Por Lucha Internacionalista, sección de la UIT-CI en el Estado Español
2/10/2026. El desahucio de Maricarmen en Madrid ha sido la gota que ha colmado el vaso. Ha hecho saltar la acampada de la Puerta del Sol en Madrid y se ha extendido por todo el Estado un clamor por la vivienda. Estamos hartas de los discursos reaccionarios de la derecha y del neoliberalismo, y de la vergonzosa respuesta de la izquierda parlamentaria. No aceptamos legitimar la especulación ni el derecho de los rentistas a extraer beneficio de nuestra fuerza de trabajo. No aceptamos que la vivienda sea una mercancía sujeta a las dinámicas salvajes del mercado inmobiliario. No aceptamos el discurso de la meritocracia ni la criminalización de quienes no pueden acceder a un alquiler o una hipoteca en condiciones.
Según el CGPJ, hace 10 años, el 50% de los desahucios era de alquileres, mientras que en 2025 fueron el 75%. Estos datos están ligados a la pérdida del poder adquisitivo de la clase trabajadora respecto al mercado inmobiliario. La realidad es que en 2000 una persona con contrato indefinido y sueldo medio podía acceder a una hipoteca con 31 años y pagarla en 20 años. En 2025, una persona en las mismas condiciones laborales compra una propiedad con 42 años y tarda 25 años en pagarla. El argumento meritocrático cae por sí solo. Y cae con mayor fuerza cuando se conoce que en el 2025, el 35% de viviendas se pagaron al contado. ¿Cuántas personas, por muchas horas que trabajen, y por mucho que ahorren, pueden pagar al contado un piso? Estos pisos pagados al contado son adquisiciones de grandes propietarios y fondos de inversión, que ahogan a la clase trabajadora con la complicidad del “gobierno más progresista de la historia”.
El Estado trabaja al servicio del capital, ejerciendo una violencia institucional estructural sobre la clase trabajadora, y el Gobierno «más progresista de la historia» es cómplice de ello. Reprime mediante los cuerpos policiales a quienes defienden el derecho a la vivienda, como en el desahucio de Maricarmen en Madrid. Avala un poder judicial que ejecuta desahucios incluso con protocolos antisuicidio activados, que acaban teniendo consecuencias fatales como el suicidio de Olga o el de Javier, vecinas de L’Hospitalet. Y mantiene un poder legislativo que lleva siete años protegiendo la acumulación de riqueza de una minoría a costa nuestra.
El Gobierno de Pedro Sánchez, ni con Sumar ni con Podemos, no ha puesto freno a la precarización de la clase trabajadora. La ayuda del bono de alquiler joven o la bonificación del IRPF a los rentistas son una transferencia descarada de dinero público a manos privadas. La abstención del PSOE hace dos semanas en la ley para prohibir la compra de pisos por parte de fondos buitre continúa permitiendo la acumulación de viviendas en manos especuladoras. Asimismo, haber dejado fuera de la Ley de Vivienda de 2019 (LAU 2019) los alquileres de temporada o por habitaciones permite que esas mismas manos rentabilicen salvajemente hasta el último metro cuadrado.
Otro ejemplo claro es el traspaso de las 40.000 viviendas de la SAREB a Casa 47, la nueva empresa pública estatal que ha sustituido a SEPES. Un modelo que pretende ofrecer vivienda asequible pero que excluye a personas con rentas inferiores a dos veces el IPREM, distribuye los pisos mediante sorteo y externaliza su gestión a servicers y fondos de inversión. Además, durante este traspaso continúan los desahucios y el acoso inmobiliario, en lugar de regularizar la situación de las familias que ya viven allí, tal como exige el movimiento por la vivienda.
Por Ezequiel Peressini – Dirigente de Izquierda Socialista y coordinador de la Flotilla Global Sumud Argentina
2/10/2026. Desde la jornada de lucha realizada el 29 de septiembre, Francia se incendia en masivas movilizaciones. Trabajadores públicos y estudiantes han ganado las calles en protestas que no paran de crecer. El verano ha terminado, con el retorno a los puestos de trabajo y de estudio, la bronca contra el alza de los precios y el amenazante recorte del gasto público que el gobierno prepara ha catalizado la indignación transformándola en grandes acciones que sacuden varias ciudades y expresan la unidad de trabajadores y estudiantes en lucha.
El martes 29, las organizaciones de trabajadores públicos convocaron a una huelga nacional con movilizaciones. Más 300.000 personas se movilizaron en París y varias ciudades del país. Los reclamos convocantes eran claros, el rechazo a la pérdida del poder adquisitivo del salario, la falta de personal en los establecimientos públicos, el congelamiento de la indexación por inflación de las jubilaciones y pensiones y el amenazante arancelamiento de algunos sectores educativos.
