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Netanyahu ordena ataques en los suburbios del sur de Beirut tras los mortales enfrentamientos en el Líbano

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Defensa, Yisrael Katz, anunciaron que habían dado instrucciones al ejército para que llevara a cabo ataques en los suburbios del sur de Beirut, horas después de que un soldado israelí muriera y otros resultaran heridos durante enfrentamientos en el sur del Líbano.

Netanyahu y Katz declararon en un comunicado conjunto: «Hemos dado instrucciones al ejército para que bombardee objetivos en los suburbios del sur de Beirut».

Según Axios, funcionarios israelíes afirmaron que Tel Aviv había solicitado a la administración Trump autorización para llevar a cabo ataques a gran escala en Beirut, en un momento en que fuentes estadounidenses indicaban un descenso en el impulso de los recientes esfuerzos de alto el fuego, con advertencias de que Washington podría dar a Israel más margen para intensificar el conflicto.

Esta mañana, el ejército israelí anunció la muerte de un sargento de la unidad de comandos «Maglan» y las heridas sufridas por otros tres durante los combates en el sur del Líbano.

Medios de comunicación israelíes, entre ellos Yedioth Ahronoth y el Canal 12, informaron de que el soldado murió cuando una fuerza israelí fue atacada por un dron lanzado por Hezbolá en la zona de la aldea de Yahmar, cerca del castillo de Beaufort.

El ejército israelí anunció el domingo por la mañana que había tomado el control total del estratégico castillo de Beaufort, situado en una colina dominante con vistas al río Litani y al valle de Saluki.

En su declaración de esta mañana, informó que 137 oficiales y soldados resultaron heridos en las últimas dos semanas en el sur del Líbano, mientras que el número de víctimas desde la reanudación de los combates a principios de marzo ha aumentado a 26 muertos y 1.180 heridos, incluidos 69 heridos graves y 134 heridos moderados.

También señaló que 14 soldados han muerto desde que se declaró el alto el fuego, 10 de ellos como consecuencia de ataques con drones.

Sobre el terreno, sonaron las sirenas en varias localidades de la Alta Galilea, entre ellas Metula, Margaliot y Manara, tras la detección de lanzamientos de cohetes y drones desde el sur del Líbano.

La Autoridad de Radiodifusión de Israel informó que Hezbolá ha continuado desde el amanecer lanzando cohetes y drones hacia el norte de Israel.

El ejército israelí confirmó que anoche destruyó una plataforma de lanzamiento de misiles utilizada para atacar la zona de Tiberíades, y anunció el lanzamiento de un misil interceptor contra un «objetivo aéreo sospechoso» desde territorio libanés.

Por su parte, Hezbolá anunció en dos comunicados separados que había interceptado un dron israelí «Hermes 450» en los cielos del sur del Líbano, y que también había atacado a una fuerza israelí en las afueras orientales de la ciudad de Yahmar al-Shaqif, subrayando que esto era en respuesta a las «violaciones israelíes» del acuerdo de alto el fuego.

En un contexto relacionado, el ejército israelí amplió los procedimientos de evacuación y emitió advertencias urgentes a los residentes de varias ciudades del sur del Líbano, incluidas Al-Aqabiyah, Al-Zarariyah, Al-Marwaniyah, Sanibar, Al-Najariyah, Al-Adousiyah y Khirbet Basal en el distrito de Sidón, además de las ciudades de Mlikh y Kfarhouna en el distrito de Jezzine.

Aviones israelíes lanzaron ataques aéreos en las afueras de la ciudad de Toul, además de dos ataques en las ciudades de Mefdoun y Harouf, en el sur del Líbano.

El Ministerio de Salud libanés anunció ayer, domingo, que el número de muertos por los ataques israelíes contra el Líbano desde el 2 de marzo ha ascendido a 3.412 mártires y 10.269 heridos.

El ministerio declaró en un comunicado que «el saldo total acumulado de la agresión desde el 2 de marzo hasta el 31 de mayo ha alcanzado los 3.412 mártires y 10.269 heridos».

Desde el 2 de marzo, Israel ha estado librando una ofensiva a gran escala contra el Líbano, que, además de muertos y heridos, ha dejado a más de un millón de personas desplazadas y ha causado una destrucción masiva de edificios residenciales e infraestructuras.

Diario Al-Quds Libération

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Grandes empresas tecnológicas, objetivo militar legítimo

Fuentes: Rebelión

Por Renán Vega Cantor

La “era de la información” viene acompañada de sofismas que de tanto repetirse constituyen un nuevo sentido común, que gran parte de los seres humanos han interiorizado y consideran axiomas irrefutables. Algunos de esos sofismas han quedado hecho añicos por la guerra asimétrica de Irán contra los agresores del imperialismo [Estados Unidos] y del sionismo [Israel]. El mundo virtual y digital había llegado acompañado de una aura de neutralidad y de servicio desinteresado a la humanidad, como clara expresión del fetichismo de la tecnología. Hoy, de la manera menos impensada, la guerra contra Irán ha trastocado algunas de las falacias del mundo digital.

Lo virtual existe al margen, y no depende, de lo material

Un punto de partida que justifica la “sociedad digital” sostiene que para el funcionamiento del capitalismo lo prioritario es la información (algo inmaterial) y cada vez tiene menos importancia lo material. Habríamos entrado en una nueva fase de la historia en donde los bienes naturales (minerales, agua, biodiversidad, bosques…) estarían siendo irreversiblemente sustituidos por la información, llegando a sostener que esta es más importante que el petróleo.

