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El perfil racial pone en el punto de mira del ICE a las personas indígenas estadounidenses

Fuentes: Rebelión [Foto: Un manifestante con una pancarta pidiendo abolir el ICE (Tony Webster, Wikimedia Commons / CC BY-SA 2.0)]

Por Katrien Demuynck | 19/01/2026 | EE.UU.

El asesinato de Renee Good es solo la punta del iceberg de un ICE (siglas en inglés de Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) descarrilado que aterroriza a los barrios, persigue a cualquier persona que «no sea lo suficientemente blanca» y da a Estados Unidos un rostro cada vez más fascista.

Más de 300.000 personas ya han sido detenidas y expulsadas del país por el ICE, independientemente del tiempo que llevaran viviendo allí, de si dejaban atrás a hijos u otros familiares, de si tenían trabajo o de si tenían o no vínculos con el país al que eran enviados.

La actuación violenta de los agentes del ICE, generalmente enmascarados y sin la menor identificación, causa terror en los barrios. Supuestamente buscan «inmigrantes ilegales», pero en la práctica persiguen a cualquier persona que no parezca lo suficientemente blanca. Como resultado, muchos ciudadanos indígenas, los únicos que no son inmigrantes en los Estados Unidos, también son víctimas del ICE y corren el riesgo de ser deportados.

Así ocurrió en el caso de Elaine Miles, miembro de las Tribus Confederadas de la Reserva Indígena Umatilla en Oregón. Miles, de 65 años, es conocida como actriz. En noviembre de 2025 cuatro agentes del ICE la detuvieron en la calle y le pidieron su identificación. No aceptaron su documento de identidad indígena. Afortunadamente, también llevaba consigo su pasaporte estadounidense. Tras algunas amenazas adicionales, la dejaron en paz.

Sin embargo, las agencias gubernamentales federales están obligadas a reconocer los documentos de identidad de las naciones indígenas como documentos de identidad válidos debido a la relación de Estado a Estado entre las naciones reconocidas federalmente y los Estados Unidos.

Después del genocidio y la deportación, la expulsión

Por lo tanto, tener un documento de identidad de su nación no protege a las personas indígenas de ICE. De esta manera, la política colonial de los Estados Unidos añade otra medida al genocidio, a las deportaciones a miles de kilómetros de distancia, al robo de tierras y al desplazamiento de los pueblos indígenas a reservas: la expulsión.

El caso de Elaine Miles es uno de los muchos casos de personas indígenas a las que se les pide que muestren sus documentos de ciudadanía o que son detenidas por los servicios de inmigración.

Pero puede ir más allá. Cuando Leticia Jacobo, de 24 años, miembro registrada de la Comunidad Indígena Salt River Pima Maricopa en Arizona, fue detenida por una infracción de tráfico —conducir con un permiso de conducir no válido—, el Departamento del Sheriff del condado de Polk, en Iowa, la clasificó como inmigrante ilegal. Ni siquiera se le informó de ello.

Solo cuando su madre fue a recogerla a la cárcel el 11 de noviembre, tras un mes de reclusión, descubrió que su hija no reunía los requisitos para ser puesta en libertad. Ese mismo día iba a ser entregada al ICE para ser deportada a un destino desconocido.

Era día festivo y todas las instituciones oficiales estaban cerradas. Sin embargo, la familia logró movilizar documentos adicionales desde Phoenix, Arizona, a más de 2000 kilómetros de distancia, donde había nacido Leticia, lo que permitió detener el proceso de deportación en el último momento. Sin embargo, no todo el mundo puede contar con su familia de esta manera.

Entre enero y marzo de 2025 la nación navajo informó de más de 15 casos de control y detención por parte del ICE de miembros de la nación en Arizona y Nuevo México. Las detenciones suelen producirse también en territorios de las reservas. Entre otras, la nación indígena quinault de Washington respondió en junio de 2025 a una redada bloqueando sus fronteras al ICE.

No se puede ser ilegal en tierras robadas

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¡El cuerpo de Facundo es una guerra!

Facundo Jones Huala

Facundo Jones Huala cumplió condena, 9 años en total. Sin embargo, la gendarmería de Chile y el juzgado de Río Bueno siguen sosteniendo una decisión arbitraria e ilegal manteniéndolo detenido. Actualmente lleva 25 días de huelga seca, su salud es endeble y su vida está en peligro. Su historia, como la de otros Weychafe Mapuche, expone la complicidad de los Estados, como Chile y Argentina, con los intereses privados en pos del saqueo y el extractivismo.  Escribe Gustavo Figueroa para Periodismo de Mar a Mar.

