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Los BRICS e Israel en tiempos de genocidio: cuando el comercio desmiente las condenas

La India, que preside los BRICS+ en 2026, ha mantenido importantes exportaciones a Israel. Su caso es especialmente significativo. Las relaciones de la India con la industria militar israelí son muy importantes: empresas indias suministran directamente componentes a fabricantes de armas israelíes y participan en la coproducción de sistemas militares. Así, los documentos aduaneros revelan que, en 2024, las empresas indias exportaron a Israel, entre otros, 554 120 componentes de fragmentación destinados a munición, 50 cuerpos de proyectiles de 155 mm, 99 400 elementos de detonación para munición y piezas metálicas destinadas a vehículos militares. Entre los destinatarios figuran Rafael Advanced Defense Systems, IMI Systems y otras empresas armamentísticas israelíes [6] . La India también participa en la producción de los drones militares Hermes 900 y Hermes 450 junto con Elbit Systems, mientras que empresas indias colaboran en la producción de sistemas de misiles israelíes [7]. Un informe de Amnistía Internacional publicado el 30 de julio de 2026 documenta 2 596 envíos de armas, munición, piezas y componentes desde la India a Israel desde el 7 de octubre de 2023. Entre otros, identifica proyectiles explosivos de 155 mm, ojivas para drones SkyStriker, componentes de ametralladoras y piezas de vehículos blindados. Se trata de exportaciones militares documentadasincluidas las realizadas por empresas propiedad del Estado indio o controladas por este. Amnistía Internacional registra, en particular, 390 516 componentes para armas ligeras, 564 970 componentes de artefactos explosivos y 298 componentes de vehículos militares [8].

La India, con unas exportaciones totales anuales a Israel que superan los 2 000 millones de dólares estadounidenses, no es, por tanto, solo un importante socio comercial de Israel: se ha convertido en un eslabón de su complejo militar-industrial, incluso durante la guerra en Gaza.

China, con diferencia el principal país de los BRICS+, y también el principal socio comercial de Israel entre ellos, con más de 20 000 millones de dólares estadounidenses, exporta a Israel drones comerciales (modelos fabricados, entre otros, por DJI y Autel). Estos drones, inicialmente destinados a usos civiles, fueron adquiridos por el ejército israelí y posteriormente transformados y equipados para misiones militares, en particular para lanzar explosivos y granadas y llevar a cabo operaciones de vigilancia y reconocimiento en Gaza. Estas prácticas han sido documentadas por investigaciones de Al Jazeera/Sanad y de +972 Magazine Local Call, así como por análisis israelíes recientes [9] . Esto demuestra de forma concreta cómo una parte del comercio presentado como civil o comercial puede reorientarse hacia el esfuerzo militar israelí, incluso cuando no se trata, en un principio, de una exportación de armas en el sentido clásico. Por otra parte, la embajada de China en Israel indicaba en abril de 2025 que el Parque de Innovación China-Israel de Changzhou acogía «cerca de 300 empresas israelíes y empresas conjuntas chino-israelíes», así como unos 60 proyectos de cooperación tecnológica bilateral. Pero esta no es la cifra total de empresas israelíes presentes en China. El parque de Changzhou es solo uno de los principales centros de esta presencia.

Por otra parte, Brasil suministra determinados componentes e insumos destinados a la industria militar israelí, en particular a través de las actividades de empresas vinculadas a Elbit Systems.

Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) ocupan una posición diferente: no son un proveedor militar importante de Israel, pero mantienen una estrecha cooperación con su industria de defensa y le compran sistemas de armas y tecnologías militares.

La profundidad de las relaciones económicas entre los EAU e Israel resulta especialmente llamativa. En 2025, unas 600 empresas israelíes operaban en los Emiratos Árabes Unidos, según datos facilitados por el ministro de Economía israelí, Nir Barkat, y recogidos por Bloomberg. Esta cifra, lejos de disminuir con la guerra en Gaza, fue confirmada de nuevo en 2026 por Global Finance. Por su parte, más de 200 empresas emiratíes habían establecido, ya en 2023, colaboraciones o desarrollado actividades en Israel, según la Cámara de Comercio de Dubai. La dinámica económica iniciada por la normalización de 2020 y los Acuerdos de Abraham ha continuado, por tanto, a pesar de la guerra en Gaza.

