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La ruptura del confinamiento de Gaza, el cadáver israelí y la izquierda ante Palestina

Este escenario del ocaso israelí y la histórica operación de la resistencia en Gaza es coincidente con el desmoronamiento del decorado y el lenguaje construidos hace 30 años con los fraudulentos Acuerdos de Oslo.

A principios de los 90, en los primeros años de la corta hegemonía mundial de EEUU se produjeron tres derrotas simultáneas de las luchas descolonizadoras: los Acuerdos de Oslo para Palestina, el incumplimiento de la autodeterminación del pueblo saharaui y el arreglo negociado de la no descolonización de Sudáfrica, ya que mantiene la forma estatal y las estructuras económicas y de propiedad heredadas del apartheid blanco. La izquierda occidental no analizó correctamente el caso palestino mientras que mantiene un aparente apoyo a la descolonización del Sáhara.

Los Acuerdos de Oslo atrofiaron el discurso de la izquierda

El evidente proceso de colonialismo por asentamiento de colonos y reemplazo demográfico forzoso contra los indígenas palestinos fue transformado por los Acuerdos de Oslo en un falso acuerdo entre supuestas partes iguales. Con ello también se transformó el lenguaje manejado internacionalmente a través del cual se definía la relación entre opresor y oprimido.

Todo el vocabulario de la izquierda utilizado en la segunda mitad del s.XX como invasión, liberación nacional, descolonización, lucha, apartheid, desposesión, reemplazo demográfico forzoso, limpieza étnica, resistencia, combatientes, reclusión en guetos, tortura, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, derecho al retorno, e incluso el derecho internacional, fue abandonado en su mayor parte. En su lugar se reemplazó por conceptos como reconocimiento, ambas partes, mesa de negociación, diálogos, acuerdos, proceso de paz, dos Estados, gobierno palestino, compromiso, garantías de seguridad para el colonizador, petición de moderación a colonizador y colonizado, coordinación, terrorismo, islamismo, antisemitismo, derecho de Israel a existir y defenderse, ocupación referida sólo a Cisjordania y Gaza, enfoque exclusivo sobre derechos humanos, omitir sistemáticamente el derecho al retorno de los millones de palestinos, etc.

Ghassan Kanafani estableció que la oligarquía reaccionaria indígena era uno de los tres enemigos del pueblo palestino, porque una colonización también tiene una dimensión interna de lucha de clases

Para imponer el nuevo lenguaje, los Acuerdos de Oslo contaron con la complicidad de la élite política palestina que buscó resucitarse a sí misma tras estar desplazada de todo liderazgo durante la Primera Intifada al estar exiliada a miles de kilómetros en Túnez, junto a otros factores. La parte firmante palestina poseía una trayectoria histórica que aparentemente la validaba para firmar esa traición a los derechos del pueblo palestino. Esa élite política palestina de la OLP fue apoyada, o presionada, por la oligarquía interior palestina deseosa de normalizar las transacciones económicas y negocios con los colonizadores israelíes. La conjunción de ambas oligarquías palestinas —la política ausente del territorio y la económica presente— otorgaba el consentimiento gramsciano de los pueblos sometidos. Ghassan Kanafani estableció que la oligarquía reaccionaria indígena era uno de los tres enemigos del pueblo palestino, porque una colonización también tiene una dimensión interna de lucha de clases.

A raíz de ese erróneo análisis, la izquierda otorgó una legitimidad a esa cúpula nativa y al departamento subcontratado que se creó, Autoridad Palestina, que nunca se dio a la camarilla indígena sudafricana que sostenía el apartheid de Pretoria gobernando bantustanes creados por el régimen supremacista blanco.

La sofisticación de los guetos palestinos es mayor que la de los guetos de Sudáfrica, contando con ministerios, embajadas, empleos que alivian económicamente a multitud de palestinos y una virtual estatidad internacional. Además este departamento de los guetos, cuya principal función es la represión interna gastando más que agricultura, educación y sanidad juntos, incorpora un cierto nivel de denuncia y críticas al régimen israelí, o incluso cuenta con un departamento para las presas y presos palestinos. Esto hace aumentar la confusión sobre lo que es en realidad la Autoridad Palestina. Gramsci analizó estos procesos de sumisión hace mucho tiempo, situando entre la fuerza y el consentimiento el elemento de la corrupción para neutralizar en este caso al pueblo palestino.

