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Patrice Lumumba y la batalla inconclusa por la descolonización

Fuentes: Página 12

Por Jeremías Perez Rabasa

El 2 de julio de 1925 nacía Patrice Lumumba, el dirigente que convirtió la independencia del Congo en un proyecto de soberanía real. Su asesinato marcó los límites que el colonialismo estaba dispuesto a imponer a los procesos de emancipación africanos.

Patrice Émery Lumumba nació el 2 de julio de 1925 en el entonces Congo Belga, una de las colonias más violentas que produjo el imperialismo europeo. Bajo la dominación belga, millones de congoleños fueron sometidos a un régimen de trabajo forzado, despojo territorial, segregación y terror cuya historia todavía permanece relativamente ausente de los relatos occidentales. Fue en ese contexto donde comenzó a formarse un dirigente que entendió que la independencia no era el reemplazo de una bandera por otra.

Autodidacta, lector voraz y extraordinario orador, Lumumba emergió durante la década de 1950 como una de las principales figuras del nacionalismo congoleño. En 1958 fundó el Movimiento Nacional Congoleño, una organización que rechazaba las divisiones étnicas promovidas por el colonialismo y proponía la construcción de un Estado verdaderamente soberano. Su apuesta era profundamente panafricanista, Lumumba creía que la emancipación del Congo sólo tendría sentido como parte de la liberación del continente africano.

Cuando el Congo obtuvo su independencia el 30 de junio de 1960, Lumumba se convirtió en el Primer Ministro del nuevo Estado, y asumió la presidencia Joseph Kasa-Vubu. Aunque el sistema distribuía las funciones entre ambas autoridades, fue Lumumba quien encarnó el proyecto de una soberanía plena sobre el país y sus recursos naturales. El mismo día de la asunción del cargo, Lumumba protagonizó uno de los discursos más importantes del siglo XX. Mientras el rey Balduino de Bélgica celebraba la supuesta “obra civilizadora” del colonialismo, él tomó la palabra para recordar los trabajos forzados, las humillaciones cotidianas, la violencia sistemática, la explotación de las riquezas naturales y el racismo que había estructurado la dominación colonial.

Ese discurso alteró mucho más que el protocolo de una ceremonia oficial. Desafió la narrativa con la que las antiguas metrópolis buscaban administrar el proceso de descolonización. El problema no era únicamente que el Congo se independizara, el problema era que un dirigente africano reclamara ejercer plenamente la soberanía sobre uno de los territorios más ricos del planeta, dueño de inmensos recursos minerales estratégicos para la economía mundial.

La respuesta fue inmediata. Tras una profunda crisis institucional, el presidente Kasa-Vubu anunció su destitución, decisión que Lumumba desconoció por considerarla inconstitucional. Pocos días después, el coronel Joseph-Désiré Mobutu tomó el poder mediante un golpe de Estado. Lumumba fue puesto bajo arresto, intentó reorganizar la resistencia desde el este del país, pero fue capturado por las tropas golpistas. El 17 de enero de 1961 fue trasladado a Katanga junto con Maurice Mpolo,Ministro de Juventud y Deportes, y Joseph Okito, Vicepresidente del Senado. Allí los tres fueron torturados y ejecutados esa misma noche por un pelotón de fusilamiento con participación decisiva de autoridades belgas y del régimen secesionista katangués. Sus cuerpos fueron luego destruidos para borrar las huellas del crimen. Lumumba tenía apenas 35 años. En 2022 Bélgica restituyó a su familia el único resto conservado de su cuerpo, un diente que había sido retirado por un policía belga tras el intento de hacer desaparecer completamente sus restos.

Décadas de investigaciones demostraron la responsabilidad de autoridades belgas en la operación y revelaron también el papel desempeñado por la CIA durante el proceso que condujo a su eliminación.

La muerte de Lumumba fue una advertencia dirigida al conjunto del Sur Global. La independencia política tenía límites cuando amenazaba la arquitectura internacional heredada del colonialismo. Su eliminación abrió el camino para décadas de inestabilidad, autoritarismo y saqueo de los recursos congoleños, cuyas consecuencias siguen marcando la historia de la actual República Democrática del Congo.

Con el paso del tiempo, Lumumba dejó de pertenecer exclusivamente a la historia congoleña. Su figura pasó a integrar el gran repertorio político del panafricanismo junto a Kwame NkrumahThomas Sankara, oAmílcar Cabral, entre otros. No porque todos compartieran las mismas estrategias, sino porque entendieron que el colonialismo no terminaba con la independencia formal. Persistía bajo nuevas formas de dependencia económica, subordinación política y jerarquización racial.

