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Elecciones en Brasil: derrotar al bolsonarismo en segunda vuelta

Adolfo Santos

El candidato de la ultraderecha Flávio Bolsonaro del Partido Liberal ganó en primera vuelta con 47% de los votos contra Luiz Inácio Lula da Silva del PT, con 45%. Ahora, los dos candidatos se volverán a enfrentar el 25 de octubre en la segunda vuelta para definir el nuevo presidente. Se impone unificar fuerzas para derrotar a Bolsonaro.

El resultado causó sorpresa. La mayoría de los analistas pronosticaban una elección polarizada, con pequeña ventaja a favor de Lula tanto en primera como en segunda vuelta. No fue lo que sucedió. Lamentablemente ganó Flávio, el hijo de Jair Bolsonaro, miembro de un clan representante de la ultraderecha, negacionista de la dictadura, del cambio climático, responsable de más de 700 mil muertes durante la pandemia de Covid-19, misógino, antiderechos y que responde directamente a las políticas de Donald Trump.

Fue un voto equivocado en la tentativa de castigar la falta de soluciones de Lula y el PT a los problemas crónicos de desigualdad social, el endeudamiento familiar, los ajustes presupuestarios en salud y educación, mientras se favorece al sistema financiero, al agronegocio y los grandes empresarios. Es un nuevo fracaso de los gobiernos de centro izquierda, de conciliación de clases, que no proponen un programa capaz de resolver la crisis del capitalismo.

Es lo que algunos analistas denominan “democracia de un mandato”. Gobiernos que asumen llenos de promesas, pero no satisfacen las expectativas de los votantes que, decepcionados, buscan un cambio o se manifiestan con altos índices de abstención. Es lo que ha sucedido con varios gobiernos llamados progresistas que, a pesar del doble discurso y de algunas medidas progresivas parciales, gobiernan para los grandes intereses económicos.

¿Por qué avanza electoralmente la ultraderecha?

Hartas de ajustes y de falta de perspectivas, las masas populares no aceptan pagar el precio de la crisis y buscan cambios, aunque sea por caminos equivocados. Desde 2003 hasta hoy, el PT gobernó durante 17 años sin modificar las bases de ese sistema capitalista en crisis. No respondió a las demandas de las y los trabajadores, de las y los jubilados, de la juventud, de las mujeres y de una pobreza estructural. Ahí se incuba el voto castigo manifestado en esta primera vuelta.

La falta de respuesta a esos sectores permite el crecimiento de la ultraderecha. Elección tras elección, el PT pierde votos en el movimiento obrero industrial y en la clase trabajadora en general, que fue su gran capital inicial. Abandonó sus demandas originales para atender a los grandes empresarios. Tampoco valorizó el haber de las y los jubilados, ni tuvo políticas que atendieran las demandas del movimiento feminista como la legalización del aborto o la criminalización de la misoginia y de la ideología red pill.

Al no responder con medidas concretas a estos problemas impulsa a la ultraderecha que penetra, con falsas soluciones, en sectores que se sienten desatendidos. Es lo que explica, en parte, que haya avanzado en el control de ambas cámaras del Congreso Nacional o en la cantidad de gobernadores electos. Se llega al colmo de que una de las candidatas más votadas en Sao Paulo, el principal estado del país, la bolsonarista Eduarda Campopiano, afirme que el feminicidio no es crimen, o celebra la llegada de la colonización portuguesa porque “evitó que los indios se sigan comiendo entre ellos”. Un nivel de barbarie inaceptable.

Contra Bolsonaro y Trump, voto crítico a Lula

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Elecciones en Brasil: Ni Lula-Alckmin, ni Bolsonaro son solución para el pueblo trabajador

Por Adolfo Santos, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI

28/8/2026. El 4 de octubre se realizarán elecciones en Brasil. Se elegirán presidente y vice, gobernadores, senadores y diputados nacionales. 

