30/09/2026. En Argentina, gobernada por Javier Milei, ultraderechista y aliado de Netanyahu, la policía persigue a las y los que luchan en defensa de Palestina y rechazan el Genocidio. Repudiamos estos hechos de persecución al dirigente Mariano Soria, de Izquierda Socialista de la ciudad de Rosario, sección argentina de la UIT-CI y llamamos a movilización para frenar la judicialización de las y los luchadores.
En el día de la fecha, 30 de septiembre de 2026, fueron allanadas por parte de la Policía Federal los domicilios particulares del dirigente de Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda de Rosario, Mariano Soria, y de otra compañera también de nuestra organización. Lo hacen con el objetivo de “recabar pruebas” (folletos, revistas, PC, celulares) para endilgarles una conducta “antisemita”, cuando es de público conocimiento que históricamente nuestro partido apoya la causa Palestina y condena el genocidio en Gaza, conducta que en el presente se manifestó siendo parte, por ejemplo, de la Flotilla Global Sumud llevando ayuda humanitaria a Gaza en 2026 y en 2025. Por lo que condenar al sionismo no es antisemitismo.
Ya se han pronunciado en repudio la Asamblea Acción por Palestina de Rosario (de la cual nuestro partido es parte), la diputada nacional Myriam Bregman, entre otros referentes del Frente de Izquierda, y la APDH está tomando cartas en el asunto.
Llamamos a la más amplia unidad para frenar estos atropellos y repudiar la persecución a las y los luchadores por la causa palestina, en este caso a dos compañeras y compañeros de Izquierda Socialista. No nos van a callar ni amedrentar.
«El primer ministro indio Narendra Modi y el presidente chino Xi Jinping en la 18.ª Cumbre de los BRICS en Nueva Delhi en septiembre de 2026,» https://www.pmindia.gov.in/en/news_updates/brics-new-delhi-declaration-building-for-resilience-innovation-cooperation-and-sustainability-september-12-2026/
Ante el genocidio en Gaza, los BRICS afirman defender el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino. Pero sus actos contradicen en gran medida sus declaraciones. Mientras que su 18ª cumbre de Nueva Delhi condena la hambruna, los desplazamientos forzados y los ataques contra la población civil sin siquiera señalar a Israel como responsable, varios Estados miembros aumentan sus intercambios comerciales con este Estado. Y lo que es aún más grave, algunos participan directamente en su esfuerzo militar. La India, que ejerce la presidencia de los BRICS en 2026, ofrece un ejemplo especialmente revelador: sus empresas exportan a Israel componentes destinados a la fabricación de munición y armas. Así pues, los BRICS denuncian algunas consecuencias de la guerra genocida, mientras que varios de ellos siguen alimentando las relaciones económicas y militares con el Estado que la libra.
La XVIII Cumbre del BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia), celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre de 2026, dedicó varios párrafos a Gaza y a Palestina [1]. Sin embargo, una lectura atenta de la declaración final revela una sorprendente voluntad de evitar señalar a Israel como responsable de las violaciones que en ella se mencionan. El texto condena «el hambre como método de guerra», los ataques contra la población civil, contra los centros sanitarios y las infraestructuras civiles, así como los obstáculos a la ayuda humanitaria, pero no afirma que Israel sea el autor de estos actos. Hace un llamamiento general a «todas las partes implicadas» para que respeten el derecho internacional humanitario y los derechos humanos. Del mismo modo, aunque menciona las medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia en la demanda de Sudáfrica contra Israel y recuerda la obligación jurídica de Israel de permitir el acceso de la ayuda humanitaria, no constata que Israel haya incumplido dichas medidas. Menciona la «ocupación ilegal» y pide que se ponga fin a la misma, pero sin nombrar a Israel como potencia ocupante responsable de esta situación. Condena el desplazamiento forzoso de los palestinos y las modificaciones geográficas y demográficas de Gaza, sin calificar estas políticas de «limpieza étnica». No menciona ni el genocidio, ni los miles de palestinos detenidos sin cargos ni juicio, ni la violencia y los malos tratos infligidos a los presos palestinos. Incluso cuando se refiere a las violaciones más graves del derecho internacional, el texto evita así culpar directamente al Estado de Israel.
