto de atacar a Irán.

La administración ha añadido más: (11) para proteger al pueblo estadounidense de los misiles de largo alcance de Irán y (12) para destruir la armada iraní. Como Irán cerró el estrecho de Ormuz en respuesta a los ataques, se puede añadir la razón (13): para reabrir el estrecho de Ormuz. Dado que al comienzo de la guerra las armas nucleares eran solo una de la docena de cuestiones que supuestamente importaban, no hay razón para aceptar que fueran la única o incluso la principal causa de la guerra. Y, por supuesto, vale la pena señalar que no hay ninguna prueba de que Irán tenga armas nucleares.

Sin embargo, el otro problema para el Gobierno estadounidense es que tituló de la siguiente manera un comunicado de prensa en junio de 2025: «Las instalaciones nucleares de Irán han sido destruidas y cualquier sugerencia que indique lo contrario son noticias falsas». Así que el año pasado este Gobierno afirmó que el programa nuclear de Irán había retrocedido años; este año Trump declaró que a Irán le faltaban dos semanas para desarrollar un dispositivo nuclear. Por supuesto, ambas cosas no pueden ser ciertas, pero es posible que ambas sean falsas.

Trump ha hablado de liberar al pueblo iraní y específicamente pidió la liberación de ocho mujeres iraníes condenadas a muerte en el país, pero el Gobierno estadounidense tampoco ha asumido oficialmente la responsabilidad del bombardeo de una escuela iraní para niñas. A pesar de las fuertes pruebas de que el causante fue un misil estadounidense, Trump continua diciendo que fue Irán o algún otro país. Trump amenazó con acabar con la civilización iraní, lo que habría constituido un crimen de guerra y un genocidio (la amenaza misma puede ser un crimen de guerra). Estas declaraciones contradictorias resultan incompatibles con la postura de alguien que dice realmente preocuparse por el pueblo de Irán.

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Barcelona, ¿salida del laberinto para el progresismo?

Por Aram Aharonian

Hoy, en medio de una ofensiva a fondo –intelectual, mediática, militar-  de la derecha más reaccionaria y dependiente, el progresismo (una parte de la izquierda) intenta salir su laberinto, rediseñando su discurso y sus formas de acción, cuando el espacio político fue ocupado por las fuerzas conservadoras, la economía consumista.

El progresismo se fue opacando en Latinoamérica, mérito de gobernantes que no  lograron (o ni siquiera lo intentaron) realizar cambios en beneficio de las grandes mayorías.  A uno y otro lado del Atlántico, ultraderechistas libertarios -émulos de Donald Trump- ocupan cada vez más posiciones de poder desde las cuales empujan una agenda de barbarie, odio y prevalencia de la fuerza imperial sobre la razón popular. 

En América Latina, el  auge de la ultraderecha calca los patrones de las dictaduras impuestas o patrocinadas por Washington durante la guerra fría: sumisión indisimulada a la Casa Blanca, entrega de los recursos naturales a los dueños de capitales extranjeros, establecimiento de estados policíacos con el pretexto de la seguridad, persecución de la disidencia, desmantelamiento sistemático de derechos sociales y remplazo efectivo de las democracias (por muy imperfectas que fueran) con oligarquías excluyentes y aporofóbicas, señala el diario mexicano La Jornada.  

Sea por convicción ideológica o por oportunismo electoral, las derechas tradicionales han depuesto las máscaras y renunciado al liberalismo formal para mimetizarse con las fuerzas neofascistas del trumpismo.


Hoy, tras medio siglo de neoliberalismo –con los algunos interregnos progresistas-  los medios hegemónicos han instalado un sentido común que estigmatiza como “populista” o “radical” cualquier intento de hacer valer la provisión del acceso a la atención médica, a la educación, a la vivienda o al trabajo digno, cercenando las libertades para dedicar sus esfuerzos y poderío a  la libre circulación de los capitales y reprimir la protesta contra las injusticias sociales generadas por el modelo económico.

