
El gobierno de Javier Milei no dejó una sin hacer. El presidente viajó a Brasil al acto de lanzamiento de su amigo ultraderechista Flavio Bolsonaro. Su discurso fue una ola de insultos contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva (“zurdo corrupto”, “ladrón”) e incluso contra el juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes (“basura calva”), que le había impedido visitar al golpista preso Jair Bolsonaro. Desde Izquierda Socialista estamos lejos de defender a Lula y su gobierno. Por el contrario, nos separan profundas diferencias por su ajuste antipopular. Pero no se nos escapa que Milei actúa como un peón de Donald Trump, buscando aportar a la construcción de una red de gobiernos de ultraderecha en la región.
Pero, sin dudas, lo más importante fue la visita de Kristalina Georgieva a la Argentina. Bastaron apenas dos días para que la genuflexión del gobierno batiera todos los récords. El presidente Milei hasta la llevó a una reunión de Gabinete en la que él no se sentó en la cabecera, en un auténtico símbolo de quién manda. El ministro de Economía, Luis Caputo, llegó a regalarle una camiseta de la selección con el nombre “Kristalina Georgieva ” en la espalda. Ante una platea especialmente preparada, la jefa del FMI se dio el lujo de arengar y recomendarles a las y los argentinos que “se animen” a seguir adelante con el ajuste. Toda una provocación ante el hambre y la miseria que vive el pueblo trabajador.
El martes, en Vaca Muerta, quedó claro que los miles de millones de dólares que se extraerán a costa del saqueo y la destrucción ambiental no tendrán como objetivo el crecimiento, y mucho menos la redistribución hacia los sectores populares, sino cumplir con los millonarios vencimientos de la deuda externa, empezando por los que se vienen con el propio FMI. Hablando de eso, Georgieva afirmó con una sonrisa diplomática que la Argentina “no necesita nuevos préstamos en el futuro inmediato”.
El FMI presiona para que la Argentina vuelva al mercado de capitales, es decir, para que se endeude aún más con los pulpos financieros privados y profundice el ajuste. También tiene en carpeta las “reformas estructurales pendientes”, como la fiscal (quitarles más impuestos a los ricos y aumentárselos a los pobres) y la jubilatoria (aumento de la edad, privatización y eliminación de regímenes especiales, como el docente).