Y esa confusión es la que continúa hoy en la izquierda con el tipo de relación que se debe mantener con la estructura colonial llamada Autoridad Palestina, a pesar de que la representación de los oprimidos debe estar en quienes resisten a la opresión, no en quienes se someten a ella o en intermediarios. El ejemplo claro se vio en Gaza. ¿Quién representa a los oprimidos? ¿los resistentes que rompieron el cerco o la camarilla de Mahmoud Abbas? En Argelia y Sudáfrica la izquierda lo tenía claro.

Discurso humanitarista y aceptación de los guetos

Otro elemento que reforzó la adopción de este vocabulario por la izquierda fue la transformación de la economía colonial en Palestina que supusieron los Acuerdos de Oslo. A partir de ese momento irrumpieron en la sociedad nativa un ejército de ONGs de EEUU y Europa cuyas actividades y programas estaban financiados por esos países que a su vez patrocinan a la colonia israelí. Las ayudas se condicionaron a que los palestinos suprimieran su lenguaje de liberación, e incluso suprimieran el mero lenguaje de la legalidad internacional, a cambio de concederles algunos derechos humanos a través de esas ONGs. Esta ley del silencio impuesta por occidente a los nativos incluye a la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. Para recibir fondos tuvo que mutilar su lenguaje que incluso era de mera legalidad internacional, y su mandato existencial de ayudar a los refugiados palestinos ahora está condicionado a la posición política que tengan los nativos si quieren recibir leche o tratamiento médico.

Muchas de las personas europeas pertenecientes a esas financiadas ONGs a su vez han participado en occidente en redes de solidaridad con Palestina, o incluso han formado parte de partidos de izquierda. Por tanto, estas personas vinculadas a ONGs traían de vuelta a Europa o EEUU el lenguaje que ellas sobre el terreno imponían a los palestinos, y ha sido el vocabulario que han utilizado en occidente en artículos, informes o reuniones relacionadas con Palestina.

El miedo a la acusación de antisemitismo

Otro elemento que ha maniatado a la izquierda occidental sobre Palestina ha sido el temor a una posible acusación de judeofobia o, más comúnmente, el término manipulado de antisemitismo. A la inseguridad discursiva en muchos partidos de izquierda sobre la causa palestina por la confusión, ignorancia, o la creencia de que la cuestión colonial se zanjó en el siglo XX, se une el sentimiento de culpa inoculado culturalmente a todas y cada una de las personas occidentales, y no sólo a ellas, por el genocidio alemán contra las personas judías hace 80 años. Un sentimiento de culpa selectivo que se ha impuesto de forma universalizada y con su propio término, Holocausto.

Esto no existe en el caso del mismo genocidio perpetrado por Alemania contra millones de civiles soviéticos o personas gitanas, por ejemplo, a pesar de que estos tres grupos sociales (soviéticos, gitanos y judíos) estaban en el mismo nivel de infrahumanidad y de máximo exterminio para aquellos dirigentes alemanes. Israel obviamente sabe cómo opera esta acusación en el subconsciente occidental y ha establecido el antisemitismo como su última trinchera defensiva. Ha lanzado a sus lobbies por todo el mundo para que intenten imponer un contrato de lealtad con el régimen israelí. Instituciones, parlamentos, gobiernos, ayuntamientos, administraciones públicas y hasta la propia ONU están siendo presionadas por los agentes israelíes para que adopten la definición de antisemitismo IHRA, que no es más que un intento de censura, persecución de la solidaridad con Palestina y blindaje del régimen ante los crímenes que comete.

Estos treinta años han sido un largo período de retroceso de posiciones de la izquierda occidental aceptando los marcos impuestos por el poder, y en la cuestión palestina también. No sólo hay que estar explicando de forma reiterada que no es antisemitismo ni judeofobia combatir al sionismo y a su artefacto colonial en Palestina. Es peor aún. Hemos pasado de que la Asamblea General de la ONU declarase el sionismo como una ideología criminal y racista, a la posibilidad de que la ONU adopte el sionismo a través de la IHRA, y que se extienda la prohibición de la solidaridad con la causa palestina que ya impone Alemania.

La izquierda occidental es la izquierda de la metrópoli colonial de Palestina. Europa y EEUU son la metrópoli del régimen israelí y eso nos obliga a tener una responsabilidad mayor en el análisis y el lenguaje.