Hoy, cuando el extractivismo continúa definiendo el destino de buena parte del continente africano y las disputas por minerales críticos vuelven a colocar al Congo en el centro de la competencia global, la trayectoria de Lumumba recupera una actualidad incómoda. Sus palabras siguen interpelando un sistema internacional donde las asimetrías entre Norte y Sur permanecen vigentes bajo otros lenguajes y otros mecanismos.

Recordar su natalicio no significa convertirlo en una figura intocable, significa reconocer que buena parte de las discusiones contemporáneas sobre soberanía, justicia racial, dignidad, reparación histórica y autodeterminación de los pueblos ya estaban presentes en su pensamiento hace más de seis décadas. Por eso Patrice Lumumba continúa siendo una de las voces imprescindibles para comprender la historia africana y, al mismo tiempo, para leer críticamente el presente. Su vida recuerda que la descolonización nunca fue un acontecimiento cerrado. Es un proceso todavía inconcluso.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/07/02/patrice-lumumba-y-la-batalla-inconclusa-por-la-descolonizacion/

Patrice Lumumba y la batalla inconclusa por la descolonización

13/07/26

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Derechos Humanos Internacional

El pueblo burkinés trunca en la calle un golpe de estado con Ibrahin Traoré

El antiimperialismo en Burkina Faso ha dejado de ser una mera consigna: ahora es una política económica concreta”

Mientras las cámaras del mundo enfocaban los bombardeos sobre Venezuela, en África Occidental se libraba otra batalla por la soberanía. En Burkina Faso, el gobierno de Ibrahim Traoré frustró un intento de golpe de Estado que buscaba frenar un proceso político de profundas raíces populares. Más que un episodio aislado, lo ocurrido pone en valor el rumbo independiente que ha tomado el país, siguiendo el legado revolucionario de Thomas Sankara. Frente a conspiraciones, traiciones y amenazas externas, el pueblo burkinés defiende un proyecto de dignidad, justicia social y liberación nacional, escribe el colaborador de Canarias Semanal, Jordi Ruiz

Cuando apenas habían transcurrido los primeros días de este nuevo año la prensa internacional volcaba su atención sobre los bombardeos yanquis en Venezuela, muchos pasaron por alto un acontecimiento de extraordinaria importancia política y social en el continente africano: en Burkina Faso el pueblo y su gobierno lograron frustrar un intento de golpe de Estado contra el presidente Ibrahim Traoré.

Lo que para algunos podría parecer un dato más en la persistente crisis del Sahel, es en realidad la manifestación más reciente de una lucha por la soberanía, la dignidad y el desarrollo propio de un pueblo que ha abrazado una nueva dirección política, inspirada en los caminos trazados décadas atrás por Thomas Sankara y retomada con renovada fuerza por Traoré.

Este episodio —que involucró a sectores conspirativos dentro y fuera del país— revela algo más profundo que la simple dinámica de un golpe: la resistencia y consolidación de un proyecto político que reivindica la independencia frente a la intromisión extranjera y la explotación de los recursos naturales.

El gobierno de Traoré anunció la detención de los implicados y celebró la movilización popular en la capital, señalando cómo amplios sectores de la sociedad salieron a las calles para defender el proceso político que encarna su administración.   En un contexto donde la hegemonía mediática global parecía centrarse en otras regiones, este suceso puso de relieve que en Burkina Faso late una política de resistencia que merece una mirada profunda.

Traoré y la construcción de un proyecto antiimperialista

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Sudán: guerra civil, multinacionales y 9 millones de desplazados

Por Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

20/4/2024. Se cumplió un año, el 15 de abril, de la lucha armada entre los dos bandos militares que se disputan Sudán y sus riquezas en primer lugar el oro. Ambos bandos pelean entre ellos, pero están reprimiendo salvajemente a la mayoría del pueblo trabajador de Sudán. 

El conflicto, que enfrenta a las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), encabezas por el general Abdelfatah al Burhan, con el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), del general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, produjo más de 9 millones de desplazados de sus casas y lugares de vivienda e innumerables civiles muertos o gravemente heridos. 

En realidad, la mayor parte de los desplazados y el hambre que está sufriendo la mitad de la población de 45 millones de habitantes de Sudán, se produce mayormente por la brutal represión de ambos bandos militares a la población civil. En su gran mayoría no está involucrada en el conflicto entre esos dos bandos, pero es expulsada por militares que entran a sus casas, que además violan mujeres y se roban sus pertenencias, o sufren bombardeos aéreos de sus viviendas. 

Como lo dice una nota periodística del diario español El Salto “La confrontación entre el ejército y las milicias en Sudán implica una guerra contra la población que se levantó por la democracia y ahora lucha por su supervivencia”.

La rebelión popular del 2019 y la contrarrevolución