Esta cautela resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que la declaración se presenta como la de un grupo que pretende hacer oír la voz del Sur global y defender un orden internacional basado en el derecho. Los BRICS no emplean los términos «genocidio» y «limpieza étnica» y evitan sistemáticamente establecer una relación explícita entre las violaciones que mencionan y el Estado de Israel que las comete. Esta formulación permite a los miembros del grupo mantener una posición común mínima sobre Palestina, al tiempo que evitan una condena directa de Israel y, sobre todo, cualquier decisión colectiva que pueda afectar a sus relaciones económicas, energéticas, tecnológicas o militares con dicho Estado. Esta actitud inaceptable debe contrastarse con el aumento o el mantenimiento de los intercambios comerciales de varios miembros de los BRICS con Israel desde octubre de 2023.
Hay otro aspecto que merece ser destacado: lejos de reducirse, los intercambios comerciales de varios países de los BRICS+ con Israel han aumentado desde el inicio de la guerra en Gaza. Entre 2024 y 2025, las exportaciones a Israel aumentaron casi un 54 % en el caso de China [2] y se multiplicaron por diez en el de Rusia [3]. Entre 2023 y 2025, las exportaciones a Israel se duplicaron con creces en el caso de Egipto [4] y aumentaron aproximadamente un 51 % en el de Indonesia [5] .
Estos intercambios abarcan todas las categorías de mercancías y, por lo tanto, no pueden equipararse a entregas de armas. No obstante, contribuyen indirectamente al funcionamiento de la economía israelí: los bienes importados permiten a Israel satisfacer una parte de sus necesidades civiles e industriales y preservar sus recursos para otros usos, en particular los militares. Esta evolución resulta aún más significativa si se tiene en cuenta que los BRICS+, en mayor o menor medida, se presentan como defensores de un mundo multipolar y de una reducción del dominio occidental. En la práctica, sus relaciones comerciales con Israel ponen de manifiesto los límites de esta oposición a la hora de cuestionar de forma concreta la economía que sustenta su guerra genocida en Gaza.
14/09/2026. El genocidio en Gaza vuelve a estremecer a los festivales internacionales de Cine. Durante el reconocido festival de Venecia 2026, realizado entre el 2 y el 12 de septiembre la película “Naza” se llevó los aplausos del público para felicitar el trabajo realizado por Yuval Abraham y Rachel Szor, quienes se llevaron un premio especial. Naza es el segundo trabajo de Yuval y Rachel, quienes durante el 2025 se alzaron con el Oscar a mejor largometraje documental por la realización de “No Other Land” que fue codirigida junto al abogado y periodista Basel Adra.
Dos años después de haber sido premiados por su primer documental, Yuval y Rachel vuelven a recurrir al cine documental para demostrar que el genocidio continúa. Naza, proviene del concepto hebreo nezek agavi, que se traduce como “daño colateral”, palabras usadas por los soldados de ocupación para justificar el asesinato de más de 75.000 personas palestinas en Gaza. En el documental (y en la realidad) queda demostrado que los asesinatos son deliberados.
En su discurso, Yuval conmovió al público y dejó un claro mensaje: “Desde que comenzó este festival, en poco más de estos diez días, Israel ha matado a seis niños palestinos en Gaza: una niña de tres años en una escuela bombardeada, un niño de siete años junto a su padre en el coche y dos hermanas que dormían en casa. Los oficiales de inteligencia israelíes con los que hablamos nos explicaron que esta matanza masiva es sistémica; no es un accidente, sino algo deliberado”.
Yuval Abraham es periodista de investigación y Rachel Szor es directora de fotografía y escenógrafa, ambos son de origen israelí por lo que son atacados por Netanyahu y su régimen por mostrar desde adentro las atrocidades llevadas a cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel. En Naza, 24 agentes de las fuerzas de ocupación, con sus rostros ocultos, relatan en primeras personas las acciones genocidas llevadas adelante en Gaza, lo que resulta insoportable por la maquinaria israelí.
Según publicó The Guardian -que produjo el documental- el ministro de Cultura de Israel, Miki Zohar, acusó a los directores de estar dispuestos a «dañar su patria para recibir aplausos de antisemitas de todo el mundo» y agregó que “Tomaré medidas inmediatas para revocar la ciudadanía israelí de estos despreciables creadores por traición contra el Estado” para concluir que “se investigaran cómo se obtuvieron los materiales utilizados en la película, quién fue el responsable de obtenerlos y si alguna de las acciones llevadas a cabo para adquirirlos o difundirlos podría constituir ayuda al enemigo en tiempos de guerra”. Netanyahu calificó la película como “indigente” y que “dos directores israelíes que retratan a las Fuerzas de Defensa de Israel como criminales de guerra reciben aplausos en el festival de Venecia”.
