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 Dos paros generales y ninguna ley


El paro del 9 mostró que la clase trabajadora está de pie y cuando se la convoca a luchar responde de manera contundente. Esto va a contramano de lo que dice Cristina Kirchner, de que “la gente agacha la cabeza” ante lo que está ocurriendo.

Fue un parazo a pesar de la bronca contra la burocracia sindical ligada al peronismo, la campaña de que se trataba de un “paro político” o el miedo a los descuentos. Un gran paro que contó incluso con la adhesión de votantes de Milei. En la marcha universitaria participaron jóvenes que votaron al gobierno y en la asamblea del ferrocarril Sarmiento se vio a quienes lo vinieron apoyando anotarse en primera fila para defender su salario, sus puestos de trabajo y cuestionar la privatización.

El paro fue en repudio al brutal ajuste. El plan Milei es recesión más inflación. La pequeña baja del índice de precios en abril es a costa de la caída exponencial del consumo, los ingresos populares y la actividad económica. La construcción cayó 42% en marzo y la industria un 21%. Esto se ve en el crecimiento de los despidos, no solo de los 12.000 estatales sino de los 100 mil en la construcción, entre otros registros. Las perspectivas para los meses próximos se agravarán. El PBI caerá 3,5% en 2024. La recaudación se fue a pique, el gobierno hizo crecer la deuda externa en dólares, el FMI aplaude el ajuste pero no pone los billetes verdes para levantar el prometido Cepo que se posterga sin fecha, mientras se sigue pagando una deuda fraudulenta y se redobla el saqueo extractivista.
Todo esto genera un gran malestar no solo en el pueblo trabajador y pequeños comercios, sino en sectores patronales medios. Las pequeñas Pymes se oponen a la reforma laboral porque dicen que el problema radica en que no venden nada. La pérdida salarial y jubilatoria es sideral. Cada vez más trabajadores registrados caen bajo la línea de pobreza. La canasta de indigencia ascendió a 385.000 pesos y la de pobreza a 850.000, aumentó de nuevo el boleto de trenes, el subte se va a 574 pesos y el peso de la boleta de la luz, por ejemplo, es el más alto en treinta años.

El gobierno acusó el cimbronazo. Milei lo quiso desvirtuar diciendo “el paro fue un fracaso”. Patricia Bullrich jugó al ridículo subiéndose a un colectivo vacío de pasajeros. El lenguaraz vocero presidencial, Manuel Adorni, quedó en falsa escuadra cuando le preguntaron sobre la propuesta de 36 horas que reclama el “Pollo” Sobrero. Postales de un gobierno desconcertado, que se mueve por las redes, donde el 80% considera que la situación económica es mala.

Lejos quedaron las fotos del gabinete saludando desde el balcón de la Casa Rosada a una supuesta multitud en Plaza de Mayo. La película es otra. El plan motosierra empuja cada vez más sectores a la lucha. Por eso los paros generales y las movilizaciones multitudinarias ya tienen números y letras que quedarán en el calendario de la protesta social con el 24E, el 8M del movimiento de mujeres, el masivo 24M, el extraordinario 23A y el contundente paro del 9M desde aquel 20 de diciembre en que el sindicalismo combativo y la izquierda ganamos el primer round a la motosierra y al protocolo represivo de la gendarme Patricia Bullrich haciendo el acto por el Argentinazo en Plaza de Mayo.

Crisis con la Ley Bases y el famoso pacto del 25 de Mayo

Ante el ascenso obrero y popular el gobierno postergó para más adelante parte de los tarifazos; tuvo que ponerle un techo a las prepagas y se sentó a dialogar con los rectores. Pero los problemas se siguen agravando.

Con la oposición patronal de los Pichetto, los radicales y PRO, el gobierno logró la media sanción de la Ley Bases en Diputados. Un “respiro precario” en vistas al deteriorado pacto colonial del 25 de Mayo, fecha del cual el gobierno ahora puso en dudas porque se le volvió a complicar en el Senado.

“Bartolo, me llevo una desilusión bárbara, pensé que iba a tener dictamen”, le dijo lamentándose un senador libertario de Formosa al presidente provisional del Senado días atrás. El Secretario de Energía, cuando fue a exponer, reconoció que desconocía un artículo de la Ley Bases (“no lo leí” dijo). El “tratamiento express” les fracasó.

Hay cuestionamientos al impuesto al salario, a artículos de la reforma laboral, a algunas privatizaciones (pasaron de cuarenta y uno a once), al blanqueo de capitales que permitirá la repatriación de fondos que podrían venir del narcotráfico y el lavado de dinero, y especialmente se cuestiona, hasta por la UIA, los inéditos premios fiscales, impositivos y aduaneros para las multinacionales y grupos de inversión a través del Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones (RIGI), política que va en desmedro de pequeños empresarios, siempre con la mentira de que de esta forma “vendrían capitales que nos sacarán de la crisis”, augurando una luz al final del túnel que nunca llegará.

La Ley Bases, si bien se puede aprobar, seguro volverá con cambios y más menguada a Diputados, empañando “la fiesta patria libertaria” del 25 de Mayo. Las negociaciones son frenéticas. Entre estas idas y venidas se puede volver a colar el malhumor social ya que, a medida que se fueron conociendo los términos nocivos de la nueva Ley, ha crecido el sentimiento de que el día en que se trate en el Senado hay que ir masivamente a repudiarla, exigiendo a la CGT que convoque a marchar.

Milei dice que en caso de nuevos traspiés esperará que le vaya mejor en las elecciones del año que viene para poder avanzar “con las reformas estructurales”, evidenciando los problemas que tiene. Dicen que todo esto lo procesa en largas tertulias íntimas que se dan los domingos a las 20 horas en la Quinta de Olivos, escuchando Ópera y teniendo largas charlas con el devaluado economista Juan Carlos De Pablo, caminatas con la cuestionada ministra Petovello y su hermana, “el Jefe”, Karina Milei, y con almuerzos semanales con otro ultraderechista como lo es Espert. Un séquito cada vez más reducido, donde Karina, por ejemplo, se la vio presidiendo una reunión de gabinete la semana pasada. Ante el continuo desgaste gubernamental se habla de un cambio de gabinete próximamente. El FMI sigue preocupado por “la gobernabilidad”, lo mismo los grandes grupos económicos, los Pichetto y los radicales. Por eso le aconsejan al gobierno que haga buena letra, menos redes y la titular del FMI, Kristalina Georgieva, volvió a manifestar su “preocupación por los más vulnerables”. Tienen terror de que se siga echando más leña al fuego ante un pueblo trabajador que viene dando enormes batallas.

El rol del peronismo y la salida de fondo que postula la izquierda