
Publicado el 11 de abril de 2022 Por Santi Ochoa
El robo de bebés comenzó en España en la Guerra Civil con los hijos de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas y se mantuvo hasta bien entrada la democracia. Para ello se mentía a las madres y se falsificaba la documentación firmada por médicos y matronas que nunca existieron. Aunque se le atribuyó a esta trama un sesgo político lo que movió realmente el tráfico de bebés fue el dinero al amparo permanente de la iglesia católica.
Los partos eran siempre con anestesia que eliminaba no solo los dolores sino la consciencia durante los alumbramientos. Se despertaban con el pecho vendado y eran aisladas en dormitorios individuales en la planta privada hasta que se recuperaban. Si la madre pedía ver al niño le decían que había muerto por asfixia, paro cardiaco, o llevado a la incubadora y que no podía ver su cuerpo, horas después desaparecía. Al padre biológico a veces le enseñaban un bebé medio congelado. No había entierros o se simulaban féretros vacíos. Tumbas vacías a las que las familias han estado décadas poniendo flores.
Guerra y posguerra. 1936 – 1952.