La cólera vertida por los agentes genocidas es directamente proporcional a la reivindicación y apoyo que cientos de artistas y defensores de Palestina han ofrecido a Yuval y Rachel, quienes recibieron un caluroso y sostenido aplauso por su trabajo que se extendió durante 25 minutos, colmando de vitoreo el Palazzo del Cinema, en la isla Lido de Venecia.
El discurso de Yuval fue también una denuncia contra el asesinato sistemático de periodistas y denunció que “esta verdad ha sido documentada y se conoce desde el primer día gracias a los periodistas palestinos; más de 200 de ellos han sido asesinados por Israel en Gaza. Sus voces fueron silenciadas y negadas. Creemos que negar un crimen es lo que permite que este persista”. Yuval fue furibundo y utilizó la tribuna local para golpear al gobierno de Meloni, sus socios europeos y los Estados Unidos al insistir que es necesario que el público europeo vea el documental: “Queremos que la vean los europeos, especialmente aquí en Italia, porque su gobierno y el gobierno alemán están bloqueando la presión sobre Israel que podría poner fin a esto; y que la vean los estadounidenses, porque ese país está financiando gran parte de la matanza”.
El documental Naza, como lo fue No Other Land, entre otros trabajos, es un aporte a la movilización mundial en apoyo al pueblo palestino y una nueva denuncia del genocidio perpetrado por Israel y sus aliados sobre Gaza. Seguramente el documental recorrerá las ciudades del mundo como aporte para la visibilización, la organización y la lucha por el fin del genocidio y el bloqueo, la retirada de todas las tropas Israelíes de Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria y la pelea de millones por una Palestina libre desde el rio hasta el mar.
Palestinos asisten al funeral colectivo de los miembros de las familias Irahem, Malaka, Qanbour, Balawi y Dahdouh, quienes murieron en un ataque israelí en 2023 y cuyos restos fueron recuperados de entre los escombros, de acuerdo con la Defensa Civil de Gaza, en la ciudad de Gaza, el 6 de septiembre de 2026. Foto: Reuters
El documental israelí NAZA, de Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia. La película reconstruye, a partir de testimonios de 24 integrantes y exintegrantes de los servicios de inteligencia y del aparato militar israelí, los mecanismos utilizados para seleccionar objetivos y calcular las muertes civiles en Gaza. La respuesta del gobierno israelí fue pedir la expulsión de los cineastas del país. Mientras tanto, continúan los ataques israelíes sobre la Franja: en las últimas 48 horas se registraron al menos 10 palestinos asesinados y 56 heridos. Por ANRed
El sábado, el documental NAZA recibió el Premio Especial del Jurado de la 83ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. La película, dirigida por los cineastas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, tuvo además una recepción excepcional durante su estreno: una ovación de aproximadamente 25 minutos, mientras parte del público levantaba banderas palestinas.
El trabajo se introduce dentro de la propia estructura israelí. Durante tres años, sus realizadores entrevistaron de manera secreta a 24 militares, oficiales de inteligencia y personas vinculadas al aparato de seguridad israelí. Los testimonios describen sistemas de vigilancia, recopilación masiva de datos y procedimientos utilizados para seleccionar objetivos en Gaza, así como la consideración de posibles víctimas civiles antes de ejecutar determinados ataques.
El título NAZA hace referencia a una expresión utilizada dentro del ámbito militar israelí para calcular la cantidad estimada de civiles que podrían morir en una operación como consecuencia de un ataque contra un determinado objetivo. La película plantea que esas muertes no pueden ser explicadas simplemente como «daños colaterales» producto de errores individuales, sino que forman parte de mecanismos y decisiones institucionales.
Los realizadores ya habían obtenido el Oscar en 2025 por No Other Land, documental que registró la expulsión y destrucción de comunidades palestinas en Masafer Yatta, en Cisjordania. Con NAZA, Abraham y Szor trasladan la investigación hacia el interior de la maquinaria militar israelí y sus mecanismos de selección de objetivos en Gaza.