Uso del marco narrativo impuesto por los colonizadores

La socialdemocracia ya se rindió al colonialismo israelí en su conferencia internacional de la Internacional Socialista de 1960 en la ciudad de Haifa. La ciudad había sido limpiada étnicamente doce años antes, con espantosas masacres y con los escasos indígenas palestinos que quedaban en Haifa bajo una dictadura militar a escasos metros del cónclave. En aquel evento la Internacional Socialista emitió una declaración final defendiendo las descolonizaciones en el mundo, pero validando la colonización de Palestina. Por eso el sábado Pedro Sánchez llamó repetidamente terroristas a los nativos palestinos que se atrevieron a forzar su salida del gueto de Gaza pisando nuevamente sus tierras robadas.

Al margen de aquella socialdemocracia devenida hoy social-liberal, todo el espacio a su izquierda ha caído en mayor o menor medida en el error o ignorancia de utilizar gran parte del vocabulario de los Acuerdos de Oslo o el fabricado por la hegemonía mediática y cultural de occidente, que incluye conceptos fraudulentos y mitológicos como pueblo judío. Aún peor es el relato que hacen algunos sectores de la izquierda occidental con un repetido lamento trágico y doliente sobre las niñas y niños palestinos masacrados, pero vacío de denuncia colonial. Es una narrativa idéntica a las ONGs que buscan aliviar con algunos derechos humanos a los nativos. De la misma manera es dañino el abuso en la utilización hueca del término ocupación, ya que ésta debería hacer referencia a algo temporal, y evidencia una incomprensión, u ocultación, del proceso gradual de invasión permanente de Palestina en su totalidad.

Además, en multitud de proclamas desde la izquierda occidental que pretenden ser el culmen de la reivindicación escuchamos la exigencia del “fin de la ocupación” y “reconocimiento del Estado de Palestina”. Quienes dicen esto nunca explican en qué consistiría ese Estado de Palestina: ya fueran los centenares de guetos nativos inconexos, o como mucho, un estado basado en dos macroguetos como Cisjordania y Gaza si se diera un ilusorio abandono de Cisjordania de los 600.000 colonos. Es decir, lo que escuchamos en esos discursos es la petición por parte de la izquierda de que se identifique como Estado de Palestina a unos guetos menores o unos guetos mayores, en definitiva unos guetos, como enclaves indígenas dentro del régimen que ha colonizado toda Palestina. Significa haber perdido el concepto esencial de que Palestina sigue siendo todo el territorio desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo, aunque durante unas décadas haya sido renombrada por los colonos como Israel, tal como Zimbabwe fue renombrada por los colonos como Rhodesia.

Por todo ello, es una vergüenza que ONGs israelíes y occidentales hayan adelantado a numerosos sectores de la izquierda occidental en la definición del artefacto israelí como un régimen de apartheid y, por tanto, de crimen contra la humanidad. Incluso el apelativo de apartheid se queda corto en la descripción de Israel y llega demasiado tarde cuando los palestinos llevan muchas décadas utilizándolo, y aún así la izquierda no lo usa masivamente.

La no violencia como axioma absoluto

Esos lastres en la izquierda siguen operando en otras categorías.

Una es la acción del boicot completo al Estado israelí que a muchas organizaciones de izquierda les sigue dando pavor plantear y sólo lo admiten de forma muy concreta. Por supuesto que se debe hacer boicot, no sólo a una selección restrictiva de empresas sino a todo el artefacto colonial. Es una demanda que ya lanzaron las mujeres palestinas en 1929 e incluso nació antes, pero sigue siendo desoída en occidente y, por ejemplo, partidos políticos y sindicatos mantienen foros conjuntos y encuentros con organizaciones racistas israelíes equivalentes.

Otra es el tótem de la no violencia arraigado por décadas en occidente. Pero una cosa son las guerras capitalistas y otra las luchas de liberación y autodefensa. A esto hay que sumar el concepto de salvador blanco que mantenemos, por ejemplo creyendo que nuestro boicot de personas blancas europeas fue lo que consiguió derribar al régimen de apartheid de Sudáfrica. Esto es un desprecio a la resistencia indígena en Sudáfrica, Palestina, Vietnam, Angola, etc. y una amnesia de las lecciones del s.XX. Se ha olvidado que toda colonización es violenta y, por tanto, el proceso histórico de descolonización también lo es. Se debe recuperar la comprensión de que la ingobernabilidad de un régimen colonial frente a la resistencia en todas sus formas de una mayoría nativa es lo que derriba a estas construcciones en tierras de ultramar. No se trata de una sublimación o fascinación por la violencia, se trata de entender que es el lenguaje de la realidad diaria que han impuesto los colonizadores israelíes con la ayuda de EEUU y la UE. Se trata de entender que si la sociedad colona israelí no paga un precio en miedo y es obligada, entonces no renunciará a su privilegio y supremacismo.

