En 1816, en medio de la lucha militar contra las tropas españolas y los choques políticos entre los distintos sectores criollos, comenzó a sesionar el Congreso de Tucumán. La situación no era nada fácil. Los patriotas estaban siendo derrotados en casi toda América del Sur, salvo en el Río de la Plata. Serían decisivas las gestas libertadoras de San Martín hacia Chile y el norte por la costa del Pacífico hasta Guayaquil, y la de Martín Miguel de Güemes y sus fuerzas guerrilleras en Salta y Jujuy.
La independencia política fue declarada finalmente el 9 de julio de 1816. San Martín presionó por ella desde Cuyo, donde preparaba el cruce de Los Andes: “¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quién en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo? Por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender, cuando estamos a pupilo? […] Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación. Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.3
Tras la declaración de la independencia, lamentablemente, en pocos años se frustró la oportunidad de lograr una América latina unida, como pretendían San Martín y Simón Bolívar. Fueron primando los intereses económicos de los sectores más ricos en cada una las regiones, que a través de importantes luchas intestinas se fueron adueñando del poder político. El Virreinato del Río de la Plata se fragmentó en cuatro países: Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay.
En la Argentina, los grandes estancieros, fundamentalmente de la provincia de Buenos Aires, se entronizaron como los dueños del país. Frustraron el desarrollo del mercado interno que permitiera un progreso armónico utilizando las grandes riquezas naturales disponibles. Una oligarquía riquísima fue depositando cada vez más sus expectativas de poder en sus relaciones con el imperialismo inglés. Finalmente, en la década de 1930, esa clase parasitaria transformó a la Argentina en una semicolonia directa. Luego, ante la decadencia británica, fueron los intereses imperialistas yanquis los que comenzaron a dominar el país desde los años cincuenta.4
La burguesía argentina con sus partidos patronales se fue transformado en la socia local y correa de transmisión de los intereses imperialistas. Hoy una segunda independencia solo la puede encabezar la clase trabajadora y los sectores populares. La segunda y definitiva independencia se va a lograr con un gobierno de las y de los trabajadores y una Argentina y Latinoamérica socialistas. Hace falta para ello una nueva conducción política que con un programa obrero y popular que lleve esta pelea hasta el final. De eso se trata. Es por lo que luchamos desde Izquierda Socialista en el FIT Unidad y nuestra organización internacional, la UIT-CI.
1. El Congreso tuvo la presencia de 33 diputados. Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe no participaron porque estaban enfrentadas con Buenos Aires y en ese entonces integraban la Liga de los Pueblos Libres junto con la Banda Oriental, bajo el mando de José Artigas.
2. “El Redactor del Congreso Nacional” Nº 6, 23 de septiembre de 1816, en Ravignani Emilio. Asambleas Constituyentes Argentinas, Tomo I, Buenos Aires, 1937. Disponible en la web.
3. Carta de San Martín al diputado Godoy Cruz de Mendoza en Ricardo Levene. El genio político de San Martín Editorial Kraft, Buenos Aires, 1950.
4. Ver Nahuel Moreno. Método de interpretación de la historia Argentina. (1965) Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2012. Disponible en nahuelmoreno.org
www.izquierdasocialista.org.ar/2020/index.php/blog/elsocialista/item/25176-9-de-julio-de-1816-la-declaracion-de-independencia
El Socialista 01/07/26
Una respuesta a «9 de julio de 1816 / La declaración de independencia»
Por la segunda y definitiva independencia
Escribe Federico Novo Foti
Pasaron ya 210 años de la histórica declaración independentista. Se logró gracias a un movimiento revolucionario y una heroica lucha continental que nos liberó del imperio español. Pero a lo largo de las décadas nuestro país perdió su carácter independiente, consolidándose como un país capitalista semicolonial, de los ingleses primero y de los yanquis después.
¿Qué quiere decir que Argentina es un país capitalista semicolonial? Que si bien el pueblo elige a los gobiernos de turno, seguimos atados mediante tratados económicos y políticos a un nuevo amo: el imperialismo yanqui, sus multinacionales y bancos. Por eso en Argentina crecen el hambre, la pobreza y el saqueo.
Hoy el gobierno ultraderechista de Javier Milei y su plan motosierra encarnan lo peor del sometimiento de nuestro país al ajuste, el saqueo y la entrega al imperialismo yanqui de Donald Trump. Cuenta para ello con la inestimable ayuda de los gobernadores, legisladores y dirigentes sindicales peronistas.
Por eso desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad decimos que para derrotar el plan motosierra de Milei y el FMI, el peronismo no es salida. Porque es un movimiento político patronal que fue abandonando incluso sus originarias banderas nacionalistas (justicia social, soberanía política e independencia económica).
Para terminar con el sometimiento de nuestro país al imperialismo se necesita una segunda y definitiva independencia. Volver a romper las cadenas que nos atan al imperialismo y al FMI, unidos a los pueblos latinoamericanos. Derrotar a los gobiernos de ultraderecha, como el de Milei. Para lograrlo no alcanzan las medias tintas. Hay que terminar con este sistema capitalista e imponer un gobierno de las y los trabajadores y el socialismo.
El Socialista 01/07/26