Categorías
Derechos Humanos Internacional

Petro, la ONU y el realismo mágico

“1. Reitera su firme apoyo a la integridad territorial, la soberanía y la independencia política de la Arabia Saudita, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y Jordania;

2. Condena en los términos más enérgicos los infames ataques perpetrados por la República Islámica de Irán contra los territorios de la Arabia Saudita, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y Jordania, y determina que tales actos constituyen una violación del derecho internacional y una seria amenaza para la paz y la seguridad internacionales;

3. Condena además que se hayan atacado zonas residenciales, que se haya atentado deliberadamente contra bienes de carácter civil y que los ataques hayan causado bajas civiles y daños a edificios civiles, y expresa su solidaridad con esos países y sus pueblos;

4. Exige el cese inmediato de todos los ataques de la República Islámica de Irán contra la Arabia Saudita, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán, Qatar y Jordania;

5. Exige que la República Islámica de Irán ponga fin de inmediato y sin condiciones a toda provocación o amenaza contra los Estados vecinos, incluido el uso de subsidiarios;

6. Exhorta a la República Islámica de Irán a que cumpla plenamente con sus obligaciones en virtud del derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario, en particular con respecto a la protección de los civiles y los bienes de carácter civil en los conflictos armados;

7. Reafirma que debe respetarse el ejercicio de los derechos y libertades de navegación de los buques mercantes y comerciales, con arreglo al derecho internacional, particularmente en las rutas marítimas esenciales, y toma nota de que los Estados Miembros, conforme al derecho internacional, tienen derecho a defender a sus buques de ataques y provocaciones, incluidos los que menoscaben los derechos y libertades de navegación;

8. Condena cualquier acción o amenaza de la República Islámica de Irán que tenga por objeto cerrar, obstaculizar o dificultar de cualquier otra forma la navegación internacional a través del estrecho de Ormuz, o que ponga en peligro la protección marítima en Bab el-Mandeb, afirma que cualquier intento de impedir el paso en tránsito legítimo o la libertad de navegación en estas vías navegables internacionales constituye una grave amenaza para la paz y la seguridad internacionales, y exhorta al Irán a que se abstenga inmediatamente de cualquier acción o amenaza, de conformidad con el derecho internacional […]”.[Resolución 2817 del 11 de marzo de 2026, ver:  https://docs.un.org/es/s/res/2817(2026)]

Con tamaño cinismo queda claro lo que es el derecho internacional, la nada absoluta, unos códigos escritos en beneficio de los poderosos y de los criminales, que encabezan de lejos Estados Unidos e Israel y que solo se aplican cuando los beneficia a ellos, pero nunca han servido para proteger a los débiles y a aquellos que son agredidos, bombardeados, invadidos. Quién puede seguir creyendo, seriamente, en el tal Derecho Internacional después del Genocidio de Gaza, de los ataques a Venezuela e Irán, de los asesinatos por parte de Israel de dirigentes políticos en el Líbano, Yemen, Irán, de los bombardeos contra lanchas y pescadores de Nuestra América por parte de la Secretaría de Guerra de Estados Unidos…

Como parte del cinismo mafioso que caracteriza al Consejo de Seguridad de la ONU, no podía faltar lo que dijeron Estados Unidos e Israel. Los matones del mundo que, para completar la indecencia presiden durante este mes el CSO, aseguraron, por boca de su representante en la ONU, que «Irán dispara en todas direcciones» y aseguró que Estados Unidos se limitó a que uno de sus vasallos, Bahréin, redactara el texto y liderara las negociaciones para su aprobación.  Es decir, que el vasallo hace la tarea sucia y el amo imperial, como presidente del CSO, aprueba y da el visto bueno.

Por su parte, los genocidas de Israel, con la autoridad moral que los caracteriza, aseguraron que “atacar a civiles y a ciudades es inaceptable” y rechazó las “afirmaciones de Teherán sobre el carácter exclusivamente pacífico de su programa nuclear”.  Tamaño descaro del  ente sionista que asesina civiles a placer cuando se le antoja y, además, tiene armas nucleares, sin que nunca haya sido sometido a inspección ni control de ninguna clase.

3

Del cinismo mafioso del CSO son responsables sus quince miembros, incluyendo a China y Rusia, que se abstuvieron, pero que debían haber vetado el esperpento de Resolución.

Hay un corresponsable que poco se menciona y que pasa de agache, por su irrelevancia real en la geopolítica mundial, y cuyo nombre queda grabado en esta “mancha imborrable” que representa la Resolución 2817, una verdadera afrenta contra los agredidos del mundo. Ese corresponsable es Colombia, y concretamente la presidencia de Gustavo Petro, porque este país forma parte del CSO, como miembro temporal, desde el 1 de enero de este año.  Y el caso de Colombia [aunque mejor es llamarlo Macondo, para seguir con la terminología garciamarquiana], llama poderosamente la atención por lo que se piensa que representa el gobierno del pacto histórico, que se supone debe tener una voz disonante con respecto al imperialismo y al sionismo.

Aún más, tres antecedentes inmediatos darían pie para pensar que Colombia nunca aprobaría la infame Resolución 2817. Mencionemos esos antecedentes:

Primero, el año anterior Petro en persona posó y robó cámaras en la ONU y en las calles adyacentes a su sede principal cuando se presentó como defensor incondicional de los palestinos y un acérrimo enemigo de los genocidas sionistas de Israel.