Los días siguientes las movilizaciones continuaron creciendo con acciones de los cuerpos de bomberos y la gran participación de las y los estudiantes secundarios y universitarios. El día jueves primero de octubre, los bloqueos y acciones de lucha en las puertas de los Lycées (centros de estudios para jóvenes de entre 15 y 18 años) convocaron a miles de estudiantes junto a la Unión de Estudiantes Secundarios. Con la radicalidad característica de la juventud francesa, expresaron sus reclamos y el hartazgo de extensas jornadas de 10 horas, la falta de profesores, la pésima infraestructura educativa que golpea con el calor del verano y el frío del invierno. En la jornada del día martes 29 algo más de 300 establecimientos realizaron acciones de bloqueos, para el jueves 1 de octubre, más de mil establecimientos de los 3.700 existentes se sumaron a las acciones. En los campus de 30 universidades también se realizaron importantes acciones contra el recorte y en defensa de la educación pública.
La respuesta del gobierno de Macron fue la misma de siempre: reprimir, encarcelar y enjuiciar a las y los que luchan. La represión contra la jornada del primero de octubre fue brutal y dejó 2.000 personas detenidas, 1.900 se encuentran bajo custodia, de los cuales el 90% son menores de edad. Demostrando los Lycées son un epicentro de la lucha y en 50 de esos establecimientos hubo duros enfrentamientos con la policía que buscaba desalojarlos.
La represión del gobierno busca endurecerse. El ministro de justicia Gerald Darmanin se reunió con jueces y fiscales para garantizar una “respuesta penal firme” contra quienes se manifiesten y el ministro de educación cerró los liceos hasta controlar la situación. El gobierno responsabilizó a Le France Insumiza (LFI) de Melenchón y al conjunto de las organizaciones de izquierda de las movilizaciones y, la ultraderecha busca imponer sanciones contra las organizaciones de izquierda responsabilizándolas de los disturbios. Toda una pantomima conspirativa para esconder el verdadero motivo de las movilizaciones.
Fuentes: La Jornada – Imagen: Según las encuestas alrededor de un 60% de estadounidenses se opone a la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Por Luis Linares Zapata
Aun en el tiempo de sus horas altas, D. Trump no llegó a ser considerado un presidente de prestigio, ni tampoco eficaz, al frente del gobierno estadounidense. Menos aún como el líder internacional, «envidiable» entre los muchos del mundo. Aunque, ciertamente, prevaleció un fundado temor a sus exigencias y amenazas arancelarias. Tan pronto como se introdujo en la Casa Blanca empezaron a fluir, con desorden notable, sus aires de gran mandatario que nunca ha sido.
Él se ve a la altura de héroes consagrados, G. Washington o F. Roosevelt como ejemplos. Lo que sí apareció fue el inestable disruptor del orden establecido. No para modificarlo, en bien de la comunidad mundial y de su mismo país, sino para ser visto, y sobre todo apreciado, como un personaje descentrado, caprichoso y gandalla. Andando los días de su gestión aparecieron, en sucesión inevitable, una densa colección de sus defectos como persona y político. La imagen pública, encuestada, lo muestra en pronunciado descenso en su aceptación ciudadana. A tal punto, que apenas logra conservar puntuaciones cercanas a 30 por ciento.
Los juicios que recibe entre sus conciudadanos no son los que su mismo aprecio personal pudiera desear. La coalición –MAGA– que lo llevó a la presidencia, padece tensiones internas debido a sus inestables decisiones, deshonestidades y afrentas. La aureola que creyó continua y duradera, como resultado de la reciente captura del venezolano Nicolás Maduro, se esfumó tan pronto como llegó prisionero. La veloz extracción, sin baja alguna de sus enviados, la presumió y, todavía la usa, para amenazar a otras naciones, Cuba, como insignia de su gran poder.
El respeto que podría recabar, entre la comunidad internacional, se reduce a un grupo de mandatarios de poca o ninguna monta. (66 de ellos) Noboa en Ecuador o los de Honduras, El Salvador y similares, incluyendo a J. Milei de una Argentina angustiada y revuelta. Habrá que asentar, en su favor, los enormes ingresos derivados de los aranceles sin inflación significativa paralela. Hay, también, un flujo de inversiones que vuelven a instalarse en su territorio.
Pero el gran contraste que padece, continuamente, se refiere a la figura del chino Xi Jinping. Verlos juntos permite apreciar mejor la crudeza del contraste. La aureola de poder proyectado no le favorece del todo a pesar de presidir la potencia que fue y sigue siendo. Sus acciones y omisiones han logrado que, delante de sus pretensiones, se erija un verdadero contrabalance opositor. Los BRICS +, ahora son ese grupo de naciones que reclaman buena parte de la riqueza del mundo.
