Al parecer, Venezuela se ha convertido en el primer país sometido a este imperialismo de los últimos tiempos, y representa un enfoque peligroso e ilegal del lugar de Estados Unidos en el mundo. Al proceder sin ningún atisbo de legitimidad internacional, autoridad legal válida o respaldo nacional, Trump se arriesga a dar una justificación a los autoritarios de China, Rusia y otros países que quieren dominar a sus propios vecinos. De forma más inmediata, amenaza con reproducir la arrogancia estadounidense que condujo a la invasión de Irak en 2003.
Como candidato presidencial, Trump parecía reconocer los problemas de la extralimitación militar. En 2016, fue el único político republicano que denunció la insensatez de la guerra de Irak del presidente George W. Bush. En 2024, dijo: “No voy a empezar una guerra. Voy a detener guerras”.
Ahora está abandonando este principio, y lo está haciendo de manera ilegal. La Constitución exige que el Congreso apruebe cualquier acto de guerra. Sí, los presidentes a menudo sobrepasan los límites de esta ley. Pero incluso Bush buscó y recibió el respaldo del Congreso para su invasión de Irak, y los presidentes desde Bush han justificado su uso de ataques con drones contra grupos terroristas y sus partidarios con una ley de 2001 que autorizó la acción tras los atentados del 11 de septiembre. Trump no tiene ni siquiera un pretexto de autoridad legal para validar sus ataques contra Venezuela.
Los debates del Congreso sobre la acción militar desempeñan un papel democrático crucial. Detienen el aventurerismo militar obligando al presidente a justificar sus planes de ataque ante la opinión pública y exigiendo a los miembros del Congreso que vinculen su propia credibilidad a esos planes. Durante años, tras la votación sobre la guerra de Irak, los demócratas que apoyaron a Bush, incluidos Hillary Clinton y John Kerry, pagaron un precio político, mientras que quienes criticaron la guerra, como Bernie Sanders y Barack Obama, llegaron a ser considerados proféticos.
En el caso de Venezuela, un debate en el Congreso pondría al descubierto la fragilidad de la lógica de Trump. Su gobierno ha justificado sus ataques contra las pequeñas embarcaciones alegando que suponen una amenaza inmediata para Estados Unidos. Pero un grupo variado de expertos jurídicos y militares han rechazado esta afirmación, y el sentido común también la refuta. Un intento de introducir drogas de contrabando en Estados Unidos —si es que, de hecho, todas las embarcaciones lo estaban haciendo— no es un intento de derrocar al gobierno o derrotar a su ejército.
Sospechamos que Trump se ha negado a solicitar la aprobación del Congreso para sus acciones, en parte porque sabe que incluso algunos republicanos del Congreso son profundamente escépticos sobre la dirección que está llevando a este país. Los senadores Rand Paul y Lisa Murkowski y los representantes Don Bacon y Thomas Massie —todos ellos republicanos— ya han respaldado legislaciones que limitarían las acciones militares de Trump contra Venezuela.
Un segundo argumento contra los ataques de Trump a Venezuela es que violan el derecho internacional. Al bombardear las pequeñas embarcaciones que Trump dice que trafican con drogas, ha matado a personas basándose en la mera sospecha de que han cometido un delito y no les ha dado ninguna oportunidad de defenderse. Las Convenios de Ginebra de 1949 y todos los principales tratados de derechos humanos posteriores prohíben este tipo de ejecuciones extrajudiciales. También lo hace la legislación estadounidense.
El gobierno parece haber matado a personas indefensas. En un ataque, la Marina realizó un segundo ataque contra una embarcación ya destruida, unos 40 minutos después del primer ataque, matando a dos marineros que se aferraban a los restos de la embarcación y no parecían representar ninguna amenaza. Como ha escrito nuestro colega David French, exabogado del ejército estadounidense: “Lo que separa la guerra del asesinato es la ley”.
Los argumentos jurídicos contra las acciones de Trump son los más importantes, pero también existe un argumento realista si se ve con analíticamente. No son del interés de la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo más parecido a una analogía alentadora es la invasión de Panamá por el presidente George H. W. Bush hace 36 años este mes, que expulsó del poder al dictador Manuel Noriega y ayudó a encaminar a Panamá hacia la democracia. Sin embargo, Venezuela es diferente en aspectos importantes. Panamá es un país mucho más pequeño, y fue un país en el que funcionarios y soldados estadounidenses habían operado durante décadas debido al canal de Panamá.