El progresismo hoy se manifiesta en la lucha contra la ultraderecha. Encuentros como la Global Progressive Mobilisation en Barcelona reúnen a líderes progresistas de 40 países para abogar por la paz, la igualdad y la protección de los derechos humanos, en un espacio para discutir y debatir –entre ellos- los desafíos comunes y para unir fuerzas en defensa de la democracia y la justicia social.

En Barcelona, los oradores coincidieron en la necesidad de regularizar la tecnología, establecer un impuesto a los superricos, materializar la transición hacia energías limpias y renovar el funcionamiento de Naciones Unidas. Sin estar siquiera presente, Trump fue el protagonista de la cumbre progresista. Pocos se atrevieron a mencionarlo por su nombre, las críticas a la guerra en Irán y el respaldo al multilateralismo surgieron como una antítesis de sus políticas.

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Los indicadores financieros ocultan el peligro que amenaza a la economía real

Fuentes: CTXT [Imagen: Guerra, estrecho de Ormuz, comercio mundial / Pedripol ]

Por Juan Torres López 

Si la guerra continúa y no se pone fin al bloqueo de Ormuz, la cuerda que sostiene a la economía global no se va a romper por el lado de las finanzas, sino por el de la economía real

En la historia económica reciente se produce reiteradamente un mismo fenómeno: quienes marcan las directrices de la política económica reaccionan tarde o con error. No porque sean incompetentes, sino porque actúan con sesgos ideológicos, utilizan modelos equivocados y se fijan en indicadores equivocados.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la crisis del Golfo Pérsico y entender por qué ocurre es crucial para percibir el daño que se está acumulando mientras se mira a otro lado.

Dos fuentes de error

A mi juicio, hay dos causas que explican la ceguera con que se enfrentan a los problemas económicos quienes diseñan y orientan la política económica.

La primera tiene que ver con los modelos económicos que utilizan. Como acaba de mostrar Steve Keen para el caso que nos ocupa, no incorporan con realismo el efecto que tienen los choques energéticos sobre la producción y eso les lleva a subestimar las consecuencias que tienen sobre la economía real.

Es una limitación muy grave y merece un análisis propio, pero no la voy a abordar en este artículo.

Aquí voy a explicar una segunda causa de ceguera y error: leer la realidad tomando excesivamente en consideración los indicadores financieros. Unos indicadores que generalmente producen (por las razones que voy a explicar enseguida) una imagen de la situación sistemáticamente más tranquilizadora que la que realmente existe. 

Una metáfora para entendernos

Imaginemos que se produce un accidente que bloquea el acceso de bienes y servicios a nuestro pueblo o ciudad y que sólo se dispone del 40 % de los que habitualmente consumen las viviendas y empresas. Los vecinos tratarán de aprovisionarse, racionarán su consumo, los bienes escasearán y es muy posible que muchas tiendas y empresas paralicen su actividad.

El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo

Imaginemos que, para saber cuál es la situación real en la que nos encontramos y tomar medidas, en lugar de fijarnos en las cantidades y en los precios del momento presente, miramos un tablero en donde aparecen los que se espera que tengan los bienes dentro de tres meses, cuando nos dicen los técnicos que ya se habrá arreglado el problema y recuperado el acceso. 

Eso es exactamente lo que está ocurriendo con el Estrecho de Ormuz. El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo. Sin embargo, los mercados financieros –el tablero donde nos dicen que miremos– fijan precios no en función de la gravedad de lo que ocurre ahora, sino considerando que el problema es manejable y temporal.

Un ejemplo simple y claro para que lo entiendas: el 13 de abril, el precio del crudo físico (el que se podía comprar en nuestro pueblo tras el bloqueo en la metáfora que acabo de poner) era de 132,74 dólares por barril. El precio del contrato de futuros para junio (el que los mercados pensaban que tendría en ese mes) era de 99,36. Una divergencia que refleja expectativas de una muy rápida normalización.

Qué es el Estrecho de Ormuz y qué está pasando allí

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Ultimátum de Trump, ¿para quién?

Fuentes: La Jornada – Humor gráfico: Hernández

Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso.