Y, por si fuera poco, la sólida unión y acuerdos que han logrado tanto Rusia como China, alargan una sombra militar de inmenso alcance actual. Todo esto se ha consolidado en relativamente poco tiempo. Mucho de lo cual se debe a los temores y trampas, continuas amenazas esparcidas sin cesar. La cotidiana colección de aranceles, impuestos a diestra y siniestra, no se detiene ante consideración alguna entre razones que la misma ley rebate. Los anuncia y cancela o reduce sin cesar, logrando desconcierto hasta para los propios encargados de administrarlos. No son pocos los que han sido rechazados por jueces, magistrados o legisladores. Todo este desbarajuste disminuye su muy reducido catálogo de logros.
La cercanía de las elecciones de medio tiempo es, sin duda, una pesadilla para Trump y para muchos de sus correligionarios republicanos. Para el resto del mundo, una acariciada esperanza y oportunidad. Varios de sus militantes padecen creciente nerviosismo ante la posibilidad de perder sus curules, alcaldías o gubernaturas. De materializarse el ya notorio conjunto de pérdidas supuestas, Trump quedará mermado en sus facultades para decidir tal y como lo ha hecho hasta este día. Pero algo de lo descrito palidece si se sitúa frente a dos consideraciones de validez (tragedias) humana. La complicidad real con Israel en el genocidio palestino y la feroz acometida contra Cuba que, para un creciente número de observadores, raya en otro efectivo genocidio. La ciudadanía estadunidense transita, de una fingida ignorancia a indiferencia ilegítima, acerca de esta doble culpabilidad social y de valores.
Finalmente, su reclamada corona de vencedor ha quedado mancillada por la inconclusa guerra contra Irán que, para no pocos observadores, ha perdido. El ataque combinado con Israel los ha llevado a infligir, al mundo, elevados costos de energía, no previstos, al bloquear el estrecho de Ormuz. Los objetivos planteados por la invasión conjunta no se cumplieron. Las negociaciones son lastradas por la adicional vulnerabilidad de otro vital estrecho, afectado por los hutíes, aliados de Irán. Todo un problema, de magnitud considerable que hoy es el constante dolor de cabeza del gobierno republicano. Lanzar la repentina cruzada contra las izquierdas mundiales terminará por radicalizar las tensiones internas sin compensación ni lucro político a la vista.
Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
23/7/2026. El jueves 16 de julio, en la sede del Departamento de Estado en Washington D.C., se llevó a cabo la “Cumbre anti izquierda” que reunió a representantes de gobiernos y organizaciones políticas de 66 países. El objetivo, según los convocantes, es establecer una cooperación internacional de inteligencia, la coordinación entre policías y acciones dirigidas a cortar el financiamiento de las organizaciones de izquierda que el gobierno de EEUU considere involucradas en actividades terroristas.
Al frente de la convocatoria, y dirigiendo la cumbre, se encontraban altos funcionarios del gobierno de EEUU, partiendo por el Secretario de Estado Marco Rubio, junto a Stephen Miller (principal asesor de Trump), y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, entre otros, demostrando la gran importancia que Trump dio a este encuentro.
Entre los asistentes había representantes de ministerios de relaciones exteriores, embajadores, y funcionarios de alto nivel operativo y técnico. Representaban a países de Europa, Asia y América. Israel fue el único país de Medio Oriente presente. Entre estos países estaban España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Chile o Uruguay, entre otros.
Los objetivos delineados por el gobierno estadounidense
Esta cumbre, antecedida por la declaración de Antifa (forma genérica de referenciar el antifascismo) como “organización terrorista” en septiembre de 2025, se inscribe en una política represiva de Trump, quien recientemente firmó la orden ejecutiva de Seguridad Nacional Número Siete, una disposición de emergencia que apunta contra la izquierda y el movimiento anarquista, con el objetivo de autorizar el uso de recursos del Estado yanqui para el combate contra organizaciones de izquierda a las que declara como terroristas.
En los últimos meses, Washington ha designado como organizaciones terroristas extranjeras a cuatro grupos europeos: Antifa Ost, Informal Anarchist Federation/International Revolutionary Front, Armed Proletarian Justice y Revolutionary Class Self-Defense. La inclusión de estas en las listas FTO (Organización Terrorista Extranjera) y SDGT (Terrorista Global Especialmente Designado) activa un protocolo de persecución global que implica bloqueo de activos, prohibición de apoyo material y denegación de visados.
Trump avanzó en esta línea dentro de EEUU, cuando a propósito del asesinato de Charlie Kirk, anunció la criminalización del antifascismo en su propia red Truth Social: “Me complace informar a nuestros numerosos patriotas estadounidenses que designo a Antifa, un desastre enfermo, peligroso y de izquierda radical, como una gran organización terrorista”.
