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Grandes empresas tecnológicas, objetivo militar legítimo

De Silicon Valley surgió la falacia de que algunos empresarios innovadores con su esfuerzo individual, al margen del Estado y del poder militar, realizan invenciones en beneficio de toda la humanidad y lo hacen de manera desinteresada. Bill Gates, Steve Jobes, Job Betzos, Elon Musk y las empresas asociadas a ellos Microsoft, Google, Tesla, Amazon… se presentan como entidades civiles, vendiendo la idea que sus actividades no están relacionadas ni sirven a ciertos Estados ni al complejo militar del imperialismo y del sionismo.

Hace pocas semanas, Irán se encargó de desmontar ese prejuicio. Y lo hizo en respuesta a los brutales ataques de la coalición imperialista-sionista contra su población y sus dirigentes, en los cuales se utilizaron sistemas tecnológicos (entre los que sobresale la IA) que suministran los grandes conglomerados digitales. Irán los convirtió, algo que no había sucedido nunca, en un objetivo militar legítimo, al mismo nivel que las bases militares o los portaaviones.

Irán, al atacar la sede de esas empresas, les quitó la máscara de instituciones pretendidamente civiles, y mostró a los ojos de millones de seres humanos, empezando por los habitantes del Golfo Pérsico, que gran parte de las investigaciones e innovaciones del mundo digital están directamente relacionadas con los intereses militares de Estados Unidos e Israel. Irán se encargó de señalar que esas empresas son responsables del asesinato masivo de miles de personas en los lugares en donde opera el complejo militar-informático. Debe recordarse que las “bombas inteligentes”, con las cuales Estados Unidos masacró a 180 niñas de una escuela de Irán, fueron guiadas por sofisticados sistemas que fabrican las empresas informáticas y digitales. La IA y los algoritmos no funcionan solos, sino que responden a los intereses de quienes los programan, y estos son empresas tecnológicas que trabajan directamente para el complejo militar de Estados Unidos e Israel

Nada puede detener el irreversible avance digital

Irán y Yemen le han señalado al mundo que lo digital funciona por la existencia de una extensa red de comunicaciones de tipo material, siendo uno de sus principales soportes, la amplia red de cables submarinos que le dan la vuelta al planeta decena de veces. Sin esos cables, de fibra óptica, plástico y otros materiales, no sería posible el tráfico virtual e informativo en el mundo. Gran parte de esos cables atraviesan zonas críticas del mundo, como el Estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico, y el estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo. A través de esos cables circula la información que llega a Asía y Europa. De tal forma que, si esos cables fueran cortados, y los huties de Yemen y la Guardia Revolucionaria de Irán han indicado que de ser necesario lo harán, de inmediato se detendría la economía, la sociedad y la cultura de masas de gran parte del mundo, las cuales son petrodependientes y consumen enormes cantidades de recursos materiales y energéticos.

Este recordatorio de Yemen e Irán pone de presente la fragilidad de la tan mentada sociedad digital. Con una simple acción, la de cortar unos cables que se encuentran a centenares de metros de profundidad en los océanos, entraría en crisis el tipo de sociedad que el capitalismo realmente existente ha construido en los últimos 35 años. Se paralizaría todo lo que se ha erigido alrededor de internet, el sistema financiero, las comunicaciones de diversa índole (personales, institucionales, negocios), millones de móviles quedarían inservibles, bancos, hospitales, universidades dejarían de operar…

Esto ya lo habían advertido estudiosos y críticos del mundo digital, pero se ha necesitado de la respuesta asimétrica de Irán a la agresión imperialista para comprobar que lo digital es un coloso con pies de barro. Sí, unos pies de barro alimentados por grandes cantidades de materia y energías fósiles, cuya apropiación insaciable explica las guerras que libra el agonizante imperialismo estadounidense y sus proxis sionistas para mantener su insostenible modo de muerte.

Publicado en papel en El Colectivo, Medellín, mayo de 2026.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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