«Traición»: la respuesta del gobierno israelí
El reconocimiento internacional provocó una reacción inmediata del gobierno de Benjamin Netanyahu. El ministro de Cultura israelí, Miki Zohar, calificó a los directores de «traidores» y anunció que buscará revocarles la ciudadanía israelí. También sostuvo que ambos cineastas actuaban contra su propio país para obtener reconocimiento internacional.
La amenaza apunta contra dos ciudadanos israelíes cuyo delito, según el ministro, sería haber expuesto internacionalmente testimonios sobre las operaciones de Israel en Gaza. La medida de revocación de ciudadanía no es automática: requiere atravesar procedimientos legales y judiciales.
La reacción del gobierno israelí expone así una contradicción: mientras el documental recibe uno de los principales reconocimientos del cine internacional, desde el propio Estado israelí se intenta desacreditar y castigar a quienes documentaron los mecanismos utilizados durante la guerra.
El Ejército israelí, por su parte, rechazó las acusaciones planteadas por la película y cuestionó los testimonios anónimos utilizados por los realizadores.
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: dos miembros de Hamás aseguran la zona mientras funcionarios de la Cruz Roja buscan los restos del último prisionero israelí en el barrio de Zeitoun, ciudad de Gaza, en diciembre de 2025 (Omar al-Qattaa/AFP)]
Por Sami Al-Arian
Algunos momentos en la historia de los movimientos de liberación exigen valentía para actuar; otros, igual valentía para esperar.
La Operación Inundación de Al-Aqsa, el 7 de octubre de 2023, fue una decisión audaz que destrozó las suposiciones que habían regido la cuestión palestina durante años.
Volvió a situar a Palestina en el centro de la política mundial, expuso la ilusión de que podía ser controlada o eludida, y confrontó a Israel y a sus aliados occidentales con un conflicto que se habían convencido de que podía contenerse indefinidamente.
Nada de lo que siguió justifica transferir la responsabilidad de la destrucción de Gaza de quienes la destruyeron a quienes se resistieron.
La responsabilidad de la devastación de Gaza, la matanza de sus civiles y la destrucción de sus hogares, hospitales, universidades y colegios recae en quienes la llevaron a cabo. Las críticas a la estrategia palestina no deben convertirse nunca en un mecanismo para exculpar a los responsables y a quienes los apoyan.
La magnitud de ese sacrificio exige un análisis más riguroso de cómo se está gestionando políticamente.
Hamas se enfrenta hoy quizá a la transición más difícil de su historia. El movimiento que entró en la «Inundación de Al-Aqsa» como organización de resistencia armada se enfrenta ahora a una enorme presión para salir de la guerra desarmado, apartado del gobierno de Gaza, integrado en un sistema político palestino reconstruido y dependiente de acuerdos diseñados principalmente por EE. UU. e Israel con el apoyo tácito de los mediadores regionales.
La flexibilidad táctica es indispensable para cualquier movimiento de resistencia, pero debe estar al servicio de una estrategia coherente, en lugar de ir desplazándola gradualmente.
Hay cuatro acontecimientos que deberían preocupar a cualquiera que crea que la resistencia debe preservar su independencia: la trayectoria política señalada por el documento de Hamás de 2017, la gestión de las negociaciones de posguerra, la creciente presión para el desarme y el reacercamiento del movimiento a sus antiguos rivales alineados con Fatah.
Hussam Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan de Gaza, está encarcelado en Israel sin cargos ni juicio desde hace casi veinte meses.
Protesta en Tel Aviv para pedir la liberación del doctor Hussam Abu Safiya, en abril de 2025. ATEF SAFADI / EFE
«Me han traído aquí para matarme. No creo que salga vivo». Este es el último mensaje que el pediatra Hussam Abu Safiya pudo transmitir a través de su abogado desde su cautiverio. Hacía poco que lo habían trasladado a Rakefet, una prisión subterránea israelí donde los internos no ven nunca la luz del día. Cuando el abogado Nasser Odeh lo visitó el 2 de julio, apenas lo reconoció: tenía el rostro lleno de moratones, le costaba hablar y respirar y apenas podía mantenerse sentado. Varias veces pareció que estaba a punto de perder el conocimiento.
«La situación es muy grave. No tiene comida ni medicamentos y está completamente aislado», explica en una videollamada con el ARA su hijo Ilyas, que vive en Kazajistán con una parte de la familia. La información les llega de manera intermitente a través de los abogados. No pueden llamarle, escribirle ni visitarle. Cada período de silencio aumenta el temor de que le haya pasado algo.
