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3 de septiembre de 1938 / Fundación de la Cuarta Internacional

Federico Novo Foti

El triunfo de la burocracia encabezada por José Stalin en la Unión Soviética en la década del veinte fue un inmenso retroceso para las y los trabajadores soviéticos y de todo el mundo. Para combatirlo, hace 88 años Trotsky impulsó la fundación de la Cuarta Internacional. La tarea de construirla sigue pendiente.

El 3 de septiembre de 1938, en una reunión que apenas duró un día, con 26 delegados que representaban a 11 secciones nacionales, se fundó la Cuarta Internacional.1 La reunión se realizó en la más absoluta clandestinidad a las afueras de París. La conferencia votó el “Programa de Transición”2, entre otros documentos.

Pese a no haber podido participar de aquella reunión, el principal inspirador de la fundación de la Cuarta Internacional fue el líder revolucionario ruso León Trotsky, quien por entonces se encontraba exiliado en México. El objetivo que había impulsado a Trotsky a fundar la nueva organización internacional era unir férreamente a los marxistas alrededor de un programa revolucionario. (ver recuadro)

El Programa de Transición, escrito por Trotsky, señala aspectos centrales de la lucha de los revolucionarios por tomar el poder e impulsar una revolución socialista mundial para liberar a la humanidad de la barbarie capitalista. Pero uno de sus logros más importante es definir lo ocurrido a mediados de los años veinte en la Unión Soviética, donde una burocracia contrarrevolucionaria encabezada por José Stalin se había apoderado del gobierno del primer estado obrero para imponer una dictadura sangrienta y políticas totalmente equivocadas en los Partidos Comunistas de la Tercera Internacional, que llevaron a las y los trabajadores de derrota en derrota. Esto es lo que resume su célebre frase: “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.3

La bancarrota de la Tercera Internacional

En marzo de 1919 se había fundado la Tercera Internacional (Comunista) en Moscú, capital de la primera revolución obrera y socialista triunfante, que se encontraba en guerra civil. Allí gobernaban los soviets democráticos de obreros y campesinos, con la conducción del Partido Bolchevique, encabezado por Vladimir Lenin y Trotsky. Ambos impulsaron la reorganización de los revolucionarios desde 1914, cuando se había producido la traición de los dirigentes de la Segunda Internacional (Socialdemócrata) en la Primera Guerra Mundial.4 

A comienzos de la década del veinte una oleada de revoluciones sacudió Europa, pero estas no triunfaron, dejando aislada y debilitada a la república de los soviets que había sobrevivido a la guerra civil. En esta nueva situación, a partir de 1924, comenzó un importante viraje político que evidenció el avance de la burocracia encabezada por Stalin. La nueva orientación adoptada por la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética promovió la concepción del “socialismo en un sólo país”: la conciliación con la burguesía y el imperialismo, la ruptura con el internacionalismo y el abandono de la lucha por la revolución socialista mundial.

 Los continuos virajes políticos del estalinismo llevaron a duros fracasos. La política de capitular a la “burguesía nacional” de la Tercera Internacional provocó la derrota histórica de la revolución china de 1925-1927. En 1933, el triunfo del nazismo fue abonado por la nefasta política divisionista del Partido Comunista alemán, que rechazó el frente único con los socialdemócratas ante el ascenso de Adolf Hitler. En 1935, el séptimo congreso de la Tercera Internacional aprobó la política equivocada de unidad permanente con la burguesía y de renuncia a la lucha por la toma del poder de los “frentes populares”.