El principal orador de la cumbre, Marco Rubio, declaró: “Pueden llamarse anti capitalistas o anti imperialistas, comunistas, o anarquistas, o marxistas, pero el carácter fundamental es siempre el mismo”. Por su parte, Stephen Miller, el ultraderechista asesor de Trump tras la criminal política anti inmigrantes, habló de la necesidad de combatir el “cáncer mortal de la civilización” y de que “el mayor riesgo que tenemos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y demasiado cobardes como para poder defenderse de una amenaza mortal”.
Adicionalmente, el 20 de julio, el Departamento de Estado emitió un informe titulado “Cuba: La capital del comunismo en el siglo XXI”, en el que presenta al gobierno cubano como promotor de la “subversión” izquierdista en Estados Unidos y elabora listas de activistas de solidaridad con Palestina, defensores de derechos humanos y activistas de izquierda como supuestos agentes del régimen cubano, apuntando a su criminalización y a crear condiciones políticas para una agresión militar contra Cuba similar a la de enero de este año contra Venezuela.
Macartismo 2.0 para criminalizar la resistencia contra Trump y la ultraderecha
La frase «Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», resume la obsesión del poder en EEUU: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país.
«Puedes ser comunista o puedes ser patriota. No puedes ser ambas cosas», sentenció Trump en los festejos por los 250 años de independencia de EEUU. La frase resume una vieja obsesión del poder estadounidense: convertir cualquier impugnación al capitalismo en una amenaza ajena al país. Pero, ante esa afirmación, conviene hacerse una pregunta casi cinematográfica: ¿qué nació exactamente un 4 de julio?
Aquel 4 de julio nació una república de propietarios que proclamaba la libertad mientras mantenía la esclavitud; hablaba de derechos naturales mientras empujaba a los pueblos originarios hacia el exterminio y el despojo; invocaba la igualdad mientras levantaba nuevas fronteras raciales, sociales y migratorias.
La conquista del oeste, el genocidio indígena, la esclavitud, la segregación, el racismo estructural y el nativismo forman parte fundamental de la arquitectura de construcción del Estado estadounidense. Pero precisamente por eso, también desde el principio surgió una impugnación a ese estado de cosas profundamente desigual: la de quienes, desde abajo, disputaron el significado mismo del país que estaba en construcción.
Esa impugnación tuvo muchas formas, y una de las más profundas fue la organización de la clase trabajadora. La industrialización vertiginosa del siglo XIX levantó fábricas, ferrocarriles, minas, puertos y grandes ciudades sobre masas obreras formadas por trabajadores nativos, población negra liberada e inmigrantes llegados de Europa, Asia y América Latina. Desde finales de aquel siglo, esa clase empezó a organizarse en sindicatos, periódicos, sociedades de ayuda mutua y partidos.
A finales del siglo XIX la afiliación sindical superaba los dos millones de miembros. El Primero de Mayo tiene su raíz en esa historia: la lucha por la jornada de ocho horas, la represión y la ejecución de las mártires de Chicago convirtieron una batalla estadounidense en una fecha universal del movimiento obrero. De esa matriz surgieron figuras esenciales como Eugene V. Debs, que llevó el socialismo a las campañas presidenciales y a las huelgas, o la anarquista Emma Goldman, encarcelada y deportada tras denunciar la conscripción obligatoria y la guerra.
Otro factor que determinó aquella historia fue el triunfo de la Revolución rusa y la creación del primer Estado de obreros y campesinos. John Reed, comunista nacido en Portland, relató la Revolución de Octubre en ‘Diez días que estremecieron al mundo’.
Tras su muerte en Moscú, Reed fue enterrado en la muralla del Kremlin, un honor reservado a muy pocos extranjeros. Su vida llegó incluso a Hollywood con ‘Reds’, de Warren Beatty, película que obtuvo doce nominaciones a los Oscar en 1982 y llevó hasta la gala, según se ha contado muchas veces, los ecos de ‘La Internacional’.
El surgimiento de las «nuevas» derechas en América Latina es un fenómeno de actualidad y ha motivado múltiples estudios por parte de diversos académicos de la región. El reciente libro The Far Right in Latin America (2026), editado por Cristóbal Rovira Kaltwasser, Carlos Meléndez, Talita Tanscheit y Lisa Zanotti, (//t.ly/EOiwQ), actualiza el tema y lo amplía tratando Argentina, Brasil, El Salvador, Chile, Perú, Uruguay, Colombia y México.