En marzo, Irán atacó la sede de datos de Amazon en Israel y en Bahréin y, en forma inmediata, se detuvo el funcionamiento de la nube en parte del territorio de esos países. Esto hecho demostró que lo virtual funciona con materia energía y agua, sin cuyo elevado suministro la nube no puede operar. Ahí quedó en evidencia que la nube no es algo etéreo, sino que se aloja en grandes edificios y servidores, que son infraestructura física, construida con elementos vulgarmente materiales. Eso significa que cualquier artefacto digital, un celular, por ejemplo, no puede funcionar sin grandes dosis de materia y energía, así eso no sea evidente de ninguna manera, porque cunde el sofisma que la electricidad es inmaterial como si además no procediera de infraestructura hecha de materiales que la generan. 

Los conglomerados digitales hacen parte de la “sociedad civil”

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La guerra contra Irán NO es por las armas nucleares

Fuentes: Rebelión

Por Algernon Austin 

«Lo único que importa cuando hablo acerca de Irán es que no pueden tener armas nucleares», (Donald Trump)

Al parecer, el Gobierno de Trump ha decidido que la justificación de que Irán tiene armas nucleares para emprender la guerra es la más atractiva para el público, especialmente para su base republicana. Pero es importante recordar que este Gobierno ha esgrimido al menos una docena de razones diferentes para iniciar una guerra con Irán.

La revista Atlantic ha documentado diez de estas afirmaciones: (1) detener una amenaza inminente sobre las tropas estadounidenses, (2) impedir que Irán tenga armas nucleares, (3) impedir que Irán use terroristas por intermediación para desestabilizar Asia Occidental, (4) liberar al pueblo iraní, (5) impedir que Irán interfiera en las elecciones estadounidenses, (6) lograr la paz mundial, (7) hacer que el mundo sea seguro para los niños y nietos estadounidenses, (8) evitar que el régimen iraní asesine a Donald Trump, (9) lograr la segunda venida de Jesucristo, y (10) porque Israel estaba a punto de atacar a Irán.

La administración ha añadido más: (11) para proteger al pueblo estadounidense de los misiles de largo alcance de Irán y (12) para destruir la armada iraní. Como Irán cerró el estrecho de Ormuz en respuesta a los ataques, se puede añadir la razón (13): para reabrir el estrecho de Ormuz. Dado que al comienzo de la guerra las armas nucleares eran solo una de la docena de cuestiones que supuestamente importaban, no hay razón para aceptar que fueran la única o incluso la principal causa de la guerra. Y, por supuesto, vale la pena señalar que no hay ninguna prueba de que Irán tenga armas nucleares.

Sin embargo, el otro problema para el Gobierno estadounidense es que tituló de la siguiente manera un comunicado de prensa en junio de 2025: «Las instalaciones nucleares de Irán han sido destruidas y cualquier sugerencia que indique lo contrario son noticias falsas». Así que el año pasado este Gobierno afirmó que el programa nuclear de Irán había retrocedido años; este año Trump declaró que a Irán le faltaban dos semanas para desarrollar un dispositivo nuclear. Por supuesto, ambas cosas no pueden ser ciertas, pero es posible que ambas sean falsas.

Trump ha hablado de liberar al pueblo iraní y específicamente pidió la liberación de ocho mujeres iraníes condenadas a muerte en el país, pero el Gobierno estadounidense tampoco ha asumido oficialmente la responsabilidad del bombardeo de una escuela iraní para niñas. A pesar de las fuertes pruebas de que el causante fue un misil estadounidense, Trump continua diciendo que fue Irán o algún otro país. Trump amenazó con acabar con la civilización iraní, lo que habría constituido un crimen de guerra y un genocidio (la amenaza misma puede ser un crimen de guerra). Estas declaraciones contradictorias resultan incompatibles con la postura de alguien que dice realmente preocuparse por el pueblo de Irán.

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Los indicadores financieros ocultan el peligro que amenaza a la economía real

Fuentes: CTXT [Imagen: Guerra, estrecho de Ormuz, comercio mundial / Pedripol ]

Por Juan Torres López 

Si la guerra continúa y no se pone fin al bloqueo de Ormuz, la cuerda que sostiene a la economía global no se va a romper por el lado de las finanzas, sino por el de la economía real

En la historia económica reciente se produce reiteradamente un mismo fenómeno: quienes marcan las directrices de la política económica reaccionan tarde o con error. No porque sean incompetentes, sino porque actúan con sesgos ideológicos, utilizan modelos equivocados y se fijan en indicadores equivocados.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora con la crisis del Golfo Pérsico y entender por qué ocurre es crucial para percibir el daño que se está acumulando mientras se mira a otro lado.

Dos fuentes de error

A mi juicio, hay dos causas que explican la ceguera con que se enfrentan a los problemas económicos quienes diseñan y orientan la política económica.

La primera tiene que ver con los modelos económicos que utilizan. Como acaba de mostrar Steve Keen para el caso que nos ocupa, no incorporan con realismo el efecto que tienen los choques energéticos sobre la producción y eso les lleva a subestimar las consecuencias que tienen sobre la economía real.

