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Las autopsias de los nueve tripulantes del Mármara demuestran que fueron vilmente asesinados..

Las autopsias de los nueve tripulantes del Mármara demuestran que fueron vilmente asesinados por los soldados sionistas de Israel

israel nazi banderaTras la llegada de los nueve cadáveres a Turquía hemos podido conocer los rostros de los solidarias/as asesinados, con nocturnidad y alevosía por los criminales soldados sionistas de Israel

Los nueve de Turquía Es impresionante cómo el aparato propagandístico israelí ha llevado a todo el mundo a su terreno. En lugar de contar lo sucedido sobre la base de los hechos y testimonios disponibles, aplicando el razonamiento y el sentido común, los medios de comunicación se han dedicado a transmitir una guerra asimétrica de vídeos, fotografías y declaraciones en las que toda valoración debía hacerse en función de los parámetros de realidad determinados por el gobierno israelí y, concretamente, por el ministerio de defensa que dirige el criminal de guerra Ehud Barak, reponsable directo de la masacre de Gaza.

Sólo cuando llegaron los nueve cadáveres a Turquía, tres días después del asalto, pudimos conocer, gracias a la prensa turca o a medios como Al Jazeera, una lista de fallecidos que podría ser incompleta. A la prensa occidental no le ha interesado demasiado averiguar quiénes eran los muertos y heridos, los desaparecidos. Las nueve víctimas murieron por disparos, según confirman los informes forenses. Estos son los nombres y las caras, con información que he tenido que extraer de la prensa turca y que he completado (por lo que se refiere a alguna fotografía y la edad de alguna de las personas) con datos extraídos del blog Lawrence de cyberia. Algunas de las personas que aparecen en esta lista tenían perfiles en Facebook, aunque es probable que se creen perfiles falsos con sus nombres. Si hubiera que corregir o modificar algún dato lo haré.

Ibrahim Bilgen (61 años): de Siirt. Ingeniero, miembro del Partido Saadet (de la Felicidad) y de la Cámara de Ingenieros Eléctricos de Turquía. Casado y con seis hijos. En la fotografía de abajo, a la derecha. Recibió cuatro disparos: en la sien, en el pecho, en la cadera y en la espalda.

Necdet Yildirim (31 años): de Estambul. Miembro del Partido Saadet (de la Felicidad) y de la organización IHH, una de las principales organizadoras de la flotilla. Casado y con una hija de tres años. Fotografía de arriba, a la izquierda.
Ali Haydar Bengi (39 años):

Casado y con cuatro hijos, procedente de Diyarbakir, en el Kurdistán turco. Licenciado en Literatura Árabe por la Universidad Al-Azhar, El Cairo. Al conocer su muerte, en la ciudad montaron una tienda para que su familia pudiera recibir las condolencias de la gente en espera del funeral. Dentro de la tienda se mostraron fotografías de Ali junto con carteles de protesta contra Israel. En la plaza Dagkapi, unas 2000 personas protestaron entonando cantos contra Israel.
Cevdet Kiliçlar (38 años):

De Estambul. Periodista, casado y con dos hijos. Según los testigos, un soldado israelí le reventó la cabeza con un disparo efectuado a un metro de distancia. Fue de los primeros en caer. Miembro de la organización IHH. Algunas de sus fotografías pueden encontrarse en Flickr.
Çetin Topçuoğlu
(54 años): 

Ex campeón de Europa de Taekwondo. Casado y con un hijo. Su mujer, Cigdem Topcuoglu, aparece en varias imágenes del funeral de ayer jueves (fotografía de abajo, Getty images).

Fahri Yaldiz (43 años) :

Bombero que trabajaba en la municipalidad de Ayidaman. Casado y con cuatro hijos.
Cengiz Songür
(47 años):

Procedente de Izmir. Casado y con siete hijos.
Cengiz Akyüz
(41 años):

Procedente de Izkenderun, provincia de Hatay. Casado y con tres hijos.
Furkan Doğan (19 años):

Nacido en los Estados Unidos, tenía doble nacionalidad (turca y estadounidense). Estudiante en la Escuela Secundaria de Kayseri, donde vivía, se preparaba para estudiar medicina. Tenía dos hermanos. Según la autopsia, recibió cinco disparos a una distancia menor de 45 centímetros: en la cara, en la parte anterior de la cabeza, dos veces en la pierna y una en la espalda. La fotografía procede del álbum familiar y fue tomada el 6 de noviembre de 2008.