Históricamente se asocia “izquierda” y “derecha” a la Revolución Francesa (1789) y específicamente al lugar que ocupaban sus miembros en la Asamblea Constituyente. Pero durante el siglo XIX en América Latina esos términos no se usaron, ya que la vida política confrontó a liberales y conservadores, centralistas y federalistas, Iglesia y Estado, y “civilización” o “barbarie” (idea que popularizó Domingo Faustino Sarmiento). Fue con el avance del siglo XX cuando los primeros partidos socialistas y comunistas se asumieron como “izquierda”, ubicando a liberales y conservadores en la “derecha”. Sin embargo, los gobiernos de Juan Domingo Perón en Argentina, Lázaro Cárdenas en México y Getúlio Vargas en Brasil provocaron un terremoto conceptual al no encajar en los términos izquierda y derecha, por lo cual se les caracterizó como “populistas”, un concepto que ha ocasionado grandes polémicas. Estos líderes no asumieron el criterio marxista de lucha de clases y plantearon la oposición pueblo-oligarquía, impulsando una fuerte intervención estatal en la economía y la ampliación de los derechos sociales y laborales.
Entre 1945 y 1980 se consolidó más claramente el sistema ideológico latinoamericano. La Guerra Fría y, sobre todo, la Revolución Cubana (1959), reconfiguraron las identidades políticas: la izquierda quedó asociada a proyectos revolucionarios, guerrillas y partidos marxistas, mientras que la derecha fue vinculada a la defensa del orden, la propiedad privada y el capitalismo. El marxismo definió los ejes culturales de las ciencias sociales y se extendió la izquierda social. Las derechas apoyaron a los regímenes militares anticomunistas como ocurrió en el Cono Sur. De modo que, al volver la democracia institucional, las derechas políticas no se identificaban todavía como tales, ante el desprestigio de su pasado. Y se amplió el espectro de los partidos de “centro”, una categoría inexacta, que no permite clarificar las definiciones políticas o clasistas de la multiplicidad de partidos y fuerzas sociales que suelen identificarse como tales.
A partir de los años ochenta y noventa se produjo un nuevo giro histórico. El colapso del modelo desarrollista y la crisis de la deuda impulsaron el ascenso del neoliberalismo, que posibilitó que las derechas (ante todo empresarios) se asumieran como tales, promoviendo privatizaciones, apertura económica, reducción del Estado y flexibilidad/precarización del trabajo. Las consecuencias sociales del neoliberalismo fueron desastrosas. Por eso, desde comienzos del siglo XXI, se produjo la “marea rosa” de los gobiernos progresistas latinoamericanos, que cuestionaron la vía neoliberal, emprendieron economías sociales para el bienestar o buen vivir y se identificaron como nuevas izquierdas.
En esos contextos emergen las nuevas derechas latinoamericanas, estudiadas por una serie de investigadores, entre los que cabe nombrar a Pablo Stefanoni, Ariel Goldstein, Waldo Ansaldi, Enzo Traverso, Daniel Feierstein, Torcuato Di Tella, Norberto Bobbio y tantos otros estudiosos. Siguiendo sus propuestas, en términos generales, las nuevas derechas defienden la economía de mercado y libre empresa; pero mientras la derecha tradicional o convencional admite los principios de la democracia liberal, las extremas derechas (far right) la cuestionan, sin sujetarse a su institucionalidad, por lo cual exacerban la polarización social y agudizan el autoritarismo.
Las nuevas derechas no constituyen un bloque homogéneo, sino que presentan modelos de organización económica y política diferenciados. El caso de Javier Milei (Argentina) expresa un libertarismo radical de inspiración anarcocapitalista, que postula la reducción total del Estado y el fomento único de la empresa privada. Nayib Bukele (El Salvador) representa un modelo de capitalismo centralizado y autoritario, donde la seguridad pública legitima una concentración significativa del poder. En esa derecha radical también estarían Jair Bolsonaro (Brasil), José Antonio Kast (Chile), Keiko Fujimori (Perú) y Abelardo de la Espriella (Colombia). En República Dominicana Luis Abinader encarna la derecha convencional (en la que igualmente entrarían Santiago Peña en Paraguay y Rodrigo Paz en Bolivia), que sostiene un capitalismo tecnocrático e institucional, orientado a la estabilidad macroeconómica y la gestión eficiente.
Las bases sociales de estas nuevas derechas son igualmente heterogéneas. Sin duda incluyen al gran empresariado, pero también a sectores medios y segmentos populares movilizados por redes sociales, medios de comunicación tradicionales y hasta discursos religiosos neopentecostales como en Centroamérica y Brasil. La ideología del “emprendimiento” también acerca la idea de “libertad económica” a sectores populares, informales y subocupados, que creen lograr, con sus micronegocios, los pasos iniciales para alcanzar el soñado ascenso social. En forma paralela, el éxito del modelo de seguridad de Bukele ha convertido la gestión dura del orden público en una referencia regional en contextos de fuerte inseguridad. Se alimenta así la imagen de que la “mano dura” salvará a todos, sin importar la situación en la que quedan los derechos humanos y la democracia.
