Si un marciano llegara en este momento a la tierra y conociera el texto de la resolución, sin saber nada de lo que acontece desde el 28 de febrero, cuando Irán fue bombardeado en forma aleve y criminal por Estados Unidos e Israel, pensaría que lo que dice la tal Resolución 2817 simplemente es la condena ponderada a un país que está agrediendo a otro, por capricho, por que no tiene nada que hacer o, como lo dicen Donald Trump y su Secretario de Guerra, por “diversión”, el término que usan para referirse a sus crímenes de guerra. El marciano pensaría, sin conocer el contexto de lo que está pasando, que el agresor es Irán, Bahréin el agredido e Israel y Estados Unidos son mansas palomas que no tienen nada que ver en el asunto.
Pero, de seguro, el marciano de marras al poco tiempo y luego de conocer lo que realmente está sucediendo pensaría que los extraterrestres son otros, los de la ONU, porque lo que acaban de aprobar rebasa la más rutilante imaginación de García Márquez.
Veamos. El preámbulo justificatorio la Resolución 2817 del 11 de marzo de 2026 es un conjunto de disparates, que deben ser considerados como una ficción literaria de pésima factura. Dice en forma textual:
“Reiterando su firme apoyo a la integridad territorial, la soberanía y la independencia política de la Arabia Saudita, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y Jordania”, pero Irán no tiene derecho a defender su integridad territorial, ni su soberanía ni su independencia política, porque esos derechos son solo de los países que son cómplices o vasallos de Estados Unidos e Israel.
Agrega: “Recordando su responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas”, como si alguna vez, y sobre todo cuando los que organizan guerras y agresiones son Estados Unidos e Israel, la ONU hubiera sido garante de la paz. Sí, de pronto, sí, porque ha sido garante de un tipo particular de paz, la de los sepulcros, como en Gaza, para dar solo un ejemplo.
Añade “que se tiene en cuenta la importancia de la región del Golfo para la paz y la seguridad internacionales y su papel vital para la estabilidad de la economía mundial, y se reafirma el derecho de navegación de los buques en ruta hacia todos los puertos e instalaciones de los Estados ribereños que no son partes en las hostilidades y procedentes de esos puertos e instalaciones”. Ahora resulta que el CSO descubrió que el agua moja y que el Golfo Pérsico es importante para la paz y la seguridad del mundo, como si el país geográficamente más importante del Golfo (Irán) no hubiera sido agredido brutalmente, bombardeadas sus instalaciones petroleras y una de sus estaciones de desalinización de agua, asesinados cientos de civiles y sus altos dirigentes. Y en la disonancia cognitiva del CSO ninguno de esos ataques representa un peligro para la paz mundial, pero si las respuestas de Irán, el que no tendría ni siquiera derecho a defenderse, ni a remitirse al artículo 51 de la ONU, el que enseguida menciona la Resolución pero contra Irán: “Afirmando el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva en respuesta a los deplorables ataques armados de la República Islámica de Irán, reconocido en el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, Deplorando los ataques deliberados de la República Islámica de Irán contra civiles y bienes de carácter civil, como aeropuertos, instalaciones energéticas, bienes necesarios para la producción y distribución de alimentos, e infraestructuras civiles críticas, así como el uso indiscriminado de armas en zonas pobladas y sus consecuencias para la población civil, los ataques y amenazas contra buques mercantes y comerciales en el estrecho de Ormuz y sus alrededores, y la disrupción de la protección marítima y los efectos adversos para el comercio internacional, la seguridad energética y la economía mundial que causan las actividades desestabilizadoras y las tensiones regionales, en contravención del derecho internacional”. De modo, que en este mundo de seudo realismo mágico que siempre ha caracterizado a la ONU, Irán no tiene derecho a defenderse ni a atacar las bases de Estados Unidos, ni a sus empresas, bancos y corporaciones tecnológicas que son un caballo de batalla de la guerra de agresión que se libra contra el país persa y que están asentados en los países del Golfo, que son vasallos incondicionales de Estados Unidos e Israel.
En esta lógica típicamente imperialista y sionista, Estados Unidos e Israel tienen todo el derecho a bombardear, invadir, masacrar a la población de un país, y este tiene no solo que aguantarse sino postrarse de rodillas ante sus agresores, como está ocurriendo, lamentablemente, en Venezuela.
Y concluye esos infames considerandos de esta forma: “Observando además los denodados esfuerzos realizados por los países del Consejo de Cooperación del Golfo y otros países de la región, que han emprendido iniciativas de mediación encaminadas a facilitar el diálogo entre la República Islámica de Irán y la comunidad internacional y abordar las diferencias y resolver las controversias por medios pacíficos para evitar a la región los peligros de una escalada, Afirmando su pleno compromiso de promover el mantenimiento de la paz y la estabilidad en Oriente Medio”. Como sí, precisamente, Irán no hubiera sido atacado, no una sino dos veces, en momentos en que se encontraba adelantando diálogos con Estados Unidos y estos aprovecharon cobardemente esa situación para atacar alevemente a Irán e incluso masacrar a algunos de los negociadores que hacía poco tiempo estaban sentados en la mesa de conversaciones. Estas consideraciones surrealistas del CSO dejan la impresión, entre líneas, que Irán no ha querido negociar, mientras que sus agresores, los Estados Unidos e Israel -que nunca se nombran, como si no existiesen y no estuvieran masacrando a la población iraní- son los campeones mundiales de la concordia y el pacifismo.
Es muy difícil encontrar una pieza más cínica, mentirosa y unilateral de la “diplomacia” de todos los tiempos, porque, según ese texto, Irán no ha sido agredido por Estados Unidos e Israel, no se han matado a sus altos dignatarios, no se ha asesinado a 180 niñas de un colegio, no se le traicionó vilmente en momentos en que dialogaba con Estados Unidos y tampoco tiene el derecho a defenderse de los agresores. Como si nada de eso existiese, y en una muestra descarada de postración y abyección frente a Estados Unidos e Israel, la Resolución, de nueve puntos, habla de un mundo paralelo, de un mundo de ficción (al que García Márquez denominaba “pararrealidad”) que ya no puede considerarse de realismo mágico sino de cinismo mafioso, sí, mafioso, porque el CSO aprueba lo que manda Washington y Tel-Avic (el perro y su cola), como ya se había demostrado no hace mucho tiempo cuando se legitimó ese engendró terrorífico denominada la Junta de Paz para Gaza.
Por eso, vale la pena citar textualmente este texto infame de la Resolución 2817: