
La «política calculada de inanición» de Israel, como la llama Naciones Unidas, no es una catástrofe sobrevenida, un terremoto o una inundación. El uso intencional es muy distinto a una «consecuencia incidental» de un conflicto.
Carmen Rengel
Es una constante en estos días. Los cooperantes o empleados de organizaciones internacionales que trabajan o han trabajado en Gaza (Palestina) se indignan ante el uso generalizado en la prensa de la etiqueta «crisis humanitaria» para hablar de lo que sucede en la zona, asediada por Israel desde octubre de 2023 y ahora, además, sumida en el hambre por la falta de ayuda.
Ezequiel Cruz, antiguo cooperante mexicano en la franja y en Cisjordania, lo explica con rabia en un grupo profesional de WhatsApp: «Una crisis humanitaria puede venir por una catástrofe ambiental, por un terremoto o una inundación, por una pandemia como la del covid-19 y, claro, por una guerra, pero como daño colateral, digamos, como una consecuencia fortuita y hasta entendible de ese conflicto armado». Sin embargo, lo que se ve en Gaza «es premeditado, es buscado, es voluntario, y eso merece otro nombre, que es el de crimen de guerra», se duele.
Luis Moreno Ocampo, primer fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), se expresaba en iguales términos esta mañana en la Cadena SER. Cree que lo que vemos en la costa palestina es «una hambruna decidida», por lo que no se puede tildar sólo de crisis, salvo que se quiera diluir su «hipocresía». Y para Jonathan Whittall, jefe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en los territorios palestinos, «lo que Gaza está presenciando no es sólo hambre, sino una política calculada de inanición». Sin medias tintas. La mano del hombre, detrás.
Según testimonios de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), Oxfam o Save the Children, más del 90% de la población gazatí se enfrenta a una dura lucha por sobrevivir. El Gobierno de Gaza alerta de que 40.000 bebés y 60.000 niños pueden morir «en cuestión de días» por el desabastecimiento tanto de alimentos como de medicinas. Ha cifrado en 147 los palestinos muertos ya por hambre o desnutrición, incluidos 88 niños, después de que durante las últimas 24 horas se registraran 14 nuevas muertes por esta causa.
La diferencia entre lo buscado y lo encontrado es el tipo de delito que se puede imputar a quien ordena o perpetra estas acciones. El derecho internacional tiene perfectamente tipificado el uso del hambre como arma de guerra. De momento, sobre el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, su exministro de Defensa, Yoav Gallant, y los líderes de Hamás pesa desde 2024 una orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. El hambre podría añadirse a demandas posteriores, según esta lectura.
El Ejecutivo del propio Netanyahu denuncia la supuesta difusión de cifras e imágenes «escenificadas o manipuladas» por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), al que ha acusado de «alimentar la percepción de una crisis humanitaria» en la Franja de Gaza pese a que «Israel ha estado trabajando para garantizar la entrega de ayuda». Ayuda que no llega desde hace tiempo: la zona ha estado sometida a un cerco de Tel Aviv desde 2007, controlando qué entraba y qué no, y ha mantenido el puño cerrado durante toda esta ofensiva, iniciada tras los ataques islamistas del 7 de octubre de 2023.
Ya eso, de por sí, era denunciado por ONG locales como un crimen de guerra, porque los Gobiernos israelíes incluso han ido midiendo las calorías que necesitaban los gazaríes y regular así la entrada de camiones, antes de la guerra, para no caer en las imágenes que hoy hacen que la comunidad internacional se lleve las manos a la cabeza, una realidad desvelada por el diario Haaretz.
Desde marzo, cuando fracasó la última tregua, el cerrojazo israelí ha sido total, hasta que hace dos días su Gobierno anunció pausas humanitarias (que están siendo violadas, con casi 100 muertos en 24 horas) y entrada limitada de bienes (unos 70 camiones por día, frente a los 500-600 de antes de la ofensiva).



