Esta guerra también debería servir de lección a los estados árabes del Golfo, que durante mucho tiempo creyeron que las bases militares estadounidenses garantizaban su seguridad. Por el contrario, se han visto marginados y nunca se les ha consultado sobre una guerra librada, directa o indirectamente, desde su propio territorio, en última instancia al servicio de los intereses israelíes. La presencia militar extranjera no aporta seguridad, sino que genera dependencia. La estabilidad regional duradera se construye mediante la cooperación regional, en condiciones que beneficien a toda la región.
Y lo que es más importante, la región debe ahora asumir una realidad que ya no puede ignorar: Israel produce inestabilidad dondequiera que va. Los llamados Acuerdos de Abraham llevaron a Israel al Golfo. Lo que siguió fueron bombas, drones y una ruina económica sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. He vivido en el Golfo. El único ruido que se oía en aquel tiempo era el petardeo del tubo de escape de algún coche viejo. En los últimos tres meses mis amigos han compartido grabaciones de misiles balísticos surcando el cielo y drones sobrevolando. Israel no trajo un escudo de defensa; trajo un objetivo. Su presencia es un imán para los disturbios. Es un cadáver que atrae a las avispas.
Lo cierto es que Israel es un agente del desorden y un parásito que se nutre del caos. Se envuelve en el lenguaje de la colaboración, el beneficio mutuo y los valores compartidos, engañando a los demás para que crean que el acuerdo es recíproco cuando, en realidad, es totalmente unilateral.
El historial de Israel habla por sí solo: un genocidio en Gaza, limpieza étnica en toda Cisjordania, 1,3 millones de refugiados internos en el Líbano, la ocupación de territorio sirio tras la caída de Assad, operaciones de desestabilización en el norte de Irak y en Sudán.
En Irak, la invasión estadounidense y el cambio de régimen no colmaron la insaciable sed de caos total de Israel. Su objetivo fueron los científicos iraquíes y la guerra contra el conocimiento mismo. Desde este punto de vista, el plan no ha cambiado en el caso de Irán. La insatisfacción de Israel con el memorando de entendimiento con Teherán no radica en que no consiga un Irán sin armas nucleares, sino en que no logre acabar con el conocimiento. Su objetivo más amplio es la supresión del desarrollo científico y tecnológico en toda la región. Israel busca vecinos incapaces de pensar de forma independiente, que consuman en lugar de producir, que importen en lugar de innovar. Quiere mantener el monopolio sobre las capacidades nucleares y el control del progreso científico regional.
Israel también ha traído la ruina a Estados Unidos. La guerra de Irak, orquestada a favor de Israel, contribuyó a desencadenar la crisis financiera de 2008, cargando a las futuras generaciones estadounidenses con billones en deuda acumulada que nunca se ha saldado por completo. Una guerra que Trump condenó, criticando a los líderes demócratas por no haber destituido a George W. Bush, quien “nos metió en la guerra con mentiras”.
No hace falta ser economista para comprender el coste de la actual guerra de Trump contra Irán, orquestada en beneficio de Israel. Llega sin previo aviso a todos los hogares estadounidenses, a la carnicería, a cada factura del supermercado; se refleja en cada recibo de gasolina, en cada precio que no deja de subir sin explicación alguna. Puede que aún no se den cuenta de su alcance. Para cuando lo hagan, el daño a la economía estadounidense, al igual que en 2008, será demasiado profundo como para revertirlo.
Para socavar una posible paz con Irán, los desagradecidos partidarios de “Israel primero”, como Ben Shapiro y Mark Levin, ya están aterrorizados cuestionando el memorando de entendimiento de Trump. Israel pondrá en marcha la red de medios de comunicación controlados por multimillonarios proisraelíes para moldear lo que los estadounidenses ven, leen y se les permite cuestionar. El antaño respetado programa 60 Minutes, bajo la dirección de su nueva jefa proisraelí Bari Weiss, permite a Netanyahu elegir a su propio entrevistador. Quién sabe, quizá también envíe sus propias preguntas.
Ahora Netanyahu y los sionistas estadounidenses tienen sesenta días para sabotear un acuerdo definitivo con Irán. Israel movilizará a sus donantes, presionará al Congreso y, si eso falla, recurrirá a lo que ha perfeccionado: una operación de bandera falsa contra las fuerzas estadounidenses en la región, u otro asesinato en el Líbano. Se desatará una conflagración y, una vez más, se combatirá con dinero y vidas estadounidenses. Porque un Oriente Próximo libre de la implicación militar estadounidense es el único resultado que Israel no puede tolerar: una perspectiva más amenazadora que cualquier centrifugadora nuclear iraní.
Jamal Kanj (jamalkanj.com) es autor de Children of Catastrophe: Journey from a Palestinian Refugee Camp to America y de otros libros. Escribe con frecuencia sobre temas relacionados con Palestina y el mundo árabe para diversas publicaciones nacionales e internacionales.
Fuente: www.counterpunch.org/2026/06/18/the-art-of-the-recycled-deal/
rebelion.org/el-arte-de-reciclar-un-acuerdo/
Rebelion 27/06/26