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Cómo el fascismo destruye a los pueblos y a sus gentes

Publicado noviembre de 2023 / Por Patrocinio Navarro Valero

El sionismo – que no judío, sino nazi-israelita- podría usar  la música de fondo del Séptimo de Caballería que le enseñó a admirar su modelo yanqui mientras asola Gaza  con sofisticados tanques y aviones; territorio que no le pertenece y habitado por pobres con piedras a los que pretende expulsar y matar  sin dejar piedra sobre piedra.

Este crimen tan increíble  como  espeluznante está sucediendo a la vista de todos mientas  los criminales se enorgullecen de ejecutarlo como  quien cazó un oso y exhibe su piel para provocar admiración.  Y estos criminales tienen su público admirador,  pero no  vayan  a creer que se trata de resentidos sociales, de marginados hartosde fentanilo, o de psicópatas del tres al cuarto como  el loco que se pone a disparar en un  supermercado o  en un colegio. No. Se trata de una conjura de fascistas y fascistoides, de una conjura criminal.

¿Cómo poder  imaginar que los autores de esta barbarie propia de los tiempos más oscuros de la historia criminal de nuestra especie fuesen personas con formación universitaria, representantes de gobiernos como los los de EEUU, los europeos y otros de su misma calaña? ¿Cómo alcanzar a imaginar  que estos mismos tipos que afirman defender los derechos humanos y democráticos y bla bla fueran capaces de visitar al padrino del crimen contra el pueblo desarmado para ofrecerle armas, reconocimiento y apoyo moral para que siga matando sin preocuparse por nada? Difícil ejercicio para una mente sana.

Con este apoyo de Estados Unidos y su servil Europa los ejecutores de este crimen inimaginable pueden matar a sus anchas, como quien entra en un coto de caza con perros, y por eso lo hacen a cara descubierta y  jaleados por sus semejantes en todo el mundo viendo cómo acaban con las vidas de  niños y niñas, de jóvenes y ancianos, de enfermos y de heridos sin hospitales y contra miles de bebés y parturientas sin servicios médicos y sin higiene. Ya no hay comida, ni agua ni medicinas. Ya no hay electricidad, y en los pocos hospitales que aún quedan hemos oído que los cirujanos cortan brazos o piernas sin anestesia y con la luz de los teléfonos móviles. ¿Es posible  imaginar algo peor?

Creíamos que lo peor era una guerra, pero ignorábamos que eso se pudiera superar. Ignorábamos qué era lo siguiente en una época supuestamente civilizada pero que  no terminaba de superar los conflictos bélicos. Ahora ya sabemos qué era lo siguiente, que  esta no es una época civilizada, que no lo ha sido nunca y que   no  es posible que llegue a serlo jamás con estos mimbres, porque  no paree que haya pasado el tiempo  desde el  genocidio contra el pueblo indio llevado a cabo por las mismas miserables razones y por los mismos tipos cultos de entonces con sus bandas criminales.

Otro  asesino de ese mismo calibre dirige  Israel: un tal Netanyahu. Este sujeto estudió con detalle la Historia y el modo cómo un ejército de colonos  protegidos por soldados logró quedarse con el territorio de lo que hoy son los Estados Unidos, sembrando de sangre india las verdes praderas para colocar granjas, industrias, pozos petrolíferos y  gigantescos depósitos almacenes de armas en venta  al alcance de cualquiera. Y Netanyahu quiere lo mismo que sus padrinos de allí, sus  protectores incondicionales. Así que puso en marcha un plan satánico que debía culminar en  el genocidio, la limpieza étnica, y la expulsión para no volver jamás de los supervivientes  de bombarderos, tanques y artillería.