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El genocidio de Gaza ha convertido la cuestión palestina en el problema israelí

La «teoría de los doce pilares» que he desarrollado identifica las principales fuentes de la fuerza sionista. Su objetivo es permitir estrategias coherentes a largo plazo para debilitarlos, transformando la resistencia de una postura reactiva en un proyecto integral de cambio histórico.

Estos doce pilares se agrupan en tres áreas principales:

La primera aborda el control demográfico y territorial: la exclusividad judía como principio rector del Estado, la exclusión y el desplazamiento de los palestinos, la expansión continua de los asentamientos y la creación metódica de hechos irreversibles sobre el terreno. En conjunto, estos pilares pretenden borrar a Palestina física, política y demográficamente.

Gaza ha puesto de manifiesto la creciente fragilidad de esta estrategia.

Más de 125 años después del surgimiento del sionismo político, y casi ocho décadas después de la Nakba, los palestinos siguen arraigados en su patria y firmemente comprometidos con su identidad, sus derechos históricos y el derecho al retorno.

Menos de la mitad de los judíos del mundo se han reasentado en Palestina. Mientras tanto, las tendencias demográficas sugieren que los palestinos de la Palestina histórica igualan o superan ya a la población judía.

El objetivo demográfico fundacional del sionismo —sustituir a la población indígena— sencillamente ha fracasado.

La resistencia palestina, junto con la resistencia libanesa a lo largo de varias décadas, ha demostrado asimismo que la expansión de los asentamientos no es un proceso histórico irreversible.

Los proyectos coloniales suelen parecer invencibles durante los períodos de expansión. Sin embargo, la Argelia francesa, la Angola portuguesa, Rodesia y la Sudáfrica del apartheid parecían todas permanentes hasta que las realidades políticas, demográficas y morales socavaron gradualmente los supuestos en los que se sustentaban.

El proyecto sionista no debe considerarse una excepción a estos patrones históricos más amplios.

El segundo conjunto de pilares sustenta la supremacía militar, de inteligencia y tecnológica de Israel: la militarización de la sociedad, el mantenimiento de la superioridad militar y tecnológica, el monopolio de las armas nucleares y el dominio en materia de seguridad e inteligencia.

Durante décadas, estos pilares constituyeron la base tanto psicológica como militar del poder sionista. Sin embargo, los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto importantes limitaciones.

La confrontación militar directa con la República Islámica de Irán demostró que la abrumadora superioridad tecnológica, incluso cuando se combina con el apoyo militar estadounidense, no puede por sí sola obligar a la capitulación política ni restablecer una disuasión estratégica incuestionable.

El siglo XX nos ofrece una clara advertencia: bajo un intenso escrutinio, la fuerza bruta puede convertirse en un lastre estratégico que acelere el aislamiento diplomático, las tensiones económicas, la deslegitimación moral y la polarización interna.

La verdadera disuasión depende mucho menos de la tecnología militar pura que de la legitimidad política y de la credibilidad de los resultados estratégicos a largo plazo.

Desde octubre de 2023, el Estado sionista ha demostrado en repetidas ocasiones su capacidad para infligir una destrucción devastadora. Le ha resultado considerablemente más difícil recuperar la imagen de invulnerabilidad que históricamente ha sustentado su doctrina de disuasión.

Apoyo en declive

Por último, el tercer conjunto de pilares se refiere al posicionamiento internacional y regional del régimen sionista: la dependencia del apoyo político occidental; la movilización de la comunidad judía mundial al servicio del proyecto sionista; el mantenimiento de la fragmentación regional; y el fomento de alianzas con minorías, movimientos separatistas y regímenes autoritarios en busca de la hegemonía regional.

Estos pilares han entrado en un periodo de creciente tensión.

El apoyo occidental sigue siendo, sin duda, uno de los mayores activos estratégicos de Israel. Sin embargo, Gaza ha alterado la opinión pública internacional, especialmente entre las generaciones más jóvenes, las universidades, los sindicatos, las asociaciones profesionales y los movimientos sociales.

Sectores importantes de las sociedades occidentales distinguen cada vez más entre el apoyo a las comunidades judías y el apoyo incondicional a las políticas del Estado sionista, una distinción que a menudo se marginó políticamente en décadas anteriores.

El creciente escrutinio jurídico ante la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional y los tribunales nacionales de varias jurisdicciones ha erosionado aún más ese apoyo.

Las instituciones jurídicas por sí solas no transformarán las realidades políticas, pero contribuyen cada vez más a la erosión generalizada de la legitimidad de la que dependen, en última instancia, los sistemas de dominación colonial.