Segundo, cuando Colombia entró a formar parte del CSO, la cancillería afirmó que el país iba a ser en los dos próximos años “un actor clave en la diplomacia internacional, comprometido con paz, la seguridad y la cooperación multilateral”. Y como para seguir con la lógica del realismo mágico, ahora proclamada en la tierra donde nació García Márquez, dice la declaración oficial de la Cancellería: “El trabajo de Colombia en el Consejo se guiará por los principios que han sido históricamente la base de su política exterior: el respeto al Derecho Internacional y a los Derechos Humanos; la defensa de la soberanía de los Estados y el principio de no intervención; y el compromiso con la resolución pacífica de las controversias”.  Como para que no hubiera dudas, se reafirma que “Colombia se compromete a ejercer una diplomacia activa para fortalecer la confianza entre los miembros del Consejo, promoviendo el diálogo y la búsqueda de consensos. En línea con la política del Gobierno del Presidente Gustavo Petro, Colombia adoptará un enfoque centrado en la dignidad humana, promoviendo la solución de conflictos a través del diálogo y la construcción de un orden internacional más justo. La presencia de Colombia en el Consejo de Seguridad […] reafirma, de manera coherente, la línea estratégica del Gobierno del Cambio como promotor de la convivencia pacífica, la inclusión y la justicia global”. [Colombia asume su mandato como Miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el período 2026-2027 | Cancillería].

Buenos y demagógicos propósitos que Petro lanzó más rápido de lo esperado al basurero de la historia y que, ya puede verse claramente, son pura demagogia barata, porque en el momento en que tuvo que ponerlos a prueba para condenar a Estados Unidos e Israel como países agresores, lo que hizo fue ponerse al servicio del imperialismo y del sionismo, aprobando en forma servil lo que dictaminaron los genocidas de Washington y Tel-Aviv. Tercero, el 1 de marzo, Petro sostuvo en uno de sus numerosos mensajes en la Red X: “Creo que el presidente Trump se ha equivocado hoy. Es la paz del mundo la causa común de la humanidad. La paz y la vida son los fundamentos de la existencia. Naciones Unidas impotente debe reunirse de inmediato y declarar que es la hora de la paz mundial. No pueden propagarse las armas nucleares y hay que destruirlas todas”. Que Trump se haya equivocado es algo muy benigno para referirse a un crimen de agresión que viola las más elementales normas del Derecho Internacional, que los mismos Estados Unidos impusieron en el mundo después de 1945 y que hoy son puro papel higiénico.

En otro mensaje en el mismo canal, Gustavo Petro agregó: “El balance de la violencia mundial de hoy parecen ser 50 niñas menores de edad asesinadas por un misil de Netanyahu. Se llama barbarie y de nada sirve decirles a las mujeres de Irán que se liberen quitándose sus velos, si quienes eso piden matan a sus hijas”.

Con estos antecedentes, se esperaría que, a la hora de la verdad, cuando había que votar en el CSO, el gobierno de Petro no aprobaría la demencial Resolución 2817. Pero resultó que, como diría Víctor Jara, el gobierno de Petro no fue ni chicha ni limoná, y se plegó a los dictados del imperialismo estadounidense y del sionismo y, sin ponerse ninguna hoja de parra que cubriera sus vergüenzas. Ese hecho deshonroso queda en los anales de las infamias diplomáticas de Macondo, que no son pocas.

Pero la obsecuencia del gobierno de Petro con respecto al Tio Sam y a los sionistas de Israel va más allá, porque es bueno mencionar que Rusia presentó otro proyecto de Resolución, que no fue aprobado. En dicha propuesta Rusia no menciona a ningún país y llama a que cesen las hostilidades y los ataques de todas las partes y particularmente contra los civiles en todos los países. Justificando su propuesta, Vasily Nebenzya, el embajador de Rusia en la ONU señaló: «Leer la resolución de Baréin sin contexto llevaría a creer que Teherán, sin provocación y por pura malicia, decidió atacar objetivos en toda la región sin motivo. la necesidad de proteger a los civiles también se presenta en la resolución de forma extremadamente unilateral — como si Israel y Estados Unidos no hubieran matado hombres, mujeres y niños en Irán y asesinado cínicamente al líder supremo del país”

Sin embargo, a la hora de votar este proyecto, la representante de Colombia se abstuvo, lo que indica que en términos diplomáticos seguía las ordenes de Washington.

Es decir, que Colombia no votó de manera vergonzosa, plegada al imperialismo y al sionismo, una sino dos veces, para redoblar la vergüenza. Si García Márquez viviera bien podría haber escrito una crónica de ese bochornoso 11 de marzo en la sede de la ONU en Nueva York, y hubiera comprobado que no hay nada nuevo en Macondo. Lo mismo de siempre. Y hubiera visto al leer la Resolución 2817 que hay una pararrealidad, que ya no se puede denominar de realismo mágico sino de cinismo mafioso.

Eso, de todas formas, no puede ocultar la realidad, en la que queda claro quienes son los agresores y quien el agredido y además no puede negar que lo que Irán está poniendo de presente es la dignidad y el respeto de la soberanía y la autonomía contra el imperialismo y el sionismo. Y eso es algo que le falta a Gustavo Petro y a gran parte de los dirigentes latinoamericanos que hoy de manera indigna se postran ante los agresores, que no son otros sino el imperialismo y el sionismo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.