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El debate sobre los riesgos / ¿El problema es la Inteligencia Artificial o el capitalismo imperialista?

José Castillo

La Inteligencia Artificial está en el centro del debate. Su control por grandes corporaciones y su uso en la disputa entre Estados Unidos y China la convierten en una amenaza para el pueblo trabajador. 

El 3 de septiembre, OpenAI lanzó GPT-6 Astra, su modelo de inteligencia artificial más avanzado. Su presidente y cofundador, Greg Brockman, cerró la presentación afirmando “bienvenidos a la era de la Inteligencia Artificial General (AGI)”.

Pero el tecnooptimismo duró poco. El 9 de septiembre, el experto británico Jacob Coxon, exmiembro de Anthropic y OpenAI, dos de las empresas que compiten por la punta de la investigación en inteligencia artificial junto con Alphabet-Google, Amazon, Microsoft y Tesla, denunció que quienes desarrollan estos modelos consideran que una futura superinteligencia artificial “podría matarnos a todos para finales de la década”. También cuestionó a ambas compañías y afirmó que están avanzando hacia sistemas capaces de mejorarse a sí mismos, “jugando con nuestras vidas”.

En los días siguientes empezaron a conocerse informes sobre eventos ocurridos principalmente en entornos de prueba, en los que agentes de IA realizaron acciones no indicadas previamente, vulneraron sistemas o modificaron su propio funcionamiento, incluso sorteando algunas restricciones impuestas por sus desarrolladores.

Las afirmaciones de Coxon no fueron aisladas. Evan Hubinger, responsable de seguridad de Anthropic, le dio la razón y sostuvo que, en su estimación personal, existe más de un 10% de riesgo de que una IA pueda provocar la extinción humana durante la próxima década. Varios referentes del sector también reconocieron la existencia de riesgos graves y la necesidad de reforzar los mecanismos de seguridad.

El debate sobre el nivel alcanzado por la IA

¿La inteligencia artificial ha alcanzado finalmente capacidades comparables a las humanas?

Sin duda, los últimos avances, como GPT-6 Astra, representan un salto espectacular. No existe todavía consenso científico ni una medición universal que permita afirmar que se haya alcanzado la AGI, definida como sistemas altamente autónomos capaces de superar a los humanos en la mayoría de los trabajos económicamente valiosos, ni mucho menos la superinteligencia, un escalón superior que implicaría la existencia de máquinas ampliamente más inteligentes que los seres humanos.

Seamos claros. No estamos afirmando que sea imposible que en un futuro, ese estadio pueda alcanzarse.

Lo que sí está sucediendo es que existe una carrera por desarrollar modelos cada vez más avanzados, que se lanzan al mercado o se ponen a disposición de los complejos militares antes de que existan controles suficientemente probados para evitar accidentes, usos indebidos o consecuencias catastróficas. “Hoy hay más regulaciones para servir una hamburguesa que para ofrecer un producto de la IA”, se afirma en el documental de Netflix El Doc de la IA.

Al riesgo para el pueblo trabajador de que la IA genere la destrucción de millones de puestos de trabajo y un incremento catastrófico del desempleo, en vez de traer progreso y más tiempo libre, se suman ahora las advertencias sobre los peligros de un desarrollo descontrolado y su aplicación militar.

La competencia por la IA entre Trump y el gobierno chino

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Desmontando los supuestos ataques autónomos de IA

Los supuestos incidentes de «IA descontrolada» no son un despertar tecnológico, sino un «accidente casero» fabricado conjuntamente por quien diseñó las pruebas y quien las ejecutó. El modelo no «se volvió malo»: se limitó a ejecutar fielmente una tarea mal configurada. Los verdaderos responsables —Anthropic, OpenAI, Meta y la contratista Irregular— usan la narrativa del «agente rebelde» para tapar un hecho vergonzoso: ni siquiera supieron aislar la red (si no fue intencionado).

No, la IA no se volvió loca. Alguien dejó la puerta abierta

Lo que voy a contar va en contra de casi todo lo que habrás leído estos días. No hubo un despertar de las máquinas. No hubo agentes rebeldes conspirando a espaldas de sus creadores. Lo que hubo fue una prueba mal montada, un contratista que hizo un trabajo chapucero y tres de las mayores empresas de IA del mundo corriendo a contar una película de terror para que nadie mirara sus propios errores. El modelo hizo lo que le pidieron. Nada más. Y eso es precisamente lo incómodo.

