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El genocidio de Gaza ha convertido la cuestión palestina en el problema israelí

El movimiento de liberación palestino también debe recuperar sus dimensiones árabes, islámicas y universales.

Palestina nunca ha sido meramente una preocupación de un pueblo aislado que busca la independencia nacional; ha estado íntimamente ligada al futuro de la región, a su identidad, a su independencia política y a su proyecto civilizatorio.

Gaza ha demostrado una vez más que el proyecto sionista no amenaza únicamente a los palestinos. Pretende institucionalizar un orden regional basado en la supremacía militar, la dependencia política, la subordinación económica y la fragmentación permanente.

Esto exige un replanteamiento fundamental del papel de la umma. Palestina no puede considerarse simplemente como una causa humanitaria que merece compasión.

Sigue siendo la cuestión civilizatoria central a la que se enfrenta el mundo musulmán, ya que el proyecto sionista ha funcionado como un instrumento estratégico para preservar la fragmentación regional e impedir un desarrollo político independiente.

La lucha por desmantelar las estructuras sionistas no puede, por lo tanto, separarse del proyecto más amplio de reconstruir la umma en los ámbitos político, intelectual, económico y espiritual. La liberación de Palestina y la renovación de la umma se han convertido en procesos históricos que se refuerzan mutuamente.

Palestina nunca debe reducirse a una causa sectaria, étnica o estrictamente ideológica. Una de sus mayores fortalezas siempre ha sido su atractivo moral universal. Llega a todos aquellos que rechazan el colonialismo, el racismo, el apartheid y la injusticia.

Por esa razón, Palestina debe seguir sirviendo como causa unificadora para las personas de conciencia, independientemente de su religión, origen étnico, nacionalidad o afiliación política.

Palestina ocupa ahora un lugar similar al que ocupó Sudáfrica durante las últimas décadas del siglo XX. Se ha convertido en una de las cuestiones morales y políticas definitorias de nuestro tiempo.

Al igual que Sudáfrica simbolizó en su día la lucha mundial contra el apartheid, Palestina simboliza cada vez más la lucha contemporánea contra el colonialismo de asentamientos, la dominación racial y la hegemonía imperial.

La responsabilidad histórica a la que se enfrentan los palestinos y sus aliados va más allá de resistir las consecuencias inmediatas de la ocupación: consiste en participar conscientemente en el largo proceso histórico de desmantelamiento de las estructuras políticas, intelectuales e institucionales que han mantenido el proyecto sionista durante generaciones.

Esta tarea tampoco recae únicamente sobre los palestinos. Palestina sigue siendo la causa central de la umma y se ha convertido también en una causa cada vez más importante para la humanidad en su conjunto.

Un grupo de activistas sostiene pancartas en las que se lee «UE: Dejad de comprar lo que Israel roba» durante una manifestación celebrada en Bruselas el 17 de junio de 2026 para pedir a los líderes de la UE que prohíban los productos procedentes de los ilegales asentamientos israelíes (Nicolas Tucat/AFP)

La lucha afecta al futuro de un orden internacional que afirma basarse en la justicia, la igualdad y los derechos humanos. Un mundo dispuesto a normalizar el genocidio, el apartheid y la ocupación permanente en Palestina pone, en última instancia, en peligro esos principios en todas partes.

Gaza ha redefinido el conflicto de formas que van mucho más allá de las fronteras de Palestina. Lo que hace solo unos años parecía políticamente inimaginable se debate ahora abiertamente en universidades, parlamentos, instituciones internacionales, organizaciones profesionales, sindicatos, medios de comunicación y centros comunitarios.

Las creencias aceptadas desde hace tiempo sobre el sionismo, la política occidental, el derecho internacional y el futuro de Palestina están siendo objeto de un replanteamiento cada vez mayor.

El período que se avecina exige mucho más que simples muestras de solidaridad. Requiere una nueva visión estratégica, organización política y la paciencia disciplinada necesaria para una lucha prolongada.

Todos los movimientos de liberación que han tenido éxito han combinado la resistencia inmediata con la construcción paciente de instituciones capaces de transformar los momentos de crisis en un cambio político duradero.

Redefinir el conflicto

Cualquier debate sobre el futuro seguirá siendo incompleto a menos que redefinamos primero el conflicto.

La causa palestina abarca la lucha de un pueblo oprimido y reviste un profundo significado civilizatorio y religioso por sus lugares sagrados. Sin embargo, en su esencia subyace la naturaleza y el carácter del proyecto sionista.

Hablar exclusivamente de la «cuestión palestina» ya no es suficiente.

El principal reto al que se enfrenta la región es el «problema israelí»: la existencia de un Estado colonialista soberano cuya estructura política se basa en la exclusión de la población indígena y cuya supervivencia depende de la expansión territorial, el dominio militar, la fragmentación regional y el respaldo permanente de Occidente.

La historia ofrece varios ejemplos de sistemas políticos que llegaron a ser reconocidos no solo como Estados, sino como problemas estructurales que amenazaban la estabilidad regional e internacional.

El «problema alemán» generado por el nazismo y el militarismo en la primera mitad del siglo XX, y más tarde el régimen del apartheid en Sudáfrica, ilustran cómo determinados órdenes políticos pueden convertirse en fuentes de inestabilidad crónica que se extienden mucho más allá de sus fronteras.

De hecho, el problema israelí pertenece a esa categoría histórica.

El objetivo estratégico no puede limitarse a resistir las consecuencias del sionismo. Debe consistir en el desmantelamiento sistemático de las estructuras de las que depende el proyecto sionista.

Para debilitar el proyecto sionista, primero debemos comprender con precisión cómo se sustenta. Todo sistema de dominación duradero se sustenta en fuentes identificables de poder político, militar, económico e ideológico.

Los movimientos de liberación solo alcanzan eficacia estratégica cuando van más allá de la mera resistencia ante la injusticia y llegan a comprender los mecanismos que la reproducen.

Los doce pilares

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