Es una limitación muy grave y merece un análisis propio, pero no la voy a abordar en este artículo.

Aquí voy a explicar una segunda causa de ceguera y error: leer la realidad tomando excesivamente en consideración los indicadores financieros. Unos indicadores que generalmente producen (por las razones que voy a explicar enseguida) una imagen de la situación sistemáticamente más tranquilizadora que la que realmente existe. 

Una metáfora para entendernos

Imaginemos que se produce un accidente que bloquea el acceso de bienes y servicios a nuestro pueblo o ciudad y que sólo se dispone del 40 % de los que habitualmente consumen las viviendas y empresas. Los vecinos tratarán de aprovisionarse, racionarán su consumo, los bienes escasearán y es muy posible que muchas tiendas y empresas paralicen su actividad.

El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo

Imaginemos que, para saber cuál es la situación real en la que nos encontramos y tomar medidas, en lugar de fijarnos en las cantidades y en los precios del momento presente, miramos un tablero en donde aparecen los que se espera que tengan los bienes dentro de tres meses, cuando nos dicen los técnicos que ya se habrá arreglado el problema y recuperado el acceso. 

Eso es exactamente lo que está ocurriendo con el Estrecho de Ormuz. El grifo de energía que abastece a la economía mundial lleva semanas fuertemente alterado, con caídas muy significativas en el tráfico marítimo. Sin embargo, los mercados financieros –el tablero donde nos dicen que miremos– fijan precios no en función de la gravedad de lo que ocurre ahora, sino considerando que el problema es manejable y temporal.

Un ejemplo simple y claro para que lo entiendas: el 13 de abril, el precio del crudo físico (el que se podía comprar en nuestro pueblo tras el bloqueo en la metáfora que acabo de poner) era de 132,74 dólares por barril. El precio del contrato de futuros para junio (el que los mercados pensaban que tendría en ese mes) era de 99,36. Una divergencia que refleja expectativas de una muy rápida normalización.

Qué es el Estrecho de Ormuz y qué está pasando allí

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El alto el fuego en el Líbano supone una derrota estratégica histórica para Israel

El colapso es real

Por Ramzy Baroud 

Ayer jueves [16 de abril de 2026] el presidente estadounidense Donald Trump fue quien anunció un alto el fuego en el Líbano, pero la realidad cuenta una historia muy diferente. El alto el fuego no fue fruto de la diplomacia estadounidense ni de un cálculo estratégico israelí. Se impuso, en gran medida como resultado de la presión sostenida de Irán.

Washington, Tel Aviv y sus aliados —incluidos algunos dentro del propio Líbano— seguirán negando esta realidad. Reconocer el papel de Irán significaría admitir que se ha sentado un precedente histórico: por primera vez, las fuerzas que se oponen a Estados Unidos e Israel han logrado imponer condiciones a ambos.

No se trata de un acontecimiento menor. Es una ruptura estratégica. Pero no es el único cambio fundamental que se está produciendo: el propio enfoque de Israel respecto a la guerra y la diplomacia está cambiando.

Tras fracasar en su intento de asegurar la victoria mediante una violencia abrumadora, Israel recurre cada vez más a la diplomacia coercitiva para imponer resultados políticos.

En las últimas dos o tres décadas, esta estrategia israelí se ha vuelto inequívocamente clara: lograr mediante la diplomacia lo que no ha conseguido imponer en el campo de batalla.

La «diplomacia» como guerra

La «diplomacia» israelí no se ajusta al significado convencional del término. No implica una negociación entre iguales, ni una búsqueda genuina de la paz. Más bien, es una diplomacia fusionada con la violencia: asesinatos, asedios, bloqueos, coacción política y la manipulación sistemática de las divisiones internas dentro de las sociedades opuestas. Es la diplomacia como una prolongación de la guerra por otros medios.

Del mismo modo, la concepción que tiene Israel del «campo de batalla» es radicalmente diferente. Los ataques deliberados contra civiles e infraestructuras civiles no son accidentales, ni se trata simplemente de «daños colaterales»; son un elemento central de la propia estrategia.

En ningún lugar queda esto más claro que en Gaza. A raíz del genocidio que se está llevando a cabo, amplias zonas de Gaza han quedado reducidas a escombros, y las estimaciones indican que se ha destruido alrededor del 90% de todo el territorio de Gaza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, las mujeres y los niños representan sistemáticamente alrededor del 70% de todas las víctimas de Gaza.

Esto no es daño colateral. Es la destrucción deliberada de una población civil, un acto de genocidio diseñado para forzar el desplazamiento masivo y remodelar la realidad política y demográfica a favor de Israel.

La misma lógica se extiende más allá de Gaza. Da forma a las guerras de Israel en el Líbano contra Hizbolá y a su enfrentamiento más amplio con Irán.

Estados Unidos, el principal aliado de Israel, ha actuado históricamente dentro de un paradigma similar. Desde Vietnam hasta Iraq, las poblaciones civiles, las infraestructuras e incluso el propio medio ambiente han soportado el peso de la guerra estadounidense.

Un modelo que se tambalea

A menudo se argumenta que Israel recurrió a la «diplomacia» tras su retirada forzosa del sur del Líbano en 2000 bajo la presión de la resistencia. Si bien ese momento fue crucial, no fue el comienzo.

