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Las sillas vacías en la Asamblea General de la ONU

Al aludir a Venezuela, Trump utilizó la frase favorita de los conquistadores: “Al vencedor le corresponde el botín”, y se refirió al secuestrado y encarcelado presidente legítimo Nicolás Maduro, como “dictador forajido”. La actual mandataria encargada, Delcy Rodríguez, y su comitiva escucharon esas palabras sin abandonar el lugar. Y en relación a Cuba, con su habitual matonismo volvió a machacar la categoría imperial sobre el “Estado fallido” y aseguró que pronto “caerá”, pero eludió mencionar que el Pentágono lleva a cabo un progresivo cerco naval petrolero genocida contra la isla. 

En un gesto político-diplomático, la delegación cubana abandonó la sala negándose a legitimar con su presencia los infamantes señalamientos del inquilino de la Casa Blanca. No fue una huida ni un arrebato; Cuba trasladó el debate al terreno simbólico, donde una silla vacía puede ser más elocuente que cualquier discurso. Quedarse a escuchar en silencio habría sido legitimar y blanquear al orador. En cambio, las sillas vacías hablaron por sí mismas y se convirtieron en la noticia; fue una forma de comunicación no verbal, un mensaje que no necesita micrófono y una negativa a ser cómplice público. Como señaló Orestes Hernández en Cubadebate, Cuba no huyó del conflicto: recogiendo el ejemplo del “canciller de la dignidad”, Raúl Roa, ante la reunión ministerial de la OEA de 1960 en Costa Rica, lo trasladó a un terreno simbólico más potente. Entonces y ahora, debido a que la delegación cubana no estaba en condiciones de igualdad en ese recinto, dada la asimetría de poder real con Washington, el gesto asumió la forma de una desobediencia simbólica: decir “no te escucho como legítimo”, “no acepto tu relato”, “mi ausencia es mi voz”. 

Benjamin Netanyahu también estuvo ahí para completar la escena, pero fue abucheado y repudiado por 77 delegaciones que se retiraron de la Asamblea cuando se disponía a hablar, y según señaló la cadena de televisión israelí Canal 12, tuvo que pronunciar sus diatribas “ante una sala casi vacía”. Sin embargo, durante su intervención, otra imagen también llamó la atención: la delegación iraní había dejado una fotografía del teniente general Qasem Soleimani, en su asiento vacío. Artífice del Eje de la Resistencia, el excomandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán, fue asesinado en Bagdad, capital iraquí, en 2020, en un ataque aéreo terrorista, ordenado por el presidente Trump durante su primer mandato. Medios de comunicación en hebreo también publicaron la imagen. 

La paradoja no pudo se más brutal: al responsable del castigo colectivo, la limpieza étnica y el uso del hambre como método de guerra y genocidio, así como del lanzamiento de más de 200 mil toneladas de explosivos sobre la población palestina en Gaza –una cantidad equivalente a 13 bombas atómicas como la utilizada en Hiroshima, que costaron la vida de 75 mil civiles bajo el pretexto de que eran potenciales terroristas–, se le permitió usar la tribuna de la organización que después de los juicios de Nüremberg contra los criminales de guerra de la Alemania nazi, fue creada para proteger a las generaciones futuras del azote de otra conflagración mundial, mientras al representante de la Autoridad Palestina se le negó la visa, en clara violación de las obligaciones del estado huésped. Otro fracaso de la diplomacia en un mundo fracturado ambiguamente en dos.

Fuente: www.jornada.com.mx/noticia/2026/09/28/opinion/trump-netanyahu-y-las-sillas-vacias

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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