El gobierno turco ha enviado dos aviones ambulancia a Israel para recoger a los siguientes activistas, gravemente heridos: Uğur Süleyman Söylemez, Osman Kurt, Çelebi Bozan, Ahmet Ayhan Beker y Mehmet Ali Zeybek. Ante la presión internacional, finalmente el gobierno israelí liberó a los ciudadanos palestino-israelíes tras el pago de una fianza y con la prohibición de salir del país durante los próximos 45 días: el jeque Raed Salah, dirigente del Movimiento Islámico en el norte de Israel; el jeque Hamad Abu Daabes, dirigente del Movimiento Islámico en el sur de Israel; Muhammed Zeidan, director del Comité de Supervisión de los Ciudadanos Árabes de Israel; y Lubna Masarwa del Free Gaza Movement y la Universidad Al Quds. Sin embargo, se mantienen acusaciones kafkianas, como la de que pusieron en peligro las vidas de los soldados israelíes.

Lo más inquietante es que las cifras de muertos contradicen las declaraciones de algunos testigos presenciales que hablan de una quincena de muertos. Nadie, ni siquiera los activistas, saben con certeza cuántos ni quiénes son, por lo que habrá que esperar a que sus compañeros puedan coordinar un recuento definitivo, aunque carezcan del valioso material documental, audiovisual e informático que ha sido robado por las autoridades israelíes. Realmente se ha tratado de una auténtica operación de «conmoción y espanto» (shock and awe), altamente selectiva (todas las víctimas son turcas), frente a la más importante iniciativa de solidaridad internacional que se haya realizado nunca contra el asedio de Gaza. Según el español Manuel Tapial y otros testigos, ya había muertos antes de que desembarcaran las tropas de elite israelíes. Bulent Yildirim, director de la organización IHH, una de las organizadoras de la Flotilla de la Libertad, declaró que «los soldados mataron a un doctor que quería rendirse y tiraron algunos cadáveres al mar. Todavía no sabemos qué ha pasado con ellos«.

Como la mayor parte de la información que no produce Israel la está generando la prensa turca, me gustaría hacer algunas observaciones al respecto. Está claro que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan está aprovechando el incidente para justificar su distanciamiento de Israel y ganarse a la opinión pública árabe, hartos de que sus gobiernos ignoren o manipulen la causa palestina. Esta causa es, además, una de las pocas cosas que unen a una sociedad turca políticamente muy fragmentada, y permite superar la tradicional división entre los nacionalistas kemalistas y los islamistas que se aglutinan en torno al AKP y otros partidos. Por esta razón me parece que las motivaciones más importantes del gobierno turco son de política interior. Aunque no faltan voces de la elite que de manera sutil expresan su incomodidad ante el deterioro de las relaciones con Israel y la apropiación islamista de la lucha contra la opresión israelí, lo cierto es que el fervor nacionalista ha logrado situarlas en un segundo plano. Una efervescencia que podría servir para legitimar una renovada ofensiva contra los movimientos políticos kurdos. El pasado fin de semana, coincidiendo con el ataque israelí, un ataque de militantes del PKK dejó un saldo de seis soldados turcos muertos. Ironías de la geopolítica, cuando el ejército turco vuelva actuar, lo hará con armamento israelí.

La lucha contra el asedio de Gaza, contra la opresión de los palestinos en Israel, no es, no puede ser, una causa nacional. Quienes murieron no lo hicieron para defender la Sublime Puerta o Teherán frente al sionismo. Ni para reivindicar el Islam frente a los infieles. Ni para apoyar a los palestinos frente al pueblo judío. Aunque fueran turcos y musulmanes, su motivación no se explica por vínculos atávicos de sangre o de raza, como sugiere los asesinatos selectivos del comando israelí y toda una verborrea racial -y, en el fondo, racista- que sólo habla de «propalestinos» e «islamistas». Si la variopinta Flotilla de la Libertad molesta es porque con su acción los activistas muestran hasta dónde llega la resistencia del poder a toda posibilidad de democracia global.