
Ante el genocidio en Gaza, los BRICS afirman defender el derecho internacional y los derechos del pueblo palestino. Pero sus actos contradicen en gran medida sus declaraciones. Mientras que su 18ª cumbre de Nueva Delhi condena la hambruna, los desplazamientos forzados y los ataques contra la población civil sin siquiera señalar a Israel como responsable, varios Estados miembros aumentan sus intercambios comerciales con este Estado. Y lo que es aún más grave, algunos participan directamente en su esfuerzo militar. La India, que ejerce la presidencia de los BRICS en 2026, ofrece un ejemplo especialmente revelador: sus empresas exportan a Israel componentes destinados a la fabricación de munición y armas. Así pues, los BRICS denuncian algunas consecuencias de la guerra genocida, mientras que varios de ellos siguen alimentando las relaciones económicas y militares con el Estado que la libra.
La XVIII Cumbre del BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia), celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre de 2026, dedicó varios párrafos a Gaza y a Palestina [1]. Sin embargo, una lectura atenta de la declaración final revela una sorprendente voluntad de evitar señalar a Israel como responsable de las violaciones que en ella se mencionan. El texto condena «el hambre como método de guerra», los ataques contra la población civil, contra los centros sanitarios y las infraestructuras civiles, así como los obstáculos a la ayuda humanitaria, pero no afirma que Israel sea el autor de estos actos. Hace un llamamiento general a «todas las partes implicadas» para que respeten el derecho internacional humanitario y los derechos humanos. Del mismo modo, aunque menciona las medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia en la demanda de Sudáfrica contra Israel y recuerda la obligación jurídica de Israel de permitir el acceso de la ayuda humanitaria, no constata que Israel haya incumplido dichas medidas. Menciona la «ocupación ilegal» y pide que se ponga fin a la misma, pero sin nombrar a Israel como potencia ocupante responsable de esta situación. Condena el desplazamiento forzoso de los palestinos y las modificaciones geográficas y demográficas de Gaza, sin calificar estas políticas de «limpieza étnica». No menciona ni el genocidio, ni los miles de palestinos detenidos sin cargos ni juicio, ni la violencia y los malos tratos infligidos a los presos palestinos. Incluso cuando se refiere a las violaciones más graves del derecho internacional, el texto evita así culpar directamente al Estado de Israel.
Esta cautela resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que la declaración se presenta como la de un grupo que pretende hacer oír la voz del Sur global y defender un orden internacional basado en el derecho. Los BRICS no emplean los términos «genocidio» y «limpieza étnica» y evitan sistemáticamente establecer una relación explícita entre las violaciones que mencionan y el Estado de Israel que las comete. Esta formulación permite a los miembros del grupo mantener una posición común mínima sobre Palestina, al tiempo que evitan una condena directa de Israel y, sobre todo, cualquier decisión colectiva que pueda afectar a sus relaciones económicas, energéticas, tecnológicas o militares con dicho Estado. Esta actitud inaceptable debe contrastarse con el aumento o el mantenimiento de los intercambios comerciales de varios miembros de los BRICS con Israel desde octubre de 2023.
Hay otro aspecto que merece ser destacado: lejos de reducirse, los intercambios comerciales de varios países de los BRICS+ con Israel han aumentado desde el inicio de la guerra en Gaza. Entre 2024 y 2025, las exportaciones a Israel aumentaron casi un 54 % en el caso de China [2] y se multiplicaron por diez en el de Rusia [3]. Entre 2023 y 2025, las exportaciones a Israel se duplicaron con creces en el caso de Egipto [4] y aumentaron aproximadamente un 51 % en el de Indonesia [5] .
Estos intercambios abarcan todas las categorías de mercancías y, por lo tanto, no pueden equipararse a entregas de armas. No obstante, contribuyen indirectamente al funcionamiento de la economía israelí: los bienes importados permiten a Israel satisfacer una parte de sus necesidades civiles e industriales y preservar sus recursos para otros usos, en particular los militares. Esta evolución resulta aún más significativa si se tiene en cuenta que los BRICS+, en mayor o menor medida, se presentan como defensores de un mundo multipolar y de una reducción del dominio occidental. En la práctica, sus relaciones comerciales con Israel ponen de manifiesto los límites de esta oposición a la hora de cuestionar de forma concreta la economía que sustenta su guerra genocida en Gaza.