Vence el ultimátum que el presidente Donald Trump dio a Irán para que permita la libre circulación de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz o sea enviado “a la Edad de Piedra, a donde pertenece”. El magnate reiteró su amenaza ayer con un mensaje tan propio de él como impropio de las autodenominadas democracias liberales: “se agota el tiempo y quedan 48 horas para que se desate el infierno sobre ellos. ¡Gloria a Dios!”, expresó en la red social de su propiedad.

Pese al ruido y la furia de la Casa Blanca, nada indica que Teherán se plantee ceder: hasta ahora, la república islámica ha mostrado una voluntad inquebrantable de resistir las embestidas, y es muy difícil que cambie de parecer cuando acaba de propinarle a su adversario el golpe simbólico de derribar dos aviones de guerra apenas dos días después de que Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmaran haber obtenido “el control total de los cielos” en Medio Oriente. El presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, no dejó pasar la oportunidad para mofarse de Trump al ironizar que “tras vencer a Irán 37 veces seguidas, esta brillante guerra sin estrategia que ellos mismos iniciaron ha pasado de ser un simple ‘cambio de régimen’ a un ‘¡Oye! ¿Alguien puede encontrar a nuestros pilotos? ¿Por favor?’ ¡Vaya!”

Conforme pasan los días y el mundo constata que Estados Unidos carece de ideas y recursos para forzar la reapertura del estratégico paso marítimo, las partes interesadas parecen aceptar la nueva normalidad en que Teherán establece las condiciones de circulación para los buques que movilizan una quinta parte de las exportaciones globales de petróleo y gas natural, además de un volumen fundamental de fertilizantes. En efecto, más allá de los sentimientos que gobiernos y empresas tengan hacia la revolución islámica, en estos momentos arreglarse con los iraníes parece la opción pragmática a fin de destrabar los flujos comerciales, e incluso se está asentando cierta resignación acerca de que las revisiones y “peajes” instaurados por Irán permanecerán tras el fin del conflicto armado, puesto que le otorgan a Irán la doble ventaja de prevenir nuevas agresiones y captar capitales muy bienvenidos en una economía herida por las sanciones ilegales de Washington y sus aliados.

Junto al prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, Trump es el primer responsable de la postura iraní. Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso. También suena hueco el llamado a negociar cuando continúan sin pausa los atentados contra sus líderes. Y no se puede llamar a Teherán a rendirse por el bien de los civiles si antes de que se desate “el infierno” ya fueron destruidos o dañados más de 100 mil edificios civiles, entre los que se encuentran 300 centros de salud, 30 universidades y 600 escuelas, incluida la primaria en la que fueron masacradas 169 niñas. Ayer mismo, la dupla Trump-Netanyahu cometió la irresponsabilidad máxima de atacar la planta nuclear de Bushehr, sobre la cual, debe remarcarse, no existe ningún indicio de actividad que rebase los fines legales y pacíficos.

El hecho es que la prisa no corre para las autoridades iraníes, sino para Trump, y que éste se metió a sí mismo en una situación en la que debe elegir entre alternativas indeseables. Si decide recortar sus pérdidas retirándose y aceptando el control iraní sobre Ormuz, habrá perdido toda credibilidad ante sus aliados de la región y deberá digerir una humillación política que no podrá borrar con ninguna bravuconada retórica. Si destruye la industria petrolera iraní para doblegar a Teherán, pasarán años antes de que se normalice el suministro del hidrocarburo y los precios vuelvan a niveles manejables, con lo que provocaría una crisis económica global. Si redobla su apuesta por la violencia e intenta apoderarse del petróleo persa, no sólo corre el riesgo de no conseguirlo, sino además, el de sufrir considerables bajas humanas en el proceso. Si bien es imposible esperar de Trump decisiones sensatas basadas en el bien común, cabe desear que sus cálculos egoístas de cara a las elecciones legislativas de medio término lo lleven a tomar el camino menos dañino.

Fuente: www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/05/editorial/trump-ultimatum-para-quien

rebelion.org/ultimatum-de-trump-para-quien/

06/04/26