Aplicando los criterios a Ecuador, es difícil encajar a León Febres Cordero (1984-1988) en la derecha tradicional, porque se inclina más a la extrema derecha, sin llegar al nivel de Milei. De hecho, Osvaldo Hurtado retrató a ese gobierno en su libro La dictadura civil. Además, son académicos ecuatorianos los que han demostrado que es posible hablar de un cuarto “modelo” de nueva derecha latinoamericana: como reacción al “correísmo”, desde 2017 se edificó la segunda época plutocrática del país que ha derivado en un capitalismo oligárquico con hegemonía dinástica bajo el gobierno de Daniel Noboa, en el cual una élite económica y política consolida su poder, subordina instituciones estatales y articula la gobernabilidad con una relación íntima entre poder civil y militar, bajo el comando de las estrategias de seguridad de los Estados Unidos a través de los convenios militares de cooperación suscritos.
En todo caso, es generalizado que las nuevas derechas latinoamericanas se ofrecen como alternativas modernas, cuestionan a los líderes y partidos anteriores (la “casta” para Milei), asumen posturas críticas al manejo económico del pasado, libran una “lucha cultural” abierta contra las izquierdas (los “zurdos”), atacan al feminismo y los movimientos identitarios (la izquierda “woke”) e incluso la inmigración (Chile, Perú), reivindican al Occidente “judeocristiano”, la familia tradicional y la historia de las clases dominantes, al punto de reconocer a regímenes como el de Pinochet en Chile o el de Videla en Argentina. Desde el poder persiguen a los opositores, niegan la pluralidad política, criminalizan la protesta social y en la actualidad se subordinan a la Doctrina Donroe del Corolario Trump.
Las nuevas derechas desafían el futuro de América Latina al amenazar las democracias y polarizar la sociedad con el privilegio del poder en manos de élites que ya no están dispuestas a permitir el desarrollo de sistemas fundamentados en la equidad, la sujeción a los derechos sociales y laborales, la redistribución de la riqueza y la soberanía nacional. Libran una abierta lucha de clases contra sectores medios, trabajadores y organizaciones sociales y populares.
Historia y Presente – blog www.historiaypresente.com
¡Continuar y masificar la movilización campesina, obrera y popular!
¡Fuera Rodrigo Paz!
¡Por un gobierno encabezado por las organizaciones en lucha!
Declaración del Partido de los Trabajadores
El 19 de junio se cumplieron 50 días de una valerosa y masiva movilización nacional, campesina, obrera y popular, que mediante el bloqueo de caminos logró paralizar gran parte del aparato productivo del país y arrinconar al gobierno derechista de Rodrigo Paz. Y la lucha continúa.
La traición de la dirigencia de la COB
En esa fecha, la dirección de la Central Obrera Boliviana (COB) traicionó la lucha al llegar a un acuerdo con el gobierno, sin consultar con las bases movilizadas, y en el cual solo se estipulan compromisos que Paz demostró que no cumple y la instalación de las mesas de trabajo, donde ni siquiera se dio garantías para la libertad y desprocesamiento de todos los compañeros y compañeras detenidos ilegalmente por el gobierno. Argollo, máximo dirigente de la COB, afirmó que llegaban a este acuerdo para evitar un estado de excepción y el derramamiento de sangre. Este acuerdo fue rápidamente rechazado y denunciado por la mayoría de puntos de bloqueos y las organizaciones campesinas y populares que los mantienen.
La traición. El saludo de Rodrigo Paz y Argollo, máximo dirigente de la COB, en la firma del acuerdo contra el pueblo boliviano
Estado de excepción
Sin embargo, una vez obtenida la capitulación de la dirigencia de la COB y a pocas horas de firmado el acuerdo, Rodrigo Paz y su gabinete, de la forma más vil y traicionera, decreta el estado de excepción, burlándose del acuerdo con la COB y apuntando a una brutal represión contra el pueblo trabajador que sigue movilizado. Esto demuestra una vez más que en un gobierno patronal no se puede confiar.
Seis meses de ajuste antipopular
Este constante actuar embustero y farsante de Rodrigo Paz, es una de las razones que llevó a que el pueblo trabajador boliviano se levante a exigir su renuncia a solo 6 meses de iniciado su mandato. Pues mientras prometía bonos, créditos y mejorar la situación económica popular, en los hechos aplica una política de ajuste antipopular que se destaca por el gasolinazo luego del cual vendió gasolina basura (de pésima calidad); subida indiscriminada de precios; endeudamiento récord; congelamiento salarial; decretos y leyes represivas; ley de usurpación de tierras a las comunidades campesinas e indígenas; proyecto de ley para generalizar la precarización laboral; y una política orientada a la privatización y la entrega de los recursos naturales, entre otras medidas. Mientras que, por el otro lado, aumentó los salarios para los funcionarios del Estado, eliminó el impuesto a las grandes fortunas y en general dio una serie de beneficios a los grandes empresarios y las transnacionales en el país.
