
Escribe Federico Novo Foti
La lucha por terminar con la dominación española había comenzado en 1810. Seis años después, en Tucumán, se declaró la independencia. Sin embargo, a 210 años, el país volvió a caer bajo el dominio de las potencias imperialistas y aún tenemos por delante la enorme tarea de lograr una segunda y definitiva Independencia.
El 24 de marzo de 1816 comenzaron las sesiones del Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas de Sudamérica en San Miguel de Tucumán. Cada provincia participante había elegido a un diputado cada 15 mil habitantes.1 El 9 de julio, los diputados firmaron el Acta de Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas.
El acta original afirmaba la voluntad de ser “una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. Uno de los que presionaba para adoptar esa decisión era José de San Martín. Pero como aún existían sectores que entendían el futuro del país como el cambio de la dependencia de una potencia europea por otra, diez días después, se completó el acta con el agregado “y de toda dominación extranjera”.2
De la revolución a la guerra
La invasión del ejército francés de Napoleón Bonaparte a España y Portugal en 1808 tuvo enormes consecuencias políticas. La corona portuguesa emigró con toda su corte y se instaló en Río de Janeiro. En cambio, la monarquía de España cedió el trono al hermano de Napoleón, José Bonaparte, y el rey Fernando VII permaneció cautivo hasta finales de 1813.
En el inmenso imperio español en América esto produjo un vacío de poder que derivó en una crisis revolucionaria. En la península europea había comenzado una “guerra de independencia” contra la ocupación francesa y para organizarla se formaron juntas locales de gobierno. Los pueblos americanos también instalaron sus juntas. En 1808 y 1809 el grito libertario se oyó en Montevideo, Quito, Charcas y La Paz. En 1810, terminó por abarcar a todo el continente, desde Buenos Aires en el sur hasta México.
Los pueblos americanos plantearon que ante la falta del rey la soberanía debía volver a los pueblos. Diversos cabildos asumieron así el gobierno y formaron sus “Primeras Juntas”, como la que presidió Cornelio Saavedra en Buenos Aires desde el 25 de mayo de 1810. Gobernaban “en nombre de Fernando VII” ya que, en principio, estas revoluciones no cuestionaban a la monarquía española, aunque lo hacían de hecho, derrocando a los virreyes y desmantelando progresivamente el antiguo régimen burocrático-colonial.
El proyecto de una nación independiente estaba encabezado por Manuel Belgrano, Mariano Moreno y Juan José Castelli, a los que luego se sumaron José de San Martín y muchos otros. Se inspiraban en los pensadores más avanzados de las revoluciones burguesas de Inglaterra en 1688 y de Francia en 1789. Unían la lucha por la independencia política de España a un proyecto de igualdad y libertad para toda la población y la unidad latinoamericana. La influencia de Jean Jacques Rousseau se sumaba a la reivindicación de la insurrección derrotada de Tupac Amaru (1780) y a la integración y respeto de los pueblos originarios. Para ellos, una herramienta imprescindible para el desarrollo de la nueva nación era la educación pública para todos.
Pero otros sectores pretendían retrasar o no declarar la independencia. Unos, buscaban mantener la relación de sumisión al trono español. Otros, pretendían el “protectorado” de otra potencia europea por entonces en ascenso como Inglaterra.
Pero entre tanto desde Lima, capital continental de los realistas, se organizaba la contrarrevolución. Esto obligó a los revolucionarios a lanzar expediciones militares para expandir el grito libertario. Así la revolución se convirtió en guerra. Una situación que se agudizó en 1814 cuando Napoleón, en retroceso, liberó a Fernando VII y éste regresó al poder decidido recuperar sus territorios americanos.
Por la segunda y definitiva independencia
Una respuesta a «9 de julio de 1816 / La declaración de independencia»
Por la segunda y definitiva independencia
Escribe Federico Novo Foti
Pasaron ya 210 años de la histórica declaración independentista. Se logró gracias a un movimiento revolucionario y una heroica lucha continental que nos liberó del imperio español. Pero a lo largo de las décadas nuestro país perdió su carácter independiente, consolidándose como un país capitalista semicolonial, de los ingleses primero y de los yanquis después.
¿Qué quiere decir que Argentina es un país capitalista semicolonial? Que si bien el pueblo elige a los gobiernos de turno, seguimos atados mediante tratados económicos y políticos a un nuevo amo: el imperialismo yanqui, sus multinacionales y bancos. Por eso en Argentina crecen el hambre, la pobreza y el saqueo.
Hoy el gobierno ultraderechista de Javier Milei y su plan motosierra encarnan lo peor del sometimiento de nuestro país al ajuste, el saqueo y la entrega al imperialismo yanqui de Donald Trump. Cuenta para ello con la inestimable ayuda de los gobernadores, legisladores y dirigentes sindicales peronistas.
Por eso desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad decimos que para derrotar el plan motosierra de Milei y el FMI, el peronismo no es salida. Porque es un movimiento político patronal que fue abandonando incluso sus originarias banderas nacionalistas (justicia social, soberanía política e independencia económica).
Para terminar con el sometimiento de nuestro país al imperialismo se necesita una segunda y definitiva independencia. Volver a romper las cadenas que nos atan al imperialismo y al FMI, unidos a los pueblos latinoamericanos. Derrotar a los gobiernos de ultraderecha, como el de Milei. Para lograrlo no alcanzan las medias tintas. Hay que terminar con este sistema capitalista e imponer un gobierno de las y los trabajadores y el socialismo.
El Socialista 01/07/26