Tres meses, tres empresas, un mismo contratista

Entre julio y septiembre de 2026, OpenAI, Anthropic y Meta anunciaron uno detrás de otro que sus modelos habían «escapado» del entorno de pruebas y atacado sistemas reales. Los titulares se llenaron de «IA descontrolada», «agentes rebeldes», «bots que se vuelven rogue». Dario Amodei, jefe de Anthropic, soltó que un futuro enjambre de IA «podría llegar a controlar internet entero». Casi nada.

La investigación posterior sacó a la luz algo que a esas empresas no les hacía ninguna gracia:

las tres habían subcontratado las pruebas a la misma firma israelí, Irregular, y el fallo de base era idéntico en los tres casos.

A los modelos se les dijo «no tienes internet». Pero la conexión seguía ahí, y tan tranquilos. Y tampoco se molestaron en especificar qué sistemas eran objetivos válidos y cuáles no.

Es como dejarle las llaves del coche a alguien, decirle que el motor está apagado, y luego sorprenderte de que el coche acabara en la autopista.

La prueba que lo tira todo abajo

Aquí viene el dato que desmonta el relato del «agente rebelde», el que debería estar en todos los titulares y no está en ninguno.

Cuando empleados de Anthropic dijeron explícitamente al modelo que dejara de atacar sistemas reales los ataques reales cayeron a cero; al instante.

Piénsalo un segundo. Si un sistema es verdaderamente autónomo, si de verdad tiene intenciones propias, si de verdad «se ha vuelto malo», no se detiene porque un empleado se lo pida por favor. Se detiene porque obedece. Y si obedece, entonces nunca fue el problema.

En el caso concreto de Claude Mythos 5, hay un detalle casi cómico. El modelo repetía en su razonamiento interno que «creía estar en un entorno simulado», incluso cuando el entorno le daba pruebas de sobra de que aquello era internet de verdad. Anthropic llamó a esto «razonamiento sesgado». Yo lo llamaría otra cosa: un sistema optimizado para completar tareas haciendo lo posible por ignorar la información que le estorba. Eso no es malicia. Es diseño. Y el diseño era suyo.

El «paquete malicioso» que no atacó a nadie
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IA en la Argentina / Sin puestos de trabajo, pero con saqueo del agua y la energía

José Castillo

Ya desde 2024, el gobierno viene insistiendo en abrir la Argentina a los pulpos de la IA. En una entrevista con Alejandro Fantino, citada en el libro Teoría de la Dependencia Digital, de Cecilia Rikap, Javier Milei afirmó que “nosotros estamos buscando ser uno de los cuatro polos de inteligencia artificial del mundo […] porque tenemos recursos humanos […]  la cantidad de pibes hoy programando acá vos no te das una idea […]  Para que trabajen los centros de datos necesitás energía. ¿Hay energía acá? Sí. Y, además, ¿qué necesitás? Frío. Con lo cual en el sur podés hacer una cosa fenomenal. Grandes extensiones de tierra, frío, acceso a la energía barata y capital humano”.

Lo único cierto de todo esto es que los centros de datos, el último eslabón de la cadena de la IA, necesitan enormes cantidades de energía, electricidad y agua. Construirlos no nos transforma en un nuevo Silicon Valley ni requiere de “pibes programando”. Sí requiere de lugares del planeta donde otros, llamados Alphabet (Google), Microsoft, Amazon, Meta o Tesla, descarguen la parte más contaminante del proceso. “Zonas de sacrificio” aptas para el saqueo.

Milei tiene en debate el super-RIGI, que ofrece exenciones impositivas similares a las del RIGI a inversiones de base superiores a 1.000 millones de dólares en lo que denomina “sectores sin desarrollo previo”. Entre todos esos negocios, el privilegiado es, sin duda, el de los data centers de Inteligencia Artificial.

Elon Musk aparece picando en punta. Hace pocas semanas, directivos de Tesla estuvieron en la Casa Rosada prometiendo llevar a la Patagonia inversiones de xAI, la compañía de IA de Musk. Pero no es el único caso. Un año atrás estuvo el anuncio de OpenAI de instalar en el sur del país el proyecto Stargate, un megacentro de datos impulsado a nivel local por Sur Energy, la firma de Emiliano Kargieman, fundador del unicornio Satellogic.

Nada de la punta del desarrollo de la IA generativa, ni siquiera del desarrollo industrial de microprocesadores u otros elementos de hardware, será fabricado en la Argentina. Todo esto es apenas una pata más del saqueo. 

izquierdasocialista.org.ar/2020/index.php/blog/elsocialista/item/25422-ia-en-la-argentina-sin-puestos-de-trabajo-pero-con-saqueo-del-agua-y-la-energia

El Socialista 23/09/26