Por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina, y de la UIT-CI
18 de junio de 2026. Trump ha anunciado al mundo que finalmente se firmó el “memorándum de acuerdo” con Irán para terminar la guerra iniciada el 28 de febrero. Luego de haberlo anunciado 39 veces sin que se cumpliera, el miércoles 17 se concretó.
En un acto simbólico realizado en el palacio de Versalles, Francia, y que contó con la presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, el encargado de firmar el pacto por el lado de Estados Unidos fue Trump. Por su parte, el primer Ministro de Irán, Masud Pezeshkián lo suscribió en nombre de Irán mediante una firma electrónica.
El acuerdo de 14 puntos establece un “cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. También contempla la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en un plazo de 60 días, al mismo tiempo empezará la siguiente fase de negociación. La mitad de ese monto debería liberarse antes del inicio de las conversaciones.
El memorándum incluye la suspensión de las sanciones sobre la venta de petróleo iraní, de productos petroquímicos y sus derivados y el levantamiento del bloqueo naval impuesto por EE.UU. De parte de Irán debe abrir el estrecho de Ormuz, aunque trascendió que estará bajo su control. La cuestión nuclear se seguirá discutiendo.
El acuerdo es una derrota política y militar para EE.UU.
Aunque Trump ha querido presentar este acuerdo “de paz” como un triunfo personal y de los EE.UU. se trata de lo opuesto.
Trump inició esta guerra de agresión, junto con el estado genocida de Israel, el 28/2 anunciando que en pocas semanas estaba terminada, con el fin del régimen iraní, con la destrucción de sus fuerzas armadas, sus misiles y su energía nuclear. Trump llegó a amenazar a Irán con el “fin de su civilización” y que volverían a la «Edad de Piedra» si no se rendían y abrían el ya famoso estrecho de Ormuz. Puso como fecha límite el 7 de abril. Irán se mantuvo firme y ninguna de las amenazas del presidente estadounidense se cumplieron. El estrecho de Ormuz nunca se abrió y, desde entonces, el mandatario yanqui no se atrevió a un tirar un solo cañonazo sobre territorio iraní. Y, más de dos meses después, el mismo Trump tiene que firmar un acuerdo con Irán que, todo indica, no le es favorable.
Esta definición de derrota política y militar no las decimos solo nosotros, desde la UIT-CI y como izquierda trotskista. La dijo nada más y nada menos que el The New York Times, uno de los principales, sino el más importante, diario capitalista de los EE.UU. En su edición del 16 de junio de 2026 titulo, en una nota firmada por su Comité Editorial, “El presidente Trump perdió esta guerra”. Vale la pena reproducir su descripción del significado de esa derrota de Trump:
“Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico en los próximos años (…) Es una humillante degradación para él y para el país que dirige. Desde que empezó la guerra, dijo que Estados Unidos lograría una ‘victoria total y completa’ y que Irán debía aceptar una ‘rendición incondicional’. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría ‘ningún enriquecimiento’ de uranio y que ‘Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar’ que ya posee y que está bajo tierra. Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de Irán sigue en el poder”.
Tres son las razones que explican esta nueva derrota del imperialismo yanqui: 1) la inesperada dura resistencia que ofreció Irán, 2) la guerra de agresión provocó un salto en la crisis de la economía capitalista mundial ante el cierre del estrecho de Ormuz y 3) hubo un masivo rechazo popular a la guerra en los EE.UU. incluso en la base republicana. El rechazo llegó a más del 60 por ciento en las encuestas de opinión. Solo el 27 por ciento la apoyaba. En marzo hubo marchas en más de 3 mil ciudades de los EE.UU, que llegaron a 8 millones de personas en las calles con las consignas “No kings (No reyes) y No a la guerra. Decimos nueva derrota política y militar porque la última fue la retirada militar de Afganistán, en 2022, luego de 20 años de fallida ocupación del país.
El rechazo de Israel y la crisis del sionismo pone todo en duda
La Central Obrera Boliviana rechaza la instalación de un diálogo con el Gobierno y mantiene más de 80 bloqueos de carreteras en Bolivia para exigir la dimisión inmediata del mandatario Rodrigo Paz.