Existen precedentes anteriores. La Primera Intifada (1987-1993) demostró que un levantamiento popular sostenido no podía ser aplastado únicamente mediante la fuerza bruta. A pesar de la intensa represión israelí, la revuelta perduró.

Fue en este contexto donde surgieron los Acuerdos de Oslo, no como un auténtico proceso de paz, sino como un salvavidas estratégico. A través de Oslo, Israel logró políticamente lo que no pudo imponer militarmente: la pacificación del levantamiento, la institucionalización de la fragmentación política palestina y la transformación de la Autoridad Palestina en un mecanismo de control interno.

Mientras tanto, la expansión de los asentamientos se aceleró e Israel cosechó la legitimidad global de presentarse como un Estado «buscador de la paz».

Sin embargo, las dos últimas décadas han puesto de manifiesto los límites de este modelo.

Desde el Líbano en 2006 hasta las repetidas guerras sobre Gaza (2008-09, 2012, 2014, 2021 y el genocidio en curso desde 2023), Israel no ha logrado obtener victorias estratégicas decisivas. Sus continuos enfrentamientos con Hizbolá e Irán subrayan aún más este fracaso.

Israel no sólo ha sido incapaz de alcanzar sus objetivos militares declarados, sino que tampoco ha logrado traducir su abrumadora potencia de fuego —incluso el genocidio— en beneficios políticos duraderos.

Algunos interpretan esto como un giro hacia la guerra perpetua bajo el mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu. Pero esta interpretación es incompleta.

¿Guerra perpetua?

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Ultimátum de Trump, ¿para quién?

Fuentes: La Jornada – Humor gráfico: Hernández

Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso.

Vence el ultimátum que el presidente Donald Trump dio a Irán para que permita la libre circulación de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz o sea enviado “a la Edad de Piedra, a donde pertenece”. El magnate reiteró su amenaza ayer con un mensaje tan propio de él como impropio de las autodenominadas democracias liberales: “se agota el tiempo y quedan 48 horas para que se desate el infierno sobre ellos. ¡Gloria a Dios!”, expresó en la red social de su propiedad.

Pese al ruido y la furia de la Casa Blanca, nada indica que Teherán se plantee ceder: hasta ahora, la república islámica ha mostrado una voluntad inquebrantable de resistir las embestidas, y es muy difícil que cambie de parecer cuando acaba de propinarle a su adversario el golpe simbólico de derribar dos aviones de guerra apenas dos días después de que Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, afirmaran haber obtenido “el control total de los cielos” en Medio Oriente. El presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, no dejó pasar la oportunidad para mofarse de Trump al ironizar que “tras vencer a Irán 37 veces seguidas, esta brillante guerra sin estrategia que ellos mismos iniciaron ha pasado de ser un simple ‘cambio de régimen’ a un ‘¡Oye! ¿Alguien puede encontrar a nuestros pilotos? ¿Por favor?’ ¡Vaya!”

Conforme pasan los días y el mundo constata que Estados Unidos carece de ideas y recursos para forzar la reapertura del estratégico paso marítimo, las partes interesadas parecen aceptar la nueva normalidad en que Teherán establece las condiciones de circulación para los buques que movilizan una quinta parte de las exportaciones globales de petróleo y gas natural, además de un volumen fundamental de fertilizantes. En efecto, más allá de los sentimientos que gobiernos y empresas tengan hacia la revolución islámica, en estos momentos arreglarse con los iraníes parece la opción pragmática a fin de destrabar los flujos comerciales, e incluso se está asentando cierta resignación acerca de que las revisiones y “peajes” instaurados por Irán permanecerán tras el fin del conflicto armado, puesto que le otorgan a Irán la doble ventaja de prevenir nuevas agresiones y captar capitales muy bienvenidos en una economía herida por las sanciones ilegales de Washington y sus aliados.

Junto al prófugo de la Corte Penal Internacional Benjamin Netanyahu, Trump es el primer responsable de la postura iraní. Durante años, Teherán se abstuvo de responder a los sabotajes, bombardeos y asesinatos de sus líderes perpetrados por Israel y Estados Unidos, así como al castigo colectivo impuesto por Occidente contra toda su población, pero ello no evitó la agresión en curso. También suena hueco el llamado a negociar cuando continúan sin pausa los atentados contra sus líderes. Y no se puede llamar a Teherán a rendirse por el bien de los civiles si antes de que se desate “el infierno” ya fueron destruidos o dañados más de 100 mil edificios civiles, entre los que se encuentran 300 centros de salud, 30 universidades y 600 escuelas, incluida la primaria en la que fueron masacradas 169 niñas. Ayer mismo, la dupla Trump-Netanyahu cometió la irresponsabilidad máxima de atacar la planta nuclear de Bushehr, sobre la cual, debe remarcarse, no existe ningún indicio de actividad que rebase los fines legales y pacíficos.

El hecho es que la prisa no corre para las autoridades iraníes, sino para Trump, y que éste se metió a sí mismo en una situación en la que debe elegir entre alternativas indeseables. Si decide recortar sus pérdidas retirándose y aceptando el control iraní sobre Ormuz, habrá perdido toda credibilidad ante sus aliados de la región y deberá digerir una humillación política que no podrá borrar con ninguna bravuconada retórica. Si destruye la industria petrolera iraní para doblegar a Teherán, pasarán años antes de que se normalice el suministro del hidrocarburo y los precios vuelvan a niveles manejables, con lo que provocaría una crisis económica global. Si redobla su apuesta por la violencia e intenta apoderarse del petróleo persa, no sólo corre el riesgo de no conseguirlo, sino además, el de sufrir considerables bajas humanas en el proceso. Si bien es imposible esperar de Trump decisiones sensatas basadas en el bien común, cabe desear que sus cálculos egoístas de cara a las elecciones legislativas de medio término lo lleven a tomar el camino menos dañino.

