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El negocio detrás de las pausas de hidratación

Escribe Adolfo Santos

El Mundial también se juega en los escritorios. La FIFA presentó las pausas de hidratación como una medida para cuidar a los futbolistas frente al calor extremo, pero en esta Copa se aplican de manera obligatoria en todos los partidos, incluso cuando las condiciones no parecen justificarlo. El resultado es evidente: se corta el ritmo del juego y se abre una ventana perfecta para la publicidad.

Fox, que tiene los derechos de transmisión en inglés para Estados Unidos, pagó 485 millones de dólares por la Copa. Se estima que sólo con los avisos durante esas pausas podría recaudar cerca de 250 millones. La pelota se detiene, los jugadores toman agua y las cadenas venden segundos de oro. El deporte más popular del mundo convertido en una tanda. Lejos de utilizar las ganancias en la promoción del deporte desde las escuelas, en apoyar a los clubes de barrios, formadores pobres de atletas millonarios o de invertir en las categorías de base, la FIFA se ha convertido en la mayor multinacional del planeta para garantizar que el dinero del fútbol vaya a parar a los cofres de mega millonarios. 

El problema no es sólo la comercialización del fútbol, que existe desde hace décadas. Lo grave es qué se vende en esos espacios. Buena parte de la publicidad mundialista aparece copada por casas de apuestas y marcas de bebidas alcohólicas. Es decir, mientras millones de pibes miran los partidos, les venden la ilusión de que la salida está en jugarse la plata que no tienen o en consumir lo que las mismas empresas presentan como parte natural de la fiesta.

Kylian Mbappé ha rechazado asociar su imagen a casas de apuestas. El capitán francés viene denunciando desde hace años que el juego destruye vidas, especialmente en los barrios populares. Su planteo toca una fibra sensible: los futbolistas que vienen de abajo saben mejor que nadie que las apuestas no son entretenimiento inocente cuando se cruzan con pobreza, frustración y falta de futuro.

En Argentina la postal fue todavía más brutal. Una casa de apuestas usó una imagen de Diego Maradona generada con inteligencia artificial para promocionar el juego. Al Diego, símbolo de potrero, de rebeldía y de amor popular por la pelota, lo hicieron hablar desde una pantalla para vender timba.
El Mundial debería ser una fiesta de los pueblos, no una máquina para que FIFA, cadenas televisivas, cerveceras y empresas de apuestas hagan negocios obscenos. Defender el fútbol también es discutir esto: quién se queda con la plata, qué consumos se promueven y qué lugar le dejan al hincha, al jugador y a los pibes que todavía sueñan con una pelota en el barrio.

www.izquierdasocialista.org.ar/2020/index.php/blog/elsocialista/item/25187-el-negocio-detras-de-las-pausas-de-hidratacion

El Socialista 01/07/26

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General Internacional

Un concepto: fútbol industrial.

escritor Emre Işındağ

Los campos verdes siempre han sido un lugar donde el poder de los fuertes puede limitarse con reglas, donde se puede garantizar una competencia relativamente justa y donde los jugadores valientes pueden triunfar sobre una bolsa llena de dinero. El fútbol ha sido el entretenimiento y la pasión del pueblo, una emoción compartida por las masas, un juego que a veces hace olvidar el dolor de la vida y, a veces, de una manera extremadamente irracional, añade aún más dolor. Un juego… Hasta hoy…

De hecho, la industrialización del fútbol no es algo que se haya completado hoy ni que haya comenzado ayer. La mercantilización de todas las emociones humanas por parte del neoliberalismo ha convertido este deporte en una mercancía de mercado a lo largo de los años. En términos sencillos, podemos decir: el fútbol industrial es el fútbol que se juega en la bolsa, no en el terreno de juego.

Este concepto surgió a finales de los años 80 y principios de los 90, épocas en las que el neoliberalismo no tenía obstáculos y podía extenderse sin control por todo el mundo. La denominación de la liga inglesa como Premier League y la transformación de la Copa de Europa en la Liga de Campeones fueron los primeros pasos en este proceso de comercialización. Las retransmisiones de los partidos se convertirían en servicios de pago, surgiría una enorme industria de apuestas y los aficionados se convertirían gradualmente en clientes.

Brasil desplazando a decenas de miles de personas con el pretexto de construir estadios para el Mundial, Qatar gastando 220 mil millones de dólares en la organización del torneo mientras mata a miles de trabajadores, y hoy insertando pausas comerciales disfrazadas de pausas para beber agua durante los partidos: todos estos son indicadores de hasta dónde ha llegado el fútbol industrial, lo que representa la americanización de este deporte.

Hasta hace poco, asistir a un partido era una forma económica de entretenimiento para los aficionados, pero hoy en día, sobre todo para los partidos de los grandes equipos, comprar entradas es bastante caro. El fútbol industrial no quiere aficionados que no gasten dinero. Esta nueva afición exige comprar productos oficiales del equipo, pagar precios elevados por los abonos de temporada, exigir fichajes caros y esperar éxitos constantes.

La mentalidad de «ganar o perder» no es algo que el fútbol industrial acepte. En última instancia, la afición se basa en el amor incondicional, pero hoy en día ese amor debe ser recíproco e inevitablemente expresado en dólares y euros. El gasto astronómico de los equipos en fichajes lleva a los aficionados al fútbol al placer de un «producto recién estrenado», y estos aficionados exigen nuevos paquetes cada vez que se aburren. El fútbol bonito, el sentido de pertenencia, el espíritu de equipo y el entretenimiento no satisfacen el insaciable apetito del neoliberalismo. Ahora solo hay una expectativa: gastar más y ganar a cualquier precio.

En el mercado industrializado del fútbol, ​​es imposible que surjan figuras como Maradona, Cantona o Lucarelli de Livorno. Porque los futbolistas son productos en la medida en que los aficionados son clientes. Los grandes contratos publicitarios crean influencers , no atletas.

Aunque un pequeño número de grupos de aficionados en todo el mundo intentan combatir esta comercialización, el fútbol industrial continúa su camino como un monstruo gigante que devora el entretenimiento de las masas.

www.gazetenisan.net/2026/07/bir-kavram-endustriyel-futbol/

12/007/26