
Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Interncional
Declaración conjunta de Propuesta Socialista (Panamá), Movimiento al Socialismo (México), Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores (República Dominicana), Unidad de Izquierda Revolucionaria (Colombia) y Partido Socialismo y Libertad (Venezuela), secciones de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
El gobierno ultraderechista de Donald Trump ha desplegado una descomunal fuerza militar en el Caribe y el Pacífico: más de diez mil soldados, buques de guerra, submarinos, helicópteros y bombarderos estratégicos, sumando el portaviones USS Gerald Ford. Este despliegue, el mayor desde la invasión de Panamá en 1989, utiliza a Panamá y Puerto Rico como centros de operaciones y logística, y lo justifican con el pretexto de la “lucha contra el narcotráfico”. En realidad, forma parte de una contraofensiva imperialista que ya ha dejado decenas de víctimas con bombardeos extrajudiciales en aguas internacionales frente a Venezuela, Colombia, República Dominicana y México, y que se constituye en una nueva amenaza imperialista contra los pueblos del Caribe y América Latina.
Esta acción bélica en el Caribe y el Pacífico es parte de una política global del imperialismo estadounidense que busca revertir su crisis de dominación, que es parte de la crisis global del capitalismo imperialista, y reimponer su control global frente al avance de otras potencias. Estados Unidos está sumido en una profunda crisis de dominación, con expresiones en el orden político, económico y militar. Desde la derrota en Vietnam no se han podido recuperar, y esta situación se ha agravado con la salida apresurada de Afganistán, después de 20 años de ocupación de ese país.
La política de Trump intenta intensificar el saqueo de las semicolonias, la imposición de acuerdos unilaterales y la represión de cualquier disidencia. De ahí su guerra de aranceles, su política migratoria racista, los ataques a los derechos de las mujeres y disidencias, e incluso las amenazas de apropiarse del Canal de Panamá, que resultó en la entrega de la soberanía por parte del presidente José Raúl Mulino, con la firma del llamado Acuerdo de Entendimiento con Estados Unidos, que no sólo restablece las bases militares, también el paso expedito por el Canal y la exoneración del pago de peaje a los buques de guerra estadounidenses y sus auxiliares, peaje que tendrán que pagar los panameños y panameñas.
A inicios de su gobierno, Trump manifestó su intención de anexarse Groenlandia, colonia danesa donde el movimiento independentista es mayoritario, en una clara ofensiva sobre la Unión Europea, o incluso convertir a Canadá en su “estado 51”. Bravuconadas que no puede concretar.
Por otra parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, delineó en una entrevista de febrero de este año el repliegue táctico yanqui al reconocer en febrero que EEUU no era la única potencia imperialista y que debía priorizar los asuntos de los que se ocupa, incluso refiriéndose a la realidad actual como un “mundo multipolar”, a diferencia de la “unipolaridad” post-Guerra fría. Ese es el marco del recrudecimiento de su ofensiva hemisférica, que abarca la militarización del Caribe, los bombardeos de embarcaciones civiles, las sanciones a Petro y otros funcionarios colombianos, la declaración del régimen venezolano como un “cartel del narcotráfico”, la aprobación de una fuerza de la ONU para la ocupación de Haití y las amenazas de bombardeo contra Venezuela y Colombia.
Es importante señalar que el gobierno de Claudia Sheinbaum en México, país que sufre la ofensiva trumpista, mantiene una política de “defensa de la soberanía” en el discurso, mientras cede casi incondicionalmente a las exigencias de Donald Trump, buscando un supuesto “trato preferencial” en su relación comercial con Estados Unidos, permitiendo con su silencio cómplice las agresiones a países que considera “hermanos”, como Cuba, Venezuela y Colombia.
Hay contradicciones en el seno del establishment imperialista. Senadores republicanos y demócratas han denunciado los bombardeos y las posibles operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela. Incluso en la extrema derecha trumpista hay críticas entre quienes llaman a concentrarse en la represión interna en vez de involucrarse en nuevas guerras. Asimismo, medios estadounidenses hablan de la inminencia de un ataque a Venezuela pero Trump lo desmiente, evidenciando la crisis y contradicciones en el seno del imperialismo.
Hasta el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, se vió obligado a declarar que los bombardeos en el Caribe son ilegales.