 La fundación de la Cuarta Internacional en 1938 sería, en definitiva, el resultado de una fuerte y prolongada discusión entre quienes se oponían al estalinismo. En 1933, luego del triunfo del nazismo, Trotsky había concluido que la Tercera Internacional estaba muerta y que era necesario fundar otra organización mundial, la Cuarta. En agosto de ese mismo año se publicó la “Declaración de los Cuatro”, un llamado de la Oposición de Izquierda Internacional (los trotskistas) y otras tres organizaciones a forma una nueva internacional.5

Entre tanto la dictadura estalinista acompañó su política contrarrevolucionaria con la más implacable persecución a cualquier tipo de oposición. Trotsky, principal dirigente de la oposición al estalinismo, fue expulsado de la Unión Soviética en 1929. Los “Juicios de Moscú”, iniciados en 1936, fueron la farsa jurídica con la que el estalinismo comenzó a exterminar a la oposición dentro de la URSS. Mientras que los agentes de la policía secreta soviética (GPU) perseguían y asesinaban a los opositores en el extranjero.

 En las difíciles condiciones impuestas por la persecución estalinista, Trotsky continuó las tareas de organización clandestina dentro y fuera de la Unión Soviética. En enero de 1937 se instaló en México. Ese mismo año, en agosto, fue asesinado Erwin Wolf, secretario de Trotsky durante su exilio en Noruega. En febrero de 1938 fue asesinado León Sedov, hijo y principal colaborador de Trotsky. A dos meses de la conferencia fundacional de la Cuarta corrió la misma suerte Rudolf Klement, responsable de su preparación.     

Construir la dirección revolucionaria

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Se cumple un nuevo aniversario del asesinato de León Trotsky

Por Prensa UIT-CI

20/08/2026. El 21 de agosto se cumple un nuevo aniversarios del asesinato del dirigente revolucionario Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido mundialmente como León Trotsky. Desde la corriente internacional Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional, pretendemos continuar su legado dando la pelea titánica para unir a los revolucionarios del mundo para conquistar el socialismo. Compartimos este artículo publicado por Izquierda Socialista, sección argentina de la UIT-CI. por el 85 aniversario de la muerte de León Trotsky.

21 de agosto de 1940: León Trotsky era asesinado por un agente estalinista

Trotsky fue uno de los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX. Encabezó la primera revolución socialista triunfante de la historia junto a Lenin en Rusia. Su nombre está asociado a la lucha por el socialismo, la democracia obrera y el internacionalismo. Con su asesinato, Stalin intentó cortar la continuidad histórica de la lucha obrera revolucionaria. Pero su legado sigue vigente.

El 20 de agosto de 1940 León Trotsky recibió en su residencia de la calle Viena 19 en Coyoacán, México a Frank Jackson. El joven, introducido en el entorno de Trotsky como novio de una de sus colaboradoras, se había presentado con la excusa de intercambiar opiniones sobre un artículo. Jackson aprovechó un momento de descuido para atacar por la espalda al viejo líder revolucionario. Al día siguiente, Trotsky falleció por las heridas sufridas. Jackson, quien era un agente del servicio secreto soviético cuyo verdadero nombre era Ramón Mercader, había logrado consumar la sentencia dictada por José Stalin, líder de la URSS: “¡maten a Trotsky!”.

El asesinato del dirigente ruso fue la culminación de un acecho implacable, iniciado en 1927 con su destierro de Rusia, su exilio obligado por “el planeta sin visado” y el asesinato y persecución a sus seguidores, colaboradores y familiares.1

La causa de tal saña se encontraba en que, desde mediados de la década de 1920, Trotsky se había enfrentado a Stalin en su intento de consolidar su poder burocrático en la URSS. Se había opuesto, tras su formulación en 1924, a la concepción no marxista del “socialismo en un solo país” que abandonaba el internacionalismo y, desde 1935, a los “frentes populares” de conciliación con las burguesías en los partidos comunistas y la Tercera Internacional.

Entre 1936 y 1938, Stalin montó los “Juicios de Moscú”: una farsa judicial para exterminar a la vieja guardia dirigente del partido de Vladimir Lenin y a sus opositores. Trotsky fue el principal inculpado porque era el más destacado y consecuente dirigente opositor a la burocracia estalinista y encarnaba la continuidad del programa socialista revolucionario, la democracia obrera y el internacionalismo.

 Una vida dedicada a la revolución socialista