La resistencia en todas sus formas por los nativos palestinos es un ejercicio legítimo que la izquierda no se atreve a proclamar, a pesar de haber aplaudido a Zelensky y apoyado el envío de armas a Ucrania

La resistencia en todas sus formas por los nativos palestinos es un ejercicio legítimo que la izquierda no se atreve a proclamar, a pesar de haber aplaudido a Zelensky y apoyado el envío de armas a Ucrania. La lucha armada contra la opresión y colonización está reconocida en la legalidad internacional, de forma implícita en el mismo preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de forma explícita en diferentes textos, como la Resolución 3070 de la ONU. De los tres niveles de resistencia del pueblo palestino —la exigencia de derechos humanos, la movilización no violenta y la resistencia armada— la mayor parte de la izquierda occidental sólo ha expresado su apoyo a los dos primeros durante estas décadas. Declarar el apoyo a la lucha armada significaba caer en el trampantojo del terrorismo. Hay que recordar que el régimen israelí ha declarado como terrorismo a los tres niveles de resistencia, incluyendo a las ONGs palestinas de DDHH. La izquierda de la metrópoli colonial está en una contradicción con la lucha armada indígena en Palestina que todavía no ha resuelto, paralizada en la telaraña de “terrorismo”.

Por eso los Verdes Europeos hicieron un comunicado infame sobre la operación desde Gaza llamándola terrorismo. Era de esperar habiéndose convertido en el brazo izquierdo de la OTAN. Podemos cayó en utilizar una equivalencia horrible entre los actores (Israel y Hamas) y la equidistancia en la “escalada de violencia” que luego quiso ser corregida en otras declaraciones. Las tibiezas de Sumar o CCOO en sus cuentas de X/Twitter incluso resultaron más transgresoras. El PCE se movió entre el claro mensaje anticolonial de sus juventudes y el inconcreto mensaje humanitario de su Secretario General.

Sin embargo, como adelanté al inicio del artículo, el lenguaje parecía que había comenzado a cambiar, tanto en espacios como el Parlamento Europeo como en nuevos medios de comunicación.

Si los actuales colonos asumen la igualdad de derechos para los nativos palestinos tendrán cabida en la futura Palestina con las estructuras coloniales desmanteladas

El lenguaje de la izquierda con Palestina se debe redirigir a este marco, a recuperar la narrativa anticolonial. Hasta ahora, gran parte de la izquierda occidental había silenciado a los nativos palestinos y su mensaje político al aceptar durante 30 años el marco narrativo de Oslo establecido por los colonizadores de Palestina y legitimando que la representación de los colonizados está en la Autoridad Palestina, es decir, en los que se sometieron, no en los que resisten. La izquierda de la metrópoli occidental tiene una obligación aún mayor de situar el discurso anticolonial en el centro de las explicaciones sobre Palestina, y por tanto de las acciones a emprender. Es imprescindible retomar la radicalidad, de raíz, en la comprensión y la expresión de apoyo a la causa palestina.

La izquierda occidental debe asumir que no tiene derecho a existir la última colonia europea de colonos en el mundo árabe tras Libia, Argelia, Marruecos o Túnez, donde se asentaron millones de colonos europeos durante varias generaciones. Y los ciudadanos israelíes no indígenas seguirán siendo colonos en tanto en cuanto sigan sustentando su artefacto colonial contra los nativos, sin que importen sus disputas políticas internas en la medida en que la inmensa mayoría no cuestionan su régimen supremacista. No sólo los estados no tienen un derecho intrínseco a existir, los regímenes coloniales menos. Son las personas que habitan un territorio, junto con las que fueron expulsadas de él, las que tienen derecho a una existencia en igualdad de derechos y obligaciones. Si los actuales colonos asumen la igualdad de derechos para los nativos palestinos tendrán cabida en la futura Palestina con las estructuras coloniales desmanteladas. Tal como hicieron los escasos colonos franceses, Pieds Noirs, que decidieron despojarse de su supremacismo y quedarse en la Argelia independizada frente a una mayoría de colonos que les pareció intolerable y decidieron regresar a la metrópoli francesa.

https://www.elsaltodiario.com/analisis/ruptura-del-confinamiento-gaza-cadaver-israeli-izquierda-palestina?fbclid=IwAR1DriLlQcjWEBGJqaauPQZRQjv6eOVWjqPx6W51RMbT0kh2p5ogV2qYpOA

09/10/23