La disputa se concentra en las dos principales fuerzas políticas, la alianza de Luiz Inácio Lula da Silva con el empresario Geraldo Alckmin y el bolsonarismo, apoyado por Donald Trump. La mayoría de las encuestas los colocan en una disputa muy ajustada, aunque con una leve ventaja para Lula.

Con la segunda población más grande de América y el segundo PBI del continente, Brasil tiene una importancia estratégica. Por eso, esta elección despierta un gran interés. Como en otros países de la región, el hartazgo con la falta de soluciones y el doble discurso de los gobiernos de la izquierda reformista, que no avanzan en medidas de fondo a favor de las masas populares, ayudaron a fortalecer salidas mesiánicas de ultraderecha. Es lo que vimos con el chavismo en Venezuela, con Evo Morales en Bolivia, con Gabriel Boric en Chile, con Gustavo Petro en Colombia e incluso con el peronismo kirchnerista en nuestro país. Los fracasos de estos gobiernos capitalistas de conciliación de clases colocaron en escena a la ultraderecha en Latinoamérica.

En Brasil no fue diferente. Para ganar elecciones y mantenerse en el poder, Lula y el PT abandonaron su programa original de gobierno de las y los trabajadores y se aliaron con sectores de la burguesía brasileña. No por casualidad, en sus primeros mandatos el vice de Lula fue José Alencar, un gran industrial textil de Minas Gerais que en aquella época pertenecía al PL, partido que hoy cobija a los Bolsonaro. También colocó como presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, CEO mundial del BankBoston. Actualmente, su compañero de fórmula es Geraldo Alckmin, un conservador vinculado históricamente al Opus Dei, exgobernador de São Paulo por el PSDB, donde aplicó represión y duros ajustes contra la educación y la salud.

Ese abandono del PT de su programa originario provocó la ruptura de un importante sector de dirigentes y activistas que en 2004 fundaron el PSOL. La nueva organización levantó un programa clasista, antiimperialista e internacionalista. Lamentablemente, por el oportunismo electoralista de su dirección mayoritaria, terminó aliándose nuevamente al PT, sumándose a cargos políticos y ministeriales y abortando un proyecto importante para la clase trabajadora. Ese giro oportunista determinó en 2023 la salida de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), sección de la UIT-CI. Sin embargo, corrientes que se reivindican del trotskismo, como el MES que encabeza Luciana Genro y otras, continúan siendo parte de este frente de colaboración de clases que llevará a una nueva frustración a la clase trabajadora.

Las alianzas del PT sólo le permiten repartir las migas del banquete

Después de cuatro mandatos, interrumpidos por uno de Jair Bolsonaro, Lula y el PT no revirtieron los graves problemas de las y los trabajadores, no enfrentaron al sistema financiero internacional ni provocaron un cambio estructural con la ruptura con la economía capitalista. La Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), denuncia esta situación. “En medio de un escenario de gran injerencia de los Estados Unidos, Lula no responde correctamente. Hace discursos y adopta medidas mínimas, pero no enfrenta a la Casa Blanca, Trump, las Big Techs y los nazisionistas de Israel […] Mientras tanto, mantiene una política económica al servicio de las multinacionales y los empresarios, ataca el salario y disminuye la inversión pública” (Combate Socialista Nº 218).

Las alianzas electorales y los compromisos económicos con sectores de la burguesía le impiden aplicar políticas de impacto popular y lo limitan a repartir las migas del banquete. Lula y el PT hacen concesiones al agronegocio y al sistema financiero y entregan las tierras raras a empresas ligadas al gobierno de Trump. Han implementado profundos ajustes a la educación y la salud. Como en Argentina, el problema del endeudamiento popular es gravísimo y afecta a más de 80 millones de personas adultas. Avanzaron con las privatizaciones y amenazan con una nueva reforma jubilatoria en su próximo mandato. Todo al servicio de mantener un “superávit saludable”, como exige el sistema financiero.

Tierra fértil para la ultraderecha