El cuerpo de Facundo Huala es una guerra, una bomba molotov. Los primeros diez días de huelga escupió sangre: una úlcera estomacal se reventó en su interior. Hoy, cumpliendo el día 25 de huelga seca, “pierde la atención, su memoria a corto plazo no es tan buena, y por la baja en glucosa (hipoglucemia) se queda dormido, cuando está muy agotado”. Su familia indica: “una falla renal podría poner en riesgo su vida”. Mientras que la gendarmería de Chile y el juzgado de Río Bueno siguen sosteniendo una decisión arbitraria e ilegal manteniéndolo detenido, cuando ya cumplió la condena carcelaria (nueve años) en su totalidad. «El impedimento judicial»: Chile está incumpliendo el Tratado de Extradición firmado que asegura el cumplimiento de la pena de Facundo el 26 de junio de 2024. La advertencia: “producto de la deshidratación, su sangre se ha ‘espesado’, lo que, en un futuro no muy lejano, podría provocar una trombosis”. El cuerpo de Facundo Huala va a estallar como una guerra, una bomba molotov, en la cara de los hermanos y la milicia que lo quiere ver rendido.

En este momento Facundo está internado en el Hospital Interculturalidad de Nueva Imperial, una localidad ubicada a unos 35 kilómetros de Temuco. Su madre Pity Huala lo acompaña junto a un machi que lo trata. Pity Huala exige su liberación y pide por el acompañamiento espiritual, en llellipun, en los diferentes territorios para fortalecer a su hijo que se encuentra acechando, víctima de un sistema de tortura que intenta disciplinar con su dolor y detención a todos los integrantes del pueblo mapuche que se muestren desobedientes y contestarios.

El caso de Facundo Huala, como el de Héctor Llaitul (líder de la coordinadora Arauco-Malleco, condenado recientemente a 23 años de prisión) expone los montajes jurídicos e institucionales que están dispuestos a llevar adelante Estados como el de Argentina y Chile, en nombre del capital extranjero y la explotación extractiva del territorio.

Justamente, en la actualidad, la cuenca del río Bueno y el curso del río Pilmaiken resultan el botín pretendido por la empresa noruega Statkraft para la instalación de una hidroeléctrica, que es, en definitiva, una forma de intervenir y alterar el curso natural de un río, el equilibrio de la vida. Son distintas las comunidades que se alzan en contra de este proyecto, no sólo por el valor del agua dulce para sus vidas y los cultivos que consumen (Chile sigue siendo, desde las comunidades mapuche, un lugar agrícola), sino también para resguardar el feyentun, la vida espiritual.

Se dice que el Río Bueno, al ser una vía de encuentro con el Océano Pacifico, conduce los espíritus de los muertos hacia el Wenu Mapu, la tierra de arriba. Si algo o alguien cambiara, interviniera o desviara el curso de este río, esos espíritus no podrían concretar el ciclo de la vida, quedando varados en la tierra, desterrados, estancados en un limbo perpetuo.

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La sintonía fina del genocidio Wichí Pueblos originarios

Pueblos originarios

La sintonía fina del genocidio Wichí Pueblos originarios

Wichis como viven

 

Total normalidad reina en el Gran Chaco. La parasitosis hincha las pancitas de los niños aborígenes, comida diaria no hay. La desnutrición le da un tono amarillo al cabello de las mujeres. La mortalidad infantil hace lagrimear a los hombres. Más allá de la represión directa, la violencia estructural aplasta a los pueblos originarios: la negación de agua, alimentos, atención médica y educación. Hambre, sed, asesinatos, denuncias desesperadas y evidencia de sobra que incluye una estadística sanitaria horrorosa. Una investigación en el territorio Wichí de la Provincia de Formosa se transformó en una travesía al corazón de las tinieblas.

Por Stefan Biskamp, corresponsal alemán para América Latina, para ANRed.

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Los ataques no paran: de nuevo niños Wichí baleados en Formosa

Pueblos Originarios

Los ataques no paran: de nuevo niños Wichí baleados en Formosa

 

wichi golpeado por la policia

Una ola de violencia policial está arrollando a las comunidades indígenas Wichí de Ingeniero Juárez, provincia de Formosa. Unas semanas después de que unos niños fueran heridos gravemente, la fuerza estatal atacó ayer otra vez con balas de plomo a chicos Wichí de esa localidad, lesionando a varios de ellos, uno con herida en la cara. Dos niños fueron llevados a la comisaria y golpeados brutalmente. Los niños están sin atención médica. El referente Wichí Agustín Santillán tiene amenazas de muerte por parte de la policía.

Por Stefan Biskamp para ANRed / Fotos: Agustín Santillán.