Hay además otra cuestión importante para entender la Rusia actual. La economía rusa demostró desde 2022 una resistencia considerablemente superior a la pronosticada por quienes anunciaron alegremente un rápido colapso. El Estado aumentó enormemente el gasto militar, las fábricas relacionadas con defensa multiplicaron su actividad y numerosos trabajadores encontraron empleo en esos sectores.
Eso genera producción y aumenta el PIB. Pero crecimiento del PIB y mejora de las condiciones de vida no son exactamente lo mismo. Un ejemplo sencillo permite entenderlo. Si un país fabrica mil tractores, esos tractores pueden utilizarse durante años para producir alimentos. Si fabrica mil carros de combate, su producción también cuenta estadísticamente como actividad económica. Sin embargo, esos carros pueden acabar destruidos en unos meses.
En ambos casos aumenta la producción industrial, pero su utilidad social es radicalmente diferente. Una economía militarizada puede mostrar fábricas trabajando día y noche mientras absorbe acero, electrónica, energía, trabajadores especializados y dinero público que podrían utilizarse para viviendas, hospitales, transporte o infraestructuras civiles. Por eso las cifras de crecimiento rusas deben analizarse preguntando no solamente cuánto se produce, sino qué se produce y para qué.
Moscú ha resistido, pero no ha resuelto su contradicción
Rusia ha demostrado que las sanciones occidentales no podían destruir rápidamente una economía de su tamaño, con enormes recursos naturales, capacidad industrial propia y acceso a mercados asiáticos. Eso constituye un hecho difícil de discutir. Pero resistir no significa resolver los problemas estructurales. La dependencia de los hidrocarburos continúa siendo una vulnerabilidad. La necesidad de importar numerosos productos industriales continúa existiendo. Y el desplazamiento hacia China puede transformar una dependencia occidental en una creciente subordinación comercial respecto a Pekín.
La contradicción resulta especialmente visible cuando observamos qué circula entre ambos países. En una dirección viajan enormes cantidades de petróleo, gas y materias primas. En la otra llegan vehículos, maquinaria, electrónica y manufacturas. No significa que Rusia carezca de industria.
Significa que China ocupa una posición mucho más poderosa dentro de las cadenas industriales mundiales. Y esa diferencia pesa inevitablemente cuando ambos países negocian.
La pregunta que queda detrás del yuan
El avance del yuan en Rusia es importante porque muestra que el dominio internacional del dólar no es eterno ni absolutamente invulnerable. También demuestra que utilizar una moneda como instrumento de presión política puede estimular la búsqueda de alternativas.
Pero sería un error confundir esa transformación con una verdadera independencia económica. Rusia está consiguiendo escapar parcialmente de determinadas herramientas de presión occidentales. Está construyendo nuevas rutas comerciales, utilizando nuevas monedas y orientando sus exportaciones hacia otros mercados.
Sin embargo, sigue dependiendo extraordinariamente de vender recursos naturales para obtener ingresos y adquirir fuera una parte de aquello que necesita. Ahí está el problema esencial. Un país puede cambiar dólares por yuanes, Europa por China y Hamburgo por Shanghái. Puede construir nuevos gasoductos, modificar sus reservas y realizar sus operaciones comerciales en otras monedas.
Pero si continúa dependiendo de exportar masivamente materias primas mientras necesita importar una parte importante de los productos industriales de mayor valor añadido, la dependencia no desaparece. Simplemente cambia de dirección. Por eso la verdadera historia que se esconde detrás del avance del yuan no es solamente la historia de una Rusia que intenta escapar del dólar. Es también la historia de los límites de la Rusia capitalista construida durante las últimas tres décadas.
¿Puede existir verdadera soberanía económica mientras un país dependa de vender enormes cantidades de petróleo, gas y materias primas a potencias industriales capaces de transformar esos recursos en mercancías mucho más valiosas.
Mientras esa contradicción permanezca, Rusia podrá cambiar de socios, monedas y rutas comerciales. Lo que tendrá muchas más dificultades para cambiar será su lugar dentro de la economía mundial.
Fuentes consultadas:
-Banco Central Europeo, The international role of the euro, 2025.
-U.S. Energy Information Administration, análisis y estadísticas sobre Rusia y el desplazamiento de sus exportaciones energéticas hacia los mercados asiáticos.
-Parlamento Europeo, documentación sobre las sanciones y los activos soberanos rusos inmovilizados.
-Banco Central de Rusia, Balance of Payments, International Investment Position and External Debt of the Russian Federation, estadísticas sobre comercio exterior y exportaciones energéticas.
-Reuters, información económica sobre la evolución reciente del comercio bilateral entre Rusia y China.
Fuente: https://canarias-semanal.org/art/39857/rusia-abandona-el-dolar-y-se-pasa-al-yuan-es-eso-bueno-malo-o-todo-lo-contrario
Rusia abandona el dólar y se pasa al yuan, ¿es bueno, malo o todo lo contrario?