Abu Safiya, pediatra y director del hospital Kamal Adwan, al norte de la Franja de Gaza, fue detenido por el ejército israelí el 27 de diciembre de 2024, durante el asalto que dejó fuera de servicio el último gran hospital que aún funcionaba en esa zona. Hacía semanas que su figura se había convertido en un símbolo de los sanitarios palestinos que continuaban atendiendo pacientes bajo los bombardeos, sin electricidad, combustible, medicamentos ni suficiente personal.
Había tenido varias oportunidades de abandonar Gaza, pero se había negado. «Decidió quedarse con sus pacientes», explica Shorouq Saleh Al-Rantisi, de 32 años, que empezó a trabajar como especialista de laboratorio en el Kamal Adwan en 2019. «Como pediatra, no podía abandonar a los niños enfermos y heridos que no tenían a nadie más que les atendiera».
Al-Rantisi trabajó a su lado durante toda la guerra, hasta el día de la detención. Como no tenían suficiente personal tuvo que echar una mano en lugares fuera de su especialidad: urgencias, radiología, quirófano y obstetricia. Como muchos de sus compañeros, ella era voluntaria.
5/8/2026. El martes 2 de agosto el pueblo palestino despidió a 112 personas, en un masivo funeral realizado en Gaza. Los 112 cuerpos fueron recuperados debajo de los escombros a mas de tres años de que un furibundo bombardeo de Israel que asesinó a 308 personas de las familias Abu Sharia y Al Hassaina. Entre los cadáveres de las familias del mismo núcleo, se encuentran decenas de niños, niñas y mujeres; como una muestra de la criminalidad Genocida de Israel.
La ceremonia fue calificada por dirigentes palestinos como funeral más grande de la historia Palestina. Con los cuerpos cubiertos con banderas palestinas y entre cantos combatientes, miles de personas recorrieron las calles del barrio de Sabra, donde sucedieron los bombardeos. Luego, los cuerpos fueron sepultados en el cementerio Sheikh Shaaban, al centro de la derruida ciudad de Gaza.
La masiva movilización que significó el funeral colectivo ha conmocionado a los pueblos del mundo y demostrado que, a pesar de las atrocidades sufridas, el pueblo palestino aun cuenta con una alta moral y capacidad de resistir y vivir entre los escombros y los asesinatos que aún continúan.
Solo el pasado viernes 31 de julio, Israel asesinó a 18 personas en gaza, entre los que se encontraban niños y mujeres. Desde que se declaró el falso acuerdo de Paz, en octubre de 2025, Israel asesinó a 1.230 personas y herido a más de 4.000; mientras, Israel sostiene la ocupación militar del 70% del territorio de Gaza donde aun 8.000 cadáveres permanecen debajo de los escombros.
Las movilizaciones en apoyo a Palestina que recorren distintas ciudades del mundo, junto a diversas expresiones de solidaridad internacional que se expresan en espectáculo culturales, artísticos y deportivos, imponen un creciente aislamiento político y global de Netanyahu e Israel. El Funeral y las movilizaciones, demuestran que la lucha por la expulsión de las tropas sionistas y genocidas de Gaza y la pelea mundial por una Palestina libre desde el rio al mar aún se sigue desarrollando y buscan triunfar.
El genocidio en Gaza desde octubre de 2023, que ha asesinado a más de 73.000 palestinos, ha marcado un punto de inflexión histórico en la lucha palestina y en la naturaleza del conflicto con el proyecto sionista.
Lo que se ha desarrollado ha ido mucho más allá de otra guerra o de otro episodio de violencia israelí; ha puesto al descubierto ante el mundo la verdadera naturaleza del proyecto sionista como una empresa colonialista de asentamientos basada en la limpieza étnica, el apartheid y la eliminación sistemática del pueblo palestino indígena.
Desde su surgimiento a finales del siglo XIX, el movimiento sionista ha tratado de establecer un Estado colonialista en Palestina mediante la movilización de las potencias imperialistas occidentales y una alianza duradera con las fuerzas dominantes del sistema internacional.
Mientras que el colonialismo clásico buscaba principalmente explotar a las poblaciones indígenas, el sionismo pertenece a la tradición de los movimientos coloniales de asentamiento que pretendían sustituirlas. Desde sus inicios, el movimiento fue más allá de la búsqueda del dominio político, con el objetivo de transformar el carácter demográfico, político y cultural de Palestina.