Las organizaciones nucleadas en la Central Obrera Boliviana (COB), junto a movimientos sociales y campesinos, continúan este lunes 1 de junio las protestasy bloqueos en diferentes regiones de Bolivia contra las medidas neoliberalesdel Gobierno de Rodrigo Paz, tras decidir en la víspera el rechazo unánime a la convocatoria de diálogo del Ejecutivo, durante un encuentro ampliado nacional.
Como respaldo a la medida, una multitudinaria marcha de trabajadores recorrió 25 kilómetros desde la ciudad de El Alto hasta las inmediaciones de la plaza Murillo, sede de los poderes públicos en La Paz, para exigir la renuncia de Paz y manifestar su rechazo al intento de restaurar el Estado neocolonial.
Las organizaciones obreras denuncian una campaña de persecución judicial, evidenciada en la orden de aprehensión vigente contra su principal dirigente, Mario Argollo, la cual el Poder Judicial evitó suspender.
Por este motivo, las organizaciones populares sostienen 80 puntos de bloqueos en seis de los nueve departamentos del país, con mayor concentración en Cochabamba, donde existen 32 cortes de ruta, y 19 en La Paz, según datos de la Administradora Boliviana de Carreteras.
La paralización del transporte terrestre genera un severo desabastecimiento de alimentos y el incremento de precios en La Paz y El Alto. Asimismo, la falta de gasolina por seis días consecutivos provocó protestas de cientos de conductores que realizaban filas de hasta cuatro días, quienes obstaculizaron el tránsito de forma independiente para demandar el suministro inmediato de combustibles.
La tensión social, que supera los 30 días, se agudiza tras la anulación, por parte de la Asamblea Legislativa controlada en un 93% por la derecha, de la ley que limita la declaratoria del estado de excepción. Esta paso dejó al Ejecutivo con la vía libre para incorporar a las FF.AA. a la represión de la protesta social ante la resistencia de la Central Obrera Boliviana y demás gremios, organizaciones y movimientos sociales movilizados.
Diálogo roto y la defensa del Gobierno
Los esfuerzos de mediación llevados a cabo de forma conjunta por la Iglesia católica, la Vicepresidencia del Estado y el Defensor del Pueblo se encuentran estancados.
Desde la Defensoría del Pueblo se emitió una alerta manifestando que el lenguaje de confrontación, amenazas e insultos empleado por diversos voceros gubernamentales está dinamitando cualquier opción de acercamiento con la dirigencia obrera y del transporte.
Mientras las principales urbes del país sufren la carencia severa de alimentos, combustibles e insumos médicos esenciales en los centros de salud públicos, la Administración de Rodrigo Paz defendió la validez de sus medidas antipopulares.
Desde el Ejecutivo señalaron que los mecanismos de excepción constitucional constituyen el último recurso democrático para preservar el orden interno, argumentando que las mesas de negociación con los sectores en conflicto se encuentran totalmente agotadas ante la intransigencia de las demandas políticas de los manifestantes.
La “era de la información” viene acompañada de sofismas que de tanto repetirse constituyen un nuevo sentido común, que gran parte de los seres humanos han interiorizado y consideran axiomas irrefutables. Algunos de esos sofismas han quedado hecho añicos por la guerra asimétrica de Irán contra los agresores del imperialismo [Estados Unidos] y del sionismo [Israel]. El mundo virtual y digital había llegado acompañado de una aura de neutralidad y de servicio desinteresado a la humanidad, como clara expresión del fetichismo de la tecnología. Hoy, de la manera menos impensada, la guerra contra Irán ha trastocado algunas de las falacias del mundo digital.
Lo virtual existe al margen, y no depende, de lo material
Un punto de partida que justifica la “sociedad digital” sostiene que para el funcionamiento del capitalismo lo prioritario es la información (algo inmaterial) y cada vez tiene menos importancia lo material. Habríamos entrado en una nueva fase de la historia en donde los bienes naturales (minerales, agua, biodiversidad, bosques…) estarían siendo irreversiblemente sustituidos por la información, llegando a sostener que esta es más importante que el petróleo.
En marzo, Irán atacó la sede de datos de Amazon en Israel y en Bahréin y, en forma inmediata, se detuvo el funcionamiento de la nube en parte del territorio de esos países. Esto hecho demostró que lo virtual funciona con materia energía y agua, sin cuyo elevado suministro la nube no puede operar. Ahí quedó en evidencia que la nube no es algo etéreo, sino que se aloja en grandes edificios y servidores, que son infraestructura física, construida con elementos vulgarmente materiales. Eso significa que cualquier artefacto digital, un celular, por ejemplo, no puede funcionar sin grandes dosis de materia y energía, así eso no sea evidente de ninguna manera, porque cunde el sofisma que la electricidad es inmaterial como si además no procediera de infraestructura hecha de materiales que la generan.
Los conglomerados digitales hacen parte de la “sociedad civil”