El potencial de caos en Venezuela parece mucho mayor. A pesar de la captura de Maduro, los generales que han apuntalado su régimen no desaparecerán de repente. Tampoco es probable que entreguen el poder a María Corina Machado, la figura de la oposición cuyo movimiento parece haber ganado las últimas elecciones del país y quien aceptó el Premio Nobel de la Paz el mes pasado.
Entre las posibles consecuencias negativas está la posibilidad de un aumento de la violencia por parte del grupo militar colombiano de izquierda ELN, que tiene un punto de apoyo en la zona occidental de Venezuela, o por parte de los grupos paramilitares conocidos como “colectivos” que han operado en la periferia del poder bajo la dictadura de Maduro. Nuevos disturbios en Venezuela podrían desestabilizar los mercados mundiales de la energía y los alimentos y empujar a más migrantes por todo el hemisferio.
Entonces, ¿cómo debe abordar Estados Unidos el continuo problema que significa Venezuela para la región y los intereses estadounidenses? Compartimos las esperanzas de los venezolanos desesperados, algunos de los cuales han defendido la intervención. Pero no hay respuestas fáciles. A estas alturas, el mundo debería comprender los riesgos de un cambio de régimen.
Mantendremos la esperanza de que la crisis actual acabe menos mal de lo que esperamos. Tememos que el resultado del aventurerismo de Trump se traduzca en un mayor sufrimiento para los venezolanos, un aumento de la inestabilidad regional y un daño duradero para los intereses de Estados Unidos en todo el mundo. Sabemos que el belicismo de Trump viola la ley.
www.nytimes.com/es/2026/01/03/espanol/opinion/trump-captura-maduro-venezuela.html
Una respuesta a «El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente»
Doctrina Monroe (1823)
La Doctrina Monroe fue articulada en el séptimo mensaje anual del presidente James Monroe al Congreso el 2 de diciembre de 1823. Las potencias europeas, según Monroe, estaban obligadas a respetar el hemisferio occidental como esfera de interés de los Estados Unidos.
El mensaje anual de 1823 del presidente James Monroe al Congreso contenía la Doctrina Monroe, que advertía a las potencias europeas de no interferir en los asuntos del hemisferio occidental.
Es comprensible que Estados Unidos siempre haya mostrado un interés particular por sus vecinos más cercanos: las naciones del hemisferio occidental. Igualmente comprensible es que las expresiones de esta preocupación no siempre hayan sido bien recibidas por otras naciones estadounidenses.
La Doctrina Monroe es la política estadounidense más conocida hacia el hemisferio occidental. Incluida en un mensaje anual rutinario dirigido al Congreso por el presidente James Monroe en diciembre de 1823, la doctrina advierte a las naciones europeas que Estados Unidos no toleraría más colonización ni monarcas títeres. La doctrina fue concebida para abordar las principales preocupaciones del momento, pero pronto se convirtió en un lema de la política estadounidense en el hemisferio occidental.
La Doctrina Monroe se invocó en 1865 cuando el gobierno estadounidense ejerció presión diplomática y militar en apoyo del presidente mexicano Benito Juárez. Este apoyo le permitió liderar una revuelta exitosa contra el emperador Maximiliano, quien había sido coronado por el gobierno francés.
Casi 40 años después, en 1904, los acreedores europeos de varios países latinoamericanos amenazaron con una intervención armada para cobrar deudas. El presidente Theodore Roosevelt proclamó de inmediato el derecho de Estados Unidos a ejercer un «poder de policía internacional» para frenar tales «infracciones crónicas», en su llamado Corolario Roosevelt (o extensión) de la Doctrina Monroe.
Si bien el mensaje de la Doctrina Monroe tenía como objetivo mantener a las potencias europeas fuera del hemisferio occidental, Roosevelt reforzó su significado para justificar el envío de Estados Unidos a otros países del hemisferio occidental. Como resultado, se enviaron marines estadounidenses a Santo Domingo en 1904, Nicaragua en 1911 y Haití en 1915, aparentemente para mantener a los europeos fuera. Otras naciones latinoamericanas vieron estas intervenciones con recelo, y las relaciones entre el «gran Coloso del Norte» y sus vecinos del sur se mantuvieron tensas durante muchos años.
En 1962, la Doctrina Monroe se invocó simbólicamente cuando la Unión Soviética comenzó a construir bases de lanzamiento de misiles en Cuba . Con el apoyo de la Organización de los Estados Americanos, el presidente John F. Kennedy decretó una cuarentena naval y aérea en la isla. Tras varios días de tensión, la Unión Soviética acordó retirar los misiles y desmantelar las bases. Posteriormente, Estados Unidos desmanteló varias de sus obsoletas bases aéreas y de misiles en Turquía.
https://www.archives.gov/milestone-documents/monroe-doctrine