Fuente: www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/05/editorial/trump-ultimatum-para-quien

rebelion.org/ultimatum-de-trump-para-quien/

06/04/26

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¿Cuánto cuesta y quién paga la guerra de Irán?

Fuentes: El tábano economista

Por Alejandro Marcó del Pont

¿Quién paga el precio de la imprudencia en el Golfo? (El Tábano Economista)

Cuando el presidente Donald Trump ordenó los primeros ataques aéreos contra Irán el 28 de febrero de 2026, pocos imaginaron que la «Operación Furia Épica» se convertiría, en apenas un mes, en un espejo implacable de las guerras modernas: costosas, desiguales y políticamente tóxicas. Lo que comenzó como una operación quirúrgica contra instalaciones nucleares y militares iraníes se ha transformado en un conflicto que ya ha costado a Estados Unidos más de 16.500 millones de dólares en solo doce días de combates intensos. Una media de 1.500 millones diarios que, según estimaciones del Center for Strategic and International Studies (CSIS) actualizadas al 13 de marzo, no tiene precedentes desde la invasión de Irak en 2003.

El Pentágono reportó al Congreso que los primeros seis días devoraron 11.300 millones de dólares en gastos operativos no presupuestados. Esa cifra incluye más de 5.600 millones solo en municiones de alto costo: misiles Tomahawk (3,5 millones de dólares cada uno), JASSM y sistemas de defensa Patriot y THAAD. Los primeros días vieron un uso masivo que obligó a una «transición de municiones» hacia armas más baratas para evitar agotar inventarios críticos. Pero el verdadero precio no está solo en esas facturas. La pregunta de quién paga realmente esta guerra revela la crudeza de su economía moral.

Los contribuyentes estadounidenses financian el grueso a través de deuda adicional. El Congreso ya anticipa un suplemento de más de 50.000 millones de dólares para reponer existencias y cubrir pérdidas: tres cazas F-15 derribados en incidentes amistosos, once drones MQ-9 Reapers y un radar THAAD, cuyo costo conjunto asciende a 1.700 millones de dólares. En este contexto se enmarca la petición formal al Congreso de unos 200.000 millones de dólares adicionales. Esta solicitud representa aproximadamente el 24% del presupuesto total de defensa de 2026, que asciende a 839.000 millones, y equivale a casi el 50% del Producto Interior Bruto anual de Irán, que en 2025 fue de 356.510 millones. A estos costos no se suma la reparación de las bases estadounidenses en el Golfo, cuyo valor asegurado ronda los 395.000 millones.

Esta montaña de deuda se añade a los 39 billones de dólares que ya acumula Estados Unidos. Se espera que la cifra alcance los 40 billones antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Los intereses anuales de esa deuda rondan ya el billón de dólares. Las generaciones futuras pagarán con recortes implícitos en Medicaid, en los cupones de comida del programa SNAP o en infraestructura. Mientras tanto, los consumidores —especialmente los del quintil inferior de ingresos, aquellos que ganan menos de 35.000 dólares al año— absorben el golpe diario a través de la inflación energética.

El cierre del Estrecho de Ormuz, declarado por Irán el 4 de marzo y aún parcialmente bloqueado, ha disparado el precio del Brent por encima de los 100 dólares por barril, con picos temporales de 120 dólares. La gasolina en Estados Unidos ha subido a un promedio nacional de entre 3,90 y 4,50 dólares por galón, un incremento de hasta 65 centavos que actúa como un impuesto regresivo brutal. Porque el costo económico de esta guerra no se distribuye de manera equitativa. Las cargas recaen de forma desproporcionada sobre los hombros de los hogares de menores ingresos, mientras que los más ricos se benefician de un efecto riqueza.

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Proclamar la victoria, aunque se admita la derrota: no hay una forma fácil de abrir Ormuz

ALASTAIR CROOKE

El contraataque estratégico iraní no fue concebido para propiciar una negociación, sino para crear las circunstancias que le permitan escapar de la «jaula» impuesta por Occidente

Las derrotas que Occidente sigue sufriendo son, sobre todo, intelectuales. Y «no ser capaces de comprender lo que ven implica que es imposible responder eficazmente». Así lo argumentó Aurelien. Pero «el problema va más allá de la lucha en el campo de batalla, y radica en comprender la naturaleza de las guerras asimétricas y sus dimensiones económicas y políticas».

