Sin tierra pero con voz
| “No se ha avanzado nada”, deplora la comunidad La Primavera sobre la parálisis del diálogo en Formosa tras una acampada de protesta en Buenos Aires |
| “No se ha avanzado nada”, deplora la comunidad La Primavera sobre la parálisis del diálogo en Formosa tras una acampada de protesta en Buenos Aires |
Comunicado de la Asamblea de Chilecito
No se habla, No se danza, No se canta: Aquí no se participa
Desde las elecciones provinciales realizadas en agosto el gobernador Luis Beder Herrera y sus funcionarios vienen legitimando la megaminería basándose en los votos obtenidos en las urnas. En octubre, avanzó con la firma de un convenio de exploración del proyecto Famatina con Osisko Mining Corporation con una inversión inicial de 10 millones de dolares. Ese mismo día, una movilización en Chilecito expresó el repudio de los vecinos a dicho convenio que pasa por encima de la voluntad de los pueblos que vienen defendiendo su postura en contra de la megaminería desde hace seis años. Dos días después, mas de 2.000 personas marcharon en Famatina y al día siguiente una poblada ocupo la plaza de Chilecito para decirle no al proyecto Famatina, no al trabajo precarizado y en malas condiciones que propone la minería y si a una provincia con trabajo digno para todos/as.
En el último mes, la avanzada minera se dio en varios frentes:

| Traducción del árabe para Rebelión de Antonio Martínez Castro |

Desatado el conflicto en Aerolíneas, el gobierno lanzó una dura campaña contra sus trabajadores acusándolos de “boicotear” la gestión estatal. Más que boicot, lo que hay es un intento por liquidar los reclamos sindicales y sus organizaciones. Hay que rechazar esta nefasta política oficial.
La Argentina política avanza a mucha velocidad. Antes que la presidenta asuma su segundo mandato, ya tuvo varias definiciones que van provocando realineamientos políticos y gremiales.
Tanto en Chile como en Colombia las recientes protestas estudiantiles tienen en común su enorme preocupación no solo por la naturaleza democrática o elitista de la educación sino fundamentalmente por la función misma del sistema educativo como elemento decisivo en la construcción de un orden social nuevo, moderno, democrático y que permita un ejercicio efectivo de la soberanía como estados y su existencia real como naciones.
Alí Abdullah Saleh tiene fama de ser un astuto sobreviviente político. En la presidencia de la antigua República Árabe de Yemen (RAY, en el norte) desde 1978 y único gobernante del Yemen actual tras la unificación de la RAY con la República Democrática Popular del Yemen (RDPY, en el sur) en 1990, Saleh había enfrentado fuertes presiones en el último año para abandonar el poder. Las manifestaciones populares iniciadas en enero contra su intento de eliminar el límite de mandatos presidenciales –en otra maniobra para mantenerse en el poder– se vieron alentadas por el clima regional de revueltas en la región, en el marco de la Primavera Árabe. En los meses siguientes, las persistentes movilizaciones pacíficas de miles de yemeníes –reprimidas con dureza por el régimen de Saleh– se vieron eclipsadas por una disputa cada vez más violenta entre partidarios de Saleh y sectores de la élite que han formado parte de las estructuras de poder y que ahora se oponen al mandatario. En un contexto de lucha armada que ha involucrado a tribus, milicias armadas y desertores del Ejército, un ataque al palacio presidencial en junio dejó a Saleh seriamente herido y le obligó a exiliarse temporalmente en Arabia Saudita. Pero volvió, y aunque prometió que abandonaría el poder en unos pocos días, continuó resistiéndose. Desde el inicio de la crisis había aceptado en varias ocasiones un acuerdo para el traspaso del poder promovido por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), pero a última hora se negó a firmarlo. No fue hasta el miércoles 22 de noviembre que suscribió oficialmente el pacto, tras asegurarse inmunidad para él y su familia, una garantía que había exigido desde el principio a los mediadores del CCG.