El sionismo nunca fue un movimiento autóctono de Oriente Medio. Fue una solución colonial europea a lo que los propios europeos denominaban la «cuestión judía», impuesta al pueblo palestino.
Durante más de un siglo, el proyecto sionista se ha sustentado en tres pilares estratégicos: el apoyo político, militar y financiero inquebrantable de Occidente; la fragmentación del entorno árabe e islámico circundante y su enredo en conflictos internos; y la creación deliberada de hechos irreversibles sobre el terreno hasta que el despojo sea aceptado como realidad política.
A pesar de las inmensas ventajas políticas y militares de las que goza el régimen sionista, el pueblo palestino ha logrado, gracias a su resistencia y firmeza continuas, frustrar su objetivo central: eliminar la presencia palestina u obligarla a someterse.
Desde la Nakba de 1948, los palestinos se han mantenido firmemente apegados a su tierra, su identidad y sus derechos históricos, pagando un precio extraordinario para preservar su existencia, mantener su lucha y asegurar el futuro de las generaciones venideras.
Históricamente, los proyectos coloniales de asentamientos rara vez se derrumban únicamente por una derrota militar. Comienzan a desmoronarse cuando la población indígena se niega a desaparecer, cuando se derrumba la legitimidad internacional del régimen y cuando el coste interno y geopolítico de mantener la ocupación se vuelve insostenible.
El colapso de Oslo
El proceso de Oslo, junto con la ilusión de una paz negociada, supuso un intento de transformar la cuestión palestina de una lucha por la liberación nacional, la autodeterminación y la independencia en un proyecto para gestionar la ocupación. Más de tres décadas después, su fracaso es indiscutible.
Los asentamientos israelíes se expandieron de forma espectacular, el territorio palestino se redujo de manera constante y la Autoridad Palestina se convirtió en una entidad fragmentada con una autoridad muy limitada, que opera bajo el dominio y las restricciones estructurales impuestas por la ocupación.
Mientras tanto, el Estado sionista siguió creando realidades irreversibles sobre el terreno que han hecho prácticamente imposible el establecimiento de un Estado palestino independiente, incluso uno desmilitarizado, territorialmente fragmentado y privado de soberanía genuina.
Los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 destrozaron de raíz el statu quo político, alteraron la trayectoria del conflicto y pusieron al descubierto la quiebra de los supuestos que habían regido la política regional durante más de tres décadas.
El genocidio que siguió supuso el fin moral y político del paradigma de Oslo y de la ilusión de que el conflicto pudiera resolverse mediante interminables negociaciones llevadas a cabo en condiciones de asimetría abrumadora.
El mito de la solución de dos Estados se derrumbó finalmente bajo el peso de la realidad política.
Las reivindicaciones israelíes sobre la tradición de la democracia liberal occidental y el Estado de derecho sufrieron quizá su mayor crisis de credibilidad desde la fundación del Estado.
El mundo reconoció cada vez más que la cuestión nunca se redujo simplemente a una cuestión de fronteras o acuerdos de seguridad, sino que se trataba de una lucha entre un pueblo indígena que buscaba la libertad y un proyecto colonialista de asentamientos basado en la exclusión, la supremacía y la dominación permanente.
El genocidio también asestó un golpe devastador a la visión de Benjamin Netanyahu de un «Nuevo Oriente Medio».
Apenas unas semanas antes del 7 de octubre, se presentó ante las Naciones Unidas mostrando un mapa que, en la práctica, borraba a Palestina y presentaba a Israel como el centro indiscutible de un nuevo orden regional construido sobre la normalización, la integración económica y la hegemonía estratégica. Proyectos como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés) estaban diseñados para institucionalizar a Israel como el puente comercial y de seguridad indispensable que une Asia, el Golfo, Europa y África.
Gaza echó por tierra esa visión.
En lugar de inaugurar una era de hegemonía sionista indiscutible, devolvió a Palestina al centro de la política regional e internacional, frenó el impulso de la normalización y demostró que ningún orden regional puede alcanzar una legitimidad duradera mientras excluya al pueblo palestino y le niegue sus derechos inalienables.