Por el contrario, entre los países BRICS, hay que destacar el papel especialmente valiente de Sudáfrica, que ha presentado en Diciembre 2023 una demanda ante la Corte Internacional de Justicia contra Israel por genocidio y sigue, en 2026, defendiendo activamente este procedimiento. Sin embargo, esta postura se ve gravemente contradicha por el mantenimiento de las exportaciones sudafricanas de carbón a Israel: alrededor de 1,8 millones de toneladas en 2025. Pretoria invoca, en particular, las normas de la OMC para justificar su continuación. Esta contradicción resulta aún más difícil de aceptar si se tiene en cuenta que la energía suministrada contribuye al funcionamiento de la economía israelí, tal y como proclama Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados: «Los conglomerados extractivos y mineros, al tiempo que proporcionan fuentes de energía civil, han alimentado las infraestructuras militares y energéticas de Israel, ambas utilizadas para crear condiciones de vida destinadas a destruir al pueblo palestino». [10]

La crítica sin concesiones que hay que dirigir a los BRICS+, que mantienen y en varios casos intensifican su colaboración con Israel, no debe hacernos olvidar los principales apoyos de Israel en su empresa genocida: Estados Unidos y los países de Europa occidental. Washington ha suministrado las armas necesarias para llevar a cabo una campaña militar genocida y, al mismo tiempo, ha protegido a Israel frente a parte de las presiones ejercidas en las instituciones internacionales.

A partir del 7 de octubre de 2023, Estados Unidos aceleró considerablemente sus suministros militares a Israel. Ya desde los primeros meses de la guerra, Washington organizó un auténtico puente aéreo de municiones y equipamiento. A finales de junio de 2024, ya habían entregado al menos 27 100 bombas y misiles, entre ellos 14 000 bombas de 2 000 libras, así como decenas de miles de proyectiles de artillería y de carro de combate [11].

En febrero de 2025, la administración de Trump notificó nuevas ventas de armas por valor de casi 3 000 millones de dólares, que incluían, en particular, 35 529 bombas de 2 000 libras y 4 000 ojivas penetrantes, mientras que la ayuda militar se aceleró aún más en marzo de 2025 [12] . Esta política continuó en 2026: Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, el principal proveedor de armamento pesado de Israel, por delante de Alemania e Italia.

Estos envíos masivos de armas por parte de Washington han permitido a Israel llevar a cabo una política genocida contra la población palestina.

Entre octubre de 2023 y agosto de 2026, más de 73 000 palestinos y palestinas fueron asesinado/as en Gaza, según los datos del Ministerio de Sanidad palestino recogidos por la ONU. A 31 de diciembre de 2025, entre las 71 444 personas fallecidas identificadas figuraban 21 283 niños y niñas y 10 983 mujeres, lo que supone más del 45 % de las víctimas. En enero de 2026, según Reuters, el propio ejército israelí admitió que la cifra de unos 70 000 muertos era, en general, creíble [13].

Sin embargo, este balance sigue siendo incompleto. Miles de palestinos y palestinas siguen desaparecido/as, probablemente sepultado/as bajo los escombros. El Ministerio de Sanidad estimaba en agosto de 2026 que aún no se habían contabilizado varios miles de personas fallecidas más, sobre todo entre las familias enteras desaparecidas bajo los bombardeos. Por lo tanto, el número real de víctimas es necesariamente superior al balance oficial.

A esto hay que añadir la magnitud de los daños. Según la evaluación conjunta del Banco Mundial, la ONU y la Unión Europea publicada en abril de 2026, más de 1,2 millones de personas, es decir, cerca del 60 % de la población de Gaza, han perdido su vivienda [14]. Cientos de miles de viviendas, así como las infraestructuras sanitarias, escolares, hidráulicas y energéticas, han quedado destruidas o gravemente dañadas.

Conclusión

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