«Esto se ve especialmente en el caso de Irán, donde… Washington parece incapaz de comprender que la ‘otra parte’ sí tiene una estrategia con componentes económicos y políticos, y la está implementando»

«[En consonancia con la obsesión occidental por las trivialidades], toda la atención mediática se ha centrado últimamente en el despliegue de tropas estadounidenses en la región y sus posibles usos, como si eso, por sí solo, fuera a decidir algo. Sin embargo, en realidad, el verdadero problema reside en el desarrollo y despliegue por parte de Irán de un nuevo concepto de guerra, basado en misiles, drones y preparativos defensivos, y en la incapacidad de Occidente, con su mentalidad centrada en las plataformas, para comprender y procesar estos acontecimientos [es decir, asimilar plenamente la estrategia que subyace a la guerra asimétrica]»

El concepto y modelo de seguridad de Irán se planificó hace más de 20 años. El detonante para el paso a un paradigma asimétrico fue la destrucción total del mando militar centralizado de Irak por parte de EEUU en 2003, como resultado de un ataque aéreo masivo de tres semanas sobre Bagdad.

El problema que surgió para Irán a raíz de este suceso fue cómo construir una estructura militar disuasoria cuando no poseía (ni podía poseer) una capacidad aérea comparable a la de un adversario de su nivel. Y, además, cuando EEUU podía observar la magnitud de la infraestructura militar iraní desde sus cámaras satelitales de alta resolución.

La primera respuesta consistió simplemente en mantener la menor parte de su estructura militar expuesta a la vista desde el aire. Sus componentes debían estar enterrados, y a gran profundidad (fuera del alcance de la mayoría de las bombas). La segunda respuesta fue que los misiles enterrados a gran profundidad podrían, de hecho, convertirse en la «fuerza aérea» de Irán, es decir, un sustituto de una fuerza aérea convencional. Por lo tanto, Irán lleva más de veinte años construyendo y almacenando misiles. La tercera respuesta fue dividir la infraestructura militar de Irán en comandos provinciales autónomos, descentralizando los centros de mando, cada uno con sus propios depósitos de municiones, silos de misiles y, cuando procediera, sus propias fuerzas navales y milicias.

En resumen, la maquinaria militar de Irán, en caso de un ataque selectivo, fue diseñada para operar como una máquina de represalia automatizada y descentralizada que no puede ser detenida ni controlada fácilmente.

Cuando no podemos comprender lo que tenemos delante de nuestros ojos, lo más fácil es recurrir a lo que uno conoce –un despliegue de tropas– y seguir haciendo lo que no ha funcionado en el pasado.

En una etapa anterior de su carrera, un joven Trump, desesperado por ser admirado como una estrella en el mundo inmobiliario de Manhattan, eligió al abogado neoyorquino Roy Cohen como su mentor personal. «Este último era también el abogado de las cinco grandes familias criminales de la ciudad, quien, con conexiones como estas, se había ganado la reputación de ser alguien con quien no convenía meterse», relata el comentarista militar israelí Alon Ben David.

En la mayoría de los casos, a Trump le bastaba con presentar a Cohen a la otra parte del acuerdo para que esta aceptara sus condiciones. A veces, Trump también se veía obligado a llevar a la otra parte a los tribunales, donde Cohen se defendía con uñas y dientes ante los jueces y ganaba. Pero ese siempre fue el objetivo principal de Trump: ganar. No para aumentar el pastel, no para que ambas partes ganaran, sino para obtener una victoria solo para él, y preferiblemente con la rendición de la otra parte.

El tiempo avanza y, como escribe Ben David, el coloso militar estadounidense sirve hoy como el «Roy Cohen» de Trump. Este exhibe el poderío militar estadounidense ante los iraníes con la esperanza de que capitulen fácilmente; de lo contrario, Trump les dará rienda suelta. Tras la concentración de la armada estadounidense frente a la costa persa, Trump se quejó ante Witkoff de que estaba «perplejo y confundido» por el hecho de que los iraníes no hubieran capitulado al avistar semejante poder naval.

«[La razón del desconcierto de Trump es que] esta vez se enfrenta a un oponente diferente a cualquiera que haya conocido. No se trata de magnates inmobiliarios de Manhattan ni de mafiosos de Atlantic City, sino de persas, miembros de una cultura milenaria, con conceptos distintos del tiempo y de lo que significa la victoria».

Trump ahora no sabe qué hacer: está confundido y no sabe cómo salir de este aprieto. Ha amenazado a Irán, pero no ceden. Y como era de esperar, el régimen de Netanyahu, temiendo que Washington pueda entablar negociaciones con Irán antes de que sus capacidades militares hayan sido completamente desmanteladas, «está presionando a Trump para que lleve a cabo una operación breve y de alta intensidad que podría incluir fuerzas terrestres» , escribe el comentarista israelí Ben Caspit en Ma’ariv.

Si bien Trump está enviando mensajes contradictorios sobre las perspectivas de conversaciones con la República Islámica, los funcionarios israelíes creen que está considerando tres opciones: primero, intensificar la guerra atacando la infraestructura energética de Irán en la isla de Kharg y en su yacimiento de gas de South Pars; y como segunda opción, una operación terrestre para eliminar las reservas de uranio altamente enriquecido de Irán.

Una tercera opción que se baraja sería negociar un acuerdo con Irán, pero tal posibilidad sería vista por los círculos dirigentes israelíes como una «clara victoria iraní que allanaría el camino para la supervivencia de la República de Irán», escribe Caspit. «Israel se centra (ilusoriamente) en debilitar al régimen hasta el punto de que no pueda recuperarse, con la esperanza de, tal vez, fomentar futuras protestas masivas. Este argumento también se utiliza para convencer a Washington de que continúe la guerra», subraya Caspit.