Fuentes: Voces del Mundo [Foto: La mezquita de al-Rahma dañada por el ataque de los colonos en Qusra, en la Cisjordania ocupada (Muhammed Ateeq/Middle East Eye)]
Por Fayha Shalash
En el día de hoy, domingo [26 de julio de 2026], colonos israelíes han lanzado una serie de ataques generalizados por toda Cisjordania, incendiado dos mezquitas en Nablus y Tulkarm y causado daños en la maquinaria pesada de una instalación industrial cerca de Ramala.
Varios testigos relataron a Middle East Eye que los colonos irrumpieron también en varias ciudades y pueblos, atacaron viviendas, destruyeron vehículos y dispararon munición real para aterrorizar a sus residentes.
Los ataques se dirigieron contra comunidades de las provincias de Nablus, Tulkarm, Ramala, Hebrón, Salfit, Qalqilya, Jericó y Jerusalén, según funcionarios palestinos, quienes afirmaron que los colonos actuaban bajo la protección de las fuerzas israelíes.
En la aldea de Qusra, al sur de Nablus, colonos israelíes incendiaron gran parte de la mezquita de al-Rahma y pintaron con espray consignas racistas en hebreo en sus paredes.
El activista Abdul-Azim Wadi, vecino de la aldea, explicó a MEE que recibió una llamada a las 2:30 de la madrugada en la que le informaban de que los colonos habían incendiado la mezquita, situada en la parte suroeste de la aldea. Wadi afirmó que él, junto con otros vecinos, acudió al lugar para apagar las llamas.
La mezquita tenía previsto abrir sus puertas en los próximos días. Los vecinos de Qusra habían pintado sus paredes y colocado la moqueta el día anterior, pero el incendio causó daños importantes, incluido el derrumbe parcial de algunas de sus paredes, según explicó.
Wadi señaló que en las paredes habían pintado consignas como «Israel se establecerá con sangre» y «las mezquitas no nos asustan», además de mensajes que indicaban que el incendio provocado era una venganza por los colonos asesinados en Tell. «Los vecinos de la mezquita vieron a los colonos abandonar la zona antes de que los residentes llegaran para apagar el fuego. También encontramos tres consignas que habían escrito en las paredes exteriores», afirmó el activista.
Interior de la mezquita de al-Rahma dañado por el fuego tras el incendio provocado por los colonos en Qusra, al sur de Nablus, en la Cisjordania ocupada (Muhammed Ateeq/Middle East Eye)
13 de Julio de 2026. Hussam Abu Safiya es un médico pediatra que trabajaba en la protección de la salud del pueblo palestino. Era director del hospital Kamal Adwan, en el norte de Gaza. Fue detenido ilegalmente por las fuerzas de ocupación de Israel en diciembre de 2024 al momento en que intervinieron el hospital para desalojarlo bajo el argumento de que el lugar era un bastión militar de terroristas. Hussam resistió el desalojo y es acusado de ser colaborador de Hamas. Su encarcelamiento se ejecuta mediante la repudiable Ley de Combatientes Ilegales, con la que Israel detiene a personas -entre ellos otros 13 médicos gazatíes- bajo resolución administrativa sin siquiera la aplicación de un juicio justo.
Durante los primeros días de julio, Hussam fue visitado por su abogado, Nasser Odeh; quien manifestó que el medico encarcelado mostraba visibles signos de violencia extrema y torturas visible y que teme por su vida. Abu Safiya se encontraba detenido en la cárcel de Ketziot y fue trasladado al centro de detención Rakevet, una sección subterránea del complejo penitenciario de Ayalon donde se intensificaron las agresiones y las torturas. “Tal vez esta sea la última vez que me vean con vida. Me trajeron aquí para matarme” manifestó Hussam a su abogado.
Ante el agravamiento de su crítica situación de salud y los crecientes riesgo de vida, las peticiones de liberación de Hussam Abu Safiya han sido recurrentes y existen sendas apelaciones al Tribunal Superior de Israel para que libere de manera inmediata a Hussam y a los 13 médicos detenidos. Diversas organizaciones, como el Grupo de Trabajo de la ONU sobre la Detención Arbitraria, y la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado han exigido de manera inmediata su liberación y a nivel mundial, diversas organizaciones han convocado a acciones y movilizaciones en apoyo a los médicos encarcelados.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) somos parte del movimiento global en apoyo a Palestina y exigimos la libertad de Hussam Abu Safiya, los 13 médicos encarcelados y los mas de 9500 presos políticos palestinos que aún se encuentran secuestrados en las mazmorras de Israel.