Aún más significativa ha sido la transformación del entorno informativo global. Durante décadas, las instituciones sionistas ejercieron una influencia considerable sobre los relatos políticos y mediáticos dominantes en gran parte del mundo occidental.

Hoy en día, el periodismo independiente, los medios digitales, las plataformas de redes sociales y la documentación sin precedentes del genocidio de Gaza han debilitado ese monopolio informativo. El control sobre el relato se ha convertido en un ámbito mucho más disputado que en cualquier otro periodo anterior de la historia de Israel.

Cada paso hacia una mayor cooperación dentro de los mundos árabe y musulmán, cada esfuerzo por la integración regional y cada ampliación de los vínculos entre los movimientos anticoloniales de todo el Sur Global desafía directamente otra de las premisas estratégicas de larga data del sionismo: que la fragmentación regional permanente es a la vez deseable y sostenible.

Estos doce pilares no funcionan de forma aislada; se refuerzan mutuamente, y el debilitamiento de uno de ellos aumenta la presión sobre los demás. Los movimientos de liberación exitosos buscan logros estratégicos acumulativos en múltiples ámbitos, en lugar de victorias aisladas.

Cada pilar representa una vulnerabilidad. La cuestión es cómo ejercer presión sobre ellos de forma simultánea.

La lucha se centra en los cimientos políticos, militares, económicos, diplomáticos e ideológicos que sustentan el proyecto sionista.

El desmantelamiento del proyecto sionista no supone la destrucción de una sociedad, la negación de los derechos de ninguna comunidad ni una invitación al conflicto perpetuo. Significa la abolición de las estructuras legales del apartheid, la ocupación y el privilegio racial.

Más allá de las negociaciones

El futuro de la causa palestina —o, más exactamente, la resolución del problema israelí— no se determinará en la mesa de unas negociaciones infructuosas.

Se forjará a través de la firmeza, la resistencia organizada, la lucha sostenida, la movilización política global, la acción jurídica, la presión económica y el esfuerzo intelectual.

Nosotros, como palestinos, junto con la umma y las personas de conciencia de todo el mundo, ya no podemos permitirnos el lujo del activismo simbólico.

La historia rara vez cambia solo a través de momentos aislados de heroísmo. Cambia cuando la convicción moral se une a una organización disciplinada, a la paciencia estratégica y a instituciones capaces de transformar el sacrificio en logros políticos duraderos.

El siglo XX deja claro que los sistemas coloniales no caen porque pierdan batallas; más bien, se desmoronan cuando el mundo deja de creer en ellos: cuando su legitimidad se pudre, su economía se resiente, sus argumentos morales suenan huecos y las alianzas que los sostenían se derrumban.

La confrontación militar puede acelerar ese proceso, pero la organización política, la solidaridad internacional y la paciencia estratégica determinan, en última instancia, los resultados históricos.

El proyecto sionista no es inmutable ni está exento de las tendencias generales de la historia. Al igual que otras empresas coloniales de asentamientos que le precedieron, se sustenta en estructuras que son construcciones históricas y que, por lo tanto, pueden desmantelarse.

Nuestra responsabilidad —ante quienes se han sacrificado, ante las futuras generaciones de palestinos y ante todos los que siguen creyendo en la justicia— es llevar adelante esta lucha, manteniendo nuestra disciplina estratégica y nuestro propósito claro, con la confianza de que los sistemas basados en la exclusión y la dominación acabarán cediendo ante aquellos fundados en la dignidad humana.

Palestina se ha convertido una vez más en la brújula moral de la lucha mundial contra el colonialismo, el racismo y la dominación. Que ese momento se convierta en una transformación histórica duradera depende de lo que construyamos a partir de él en los próximos años.

Sami Al-Arian es director del Centro para el Islam y Asuntos Globales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul. Originario de Palestina, vivió en Estados Unidos durante cuatro décadas (1975-2015), donde fue académico titular, destacado orador y activista de derechos humanos antes de trasladarse a Turquía. Es autor de varios estudios y libros. Pueden ponerse en contacto con él en: nolandsman1948@gmail.com.

Texto en inglés: Middle East Eyetraducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/07/31/el-genocidio-de-gaza-ha-convertido-la-cuestion-palestina-en-el-problema-israeli/

rebelion.org/el-genocidio-de-gaza-ha-convertido-la-cuestion-palestina-en-el-problema-israeli/

01/08/26

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