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Derechos Humanos Internacional

El médico de Gaza que no quería abandonar a sus pacientes

Hussam Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan de Gaza, está encarcelado en Israel sin cargos ni juicio desde hace casi veinte meses.

Protesta en Tel Aviv para pedir la liberación del doctor Hussam Abu Safiya, en abril de 2025. ATEF SAFADI / EFE

«Me han traído aquí para matarme. No creo que salga vivo». Este es el último mensaje que el pediatra Hussam Abu Safiya pudo transmitir a través de su abogado desde su cautiverio. Hacía poco que lo habían trasladado a Rakefet, una prisión subterránea israelí donde los internos no ven nunca la luz del día. Cuando el abogado Nasser Odeh lo visitó el 2 de julio, apenas lo reconoció: tenía el rostro lleno de moratones, le costaba hablar y respirar y apenas podía mantenerse sentado. Varias veces pareció que estaba a punto de perder el conocimiento.

«La situación es muy grave. No tiene comida ni medicamentos y está completamente aislado», explica en una videollamada con el ARA su hijo Ilyas, que vive en Kazajistán con una parte de la familia. La información les llega de manera intermitente a través de los abogados. No pueden llamarle, escribirle ni visitarle. Cada período de silencio aumenta el temor de que le haya pasado algo.

Abu Safiya, pediatra y director del hospital Kamal Adwan, al norte de la Franja de Gaza, fue detenido por el ejército israelí el 27 de diciembre de 2024, durante el asalto que dejó fuera de servicio el último gran hospital que aún funcionaba en esa zona. Hacía semanas que su figura se había convertido en un símbolo de los sanitarios palestinos que continuaban atendiendo pacientes bajo los bombardeos, sin electricidad, combustible, medicamentos ni suficiente personal.

Había tenido varias oportunidades de abandonar Gaza, pero se había negado. «Decidió quedarse con sus pacientes», explica Shorouq Saleh Al-Rantisi, de 32 años, que empezó a trabajar como especialista de laboratorio en el Kamal Adwan en 2019. «Como pediatra, no podía abandonar a los niños enfermos y heridos que no tenían a nadie más que les atendiera».

Al-Rantisi trabajó a su lado durante toda la guerra, hasta el día de la detención. Como no tenían suficiente personal tuvo que echar una mano en lugares fuera de su especialidad: urgencias, radiología, quirófano y obstetricia. Como muchos de sus compañeros, ella era voluntaria.

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