Una cuarta opción podría ser que Trump simplemente declare la victoria y se retire.

¿Qué podría esperar lograr Trump, siendo realistas, si amplía la guerra?

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Deportan a una docente casada con un argentino por su origen iraní

Leila Mohammadi junto a su familia.

En un contexto de creciente alineamiento con Israel y Estados Unidos, el gobierno de Javier Milei tomó la decisión de deportar a una docente iraní Leila Mohammadi casada con un argentino. El hecho ocurrió el mismo día de la detención del activista brasileño parte de la flotilla global por Gaza, Thiago Ávila. Hoy el gobierno anunció la expulsión del embajador de Irán. Por ANRed.

Ese martes por la noche, Leila Mohammadi, de 45 años, arquitecta, doctora en comunicación y docente universitaria, fue detenida al ingresar al país junto a su marido, también académico. Ambos residen en Chile desde hace dos años y viajaban con fines familiares. Sin embargo, fue interceptada por personal migratorio, esposada y retenida durante 12 horas.

Según denuncias, fue hostigada, privada del sueño y nunca recibió explicaciones sobre su situación. A la mañana siguiente fue liberada, pero inmediatamente deportada a Santiago de Chile.

Ese mismo día, también en Aeroparque, fue detenido el activista brasileño Thiago Ávila, coordinador de Global Sumud. Había llegado desde Montevideo junto a su familia para continuar una gira internacional vinculada a la organización de una flotilla humanitaria con destino a Gaza, cuyo objetivo es denunciar el bloqueo israelí.

Las autoridades señalaron que su detención respondió a una “alerta”, aunque no brindaron detalles. Desde la organización de la flotilla denunciaron que se trató de una decisión política “emanada de las más altas esferas del gobierno”, en el marco de una política de criminalización de la militancia internacionalista. Ávila fue incomunicado y separado de su familia, y se preveía su deportación. Dirigentes como Myriam Bregman, Romina del Plá, Celeste Fierro y Juan Grabois repudiaron el hecho y exigieron su liberación.

Un giro cada vez más restrictivo

Los episodios no aparecen como hechos aislados. Se inscriben en una política migratoria que el gobierno viene profundizando desde comienzos de año, con operativos en el conurbano bonaerense, controles masivos y anuncios de expulsión para personas en situación irregular.

A esto se suma el avance en la creación de una Agencia de Seguridad Migratoria ,comparada por distintos sectores con un “ICE argentino”, que buscará reforzar los controles y acelerar deportaciones.

La reciente decisión de Cancillería anunciada hoy se inscribe en esa misma línea: una política exterior y migratoria cada vez más alineada con los intereses geopolíticos de Estados Unidos e Israel, y orientada a restringir el ingreso y la circulación de determinadas personas, en particular aquellas vinculadas a espacios de militancia, solidaridad internacional o países considerados “sensibles”.

Hoy, La Cacillería declaró «persona no grata y expulso al embajador iraní del país. La decisión fue oficializada mediante un comunicado de Cancillería, donde se informa que el diplomático deberá abandonar el territorio argentino en un plazo de 48 horas.

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La oportunidad del estrecho de Ormuz

Fuentes: CTXT [Imagen: Personas yendo a trabajar en bicicleta en Copenhague (Dinamarca). / Kristoffer Trolle]

Por Carlos Moreno Azqueta, Pedro Díaz Alejo | 04/04/2026 | 

El 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida

En las últimas semanas, la invasión de Irán ha puesto patas arriba el orden internacional. Los iraníes lo han sentido en carne propia a través de ataques y bombardeos que suponen diversos crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos e Israel y que infligen dolor, muerte y desesperación a la población. Estos ataques incluyen uno a una refinería que provocó una lluvia de gasolina sobre los 10 millones de habitantes de Teherán. Mientras, el resto del mundo lo siente a través de una subida de precios generalizada provocada por la respuesta militar iraní: el bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que pasan el 20 % del gas y el petróleo mundial, y más del 30 % de los fertilizantes. Sumado a los ataques a infraestructuras de producción de combustibles fósiles, sabemos que la inflación provocada se alargará como mínimo meses, y que el shock podría ser comparable a las crisis del petróleo de los 70.

El modo en el que la economía mundial se resiente dice mucho de nuestra dependencia respecto a la industria fósil. A pesar de que en los últimos años las energías renovables se han abierto paso y sus costes se han reducido, hoy no llega al 20 % de la energía primaria total que se consume en España; en el conjunto del planeta, los combustibles fósiles suponen más de un 80 % de la energía consumida, ya sea en forma de electricidad, o, más relevante, para alimentar nuestras inmensas flotas de coches a combustión y fábricas industriales. Incluso nuestro sistema alimentario está hecho de gas y petróleo: los insumos fósiles que incorporamos a la tierra suponen un mayor gasto de energía que los cultivos que obtenemos, haciendo que el sistema sea energéticamente deficitario. Nos movemos, consumimos y comemos gracias al petróleo, el gas y el carbón.

La maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba

Esta crisis no será la última. Por todo el mundo, los combustibles fósiles están asociados a la guerra, las dictaduras y la violación de derechos humanos, y en nuestra dependencia financiamos, día tras día, los mismos misiles que hoy impactan en Teherán. Por eso abandonar los combustibles fósiles es hoy una lucha internacionalista: no sólo son los países del sur global quienes más sufren las consecuencias de una crisis climática generada en el torno, sino que la maquinaria fósil empodera a todos aquellos que usan la energía y el ecocidio como armas de guerra, desde Palestina hasta Cuba. En estas circunstancias, no se trata solo de proteger a la ciudadanía de un shock inflacionario, sino de convertir la situación en una oportunidad para alcanzar autonomía y construir un mundo en paz.

Tras las sucesivas crisis del petróleo de los años 70, ciudades como Copenhague optaron por transformar su modelo de movilidad, apostando por la bicicleta, el transporte público y las ciudades cercanas. Pero fueron pocas quienes siguieron su ejemplo: en España, nuestra idea de modernización y progreso se centró en torno al coche como el epítome de la libertad, y las administraciones no dejaron de privilegiar ese modelo. Hoy, las carreteras, aparcamientos y gasolineras llenan nuestro espacio público; la contaminación atmosférica acaba con la vida de 400.000personas al año solo en Europa, y nos hemos enredado en una dependencia evitable con Irán, Rusia, Argelia o Estados Unidos.

El sector del transporte es el principal generador de emisiones de gases de efecto invernadero en España (un tercio del total en 2024), y más del 90 % de las emisiones que produce este sector en nuestro territorio corresponden al transporte por carretera. No existe transición energética ni solidaridad internacionalista sin reducir significativamente los trayectos de nuestro ejército de coches de tonelada y media, que quedan estacionados el 97 % del tiempo y en la mayor parte de los viajes apenas mueven un individuo de 70 kilos. 

Privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario

Pero esta reducción no debe entenderse como un sacrificio, una renuncia en favor de un bien mayor, ya sea la autonomía, la paz, la economía, el medio ambiente o la salud. Tenemos que entenderlo como una oportunidad para vivir mejor, para construir un sistema de movilidad más resiliente, eficiente y humano. Frente al atasco y la contaminación atmosférica, proponemos el lujo colectivo de un transporte público gratuito y de calidad, de carriles bici seguros, zonas peatonales y una vertebración efectiva de las zonas rurales. Porque además de monstruoso, el capitalismo fósil es también ineficiente. Al privatizar cada segmento de nuestra vida amputa la posibilidad de un consumo comunitario que, en el caso del transporte, es capaz de mover a muchísima más gente usando menos recursos.

Aunque la transformación que proponemos es profunda, sus políticas son muy simples de aplicar. Bélgica paga por kilómetro recorrido a cada ciudadano que abandona el coche para ir al trabajo en bicicleta, una política que debe combinarse con una reestructuración urbana para que los carriles bicis sean seguros y lleguen a los sitios. Las líneas y frecuencias del transporte público pueden ampliarse mientras se reducen los precios. Podemos fomentar la compartición de los vehículos y obligar a las empresas a desarrollar planes de movilidad que reduzcan emisiones. O, como la propia Agencia Internacional de la Energía proponía al tiempo que nuestro Consejo de Ministros deliberaba sus medidas anticrisis, podemos reducir la velocidad a la que nos movemos o tomar menos aviones por motivos profesionales. Este artículo se haría interminable si mencionamos cada propuesta, pero el repertorio es amplio.

Nuestras soluciones hoy son muchas más que las que Dinamarca tuvo en los años 70. Por un lado, podemos desterrar de forma definitiva los combustibles fósiles y la nuclear sustituyéndolos por energías renovables, hoy mucho más eficientes y limpias: podemos alcanzar un 100 % de generación eléctrica renovable, y también electrificar la mayor parte de nuestra economía, apostando por las bombas de calor y los autobuses eléctricos.

Al mismo tiempo, si bien nuestra demanda energética ha crecido enormemente a nivel mundial, no siempre lo ha hecho nuestro bienestar. Gran parte de nuestros usos energéticos tienen que ver con el derroche, la ineficiencia o el enriquecimiento de una minoría a costa de los demás. No necesitamos una industria militar que se deleita con cada nuevo ataque, una obsolescencia programada que nos obliga a consumir más y más o un modelo agroindustrial que destruye la biodiversidad a base de monocultivos. Nuestras posibilidades para reducir el consumo energético viviendo mejor son enormes.

Frente a la crisis del estrecho de Ormuz, hay quien querrá capear el temporal y mantener el modelo. No es momento para grandes cambios, dirán, todo esto es muy caro. Pero sabemos que mienten. Defienden un sistema moribundo pero letal, una economía de la muerte y la guerra, en la que el 80 % de la población vivimos en países que importan combustibles fósiles del 20 % restante. Y cada día que nos resistimos a cambiar le insuflamos más vida.

Tenemos todas las herramientas para abandonar los combustibles fósiles y vivir mejor. Para construir un mundo que satisfaga las necesidades energéticas de toda la población sin alimentar el extractivismo, un mundo construido sobre la igualdad y la solidaridad, entre los seres humanos y entre el conjunto de seres vivos que poblamos este planeta. No desaprovechemos la oportunidad.

Carlos Moreno Azqueta y Pedro Díaz Alejo son activistas de Ecologistas en Acción.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260301/Firmas/52674/carlos-moreno-azqueta-pedro-diaz-alejo-ormuz-estrecho-guerra-iran-eeuu-combustibles-fosiles-energia-renovable-dependencia.htm

Rebelion 04/04/26