El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) explica que, aún en 1863, el llamado Código de Lieber estipulaba que «es legítimo hacer padecer hambre a los beligerantes enemigos, armados o desarmados, a fin de acelerar el sometimiento del enemigo», pero ya en 1919 el Informe de la Comisión sobre la Responsabilidad, establecido tras la Primera Guerra Mundial, señalaba que «hacer padecer hambre deliberadamente a las personas civiles» constituía una violación de las leyes y costumbres de la guerra, susceptible de procesamiento penal. Desde entonces, ha estado claro lo que no se puede hacer.
Los estudios del CICR indican que la inanición se convierte en un arma de guerra cuando se utiliza para causar «daños directos» a la población civil alterando el sistema alimentario y no como consecuencia incidental de un conflicto.
Según el derecho internacional, se considera el hambre buscada como un crimen contra la humanidad especialmente cuando se priva a los civiles de alimentos y medicinas, como está ocurriendo hoy en Gaza con el asedio y la inanición sistemática. Existen varios convenios que prohíben el uso del hambre como arma y advierten contra ella en cualquier guerra:
- Los Convenios de Ginebra de 1949 y el Protocolo Adicional I de 1977: prohíbe el uso de la inanición como método de guerra, especialmente contra civiles.
- El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, de 1998: «La inanición deliberada de una población civil es un crimen de guerra si se lleva a cabo mediante la retención de los suministros necesarios para su supervivencia».
- La Resolución 2417 del Consejo de Seguridad, de 2018: condena el uso del hambre como arma y vincula los conflictos armados, la inseguridad alimentaria y el riesgo de hambruna.
La prohibición de hacer padecer hambre como método de guerra no prohíbe los estados de sitio (por la vía que sea), «siempre que tengan por finalidad alcanzar un objetivo militar y no hacer padecer hambre a la población civil», dice la Cruz Roja. El propio Israel, cita, tiene un manual sobre el derecho de la guerra en el que explica que la prohibición de hacer padecer hambre «implica claramente que debe permitirse a los habitantes abandonar la ciudad durante un estado de sitio». En caso contrario, la parte sitiante (Tel Aviv, en este caso) debe permitir el paso sin trabas de alimentos y otros suministros esenciales.
En el caso que nos ocupa, la obligación en el fondo no es nueva, porque Israel es una potencia ocupante de los territorios palestinos (Gaza, Cisjordania y el este de Jerusalén) desde 1967, lo que le obliga, según el derecho internacional, a velar por el bienestar general de los ciudadanos sometidos, tanto en bienes (comida, agua, combustible, electricidad) como en servicios (de la sanidad a la educación).
Rendición de cuentas
A pesar de la claridad de los textos legales, la rendición de cuentas sigue siendo poco frecuente», especialmente cuando se cuenta con el apoyo de grandes potencias, como en el caso de Estados Unidos e Israel. Sin arrestos, no hay juicio. Sin juicio, no hay asunción de responsabilidades, toda vez que la Corte Penal Internacional no juzga a personas en rebeldía.
Como pasa con la orden de arresto ya en vigor contra Netanyahu, ni se va a entregar voluntariamente si prospera una denuncia y una orden semejante por el uso del hambre como arma de guerra, ni lo van a entregar países amigos a los que puede seguir viajando sin riesgo (Hungría hasta se ha retirado de la CPI por su supuesto sesgo político). La CPI depende de sus Estados miembros para hacer cumplir sus acciones. No tiene una fuerza policial independiente ni capacidad para ejecutar órdenes de detención. Sin la cooperación de estas naciones, nada sale adelante.
Y hay un problema de base sin el que no podemos llegar ni a esas fases posteriores: el de probar la «intención criminal» en la aplicación de un delito así, demostrar la intención deliberada de causar hambre, especialmente en contextos complejos en los que se entrecruzan factores diversos. La deshumanización de discursos no es suficiente. A ello se suma, además, que se han reducido los testigos en Gaza, de prensa a cooperantes, por el veno israelí a la entrada de personal internacional que podría aportar pruebas para una hipotética demanda.
Hasta la fecha, ninguna parte en la historia reciente ha tenido que rendir cuentas claramente por el uso de la inanición, a pesar de que se han dado casos tan sangrantes como los de Sudán, Siria y Tigray.
https://www.huffingtonpost.es/global/no-crisis-humanitaria-crimen-guerra-hambre-gaza-arma-consecuencias-penales.html
29/07/25